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La cosmogonía final

In literatura on 19 enero 2015 at 20:40
La cosmogonía en cuestión es desde el punto de vista de un alma que se eleva por encima de la conciencia del cuerpo en la meditación. Enfocando nuestra atención en el tercer ojo, podemos captar la corriente de Luz y Sonido. El alma, absorta en esa corriente, comienza a trascender la conciencia del cuerpo y del mundo. A medida que nos absorbemos en la luz interna, atravesamos un panorama de estrellas, la luna y el sol internos y llegamos al portal del reino astral, de donde fluye la corriente de Luz y Sonido. Nuestra alma, habiéndose desprendido de su cuerpo físico, viaja en un cuerpo más etéreo y liviano, conocido como el cuerpo astral. La región astral, aunque no es tan sólida como el plano físico, tiene muchas características en común con este mundo, pero en una forma más sutil y más fina. La luz es más brillante allí y la maravillosa corriente de sonido impregna esta región con su propio sonido característico. Infortunadamente, es muy fácil que el alma viajera, quede cautivada y atrapada en esta región. Ya que está llena de numerosas tentaciones que son mucho más fáciles de satisfacer que en el plano físico, porque allí no estamos sobrecargados con el obstáculo del cuerpo físico. A la velocidad del pensamiento, podemos movernos de una a otra área de la región astral, gratificando un deseo tras otro. De ninguna manera esta se puede considerar como una región espiritual y el alma puede perderse en una interminable fuente de placeres. Los santos y místicos tratan de evitar que los discípulos se pierdan en esta región y prefieren guiar al alma más allá, hacia los planos superiores, protegiéndolos de estas distracciones (levitar, hacer milagros, etc.)

El alma viaja de la región astral a la causal. Este plano tiene su propia Luz y Sonido característicos, más brillantes y más melodiosos que los del plano astral. En esta región el alma funciona con un cuerpo causal y una mente causal, mucho más etéreos que el cuerpo y la mente astral y allí se unifica con la Mente Universal. Aunque esta es una perspectiva fascinante, lograr el conocimiento del funcionamiento de los tres planos inferiores, también conlleva un gran peligro para el alma. El poder de la mente es tan grande, que podemos llegar a perdernos en su conocimiento. Podemos quedar atrapados en un estado de interminable creatividad, diseñando nuevos inventos, creando obras en los campos de la música, la poesía, las bellas artes, la danza, la escultura y la literatura. Un guía espiritual es necesario para asegurar que el alma no quede prisionera en esta región. La Mente Universal hace todos los esfuerzos posibles para mantener al alma entre sus garras, porque la región siguiente es el reino espiritual, en el cual el alma recupera la conciencia de su verdadera naturaleza. Es sólo con la guía de un viajero interno experimentado como podemos evitar las trampas que enfrentamos en las regiones astral y causal. El explorador interno que conoce el camino, nos llevará a una región llamada supracausal en vez de dejar que nos perdamos en la región causal. En la región supracausal encontramos un lago de néctar llamado el Mansarovar, en el cual el alma se sumerge y se desprende de su cuerpo causal. El alma ahora sólo está cubierta con su cuerpo supracausal, que es apenas un tenue velo que la viste. Esta región está más allá de la mente y los sentidos. No hay absolutamente ningún lenguaje físico que pueda describir el reino supracausal. Tenemos sólo pálidas analogías para hacerlo. Ya que la mente física, astral y causal han quedado atrás en los mundos inferiores, ya no nos sirven aquí. Esta es una experiencia del alma. El plano supracausal también tiene su propia Luz y Sonido característicos para ayudar al alma a reconocer dónde está. En este plano, despojándose del anterior olvido de su verdadera naturaleza, el alma siente verdaderamente: “Soy de la misma esencia de Dios”.


Sin embargo, el alma comprende, que aún queda un velo que la separa del Señor. Surge un fuerte deseo de reunirse con su Amado. No quiere demorarse en la región supracausal. El llamado del Señor es intenso. El alma desea aventurarse más lejos, para llegar a los brazos de su amado Señor que la espera. Siguiendo adelante, finalmente, ella entra en la región puramente espiritual de Sach Khand o Sat Lok (La Verdadera Región), su Hogar Eterno. Con una intensidad mucho mayor que la que siente un amante mundano por su amada, el alma se lanza en los brazos del Señor. Como las limaduras de hierro son atraídas hacia un imán, asimismo, el alma es atraída a la reunión con Dios. La bienaventuranza del Hogar Eterno alcanza una intensidad más allá de la concepción humana. El alma entra en un estado de éxtasis eterno cuando se funde con Dios en esta región. Aquí, el alma experimenta su verdadera naturaleza con regocijo y alborozo. La invade una sensación de libertad y queda maravillada, en un estado de puro deleite. Aunque esta es una analogía pálida, imagínense la sensación que se siente de libertad y paz cuando uno sale de vacaciones. Podemos apagar las alarmas de nuestros relojes, esconder nuestras agendas y simplemente gozar de un estado de relajación y de placer sin límite de tiempo. Aquí el alma encuentra su descanso eterno de los dolores, sufrimientos, tentaciones y desilusiones de las regiones inferiores. Aquí no existe el dolor, ni la tristeza, ni la muerte. Todo es regocijo, amor y felicidad perpetua. Las almas gozan eternamente de su unión con el Señor. El alma ha sido dotada de poder. Entramos en un estado de sabiduría divina sin límites, de amor sin condiciones, de éxtasis, de comunión, de valentía absoluta y de inmortalidad. Aquí existimos como almas completamente realizadas.

¿Quién Es Usted? El Significado Más Profundo

In literatura on 18 enero 2015 at 22:29

En el Bhagavad-Gita Krishna advierte a Aryuna que aquellos que corren sólo tras la satisfacción de los sentidos, viven en vano (III, 16). Perdidos en la inmensidad de ilusiones holográficas, ellos caen bajo la influencia de aquellos que tienen un conocimiento parcial y limitado. Lo semejante atrae a lo semejante. Ignorantes de su estado verdadero, estas almas perdidas están separadas de la conciencia de bienaventuranza que siempre está esperando en su interior.

Ellos corren desde un objeto de los sentidos al siguiente, vacíos y desesperados, siempre esperando que este dinero o aquella persona, otra posesión u otra ambición más, les otorgará la felicidad que los elude repetidamente.

Amrita: el siempre presente néctar

El sentimiento que se produce por la proximidad, el contacto y la intimidad inefable con el dios que está dentro suyo es sutil. Sí, hay momentos y experiencias extáticos que lo cambiarán a usted para siempre; pero el siempre presente néctar (amrita) debe ser reconocido por sobre el foco de atención de los cinco sentidos, y esta dulzura llena de energía requiere un cultivo vigilante. Krishna dice que tal como el contacto de los sentidos con sus objetos al principio parece un néctar, pero al final parece un veneno, así aquellos sutiles sentimientos de felicidad (sattva), los que deben ser afectuosamente alimentados y apreciados mediante una devoción a la práctica disciplinada, al principio parecen veneno, pero al final se convierten en néctar (XVIII, 37-38).

Bañados en el néctar del dios interior, ya no nos sentimos obligados a echar mano de aquellos ilusorios deseos externos para llenar nuestro corazón vacío. Ya no necesitamos más dinero, más cosas, más amantes, más embriaguez, más satisfacción externa de los sentidos. Nuestras compulsiones disminuyen, y entendemos que todas nuestras vidas hemos estado bajo la tiránica influencia de nuestro propia y auto-creada guna-maya, la Matriz.

Nosotros ya no estamos “montados sobre una máquina” ni obligados por el perpetuamente giratorio Yantra-Rudhani a actuar inconscientemente. ¡Ya no hay ninguna necesidad de hacer algo ni hay ninguna necesidad de hacer nada!. Ahora sólo actuamos como la sincera expresión deliberada del dios interior, y sin ningún apego o expectativa (III, 17-18).

Verdadera Independencia

Ya no necesitamos que ningún otro ser nos dé lo que nos falta, porque no carecemos de nada, y por lo tanto somos verdaderamente independientes de otros para “cualquier propósito” (III, 18). Dejamos de ser necesitados. Nos transformamos desde ser quejumbrosos vampiros de energía, siempre tratando de forzar a los otros a darnos lo que necesitamos y cumplir con nuestras expectativas, a ser seres soberanos que emiten la frecuencia de un poder pacífico ilimitado que silenciosamente nutre a otros. Esta experiencia de comprensión de que usted ya no necesita a nadie no quiere decir que usted estará solo por el resto de su vida. Una vez que usted está unido con el dios interior, usted ya nunca está solo. Y puede haber muchas personas en su vida, muchas relaciones; pero usted ya no será dependiente de ellos para su felicidad. Su felicidad provendrá desde dentro suyo. Usted estará “contento en el Yo solitario” (III, 17).

¿Por qué hacer algo?

Entonces, ahora que usted ha conseguido la experiencia de unión con el dios interior y está llegando a acostumbrarse a sentir y a vivir con el verdadero Conocimiento, la pregunta es: ¿por qué hacer algo?; ¿por qué no simplemente buscar estados cada vez más altos de conciencia bienaventurada, y vivir aisladamente en varios estados parecidos al nirvanapor el resto de su vida?. Ésta es una imagen que nos ha sido suministrada en Occidente como una especie de ideal místico, y uno que yo misma perseguía activamente hasta que leí al erudito Krishna Chaitanya/KK Nair, que abrió mi alma a la verdad más profunda del cántico del Señor Krishna.

Krishna le dice a Aryuna que si él, Krishna, no realizara acciones, el universo mismo sufriría un colapso (III, 23-24). Como un dios concretizado en el hombre, no hay ninguna necesidad de que Krishna haga algo por sí mismo. ¡Él ciertamente no es un necesitado!. Pero entiende que como un ser iluminado él es un ejemplo poderoso, y por ello actúa sin apego para sostener el lokasamgraha, el bienestar del mundo (III, 25). Abhinavagupta en su comentario indica que el ser iluminado debe actuar porque su inactividad traería daño a aquellos que tienen todavía que llegar a ser purificados por el Conocimiento.

Piénselo de esta manera: Todos somos fragmentos del Creador que manifestó este universo con el propósito de disfrutar (bhoga) en velar y luego des-velar nuestro verdadero ser. Está claro que a pesar de nuestra actual carencia de conciencia y tendencia general a la depresión, amamos este mundo, amamos la Tierra y todo lo que ella nos proporciona. Puesto que creamos este mundo para nuestro propio placer, ¿por qué lo abandonaríamos para retornar y permanecer en el estado de Felicidad que es nuestro estado “normal” eterno?. La conciencia de la felicidad está siempre allí para nosotros, siempre.

Una vez que hemos aprendido a tener acceso al poder de la Felicidad interior, a través del conocimiento y la meditación, entonces tenemos acceso a la sabiduría y al auténtico poder de vivir en una manera que llevará de vuelta a nuestro amado mundo a alinearse con la Verdad y con una conciencia superior. Obtendremos de nuevo el Conocimiento del funcionamiento, por ahora invisible, de este universo y de nuestra relación con él. Aprenderemos de nuevo la antigua Sabiduría del Conocimiento de aquellos principios metafísicos primordiales eternos que siempre están funcionando para producir los cuatro Ciclos del Tiempo, de modo que podamos en forma humana disfrutar de nuestras excursiones en el Tiempo y en el Espacio.

La iluminación no es escapismo

Como seres iluminados, no abandonamos el mundo en un placentero estado de escape meditativo de nuestras responsabilidades. Esto ha sido perpetuado por aquellos que interpretaron mal las palabras de Krishna, y fue un terrible legado para mi propia generación que pensó que sintonizarse y abandonar era su objetivo más alto. Muchos de ellos perecieron en aquella confusión. A algunos los amé entrañablemente.

En La Traición de Krishna (The Betrayal of Krishna), el erudito indio Krishna Chaitanya/KK Nair da cuenta claramente de que el mensaje del Señor Krishna en el Bhagavad-Gita ha sido mal entendido. Su libro es un estudio detallado muy preciso y exacto de aquellos que siguieron los pasos de Krishna, desde los poetas de la corte a Sankara y otros.

No pretendemos abandonar este mundo. Sí, el universo es un holograma ilusorio temporal, pero eso no significa que lo abandonamos o que es nuestro deber religioso escapar hacia aquella misma conciencia de felicidad de la cual surgimos para zambullirnos en la multiplicidad.

Ver al dios en cada mirada

Una vez que usted comprende que el dios que habita dentro de su corazón es el mismo dios que está en cada hombre, mujer y niño en este planeta, usted entenderá que cualquier cosa que usted haga por ellos, usted lo hace para su Yo. Su mayor felicidad estará en los actos que sirven al dios dentro suyo, y por lo tanto al dios dentro de todos.

La iluminación es un movimiento en curso, un estado siempre más profundizador y creciente que nunca termina. La divinidad no tiene ningún final. Lo que usted hace cuando llega a estar cada vez más iluminado depende totalmente de usted. Y entre usted y el dios dentro suyo, usted sabrá cuál es su camino. Aquello se sentirá bien.

Clark Kent

Como hombres y mujeres iluminados, no tenemos que llevar puesto trajes arcanos y misteriosos que nos apartan de otros. No tenemos que mostrarnos notoriamente en un lugar público, cubierto con cristales y plumas, con nuestro pelo despeinado y enmarañado, mientras cantamos repetitivamente palabras inescrutables. Tampoco nos involucramos en ninguna otra clase de comportamiento que nos aísle en una especie de orgullo sacerdotal superior, declarando impertinentemente: ¡Yo sé y usted no!. Este camino es más comparable a Superman disfrazado como Clark Kent, y somos los agentes secretos del dios interior, trabajando discreta y desinteresadamente para el bienestar del mundo (lokasamgraha).

Pasión sin apego: ¡Nosotros no hacemos nada!

Krishna aboga por un curso de acción que es no diferente en intensidad y dedicación apasionada al de aquellos actos realizados por los ignorantes que no han entendido todavía la verdad metafísica y cuyos deseos los obligan a realizar la ambición personal. La diferencia está en la conciencia. Aquellos que están iluminados actúan sin apego y para el bien del mundo (lokasamgraha), y no meramente para la propia satisfacción de su ego auto-interesado (III, 25).

Como seres iluminados, adquirimos el arte de permanecer en un estado de no-apego hacia lo que hacemos, porque hemos comprendido que, de hecho, no hacemos nada. Aquellos que son engañados por el juego cíclico del placer y el dolor (sukha-duhkha) en el holograma externo, imaginan que ellos son los “hacedores” (kartaham iti manyate; III, 27). Las gunas siempre trabajan en y entre las gunas: Rayas transformándose en Tamas, Tamas presionando sobreSattva, etcétera. Los sabios saben que todas las acciones son sólo las tresgunas de Prakriti actuando e interactuando, propulsadas por el poder de la ilusión creativa de Maya.

Aprendemos a reconocer que el Yo (Atma), el dios interno, es distinto de y permanece eternamente intocado por la Matriz, la gunamaya de Prakriti. Mediante una vigilancia implacable, debemos trabajar para impedir que nuestra conciencia se vea enturbiada y confundida por el torbellino como caballo salvaje de las gunas de aquellos que viven y trabajan alrededor nuestro. Esto incluye la conciencia de las masas generada por los medios de comunicación a través de la televisión y ahora por la computación.

Someta todas las acciones al dios

Krishna da a Aryuna un método para conseguir ese estado de acción carente de apego en el holograma. Él dice a su querido amigo: “Somete todas tus acciones a Mí”. En otras palabras, a la Unidad, al dios interior (III, 30). Si usted está preocupado de que podría ser extremadamente arduo pensar en la divinidad en cada acto que usted hace, en cada momento de su vida, simplemente recuerde que ella es Todo. No hay nada que no sea la divinidad; por lo tanto, cada acción que usted realiza en cada momento del tiempo es de hecho el dios. La diferencia aquí es que usted mantiene la conciencia alerta de lo que es ya verdadero en cualquier caso, sometiendo cualquier cosa que usted haga al dios dentro de usted, el Yo (Atma).

Mantener su conciencia en ese estado requiere el coraje de un guerrero. El comentario de Abhinavagupta sugiere que nuestra dedicación a actos desinteresados sin apego puede ser comparada a alguien que está combatiendo en una guerra. Sólo cuando nuestra conciencia está firmemente establecida en el conocimiento de que no somos los “hacedores” seremos liberados de la esclavitud que crea la acción realizada con apego, y ya no perderemos el Recuerdo de quiénes somos en el holograma ilusorio temporal. ¡Y así estamos en Casa!.

El Manual del Usuario

Una vez que usted llega a una comprensión de las tres gunas, usted comenzará a observar cómo ellas han controlado no sólo su propia vida sino las vidas de cada uno. Observar el mecanismo de la gunas con una inteligencia implacable y agudamente crítica es la llave para el entendimiento del Yoga del Conocimiento, y es en mi opinión la razón de por qué muchas interpretaciones occidentales de la metafísica oriental fallan cuando son puestas en práctica.

Hasta que usted lea el manual del usuario y comprenda completamente la mecánica de la conciencia, no hay ninguna manera de que usted libere a su ser finalmente de las leyes inexorables de la Naturaleza (la Matriz, Prakriti). Usted y todos los otros seres vivientes actúan según las fluctuaciones perpetuas puestas en movimiento mediante el desequilibrio de las gunasactuando sobre las gunas (III, 33).

La Naturaleza (Prakriti) es la Matriz de este universo, y todos los seres están sujetos a sus leyes. Esto se aplica a los seres que viven en los Innumerables Reinos, y por lo tanto a los llamados extraterrestres o cualquier otro ser de cualquier otro mundo. Incluso aquellos que están iluminados en este mundo están sujetos a las gunas; pero por medio de la observación autocrítica y la carencia de apego en sus acciones ellos aprenden a liberarse de la esclavitud de las compulsiones de las gunas y llegan a convertirse en el amo de ellas.

“¿Quién las detendrá?”

Prakriti es la Matriz de Poder (Shakti) que lleva la creación a la existencia, y nadie podría posiblemente manejar sus asombrosas fuerzas sin este conocimiento. Aquellos que permanecen en la ignorancia de su Verdadero Yo, y los que están inconscientes del poder que tienen las gunas para obligarlos aquí y allá de la manera más inconsciente, no tienen ninguna otra opción sino seguir sus leyes.

Nada podría refrenarlas (III, 33), o como J.A.B van Buitenen dijo en una traducción más colorida: “¿Quién las detendrá?”.

Seguramente todos nosotros en algún tiempo hemos tratado en vano de convencer a otros de que el curso en el que ellos estaban era erróneo y autodestructivo. No importa cuán duramente tratáramos de mostrarles el error de su pensamiento, ellos permanecieron escépticos y tercamente inclinados hacia su propia catástrofe personal.

Estoy igualmente segura de que muchos de nosotros hemos procurado detener nuestro propio comportamiento que sabíamos que sólo nos llevó repetidas veces al mismo abismo de dolor. Pero de alguna manera una y otra vez olvidamos, como si estuviéramos en una extraña niebla, perdidos en un miasma de amnesia, que hacemos precisamente lo que siempre hemos hecho, y terminamos cruelmente en el mismo solitario lugar vacío. Como dice Krishna:“¿Quién las detendrá?”.

Sé Verdadero con tu Propio Yo

Krishna le dice a Aryuna que es mejor realizar el propio dharma, incluso si es cumplido imperfectamente, que imitar el dharma de otro (III, 35). Esto es similar al “Sé sincero contigo mismo” de Shakespeare [“To thine own self be true“]. Dharma es una palabra muy sutil que tiene múltiples significados. Interpreto dharma aquí como la Ley del Ser, una especie de proyecto personal que llevamos con nosotros en cada vida y que es únicamente para nosotros. Nuestro dharma siempre está cambiando, y, como el resultado acumulativo de todas nuestras muchas vidas, es reflejado en el ADN de nuestro actual cuerpo. Parte del objetivo de nuestra vida es descubrir nuestro propio dharma y vivirlo. Krishna dice que es mejor la muerte que intentar vivir el dharma de otro. La puerta para nuestra iluminación está en vivir nuestro propio dharma.

La cultura de los “fans”

Una de las influencias más destructivas en nuestro mundo moderno es la necesidad epidémica que la gente ha cultivado para ser como los ricos y famosos. Desde estrellas de películas a magnates, en nuestra adoración de la fama nos hemos convertido en una cultura de fans; y el fanatismo es una energía muy insidiosa y peligrosa. Nada lo aparta a usted de su Yo tan eficazmente como el fanatismo. La palabra misma se deriva de fanático, que el Diccionario Etimológico de Oxford define como el religiosamente desquiciado. Ser un “fan” requiere e implica que usted está enfocado en algún ser o valor externo que sólo lo representa a usted en la fantasía. El fanatismo se trata sobre ilusiones y engaño. Hay algunos libros interesantes aunque aterradores sobre ello; la Internet ha llevado el fanatismo a un nuevo nivel.

Comprendo lo que es amar a alguien que al menos en la superficie es talentoso, hermoso y bendecido con una buena fortuna. Pero la imagen de la gente que es proyectada por los medios de difusión es completamente falsa. La imagen se trata sólo de dinero y se basa únicamente en la necesidad de aquellos parásitos que se benefician monetariamente, y no refleja necesariamente la verdadera naturaleza de la persona. Por lo tanto ser un“fan” de todo ello está desde el principio basado en la falsedad. Las estrellas de cine son particularmente vulnerables frente al fanatismo, porque una percepción tan sesgada de sus vidas tiene una tendencia a distorsionar su propio sentido del Yo, y a la larga es a menudo extraordinariamente perjudicial.

Alegría por el mal ajeno (Schadenfreude)

El fanatismo lleva con ello una especie de placer carnívoro. La palabra para esto es “Schadenfreude” y significa que nos alegramos por la miseria del otro. Todos quienes han sido elevados por la fama saben cuán rápidamente el estado de ánimo de sus admiradores (fans) puede transformarse en odio y ofensas. La cólera en su propia vaciedad y la enorme cantidad de tiempo gastado, hacen que los admiradores sientan que ellos tienen el derecho de enfurecerse y vociferar contra el que les falla. Los admiradores colocan a sus “estrellas” en pedestales y despiadadamente las derriban otra vez.

Ser un fan siempre puede impedirle examinar su propio corazón y su mente, y descubrir quién podría ser usted. El deseo de ser rico y famoso como cualquiera de los que usted idolatra lo distraerá seguramente de dirigir su atención a sus propios talentos divinamente otorgados, que requieren tiempo, esfuerzo y su afectuoso cuidado para crecer y florecer.

Esta pérdida del Yo también se aplica a la publicidad que prospera pastoreando a la gente para que se identifique con los productos. Usted sólo puede sentirse bien si usted compra los mismos productos que esa o aquella famosa estrella de cine o atleta. ¿Comprenden los medios de comunicación cuán completamente tal adoctrinamiento subconsciente aplasta el espíritu y el alma?. ¿O están ellos tan atrapados en las repercusiones perniciosas de esta ubicua mendacidad como el público en general?.

El Significado Más Profundo: ¿Quién Es Usted?

Krishna dice que es mejor morir que intentar vivir el dharma de otro (III, 35). Digo que desde muchos puntos de vista nuestros tiempos actuales son una especie de vida peor que la muerte. Un millón de pertenencias, los últimos aparatos electrónicos o lo que sea, no le abrirán la puerta a su ser interior ni le darán lo que verdaderamente todos queremos. Queremos y necesitamos un sentido en nuestra vida.

Sea verdadero consigo mismo no importando lo que eso pueda traerle, y usted encontrará su camino a Casa. ¡Siga su propio Camino!. Imitar a otros sólo le traerá ira y frustración. Su dharma es su camino; él tiene la llave para que usted alcance su iluminación.−

La Visión Cíclica de la Historia

In literatura on 18 enero 2015 at 22:22

por Savitri Devi, 1948

La idea de progreso —un mejoramiento indefinido— es cualquier cosa menos moderna. Es probablemente tan antigua como el intento más antiguo y exitoso del hombre de mejorar su entorno material y aumentar, mediante la habilidad técnica, su capacidad de ataque y defensa. La habilidad técnica, durante muchos siglos al menos, ha sido demasiado preciosa para ser despreciada. No: cuando se ha desplegado en un grado extraordinario, más de una vez ha sido saludada como algo casi divino.

Maravillosas leyendas siempre han sido tejidas, por ejemplo, alrededor de tales hombres como se ha dicho, que, de alguna manera, han sido capaces de levantarse, físicamente, por encima de la tierra, ya sea Etana de Erech, quien se elevó al cielo “llevado sobre las alas del águila”, o el famoso Ícaro, el desafortunado precursor de nuestros aviadores modernos, o el hermano de Manco Capac, Auca, que se decía que había sido dotado de alas “naturales”, que finalmente fueron apenas mejores que las artificiales de Ícaro.

Pero aparte de tales hazañas increíbles de un puñado de individuos, los Antiguos en conjunto se distinguieron por muchos logros materiales. Ellos podrían jactarse del sistema de irrigación en Sumeria; de la construcción de pirámides que revelaron, tanto en Egipto como, siglos más tarde, en América Central, un conocimiento asombroso de datos astronómicos; de los cuartos de baño y desagües en el palacio de Knossos; de la invención del carro de guerra después del arco y la flecha, y del reloj de arena después del reloj de sol —suficiente para marearse de orgullo y exceso de confianza en el destino de sus respectivas civilizaciones.

Sin embargo, aunque ellos reconocieran completamente el valor de su propio trabajo en el campo práctico, y seguramente muy pronto concibieron la posibilidad —y quizás adquirieron la certidumbre— del progreso técnicoindefinido, ellos nunca creyeron en el progreso como un todo, en el progreso en todos los frentes, como la mayor parte de nuestros contemporáneos parece hacer. De toda la evidencia se deduce que ellos se aferraron fielmente a la idea tradicional de la evolución cíclica y tuvieron, además de esto, el suficiente sentido común para confesar que (a pesar de todos sus logros) ellos no vivieron sino en el principio del prolongado proceso cuesta abajo constitutivo de su propio “ciclo” particular —y nuestro. Ya fueran hindúes o griegos, egipcios o japoneses, chinos, sumerios o antiguos americanos —o incluso romanos, los más modernos entre los pueblos de la Antigüedad—, todos ellos colocaron la “Edad de Oro”, la “Edad de la Verdad” (Satya-yuga), el gobierno de Kronos [Saturno] o de Ra, o de cualesquiera otros dioses en la Tierra —el glorioso comienzo del lento despliegue descendente de la Historia, cualquiera sea el nombre que se le dé— lejos detrás de ellos en el pasado.

Y ellos creían que el retorno de una Edad similar, pronosticada en sus respectivos textos sagrados y tradiciones orales, dependía no del esfuerzo consciente del hombre sino de leyes de hierro, inherentes a la naturaleza misma de la manifestación visible y tangible, y omnipresente; sobre leyes cósmicas. Ellos creían que el esfuerzo consciente del hombre es sólo una expresión de aquellas leyes en funcionamiento, que conducen al mundo, lo quiera éste o no, dondequiera que su destino esté; en una palabra, que la historia del hombre, como la historia del resto de la vida, era sólo un detalle en la historia cósmica sin comienzo ni final; un resultado periódico de la Necesidad interior que liga todos los fenómenos en el Tiempo.

Y tal como los Antiguos podían aceptar aquella visión de la evolución del mundo mientras tomaban ventaja plena de todo el progreso técnico dentro de su alcance, del mismo modo así lo hacen hasta el día de hoy miles de hombres criados en el seno de las antiguas culturas centradas alrededor de las mismas tradicionales visiones, y, también, en el regazo de las culturas industriales excesivamente orgullosas, unos cuantos individuos dispersos capaces de pensar por sí mismos. Ellos contemplan la historia de la Humanidad en una perspectiva similar.

Viviendo, aparentemente, como hombres y mujeres “modernos” —usando ventiladores y planchas eléctricas, teléfonos y trenes, y aviones cuando ellos pueden permitírselo— ellos alimentan en sus corazones un profundo desprecio por la vanidad pueril y las esperanzas hinchadas de nuestra época, y por las distintas recetas para “salvar a la Humanidad” que celosos filósofos y políticos ponen en circulación. Ellos saben que nada puede “salvar a la Humanidad”, ya que la Humanidad está alcanzando el final de su ciclo actual. La ola que la transportó, durante tantos milenios, está a punto de romperse, con toda la furia de la velocidad adquirida, y de mezclarse una vez más en la profundidad del Océano inmutable de la existencia indiferenciada. Se elevará otra vez, algún día, con abrupta majestad, ya que tal es la ley de olas. Pero mientras tanto nada puede ser hecho para detenerla. Los desafortunados —los tontos— son aquellos hombres que, por alguna razón bien conocida por ellos —probablemente debido a su valoración exagerada de lo que se va a perder en el proceso—, quisieran detenerla. Los privilegiados —los sabios— son aquellos pocos quienes, estando totalmente conscientes de la inutilidad creciente de la Humanidad actual y de su muy aplaudido “progreso”, saben cuán poco se va a perder en el próximo colapso, y lo esperan con una gozosa expectativa como la condición necesaria de un nuevo principio, una nueva “Edad de Oro”, la cresta iluminada por el sol de la siguiente prolongada ola descendente sobre la superficie del interminable Océano de la Vida.

Para aquellos privilegiados —entre quienes nos contamos— la sucesión entera de “acontecimientos actuales” aparece en una perspectiva completamente diferente de la de los desesperados creyentes en el “progreso”, o de aquella gente que, aunque acepta la visión cíclica de la Historia y por lo tanto considera el colapso próximo como inevitable, siente pena de ver la civilización en la cual ellos viven precipitarse hacia su perdición

Para nosotros, los altisonantes “ismos” a los cuales nuestros contemporáneos nos piden dar nuestra lealtad, ahora, en 1948, son todos igualmente vanos: destinados a ser traicionados, derrotados, y finalmente rechazados por los hombres en general, si es que contienen algo realmente noble: destinados a disfrutar, por el momento, alguna clase de éxito ruidoso, si son lo suficientemente vulgares, pretenciosos y matadores de almas para apelar al número creciente de esclavos mecánicamente condicionados que se arrastran sobre nuestro planeta y que se hacen pasar por hombres libres; todos destinados a demostrar, en definitiva, que no sirven para nada.

Las religiones consagradas por el tiempo, pasando rápidamente de moda mientras los “ismos” actuales llegan a ser cada vez más populares, no son menos vanas, si es que no más: marcos de superstición organizada desprovistos de todo verdadero sentimiento de lo divino, o —entre gente más sofisticada— meros aspectos convencionales de la vida social, o sistemas éticos (y de una ética muy elemental) sazonados con una salpicadura de anticuados ritos y símbolos de los cuales difícilmente alguien se molesta en buscar el sentido original: dispositivos en las manos de los hombres inteligentes que están en el poder, para adormecer a los tontos y llevarlos a una obediencia permanente; nombres convenientes, alrededor de los cuales puede ser fácil reunir aspiraciones nacionales convergentes o tendencias políticas; o sólo el último recurso de débiles y excéntricos: esto es, prácticamente, todo lo que esas religiones son —todo a lo que ellas han sido reducidas en el curso de unos siglos— en su mayoría. Ellas están muertas; de hecho, tan muertas como los viejos cultos que florecieron antes de ellas, con la diferencia de que aquellos cultos han dejado hace mucho tiempo de exhalar el hedor de la muerte, mientras ellas (las llamadas “vivas”) están todavía en la etapa en la cual la muerte es inseparable de la corrupción. De ninguna —ni del cristianismo ni del Islam, ni siquiera del budismo— puede esperarse ahora que “salve” algo de aquel mundo que alguna vez en parte conquistaron; ninguna tiene algún lugar normal en la vida “moderna”, que es esencialmente carente de toda conciencia de lo eterno.

No hay ninguna actividad en la vida “moderna” que no sea vana, salvo quizá aquella que tiene por objetivo la satisfacción del hambre corporal de alguien: el cultivo de arroz, el cultivo de trigo, la recolección de castañas en los bosques o de papas en alguna huerta. Y la única política sensata es dejar que las cosas sigan su curso y esperar al Destructor que viene, que está destinado a limpiar el terreno para la construcción de una nueva “Era de la Verdad”: aquel a quien los hindúes llaman Kalki y a quien saludan como la décima y última encarnación de Vishnú, el Destructor cuyo advenimiento es la condición de la preservación de la vida, según las leyes eternas de la Vida.

Sabemos que todo esto parecerá una completa locura a aquellos, cada vez más numerosos, que, a pesar de los horrores indecibles de nuestra época, están convencidos de que la Humanidad está “progresando”. Aparecerá como cinismo incluso a muchos de aquellos que aceptan nuestra creencia en la evolución cíclica, que es la creencia universal y tradicional expresada en forma poética en todos los textos sagrados del mundo, incluída la Biblia. No tenemos nada para responder a esta posible última crítica, ya que está completamente basada sobre una actitud emocional que no es la nuestra. Pero podemos tratar de señalar la vanidad de la creencia popular en el “progreso”, aunque ello sólo sea a fin de acentuar la racionalidad y la fuerza de la teoría de los ciclos.

Argumentos

Los exponentes de la creencia en el “progreso” presentan muchos argumentos para demostrar —ante ellos mismos y ante otros— que nuestros tiempos, con todos sus indiscutibles inconvenientes, son en general mejor que cualquier época del pasado, e incluso que ellos muestran signos definidos de mejoramiento. No es posible analizar todos sus argumentos detalladamente, pero uno puede descubrir fácilmente las falacias escondidas en los más extendidos y, aparentemente, más “convincentes” de ellos.

Todos los abogados del “progreso” ponen un gran énfasis sobre cosas tales como el alfabetismo, la “libertad” individual, la igualdad de oportunidades para todos los hombres, la tolerancia religiosa y la “Humanidad”, el progreso de la cual cubre todas tales tendencias, que encuentran su expresión en la moderna preocupación por la protección de la infancia, en las reformas carcelarias, en mejores condiciones de trabajo, en la ayuda estatal al enfermo e indigente y, si no una mayor bondad, al menos una menor crueldad hacia los animales. Los sorprendentes resultados obtenidos, en años recientes, en la aplicación de descubrimientos científicos a actividades prácticas industriales y de otro tipo son, por supuesto, los más populares de todos los casos esperados para mostrar cuán maravillosos son nuestros tiempos. Pero no hablaremos de ese punto, por cuanto hemos dejado claro ya que de ningún modo negamos o minimizamos la importancia del progreso técnico. Lo que negamos realmente es la existencia de cualquier progreso en absoluto en el valor del Hombre como tal, individual o colectivamente, y nuestras reflexiones sobre el alfabetismo universal y otros “signos” muy elogiados de mejoramiento de lo cual nuestros contemporáneos se sienten orgullosos, surgen todas de aquel punto de vista.

Creemos que el valor del Hombre —como el valor de cada criatura, en última instancia— radica no en el mero intelecto sino en el espíritu; en la capacidad para reflejar aquello que, a falta de una palabra más precisa, hemos decidido llamar “lo divino”, es decir, lo que es verdadero y hermoso más allá de toda manifestación; aquello que permanece eterno (y por lo tanto inalterable) dentro de todos los cambios…

¿Progreso? Es verdad que hoy, al menos en todos los países altamente organizados (típicamente “modernos”), casi todos pueden leer y escribir. ¿Pero qué hay con eso?. Ser capaz de leer y escribir es una ventaja, y una considerable. Pero eso no es una virtud. Es una herramienta y un arma; un medio para un objetivo; una cosa muy útil, sin duda; pero no un fin en sí mismo. El valor último del alfabetismo depende del fin para el cual es usado. ¿Y con qué objetivo es generalmente usado hoy? Es usado para fines prácticos o de entretenimiento por aquellos que leen; para algún anuncio o alguna propaganda objetable —para algo rentable o para conseguir poder— por aquellos que escriben; a veces, por supuesto, por ambos, para adquirir y difundir el conocimiento desinteresado de las pocas cosas dignas de ser conocidas: para encontrar la expresión o darle alguna a los pocos sentimientos profundos que pueden elevar a un hombre hasta la conciencia de las cosas eternas, pero no más a menudo que en los días en que un hombre entre diez mil podía entender el simbolismo de la palabra escrita. Generalmente, hoy, la persona a quien la educación obligatoria ha hecho “letrada”, usa la escritura para comunicar asuntos personales a amigos y parientes ausentes, para llenar formas —una de las ocupaciones internacionales de la civilizada Humanidad moderna— o para confiar la memoria de pequeñas cosas prácticas, cosas por otra parte insignificantes, como el domicilio de alguien o un número de teléfono, o la fecha de alguna cita con el peluquero o el dentista, o la lista de la ropa limpia de la lavandería. Él o ella leen “para pasar el tiempo” porque, fuera de las horas del trabajo monótono, el mero pensamiento ya no es intenso ni lo suficientemente interesante para servir a aquel objetivo.

Sabemos que hay también gente cuyas vidas enteras han sido dirigidas hacia algún destino hermoso por un libro, un poema —una mera frase— que hubieran leído en su infancia distante, como Schliemann, quien generosamente gastó en excavaciones arqueológicas su riqueza reunida con paciencia y resueltamente en cuarenta años de un pesado y agotador trabajo, todo por la impresión que dejó sobre él, cuando muchacho, la inmortal historia de Troya. Pero tal tipo de gente siempre ha existido, incluso antes de que la educación obligatoria se pusiera de moda. Y las historias escuchadas y recordadas no eran menos inspiradoras que las historias ahora leídas. La verdadera ventaja del alfabetismo general, si tiene alguna, debe ser buscada en otra parte. Consiste no en la mejor calidad ya de hombres y mujeres excepcionales o de los millones alfabetizados sino más bien en el hecho de que estos últimos están rápidamente llegando a ser intelectualmente más perezosos y por lo tanto más crédulos que nunca —y no menos— y más fácilmente engañados, más propensos a ser conducidos como ovejas sin siquiera la sombra de una protesta, a condición de que todo sinsentido que se les quiera hacer tragar les sea presentado en forma impresa y con una apariencia de “científico”. Mientras más alto el nivel general de alfabetismo, más fácil es, para un gobierno que controle la prensa diaria, la radio y la industria editorial —estos casi irresistibles modernos medios de acción sobre la mente— mantener a las masas y a la clase intelectual bajo su pulgar, sin que ellos siquiera lo sospechen.

Entre gente ampliamente analfabeta pero más activamente pensadora, abiertamente gobernada en una manera más autocrática, un profeta, portavoz directo de los dioses o de aspiraciones colectivas genuinas, siempre podría esperar elevarse entre la autoridad secular y el pueblo. Los sacerdotes mismos nunca podían estar completamente seguros de mantener a la gente en la obediencia para siempre. La gente podía decidir escuchar al profeta, si les gustara. Y a veces ellos lo hicieron. Hoy en día, en que el alfabetismo universal es prevaleciente, inspirados exponentes de la verdad eterna —profetas— o incluso defensores desinteresados de cambios prácticos oportunos, tienen cada vez menos posibilidades de aparecer. El pensamiento sincero, el verdadero pensamiento libre, listo, en nombre de una autoridad sobrehumana o del humilde sentido común, para cuestionar el fundamento de lo que es oficialmente enseñado y generalmente aceptado, es cada vez menos probable que prolifere.

Es, repetimos, mucho más fácil esclavizar a un pueblo alfabetizado que a uno analfabeto, por extraño que esto pueda parecer a primera vista. ¡Y la esclavitud es probable que sea más duradera!. La verdadera ventaja del alfabetismo universal es apretar más las garras del poder gobernante sobre los millones de tontos y vanidosos. Eso es probablemente por qué es repetido sobre nuestras cabezas, desde la infancia en adelante, que el “alfabetismo” es una bendición. La capacidad de pensar por uno mismo es, sin embargo, la verdadera bendición. Y aquello siempre fue y siempre será el privilegio de una minoría, alguna vez reconocida y respetada como una élite natural. Hoy, la educación obligatoria de masas y una literatura cada vez más estandarizada para el consumo de cerebros “condicionados” —signos sobresalientes del “progreso”— tienden a reducir a aquella minoría a las más pequeñas proporciones posibles; y en último término, para suprimirla totalmente. ¿Es esto lo que la Humanidad quiere?. De ser así, la Humanidad está perdiendo su razón de ser, y mientras más pronto llegue el final de esta supuesta “civilización”, mejor.

Lo que hemos dicho del alfabetismo puede ser repetido en términos generales de aquellas otras dos glorias principales de la moderna Democracia: la “libertad individual” y la igualdad de oportunidades para cada persona. La primera es una mentira, y una mentira cada vez más siniestra, por cuanto los grilletes de la educación obligatoria están siendo cada vez más irremediablemente sujetados alrededor del ser entero de la gente. La segunda es un absurdo.

Una de las más divertidas inconsistencias del ciudadano promedio del mundo industrializado moderno es la forma en la cual él critica todas las instituciones de las más antiguas y mejores civilizaciones, tales como el sistema de castas de los hindúes o el absorbente culto a la familia del Lejano Oriente, a causa de que éstos tienden a disminuír la “libertad del individuo”. Él no comprende cuán severas —no: cuán aniquilantes— son las órdenes de la autoridad colectiva a la que él obedece (la mitad del tiempo, inconscientemente) comparadas con aquellas de las autoridades colectivas tradicionales, en sociedades aparentemente menos “libres”. A la gente controlada por la casta o por la familia, de India o del Lejano Oriente, podría no permitírsele hacer todo lo que ella quisiera, en muchas materias relativamente insignificantes y en unos cuantos asuntos realmente de suma importancia en su vida diaria, pero a ellos se les deja creer lo que les guste, o mejor dicho lo que ellos puedan creer; sentir según su propia naturaleza y expresarse libremente sobre un gran número de asuntos esenciales; se les permite conducir su vida superior en la manera que ellos juzguen más sabia para ellos, después de que sus deberes con la familia, la casta y el rey han sido cumplidos.

El individuo que vive conforme a la regla de hierro y de acero del moderno “progreso” puede comer lo que quiera que imagine (en alto grado) y casarse con quien desee —¡lamentablemente!— e ir dondequiera que guste (en teoría al menos), pero él está hecho para aceptar, en todos los asuntos extra-individuales —materias que, para nosotros, realmente cuentan—, las creencias, la actitud frente a la vida, la escala de valores y, en un alto grado, las opiniones políticas, que tienden a reforzar el poderoso sistema socio-económico de explotación al cual él pertenece (al cual él está obligado a pertenecer, a fin de ser capaz de vivir) y en el cual él es un mero engranaje. Y lo que es más, él está hecho para creer que es un privilegio suyo ser un engranaje en tal organismo, y que los asuntos sin importancia en los cuales él siente que es su propio amo son, en efecto, los más importantes, los únicos realmente importantes. A él se le enseña a no valorar aquella libertad del juicio sobre la verdad, la estética, la ética o la metafísica finales, de las cuales él es sutilmente privado. Más aún: a él se le dice —en los países democráticos por lo menos— que es libre en todos los aspectos; que él es “un individuo, responsable ante nadie excepto ante su propia conciencia”… ¡después de que años de un astuto condicionamiento han moldeado su “conciencia”!; y todo su ser está tan completamente de acuerdo con el modelo, que ya no es capaz de reaccionar de una manera diferente. ¡Bien puede tal hombre hablar de la “presión sobre el individuo” en cualquier sociedad, antigua o moderna!.

Uno puede comprender hasta qué grado las mentes masculinas han sido doblegadas, tanto por un condicionamiento deliberado como por uno inconsciente, en el mundo en el cual vivimos hoy, cuando uno encuentra a gente que nunca ha estado bajo la influencia de la civilización industrial, o cuando uno resulta que es lo bastante afortunado como para haber desafiado, desde la infancia en adelante, la perniciosa presión de la educación estandarizada y ha permanecido libre entre la muchedumbre de aquellos que reaccionan como se les enseñó, en todos los asuntos fundamentales. El abismo que existe entre el que piensa y el irreflexivo, entre el libre y los esclavos, es espantoso.

En cuanto a la “igualdad de oportunidades”, no puede haber tal cosa de ninguna manera, hablando realmente. Produciendo a hombres y mujeres diferentes tanto en grado como en calidad de inteligencia, sensibilidad y poder de voluntad, diferentes en carácter y temperamento, la Naturaleza misma les da las oportunidades más desiguales de realizar sus aspiraciones, cualesquiera sean éstas. Una persona sobre-emocional y más bien débil no puede concebir, por ejemplo, ni el mismo ideal de felicidad ni tener posibilidades iguales de alcanzarla en la vida, como el de quien nace con una naturaleza más equilibrada y una voluntad más fuerte. Es obvio…

Lo que nuestros contemporáneos quieren decir cuando ellos hablan de la “igualdad de oportunidades” es el hecho de que, en la sociedad moderna —así dicen ellos— cualquier persona tiene tantas posibilidades como su vecino de mantener una posición y hacer el trabajo para el cual está naturalmente capacitado. Pero eso también es sólo en parte verdadero, puesto que cada vez más, el mundo de hoy —el mundo dominado por la industria a gran escala y la fabricación en serie— puede ofrecer sólo empleos en los cuales lo mejor de sí mismos de los trabajadores juega una parte muy menor o ninguna si se es algo más que una persona simplemente lista y materialmente eficiente. El artesano hereditario, que podía encontrar la mejor expresión para lo que es adecuadamente llamado su “alma” en su obra diaria de tejido, fabricación de alfombras, trabajo de esmalte, etcétera…, incluso el labrador de la tierra, en contacto personal con la Madre Tierra y el Sol y las estaciones, está llegando a ser cada vez más una figura del pasado. Hay cada vez menos oportunidades, también, para el buscador sincero de la verdad —orador o escritor— que rechaza convertirse en el expositor de ideas ampliamente aceptadas, productos de condicionamiento de masas, para lo cual no está disponible; para el buscador de la belleza que rechaza doblegar su arte a las demandas del gusto popular que sabe que son de mal gusto. Dicha gente tiene que gastar la mayor parte de su tiempo haciendo ineficientemente —y de mala gana— algún trabajo para el cual no está capacitada, a fin de vivir, antes de que ellos puedan dedicar el resto de ello a lo que los hindúes llamaría su sadhana, el trabajo para el cual su naturaleza más profunda los ha destinado, la dedicación de su vida.

La idea de la moderna división del trabajo, condensada en la frase citada a menudo “el hombre correcto en el lugar correcto”, se reduce, en la práctica, al hecho de que cualquier hombre —cualquiera de los millones de torpes y faltos de criterio— puede ser “condicionado” para ocupar cualquier lugar, mientras los mejores de los seres humanos, los únicos que todavía justifican la existencia de las especies cada vez más degeneradas, no son permitidos en ningún lugar en absoluto. Progreso…

¿Tolerancia?

Queda la “tolerancia religiosa” de nuestros tiempos y su “humanidad”, comparada con la “barbarie” del pasado. ¡Dos chistes, por decir lo menos!.

Recordando algunos de los horrores más espectaculares de la Historia —la quema de “herejes” y “brujas” en la estaca; la masacre al por mayor de “paganos”, y otras manifestaciones no menos repulsivas de la civilización cristiana en Europa, la conquistada América, Goa, y otras regiones—, el hombre moderno está lleno de orgullo por el “progreso” llevado a cabo, en una línea al menos, desde el final de la Época Oscura del fanatismo religioso. Con todo lo malos que ellos puedan ser, nuestros contemporáneos se han criado, en cualquier caso, en el hábito de torturar a la gente por insignificancias tales como su concepción de la Santa Trinidad o sus ideas sobre la predestinación y el Purgatorio. Tal es el sentimiento del hombre moderno, porque las cuestiones teológicas han perdido toda importancia en su vida. Pero en los días en que las iglesias cristianas se perseguían unas a otras e instaban a la conversión de las naciones paganas por medio de sangre y fuego, tanto los perseguidores como los perseguidos, tanto los cristianos como aquellos que deseaban permanecer fieles a credos no-cristianos, consideraban tales asuntos como vitales de una manera u otra. Y la verdadera razón por la cual nadie es puesto para ser torturado, hoy, por su creencias religiosas, no es que la tortura como tal se haya hecho desagradable para cada uno, en la “avanzada” civilización del siglo XX, ni que los individuos y los Estados se hayan hecho “tolerantes”, sino sólo que, entre aquellos que tienen el poder de infligir el dolor, difícilmente alguien toma algún interés vivo y vital en la religión, mucho menos en la teología.

La supuesta “tolerancia religiosa” practicada por los Estados e individuos modernos surge de cualquier cosa menos de una comprensión inteligente y un afecto hacia todas las religiones como expresiones diversas y simbólicas de las mismas pocas verdades esenciales y eternas… Es más bien el resultado de un desprecio groseramente ignorante hacia todas las religiones; de la indiferencia a aquellas mismas verdades que sus distintos fundadores se esforzaron por reafirmar, una y otra vez. No es tolerancia en absoluto.

Para juzgar cuánto derecho tienen o no nuestros contemporáneos a jactarse de su “espíritu de tolerancia”, lo mejor es mirar su comportamiento hacia aquellos a quienes ellos decididamente consideran como enemigos de sus dioses: los hombres que resultan sostener opiniones contrarias a las suyas acerca no de alguna nimiedad teológica, en la cual ellos no están interesados, sino de alguna ideología política o sociopolítica que ellos consideran como “una amenaza para civilización” o como “el único credo mediante el cual la civilización puede ser salvada”. Nadie puede negar que en tales circunstancias, y especialmente en tiempos de guerra, todos ellos llevan a cabo —en la medida en que tienen el poder— o justifican —en la medida en que ellos no tienen, ellos mismos, la oportunidad de llevar a cabo— acciones tan feas, bajo todos los conceptos, como aquellas ordenadas, realizadas o toleradas en el pasado, en nombre de diferentes religiones (si es que estas últimas en efecto son feas). La única diferencia es, quizá, que las modernas atrocidades a sangre fría sólo llegan a ser conocidas cuando los poderes ocultos que están en control de los medios del condicionamiento del rebaño —de la prensa, la radio y el cine— deciden, con fines de cualquier tipo salvo “humanitarios”, lo que ellas deberían ser, es decir, cuando ellas resultan ser las atrocidades de los enemigos, no las propias —ni las de los “valientes aliados” de uno—, y cuando se piensa, por lo tanto, que su historia es “buena propaganda”, debido a la corriente de indignación que se espera que ello cree y del nuevo incentivo que se espera que ello dé al esfuerzo de la guerra.

Además, después de una guerra, luchada o supuestamente habiendo sido luchada por una ideología —el equivalente moderno de los amargos conflictos religiosos de antaño—, los horrores que correcta o equivocadamente se ha dicho que han sido perpetrados por los vencidos, son los únicos a ser difundidos por todo el mundo, mientras que los vencedores intentan, con tanta fuerza como pueden, hacer creer que su Alto Comando al menos nunca cerró sus ojos ante algún horror similar. Pero en la Europa del siglo XVI, y antes, y entre los guerreros del Islam que condujeron la “yihad” contra hombres de otra fe, cada lado estaba bien consciente de los atroces medios usados, no sólo por sus oponentes para sus “sucios fines”, sino por su propia gente y sus propios líderes a fin de “desarraigar la herejía” o “luchar contra el papismo”. El hombre moderno es más un cobarde moral. Él quiere las ventajas de la intolerancia violenta —la que es sólo natural— pero rehúye la responsabilidad de ello. Progreso, eso también.

¿Humanidad?

La llamada “humanidad” de nuestros contemporáneos (comparados con sus antepasados) es sólo falta de coraje o la carencia de sentimientos fuertes, cobardía creciente o apatía creciente.

El hombre moderno es muy escrupuloso cuando se trata de atrocidades —incluso acerca de la brutalidad ordinaria y poco imaginativa— sólo cuando resulta que los objetivos para los cuales las acciones atroces o simplemente brutales son realizadas le son odiosos o indiferentes. En todas las otras circunstancias él cierra sus ojos a cualquier horror, especialmente cuando élsabe que las víctimas nunca pueden desquitarse (como es el caso con todas las atrocidades cometidas por el hombre sobre los animales, para cualquier objetivo que sea) y él exige, a lo más, que no se las recuerden demasiado a menudo y demasiado ruidosamente. Él reacciona como si clasificara las atrocidades según dos especies: las “inevitables” y las evitables. Las “inevitables” son aquellas que sirvieron o se supone que sirvieron para el propósito del hombre moderno —generalmente el “bien de la Humanidad” o el “triunfo de la Democracia”. Ellas son toleradas… no: justificadas. Las “evitables” son aquellas que son cometidas ocasionalmente, o que se dice que son cometidas por gente cuyo objetivo es ajeno a este hombre moderno. Sólo ellas son condenadas, y sus autores reales o supuestos —o inspiradores— etiquetados por la opinión pública como “criminales contra la Humanidad”.

¿Cuáles son, en cualquier caso, los supuestos signos de aquella maravillosa “humanidad” del hombre moderno, según aquellos que creen en el progreso?. Ya no tenemos hoy —dicen ellos— las horrorosas ejecuciones de los tiempos antiguos; los traidores ya no son “colgados, arrastrados y descuartizados” como era la costumbre en la gloriosa Inglaterra del siglo XVI. Algo que se asemejara en el aspecto siniestro a la tortura y la ejecución de François Damien, en la plaza central de París, ante miles de personas que intencionadamente fueron a verlo, el 28 de Mayo de 1757, sería impensable en la Francia moderna. El hombre moderno tampoco apoya la esclavitud, ni justifica (en teoría, al menos) la explotación de las masas bajo ninguna forma. Y sus guerras —incluso sus guerras, monstruosas como ellas pueden parecer, con su elaborado aparato de una costosa maquinaria endemoniada— están comenzando a admitir, dentro de su código (así dice uno), alguna cantidad de humanidad y justicia. El hombre moderno está horrorizado de sólo pensar en el tiempo de guerra, hábitos de los pueblos antiguos, en el sacrificio de doce jóvenes troyanos a la sombra del héroe griego Patroclo, para no hablar de los sacrificios mucho menos antiguos pero mucho más atroces de los prisioneros de guerra al dios azteca de la guerra Huitzilopochtli. (Pero los aztecas, aunque relativamente modernos, no eran cristianos, ni, por lo que sabemos, creyentes en todo el progreso circular). Finalmente —uno dice— el hombre moderno es más amable, o menos cruel, con los animales que lo que lo eran sus antepasados.

Sólo una enorme cantidad de prejuicio a favor de nuestros tiempos puede posibilitar que uno sea engañado por tales falacias.

Ciertamente el hombre moderno no apoya la esclavitud; él la denuncia vehementemente. Pero él la practica sin embargo —y en una escala más grande que nunca, y mucho más completamente que los antiguos alguna vez pudieron—, ya en el Occidente capitalista o en los trópicos, o (de lo que uno oye desde fuera de sus paredes impenetrables) incluso en el Estado que se supone que es hoy el “paraíso de los trabajadores”. Hay diferencias, por supuesto. En la Antigüedad, hasta el esclavo tenía horas de ocio y alegría que eran todas propias; él tenía sus juegos de dados a la sombra de las columnas del pórtico de su amo, sus chistes gruesos, su charla libre, su vida libre fuera de su rutina cotidiana. El esclavo moderno no tiene el privilegio de la holgazanería, completamente despreocupada, durante media hora. Su supuesto ocio en sí mismo está o lleno de un entretenimiento casi obligatorio, tan exigente y a menudo tan aburrido como su trabajo, o —en las “tierras de la libertad”— envenenado por las preocupaciones económicas. Pero él no es abiertamente comprado y vendido. ¡Él es sólo tomado!. Y tomado, no por un hombre de algún modo al menos superior a él, sino por un enorme sistema impersonal sin un cuerpo al cual patear o sin un alma para condenar o una cabeza para que responda por su maldad.

Y del mismo modo, los viejos horrores sin duda no han desaparecido de los registros de la supuesta Humanidad civilizada, tanto en cuanto a justicia como en cuanto a guerra. Pero épocas nuevas y peores, desconocidas para los tiempos “bárbaros”, se han instalado sigilosamente en su lugar…

Y, bastante curiosamente —aunque (ellos dicen) ellos “odian tales cosas”— un número considerable de hombres y mujeres de hoy, mientras que carecen de las agallas para cometer acciones horribles personalmente, parecer estar tan dispuestos como siempre a mirarlas ser realizadas o, al menos, a pensar en ellas y a deleitarse con ellas, y disfrutarlas por cuenta ajena, de serles negado el placer mórbido de mirarlas…

Tales son también los millones de gente, hasta ahora “civilizada” y aparentemente benigna, que se revelan a sí mismos en su luz apropiada apenas una guerra estalla, es decir, apenas ellos se sienten animados a mostrar el tipo más repulsivo de imaginación en descripciones competitivas de qué torturas cada uno de ellos infligiría sobre los líderes del enemigo, si él —o más a menudo ella— tuviera una mano libre. Tales son, en el fondo, todos aquellos que se deleitan con los sufrimientos del enemigo caído después de una guerra victoriosa. Y ellos son también millones: millones de salvajes sustitutos, significando al mismo tiempo crueles —poco viriles— a quienes los guerreros de las llamadas épocas “bárbaras” habrían despreciado completamente…

La “Edad Oscura”

Tal mundo bien puede jactarse de su tierno cuidado por perros y gatos de competición y por animales mascotas en general, mientras trata de olvidar (y hacer que las mejores civilizaciones olviden) el hecho horrible de un millón de criaturas vivisectadas cada año, sólo en Gran Bretaña. No puede hacernos pasar por alto sus horrores ocultos y convencernos de su “progreso” en bondad hacia los animales, más que de su bondad creciente hacia la gente “independientemente de su credo”. Rechazamos ver en ello algo más que la más oscura evidencia viva de lo que los hindúes han caracterizado desde tiempo inmemorial como “Kali-yuga“, la “Edad Oscura”, la Era de la Tiniebla, la última (y, por suerte, la más corta) subdivisión del actual ciclo de la Historia.

No hay ninguna esperanza de “poner derechas las cosas” en tal época. Es, esencialmente, la edad tan enérgica aunque lacónicamente descrita en el Libro de libros —el Bhagavad-Gita— como aquella en la cual “de la corrupción de las mujeres procede la confusión de las castas; de la confusión de las castas, la pérdida de la memoria; de la pérdida de la memoria la carencia de entendimiento; y de todo esto, todos los males”; la edad en la cual la falsedad es llamada “la verdad” y la verdad perseguida como la falsedad o burlada como si fuese locura; en la cual los exponentes de la verdad, los líderes divinamente inspirados, los verdaderos amigos de todo lo viviente —los hombres divinos— son derrotados, y sus seguidores son humillados y su memoria difamada, mientras los maestros de las mentiras son aclamados como “salvadores”; la edad en la cual cada hombre y mujer está en el lugar equivocado, y el mundo está dominado por individuos inferiores y doctrinas viciosas, siendo todo parte inherente de un orden de fealdad connatural mucho peor que la anarquía completa.

Ésta es la época en cual nuestros triunfantes demócratas y nuestros esperanzados comunistas se jactan del “progreso lento pero continuo por medio de la ciencia y la educación”. ¡Muchísimas gracias por tal “progreso”!. La mera vista de ello es suficiente para confirmarnos en nuestra creencia en la inmemorial teoría cíclica de la Historia, ilustrada en los mitos de todas las religiones antiguas y naturales… Nos impresiona el hecho de que la historia humana, lejos de ser una constante ascensión hacia lo mejor, es un proceso crecientemente desesperado de bastardización, de emasculación y desmoralización de la Humanidad; una inexorable “caída”. Esto despierta en nosotros las ansias para ver el final, el colapso final que empujará hacia el olvido tanto a aquellos “ismos” sin valor que son el producto de la decadencia del pensamiento y del carácter, como a las no menos indignas religiones de la igualdad que lentamente se han preparado y establecido para ellos; ansias para ver la venida de Kalki, el divino Destructor del mal, el alba de la apertura de un nuevo Ciclo, como todos los ciclos del tiempo alguna vez lo hicieron, con una “Edad de Oro”.

¡No importa cuán sangriento pueda ser el colapso final!. ¡No importa qué viejos tesoros puedan desaparecer para siempre en la conflagración redentora!. Mientras más pronto llegue, mejor. Estamos esperando por ello —y por la gloria subsecuente— confiados en la Ley cíclica divinamente establecida que gobierna todas las manifestaciones de la existencia en el Tiempo: la ley del Eterno Retorno. Estamos esperándolo, y al triunfo subsecuente de la Verdad perseguida hoy; esperando el triunfo bajo cualquier nombre, de la única fe en armonía con las leyes eternas del ser; del único “ismo” moderno que es todo menos “moderno”, siendo sólo la última expresión de principios tan antiguos como el Sol; el triunfo de todos aquellos hombres que, a lo largo de los siglos y hoy, nunca han perdido la visión del Orden eterno, decretado por el Sol, y que han luchado con un espíritu desinteresado para imprimir aquella visión sobre otros. Estamos esperando la restauración gloriosa, esta vez a una escala mundial, de la “Edad de Oro”, del eterno Orden del Cosmos.

Ésta es la única cosa por la cual vale la pena vivir —y morir, de ser dado dicho privilegio— ahora, en 1948.–

Chamanismo

In literatura on 18 enero 2015 at 22:11

Del libro del conocido antropólogo rumano Mircea Eliade (1907-1986) “El Chamanismo y las Técnicas Arcaicas del Éxtasis” (1968), que puede ser hallado en internet, presentamos ahora dos fragmentos: uno es el primer parágrafo del capítulo primero, donde hay definiciones básicas acerca del chamanismo, y el otro son los cuatro primeros apartados de su capítulo XI titulado “Ideologías y Técnicas Chamánicas de los Indoeuropeos”, en los cuales entrega algunos conceptos y luego ciertos apuntes de la antigua mitología germánica, y algunas informaciones de las costumbres relacionadas con embriagueces místicas de los griegos, escitas e iranios antiguos, un absoluto recorrido por diversas cosmovisiones, todo en relación con el concepto central del libro, que se origina en el chamanismo siberiano.
Capítulo I

  • 1. Aproximaciones

Desde que comenzó el siglo, los etnólogos adoptaron la costumbre de emplear indistintamente los términos “chamán”, “hombre-médico” (medicine-man), “hechicero” o “mago”, para designar a determinados individuos dotados de prestigios mágico-religiosos y reconocidos en toda sociedad “primitiva”. Por extensión se ha aplicado la misma terminología en el estudio de la historia religiosa de los pueblos “civilizados” y se ha hablado, por ejemplo, de chamanismo hindú, iranio, germánico, chino e incluso babilónico, refiriéndose a los elementos “primitivos” testimoniados en las respectivas religiones. Por muchas razones, semejante confusión tiene que perjudicar la inteligencia misma del fenómeno chamánico. Si se designa con el vocablo “chamán” a todo mago, hechicero, hombre-médico o extático que se halle en el curso de la historia de las religiones y de la etnología religiosa, se llegará a una noción extraordinariamente compleja e imprecisa a la vez, de utilidad muy dudosa, puesto que ya se dispone de los términos “mago” y “hechicero” para expresar nociones tan dispares y vagas como las de “magia” y “mística” primitivas.

Estimamos que merece la pena limitar el uso de los vocablos “chamán” y “chamanismo”, justamente para evitar los equívocos y poder ver con más claridad en la propia historia de la “magia” y de la “hechicería”. Porque, desde luego, el chamán es, él también, un mago y un hombre-médico: se cree que puede curar, como todos los médicos, y efectuar milagros fakíricos, como todos los magos, sean primitivos o modernos. Pero es, además, psicopompo [el que guía las almas de los difuntos hacia la ultratumba], y puede ser también sacerdote, místico y poeta. En la masa gris y “confusionista” de la vida mágico-religiosa de las sociedades arcaicas considerada en su conjunto, el chamanismo ―tomado en su sentido estricto y exacto― ofrece ya una estructura propia y descubre una “historia” que conviene precisar.

El chamanismo stricto sensu es por excelencia un fenómeno siberiano y central-asiático. El vocablo nos llega a través del ruso, del tungús shaman. En las demás lenguas del centro y del Norte de Asia los términos correspondientes son: el yakuto ojun, el mongol bügä, bögä (buge, ) yudagan (cf. también el buriato udayan, el yakuto udoyan: “la mujer chamana”), el turco-tátaro kam (el altaico kam, gam, el mongol kami, etc.). Se ha tratado de explicar el término de la lengua tungusa por el pali samana, y acerca de esta posible etimología ―que corresponde al gran problema de las influencias hindúes sobre las religiones siberianas― volveremos a hablar en el último capítulo. En toda esta inmensa área que comprende el centro y el Norte de Asia, la vida mágico-religiosa de la sociedad gira alrededor del chamán. Esto no quiere decir, claro está, que él sea el único manipulador de lo sagrado, ni que la actividad religiosa esté totalmente absorbida por él. En muchas tribus el sacerdote sacrificador coexiste con el chamán, sin contar con que cada jefe de familia es también el jefe del culto doméstico. Sin embargo, el chamán continúa siendo la figura dominante; porque en toda esta zona, donde la experiencia extática está considerada como la experiencia religiosa por excelencia, el chamán, y sólo él, es el gran maestro del éxtasis. Una primera definición de tan complejo fenómeno, y quizá la menos aventurada, sería ésta: Chamanismo es la técnica del éxtasis.

Así ha sido reconocido y descrito por los primeros viajeros en las diversas comarcas del Asia central y septentrional. Más tarde se han observado en América del Norte, en Indonesia, en Oceanía y en otras partes fenómenos mágico-religiosos similares. Y, como veremos en seguida, estos fenómenos son típicamente chamánicos, e interesa estudiarlos al mismo tiempo que el chamanismo siberiano. Con todo, debemos hacer aquí una observación imprescindible: La presencia de un complejo chamánico en una zona cualquiera no significa necesariamente que la vida mágico-religiosa de tal o cual pueblo haya cristalizado alrededor del chamanismo. Puede presentarse este caso (y se produce, por ejemplo, en determinadas regiones de Indonesia), pero no es lo más corriente. Por lo común, el chamanismo coexiste con otras formas de magia y de religión.

Y aquí es donde se aprecia lo ventajoso que es emplear el términochamanismo en su sentido riguroso y propio. Porque, si uno se preocupa en diferenciar al chamán de otros “magos” y medicine-men de las sociedades primitivas, la identificación de complejos chamánicos en tal o cual religión adquiere de pronto una significación sobremanera importante. En todas partes del mundo hay magia y hay magos, mientras que el chamanismo entraña una “especialidad” mágica particular, acerca de la cual insistiremos largamente: el “dominio del fuego”, el vuelo mágico, etc. De aquí que, aunque el chamán sea, entre otras cosas, un mago, no importa que el mago no pueda ser calificado de chamán. Idéntica distinción se impone a propósito de las curaciones chamánicas: cualquier medicine-man es curandero, pero el chamán utiliza un método de su exclusiva pertenencia. En cuanto a las técnicas chamánicas del éxtasis, desde luego no agotan todas las variedades de la experiencia extática atestiguada en la historia de las religiones y la etnología religiosa; pero no se puede considerar a un extático cualquiera como chamán: éste es el especialista de un trance durante el cual su alma se cree abandona el cuerpo para emprender ascensiones al Cielo o descendimientos al Infierno.

Es igualmente necesaria una distinción del mismo género para precisar la relación del chamán con los “espíritus”. Por todas partes, tanto en el mundo primitivo como en el moderno, hay individuos que pretenden sostener relaciones con los “espíritus”, ya sean “poseídos” por estos últimos, ya sean ellos los que los dominan. Se necesitarían volúmenes para estudiar convenientemente todos los problemas que se presentan en relación con la idea misma del “espíritu” y de sus posibles relaciones con los humanos; porque un “espíritu” puede ser lo mismo el alma de un difunto que un “espíritu de la Naturaleza”, un animal mítico, etc. Pero el estudio del chamanismo no exige tanto: bastará con situar la posición del chamán en relación con sus espíritus auxiliares. Por medio de un ejemplo se verá fácilmente en qué se distingue un chamán de un “poseso”: El chamán domina sus “espíritus”, en el sentido en que él, que es un ser humano, logra comunicarse con los muertos, los “demonios” y los “espíritus de la Naturaleza”, sin convertirse por ello en un instrumento suyo. Se encuentran, ciertamente, chamanes verdaderamente “poseídos”, pero éstos constituyen más bien excepciones aberrantes que tienen, por otro lado, su explicación.

Estos pocos detalles precisos que proporcionamos, a manera de datos preliminares, indican ya el camino que nos proponemos seguir para llegar a una justa comprensión del chamanismo. Dado que este fenómeno mágico-religioso se manifiesta en su forma más completa en Asia central y septentrional, tomaremos como ejemplar típico al chamán de estas regiones. No ignoramos, y trataremos de demostrarlo, que el chamanismo central y nor-asiático, por lo menos, en su aspecto actual, no son fenómenos originarios y libres de toda influencia exterior. Por el contrario, se trata de un fenómeno que tiene una larga “historia”. Pero estos chamanismos central-asiático y siberiano tienen el mérito de presentarse como una estructura, en la cual elementos que existen difusos en el resto del mundo ―a saber: relaciones especiales con los “espíritus”, capacidades extáticas que permiten el vuelo mágico, la ascensión al Cielo, el descenso a los infiernos, el dominio del fuego, etc.― se revelan ya, en la zona de que se trata, integrados en una ideología particular y haciendo válidas técnicas especificas.

Semejante chamanismo stricto sensu no está limitado al Asia central y septentrional, y más adelante trataremos de señalar el mayor número de paralelos. Por otra parte, se encuentran, completamente aislados ciertos elementos chamánicos en diversas formas de magia y de religión arcaicas, y su interés es considerable, porque muestran hasta qué punto el chamanismo propiamente dicho conserva un fondo de creencias y de técnicas “primitivas” y en que medida se ha innovado. Siempre atentos a delimitar el lugar del chamanismo en el seno de las religiones primitivas (con todo lo que entrañan estas últimas: “magia”, creencia en los Seres Supremos y en los “espíritus”, concepciones mitológicas y técnicas del éxtasis, etc.), nos veremos obligados a hacer continuamente alusión a fenómenos más o menos similares, sin considerarlos por esto como “chamánicos”. Pero siempre conviene, además, comparar y mostrar lo que un elemento mágico-religioso análogo a un elemento chamánico ha dado de sí, estando integrado en otro conjunto cultural y con otra orientación espiritual [1].

[1. En este sentido, y sólo en este sentido, nos parece preciosa la identificación de elementos “chamánicos” en una religión o una mística evolucionadas. El descubrimiento de un símbolo o de un rito chamánicos en la India antigua o en el Irán empieza a tener una significación cuando se llega a ver en el chamanismo un fenómeno religioso netamente precisado; de otra manera, se hablará indefinidamente de los “elementos primitivos” que se pueden descubrir en toda religión por evolucionada que se halle. Porque las religiones de la India y del Irán, como cualquiera otra religión del Oriente, antigua o moderna, presentan gran número de “elementos primitivos”, que no son, sin embargo, chamánicos. Tampoco se puede considerar “chamánica” cualquier técnica del éxtasis hallada en Oriente, por “primitiva” que pueda ser].

Por mucho que el chamanismo domine la vida religiosa del Asia Central y septentrional, no es, sin embargo, la religión de esta área inmensa. Únicamente la comodidad o la confusión han podido en ocasiones llegar a considerar como chamanismo la religión de los pueblos árticos o turco-tátaros. Las religiones del Asia central y septentrional rebasan por todas partes al chamanismo, del mismo modo que una religión cualquiera rebasa la experiencia mística de algunos de sus miembros privilegiados. Los chamanes son “elegidos”, y como tales tienen entrada en una zona de lo sagrado que es inaccesible a los demás miembros de la comunidad. Sus experiencias extáticas han ejercido, y ejercen aún, una poderosa influencia en la estratificación de la ideología religiosa, en la mitología y en el ritualismo. Pero ni la ideología, ni la mitología, ni los ritos de los pueblos árticos siberianos y asiáticos son creaciones de sus chamanes. Todos esos elementos son anteriores al chamanismo o, por lo menos, paralelos, en el sentido de que son el producto de la experiencia religiosa general, y no de una determinada clase de seres privilegiados: los extáticos. Por el contrario, y como tendremos ocasión de comprobarlo, obsérvase muchas veces el esfuerzo de la experiencia chamánica (esto es, extática) para expresarse por medio de una ideología que no le es siempre favorable.

Para no anticipar demasiado el contenido de los capítulos siguientes, contentémonos con decir que los chamanes son seres que se singularizan en el seno de sus respectivas sociedades por determinados rasgos que, en las sociedades de la Europa moderna, representan los signos de una “vocación” o, al menos, de una “crisis religiosa”. Los separa del resto de la comunidad la intensidad de su propia experiencia religiosa. Esto equivale a decir que sería más razonable situar al chamanismo entre las místicas que en lo que habitualmente se llama una “religión”. Ya tendremos ocasión de encontrar al chamanismo en el seno de un considerable número de religiones, porque el chamanismo sigue siendo siempre una técnica extática a la disposición de una determinada minoría y constituye, en cierto modo, la mística de la religión respectiva. Una comparación acude inmediatamente a nuestro pensamiento: la de los monjes, místicos y santos en el seno de las iglesias cristianas. Pero no es necesario forzar la comparación. A diferencia de lo que ocurre en el cristianismo (por lo menos en su historia reciente), los pueblos que se declaran “chamanistas” conceden una considerable importancia a las experiencias extáticas de sus chamanes; estas experiencias les conciernen personal e inmediatamente, porque son los chamanes quienes, valiéndose de sus trances, los curan, acompañan a sus muertos al “Reino de las Sombras”, y sirven de mediadores entre ellos y sus dioses, celestes o infernales, grandes o pequeños. Esta restringida minoría mística no solamente dirige la vida religiosa de la comunidad, sino que también, y en cierto modo, vela por su “alma”. El chamán es el gran especialista del alma humana; sólo él la “ve”, porque conoce su “forma” y su destino. Y donde no interviene la suerte inmediata del alma, donde no se trata de enfermedad (pérdida del alma) o de muerte, o de mala suerte, o de un gran sacrificio que entraña una experiencia extática cualquiera (viaje místico al Cielo o a los Infiernos), el chamán no es indispensable. Una gran parte de la vida religiosa se desenvuelve sin él.

Como se sabe, los pueblos árticos, siberianos y central-asiáticos están formados en su mayor parte por cazadores-pescadores o por pastores-ganaderos. Los caracteriza un cierto nomadismo. Y, pese a sus diferencias étnicas y lingüísticas, coinciden los rasgos esenciales de sus religiones. Los chukchi, tunguses, samoyedos o turco-tátaros, para mencionar sólo algunos de los grupos más importantes, conocen y veneran un Gran Dios celeste, creador y todopoderoso, pero a punto de convertirse en un deus otiosus [lit. “dios ocioso”, el dios que renuncia a gobernar su creación] [2]. En ocasiones el mismo nombre del Gran Dios significa “cielo”; tal es, por ejemplo, el Num de los samoyedos, el Buga de los tunguses o el Tengri de los mongoles (cf. también el Tengeri de los buriatos, el Tāngere de los tátaros del Volga, el Tingir de los beltyres, el Tangara de los yakutos, etc.). Incluso cuando falta el nombre concreto del “cielo”, se hallan algunos de sus atributos más conocidos: “alto”, “elevado”, “luminoso”, etcétera. Así, entre los ostiacos de Irtysch, el nombre del dios celeste se deriva de sänke, cuyo sentido originario es “luminoso, brillante, luz”. Los yakutos lo llaman “el Maestro muy enaltecido” (ar tojon); los tátaros de Altai, “Blanca luz” (ak ajas); los koryacos, “el Maestro de lo alto”, etcétera. Los turco-tátaros, entre los cuales el Gran Dios celeste conserva su actualidad religiosa más que entre sus vecinos del Norte y del Noreste, lo llaman igualmente “Jefe”, “Maestro”, “Señor” y, con frecuencia, “Padre” (véase el Traité d’Histoire des Religions).

[2. Este fenómeno, particularmente importante para la historia de las religiones, no está en modo alguno limitado al Asia central y septentrional. Se lo encuentra en todo el mundo y no se ha logrado aún del todo su explicación: véase nuestro Traité d’Histoire des Religions].

Este dios celeste, que habita el Cielo superior, dispone de muchos “hijos” o “mensajeros”, subordinados a él y que ocupan los cielos inferiores. Su número y sus nombres varían de una tribu a otra: se habla generalmente de Siete o Nueve “Hijos” o “Hijas”, y con muchos de ellos el chamán sustenta relaciones particularísimas. Estos Hijos, Mensajeros o Servidores del Dios celeste tienen la misión de velar por los humanos y ayudarlos. A veces el panteón es mucho más numeroso, como por ejemplo, entre los buriatos, los yakutos y los mongoles. Los primeros hablan de 55 dioses “buenos” y 44 dioses “malos”, en perpetua lucha. Pero, como diremos después, puede suponerse que esta multiplicidad de dioses, así como su oposición, son innovaciones quizá bastante recientes.

Entre los turco-tátaros las diosas apenas existen. La función mítico-religiosa de la Tierra es sobremanera modesta: Entre los yakutos, por ejemplo, no existen figurillas de la diosa de la Tierra y no se le ofrecen sacrificios. Los pueblos turco-tátaros y siberianos conocen diversas deidades femeninas, pero están reservadas a las mujeres, pues su dominio es el del parto y de las enfermedades infantiles.

El papel mitológico de la mujer es, asimismo, muy reducido, aunque subsisten aún huellas del mismo en algunas tradiciones chamánicas. Entre los altaicos el único gran dios después del dios celeste o de la atmósfera [3] es el Señor del Infierno, Erlik Khan, también muy conocido por el chamán. El importantísimo culto del fuego, los ritos de la caza y la concepción de la muerte ―acerca de la cual volveremos a tratar muchas veces― completan este breve esbozo de la vida religiosa del Asia central y septentrional. Esta religión se acerca, morfológicamente, en sus grandes rasgos a la de los indoeuropeos: en una y en otra se concede la misma importancia a las Diosas (tan características del área mediterránea); en las dos se atribuye la misma función a los “hijos” o “mensajeros” (Açvins, Dióscuros, etc.); en una y otra la misma exaltación del fuego. En los dominios sociológico y económico el acercamiento entre los indoeuropeos de la proto-Historia y los turco-tátaros antiguos aparece aún más nítidamente: las dos sociedades tienen una estructura patriarcal, que impone un gran prestigio al jefe de la familla, y su economía era la de los cazadores y pastores-ganaderos. Desde hace mucho tiempo se ha señalado la importancia religiosa del caballo entre los turco-tátaros y los indoeuropeos; últimamente, como lo haremos ver después, se ha advertido en el más antiguo sacrificio griego, el sacrificio olímpico, huellas del sacrificio específico de los turco-tátaros, de los ugrios y de los pueblos árticos, que es el que caracteriza justamente a los cazadores primitivos y a los pastores-ganaderos. Estos hechos afectan al problema que nos interesa: dada la simetría económica, social y religiosa entre los antiguos indoeuropeos y los antiguos turco-tátaros (o, mejor, proto-turcos) [4], habrá que buscar en qué medida existen aún entre los diversos pueblos indoeuropeos de la Historia vestigios “chamánicos” comparables al chamanismo turco-tátaro.

[3. Porque en Asia central se verifica también el tránsito, harto conocido, de un dios celeste a un dios de la atmósfera o de la tempestad].

[4. Sobre la prehistoria y la historia más antigua de los turcos, véase la admirable síntesis de René Grousset: L’Empire des Steppes. También Barthold: Histoire des Turcs d’Asie Centrale].

Pero, y esto no se repetirá nunca bastante, no hay ninguna probabilidad de hallar, ya sea en el mundo, ya en la Historia, un fenómeno religioso “puro” y perfectamente “originario”. Los documentos paleo-etnológicos y prehistóricos de que disponemos no van más allá del Paleolítico, y nada nos permite creer que durante los cientos de miles de años que precedieron a la Edad de Piedra, la Humanidad no haya conocido una vida religiosa tan intensa y tan variada como la que conoció en épocas ulteriores. Es casi seguro que por lo menos una parte de las creencias mágico-religiosas de la Humanidad pre-lítica se haya conservado en las concepciones religiosas y las mitologías posteriores. Pero es, de igual modo, harto probable que esta herencia espiritual de la época pre-lítica no haya dejado de sufrir modificaciones, después de los innumerables contactos culturales entre los pueblos pre- y proto-históricos. Así, nada en la historia de las religiones puede referirse a fenómenos “originarios”; porque la “Historia” ha pasado por todas partes, modificando, refundiendo, enriqueciendo o empobreciendo las concepciones religiosas, las creaciones mitológicas, los ritos, las técnicas del éxtasis, etcétera. Evidentemente cada religión que acaba, después de largos procesos de transformación interior, por constituírse con estructura autónoma, presenta una “forma” que le es propia y que pasa como tal a la historia ulterior de la Humanidad; pero ninguna religión es enteramente “nueva”, ningún mensaje religioso puede abolir enteramente lo pasado: se trata más bien de refundición, de renovación, de revaloración y de integración de los elementos ―desde luego, ¡de los más esenciales!― de una tradición religiosa inmemorial.

Estas observaciones bastarán para delimitar provisionalmente el horizonte histórico del chamanismo; algunos de sus elementos, que trataremos de precisar más adelante, son netamente arcaicos, pero esto no quiere decir que sean “puros” y “originarios”. El chamanismo turco-mongol, en la forma en que se presenta, está incluso bastante impregnado de influencias orientales y, aunque existen otros chamanismos libres de influjos tan caracterizados y tan recientes, éstos tampoco son “originarios”.

En cuanto a las religiones árticas, siberianas y central-asiáticas, en las que el chamanismo ha alcanzado el más sobresaliente grado de integración, ya hemos visto que se caracterizan, de una parte, por la presencia apenas sensible de un Gran Dios celeste, y, de otra, por ritos de caza y el culto de los antepasados, que indican una orientación religiosa completamente distinta. Y, como veremos mucho después, el chamán esta implicado, más o menos directamente, en cada uno de estos sectores religiosos. Pero siempre se tiene la impresión de que está más en “su casa” en un sector que en el otro. Constituído por la experiencia extática y por la magia, el chamanismo se adapta más o menos mal a las diversas estructuras religiosas que le han precedido. A veces se queda uno atónito situando la descripción de una sesión chamánica en el conjunto de la vida religiosa del pueblo correspondiente; pensamos, por ejemplo, en el Gran Dios celeste y en los mitos que le conciernen; entonces, se tiene la impresión de que nos hallamos ante dos universos religiosos completamente distintos. Ahora bien, esta impresión es falsa, porque la diferencia no radica en la estructura de los universos religiosos sino en la intensidad de la experiencia religiosa obtenida por la sesión chamánica. Ésta acude casi siempre al éxtasis, y la historia de las religiones nos demuestra que ninguna experiencia religiosa está más expuesta a las desfiguraciones y a las aberraciones que la experiencia extática.

No seguiremos por ahora con estas observaciones preliminares; pero importa recordar siempre, al estudiar el chamanismo, que éste prefiere un cierto número de elementos religiosos particulares e incluso “privados”, y que, a la vez, está muy lejos de abarcar la vida religiosa del resto de la comunidad. El chamán empieza su nueva, su verdadera vida por una “separación”; esto es, como se verá en seguida, por una crisis espiritual que no está desprovista de grandeza trágica ni de belleza.

Capítulo XI

  • 1. Notas Preliminares

Igual que los demás pueblos, los indoeuropeos tuvieron sus magos y sus extáticos. Como en todas partes, estos magos y estos extáticos cumplían una función bien definida en el conjunto de la vida mágico-religiosa de la sociedad. Además, tanto el mago como el extático disponían a veces de un modelo mítico; así, por ejemplo, se ha visto en Varuna un “Gran Mago” y en Odín, entre otras muchas cosas, un extático de una clase peculiarísima: Wodan, id est furor, escribía Adam von Bremen [siglo XI], y no ha dejado de encontrarse en esta definición lapidaria cierto pathos chamánico.

Pero ¿puede hablarse de un chamanismo indoeuropeo, en el sentido en que se habla del chamanismo altaico o siberiano?. La respuesta a esta pregunta depende en parte de la significación que se dé al término “chamanismo”. Si se entiende por este vocablo cualquier fenómeno extático y cualquier técnica mágica, es indudable que se encontrarán muchos rasgos “chamánicos” entre los indoeuropeos como, por otra parte, y para repetirlo, en cualquier otro grupo étnico o cultural. Para exponer, aunque sea lo más brevemente posible, la enorme documentación acerca de las técnicas e ideologías mágico-extáticas relativas a todos los pueblos indoeuropeos, sería necesario un volumen especial y un sinnúmero de colaboraciones especializadas. Por fortuna, no tenemos que abordar este problema, que rebasa por todas partes el objeto de la presente obra. Nuestro papel se reduce solamente a buscar en qué medida los diversos pueblos indoeuropeos conservan rastros de una ideología y de una técnica chamánicas en la acepción estricta del término, esto es, comprobar algunas de sus características esenciales: la ascensión al Cielo, el descenso a los Infiernos con objeto de recoger el alma del enfermo o guiar a los difuntos, la evocación y la incorporación de los “espíritus” para poder emprender el viaje extático, el “dominio del fuego”, etc. Tales rastros subsisten en casi todos los pueblos indoeuropeos y los examinaremos de nuevo dentro de un instante; su número es probablemente mayor, porque no tenemos en modo alguno la pretensión de haber agotado toda la documentación.

De todas maneras se imponen, antes de empezar, dos observaciones. Repitiendo lo que hemos dicho ya a propósito de otros pueblos y de otras religiones, la presencia de uno o de varios elementos chamánicos en una religión indoeuropea no constituye un indicio suficiente para considerar que esta religión está dominada por el chamanismo o que tiene una estructura chamánica. En segundo lugar, es preciso recordar también que, si se tiene cuidado en distinguir el chamanismo de las demás magias y técnicas del éxtasis “primitivas”, las supervivencias chamánicas que puedan encontrarse, aquí y allá, en una religión “adelantada”, no significa en modo alguno un juicio de valor negativo respecto de tales supervivencias, o que afecte al conjunto de la religión a la que se han incorporado. Se nos antoja conveniente insistir en este punto. Porque la literatura etnográfica moderna tiende a tratar el chamanismo como si fuera un fenómeno aberrante, ya porque lo confunde con la “posesión”, ya porque se complace en recalcar sus aspectos de degeneración. Como esta obra ha mostrado varias veces, en muchos casos el chamanismo se presenta en un estado de desintegración, pero nada autoriza a considerar esta fase tardía como la representación genuina del fenómeno chamánico total.

Es preciso también llamar la atención a propósito de otra confusión posible, a la que se expone uno si, en vez de estudiar una religión “primitiva”, se aborda la religión de un pueblo cuya historia es mucho más rica en intercambios culturales, innovaciones y creaciones: se corre el peligro de desconocer lo que la “historia” ha podido hacer con un esquema mágico-religioso, hasta qué punto ha sido transformado y revalorizado su contenido espiritual y de seguir viendo en él siempre la misma significación “primitiva”. Bastará un solo ejemplo para ilustrar el riesgo de semejante confusión. Ya se sabe que muchas iniciaciones chamánicas suponen “sueños” en los cuales el futuro chamán es torturado y despedazado por demonios y almas de difuntos. Pero situaciones análogas se encuentran en la hagiografía cristiana y especialmente en la leyenda de las tentaciones de San Antonio: unos demonios torturan, maltratan, despedazan a los santos, los elevan a gran altura por los aires, etc. A la postre, semejantes tentaciones equivalen a una “iniciación”, porque gracias a ellas los santos sobrepasan la condición humana, esto es, se apartan del conjunto profano. Pero es suficiente un poco de perspicacia para advertir la diferencia de contenido espiritual que separa los dos “esquemas iniciáticos”, por muy próximos que puedan parecernos en otro plano. Por desdicha, si es bastante fácil distinguir las torturas demoníacas de un santo cristiano de las de un chamán, la distinción es menos evidente entre este último y un santo que pertenezca a una religión no cristiana.

Ahora bien, siempre es preciso tener en cuenta el hecho de que un esquema arcaico es capaz de renovar perpetuamente su contenido espiritual. Ya nos hemos tropezado con un importante número de ascensiones celestes chamánicas, y se nos presentará la ocasión de citar otras más; también hemos visto que se trata de una experiencia extática que, en sí misma, no tiene nada de “aberrante”; que, por el contrario, este antiquísimo esquema mágico-religioso, conocido por todos los primitivos, es perfectamente coherente, “noble”, “puro”, y, en fin de cuentas, “bello”. Por lo tanto, en el plano en que hemos situado la ascensión chamánica al cielo, no será en modo alguno peyorativo decir, por ejemplo, que la ascensión de Mahoma descubre un contenido chamánico. Sin embargo, a despecho de todas las similitudes tipológicas, no es posible identificar la ascensión extática de Mahoma con la ascensión de un chamán altaico o buriato. El contenido, la significación y la orientación espiritual de la experiencia extática del profeta presuponen ciertas mutaciones de valores religiosos que la hacen irreductible al tipo general de la ascensión.

Se imponían, en el umbral del presente capítulo, estas pocas observaciones preliminares, porque se tratará en él de pueblos y de civilizaciones infinitamente más complejos que los que nos han ocupado hasta ahora. Con seguridad sabemos muy poco de cuanto concierne a la prehistoria y la protohistoria religiosas de los indoeuropeos, esto es, de las épocas en que el horizonte espiritual de este grupo étnico era verosímilmente comparable al de muchos pueblos de los que hemos hablado. Los documentos de que disponemos atestiguan religiones ya elaboradas, sistematizadas, incluso a veces fosilizadas. Se trata de reconocer en esa enorme masa los mitos, los ritos o las técnicas del éxtasis que pueden tener una estructura chamánica. Como lo comprobaremos en seguida, semejantes mitos, ritos y técnicas del éxtasis son conocidos, en una forma más o menos “pura”, en todos los pueblos indoeuropeos. Pero no creemos que pueda encontrarse en el chamanismo la dominante de la vida mágico-religiosa de los indoeuropeos. Esta comprobación es tanto más insólita cuanto que, morfológicamente, y en sus grandes rasgos, la religión indoeuropea se parece a la de los turco-tátaros: supremacía del dios celeste, ausencia o menor importancia de las diosas, culto del fuego, etcétera.

Podríamos explicar brevemente la diferencia que separa las religiones de los dos grupos en lo que se refiere al punto concreto del predominio o de la importancia secundaria del chamanismo, por dos hechos de fecundas consecuencias. El primero es la gran innovación de los indoeuropeos, traída a la luz por las investigaciones de Georges Dumézil: la triple divinidad que corresponde tanto a una organización particular de la sociedad como una concepción sistemática de la vida mágico-religiosa en que cada tipo de divinidad está provisto de una función especial y de una mitología que le es paralela. Tal reorganización sistemática del conjunto de la vida mágico-religiosa, acabada ya en sus grandes rasgos en una época en que los proto-indoeuropeos no se habían separado aún, comprendía sin duda la integración de la ideología y de las experiencias chamánicas; pero dicha integración se consolidaba mediante una especialización y, en fin de cuentas, una limitación de los poderes chamánicos: estos encontraban un lugar al lado de otros poderes y otros prestigios mágico-religiosos: ya no eran los únicos en llevar a la práctica las técnicas del éxtasis y en dominar ideológicamente todo el horizonte de la espiritualidad tribal. Nos imaginamos un poco en ese sentido la “colocación” de las tradiciones chamánicas por el trabajo de organización de las creencias mágico-religiosas, trabajo ya concluído al consumarse la unidad indoeuropea. Utilizando los esquemas de Georges Dumézil, diremos que las tradiciones chamánicas se agruparon en gran mayoría en torno a la figura ética del Soberano terrible, cuyo arquetipo parece ser Varuna, el Maestro de la magia, el gran “Enlazador”. Esto no significa, claro está, ni que todos los elementos chamánicos hayan cristalizado tan sólo alrededor de la figura del Soberano terrible, ni que esos elementos chamánicos hayan agotado, dentro de la religión indoeuropea, todas las ideologías y las técnicas mágicas o extáticas. Existían, por el contrario, magias y técnicas del éxtasis extrañas a la estructura “chamánica”; por ejemplo, la magia de los guerreros o la magia y las técnicas del éxtasis en relación con las grandes Diosas Madres y la mística agrícola, que no tenían nada de chamánicas.

La segunda razón que contribuyó, a nuestro juicio, a diferenciar a los indoeuropeos de los turco-tátaros en lo que se refiere a la importancia concedida al chamanismo, es la influencia de las civilizaciones orientales y mediterráneas, de tipo agrario y urbano. Esta influencia se ha ejercido, directa o indirectamente, sobre los pueblos indoeuropeos, a medida que éstos avanzaban hacia el Cercano Oriente. Las transformaciones sufridas por la herencia religiosa de las distintas emigraciones griegas, que se lanzaban de los Balcanes hacia el Egeo, constituyen un indicio del fenómeno, tan complicado, de la asimilación y la revalorización debidas al contacto con una cultura de tipo agrario y urbano.

  • 2. Las Técnicas del Éxtasis en los Antiguos Germanos

En la religión y la mitología de los antiguos germanos hay ciertos detalles que pueden compararse con las concepciones y las técnicas del chamanismo nor-asiático. Recordaremos los más notables. La figura y el mito de Odín ―el Soberano Terrible y el Gran Mago [1]― presentan varios rasgos extrañamente “chamánicos”. Para asimilarse la sabiduría oculta de las runas, Odín permanece nueve días y nueve noches colgado de un árbol (Hávamál). Ciertos germanistas han creído ver en este rito un rito de iniciación: Höfler lo compara incluso con la ascensión iniciática a los árboles que llevan a cabo los chamanes siberianos. El árbol en el cual Odín se “colgó” a sí mismo no puede ser otro que el Árbol Cósmico, Yggdrasil; además, su nombre significa “el corcel de Ygg (Odín)”. En la tradición nórdica se llama a la horca el “caballo del ahorcado”, y ciertos ritos de iniciación germánicos comprendían el “ahorcamiento” simbólico del candidato, ya que encontramos en otros lugares testimonios abundantes de esta costumbre. Pero Odín ata también su caballo al árbol Yggdrasil, y ya conocemos la difusión de ese tema mítico en el Asia central y septentrional.

[1. Véase Georges Dumézil: Mythes et Dieux des Germains].

El corcel de Odín, Sleipnir, tiene ocho patas y es él quien conduce a su amo e incluso a otros dioses (por ejemplo, a Hermódhr) al Infierno. Ahora bien, el caballo de ocho patas es el caballo chamánico por excelencia; se lo encuentra entre los tibetanos y en otras partes (por ejemplo, entre los murias), siempre en relación con la experiencia extática de los chamanes. Es verosímil, como supone Höfler, que Sleipnir sea el arquetipo mítico de un “caballo con faldas”, polípodo, que desempeña un papel importante en el culto secreto de la sociedad masculina [2]. Pero se trata de un fenómeno mágico-religioso que rebasa el chamanismo.

[2. Sobre las relaciones herrero-“caballo”-sociedad secreta, véase Otto Höfler: Kultische Geheimbünde der Germanen. Igual conjunto religioso en el Japón].

Refiriéndose a la facilidad de Odín para cambiar de forma a su gusto, Snorri escribe: “Su cuerpo yace como si durmiera o estuviera muerto, pero se convierte en pájaro o en animal salvaje, en pez o en dragón, y viaja en un abrir y cerrar de ojos por lejanos países…”. Se tienen motivos para comparar este viaje extático de Odín bajo forma animal con la transformación de los chamanes: porque, así como estos últimos combatían entre ellos bajo la forma de toros o de águilas, las tradiciones nórdicas describen varios combates entre magos bajo la forma de morsas o de otros animales, y durante el combate, sus cuerpos permanecían exánimes, lo mismo que el de Odín durante su éxtasis [3]. Claro que estas creencias se encuentran también fuera del chamanismo propiamente dicho, pero se imponía esta aproximación con las prácticas de los chamanes siberianos. Además, otras creencias escandinavas nos hablan de espíritus auxiliares en forma de animales y visibles únicamente para el chaman. Lo que nos recuerda aún con mayor claridad las ideas chamánicas. Podemos incluso preguntarnos si los dos cuervos de Odín, Huginn (“Pensamiento”) y Muninn (“Memoria”), no representan, como elementos reciamente míticos, dos “espíritus auxiliares” en forma de aves, que el Gran Mago enviaba (¡al modo chamánico!…) a los cuatro extremos del mundo [4].

[3. Saga Hjâlmthérs oh Olvers. La historia de dos hechiceras que, mientras permanecían inanimadas sobre la “plataforma de encantamiento” (seidhjallr) eran vistas sobre el mar, a gran distancia, cabalgando una ballena; perseguían el barco de un héroe tratando de hacerlo naufragar, pero éste logra romperles la espina dorsal, y en ese preciso instante, las brujas cayeron de la plataforma, fracturándose la espalda. Saga Sturlangs Starfsama cuenta cómo dos hechiceros luchaban entre ellos en forma de perros y después de águilas].

[4. Ellis, The Road to Hel. A Study of the Conception of the Dead in Old Norse Literature. Entre los atributos chamánicos de Odín, Alois Closs enumera, además, los dos lobos, el nombre de “Padre” que se daba a Odín (galdrs fadir, padre de la magia, en el Baldrs draumar), el “tema de la embriaguez” y las valkyrias; Chadwick había visto hace tiempo en las walkyrias a criaturas míticas más cerca del “lobo- duende” que de las hadas celestes. Pero todos estos temas no son necesariamente “chamánicos”. Las valkyrias son psicopompas y, a veces, desempeñan el papel de las “esposas-celestes” o de las “mujeres-espíritus” de los chamanes siberianos; pero hemos visto que este último complejo rebasa la esfera del chamanismo y participa tanto de la mitología de la Mujer como de la mitología de la Muerte].

Es el propio Odín el fundador de la nigromancia. En su caballo Sleipnir llega al Hel, el Infierno, y manda a una profetisa, que llevaba mucho tiempo muerta, a que se levante de la tumba para contestar a sus preguntas (cf. Baldrs Draumar). Otras personas han practicado después esta clase de nigromancia que, evidentemente, no es chamanismo strictu sensu, pero comparte un horizonte espiritual muy próximo a él. También convendría citar la adivinación con la cabeza momificada de Mimir (Vōluspá; Ynglinga Soga, IV), que induce a pensar en la adivinación de los Yukagires con la ayuda de los cráneos de los antepasados chamanes.

Se convierte uno en profeta sentándose en los sepulcros, y se vuelve “poeta”, esto es, inspirado, si se duerme sobre la tumba de un poeta. Lo mismo acontecía entre los celtas: el fili comía carne cruda de toro, bebía su sangre y dormía después envuelto en su piel; durante el sueño, unos “amigos invisibles” le comunicaban la respuesta a la pregunta que lo obsesionaba. O se dormía directamente en la tumba de un deudo o de un antepasado, y se convertía uno en profeta. Tipológicamente estas costumbres se acercan a la iniciación o a la inspiración de los futuros chamanes o magos que pasaban la noche junto a unos cadáveres o en los cementerios. La idea subyacente es la misma: los muertos conocen el futuro, pueden revelar las cosas ocultas, etc. El sueño desempeña a veces un papel análogo: en la Gísla Saga, XXll, el poeta muestra el destino de algunos privilegiados después de la muerte.

No se trata de examinar aquí las leyendas y los mitos célticos y germánicos consagrados a los viajes extáticos al más allá, y especialmente al descenso a los infiernos. Recordemos simplemente que las ideas relativas a la existencia tras la muerte no estaban libres de contradicciones ni entre los celtas ni entre los germanos. Las tradiciones mencionan muchos lugares destinados a los difuntos; en este punto mezclan la fe de otros pueblos con la pluralidad de los destinos post-mortem. Pero el Hel está, según Grímnismál, bajo una de las raíces de Yggdrasil, esto es, en el “Centro del Mundo”. Se habla incluso de nueve pisos subterráneos: un gigante pretende haber obtenido su sabiduría bajando a “los nueve mundos inferiores”. Aquí volvemos a hallar el esquema cosmológico central asiático de los 7 ó 9 Infiernos, correspondientes a los 7 ó 9 Cielos. Pero lo que se nos antoja más significativo es la declaración del gigante: se hace “sabio” —vale decir, clarividente— después del descenso a los Infiernos, descenso que, por este motivo, puede considerarse como una iniciación.

En el Gylfaginning, XLVIII, Snorri nos cuenta el descenso de Hermódhr al Hel, jinete sobre Sleipnir, el corcel de Odín, para traer el alma de Balder [5]. Este tipo de descendimiento a los Infiernos es netamente chamánico. Como en las distintas variantes no europeas del mito de Orfeo, en el caso de Balder el descenso a los Infiernos no dio el resultado que se esperaba. El Chronicon Norwegiae confirma cómo semejante hazaña haya sido considerada posible: un chamán trataba de traer el alma de una mujer muerta repentinamente, cuando él mismo cayó muerto, víctima de una terrible herida en el estómago. Intervino otro chamán que reanimó a la mujer; ésta contó entonces que había visto el espíritu del primer chamán atravesar un lago, con la apariencia de una morsa, cuando alguien le propinó con un arma un golpe cuyo efecto podía verse en el cadáver.

[5. Hermódhr cabalga por “valles tenebrosos y profundos” nueve noches y cruza el puente Gjallar empedrado de oro].

El propio Odín descendió a los Infiernos, en su caballo Sleipnir, para resucitar a la völva y conocer la suerte de Balder. Un tercer ejemplo de descenso se halla en Saxo Grammaticus y tiene por héroe a Hadingus: una mujer aparece repentinamente cuando está comiendo y lo invita a seguirla. Descienden bajo la tierra, atravesando una región húmeda y tenebrosa, encuentran un camino por el cual avanzan varias personas bien vestidas; llegan después a una región soleada donde crece toda clase de flores y llegan ante un río que atraviesan por un puente. Se tropiezan con dos ejércitos empeñados en un combate, que, según la mujer, es eterno. Son los guerreros, caídos en los campos de batalla, que continúan combatiendo [6]. Por último, llegan ante un muro que la mujer trata en vano de franquear; mata un gallo que llevaba y lo tira por encima del muro; el gallo recobra la vida, porque en seguida se oye su canto al otro lado del muro. Desgraciadamente Saxo interrumpe aquí su descripción. Pero ya ha dicho bastante para que podamos hallar en el descenso de Hadingus conducido por la mujer misteriosa un tema místico harto conocido; el camino de los muertos, el río, el puente y el obstáculo iniciático (el muro). El gallo que resucita cuando se halla al otro lado de la tapia, parece indicar la creencia de que, por lo menos ciertos privilegiados (esto es, “iniciados”), pueden contar con la posibilidad de un “retorno a la vida” después de la muerte [7].

[6. Es la “Wüttenden Heer“].

[7. Podría relacionarse este detalle señalado por Saxo en el ritual fúnebre de un jefe escandinavo (“Rus”) al cual asistió el viajero árabe Ahmed ibn Fozlan en 921, sobre el Volga. Uno de los esclavos, antes de ser inmolado para seguir a su amo, celebra el siguiente rito: los hombres lo auparon por tres veces sobre el marco de una puerta, y contó lo que habla visto: la primera vez a su padre y su madre, la segunda a todos sus parientes y la tercera a su señor “sentado en el Paraíso”. Luego le dieron una gallina y el esclavo le cortó la cabeza y la arrojó a la barca funeraria (la barca que sería pronto su pira)].

La mitología y el folklore germánicos conservan aún otros relatos de descensos a los Infiernos, donde se pueden encontrar también las “pruebas iniciáticas” (por ejemplo, el paso sobre un “muro de llamas” etc.), pero no necesariamente el tipo del descenso chamánico. Según lo prueba el Chronicon Norwegiae, este último era conocido por los magos nórdicos, y, si se piensa en sus demás hazañas, puede deducirse que existe un parecido bastante característico con los chamanes siberianos.

Aquí nos contentaremos con aludir a los “guerreros fieras”, a los berserkirque se apropiaban mágicamente del “furor” animal y se transformaban en fieras. Esta técnica de éxtasis guerrero, conocida en los demás pueblos indoeuropeos y de la que también se han encontrado “dobles” en las culturas extra-europeas, no tiene sino relaciones superficiales con el chamanismo propiamente dicho. La iniciación de índole militar (heroica) se aparta, por su propia estructura, de las iniciaciones chamánicas. La transformación mágica en fiera pertenece a una ideología que rebasa la esfera del chamanismo. Se encontrarán las raíces de esta ideología en los ritos de caza de los pueblos paleo-siberianos y se verá qué técnicas del éxtasis pueden surgir de una imitación mística del proceder animal.

Odín, según nos dice Snorri, conocía y utilizaba la magia llamada seidhr; gracias a ésta podía prever el porvenir y causar la muerte, la desgracia o la enfermedad. Pero ―añade Snorri― esta hechicería entrañaba tal “ignominia” que los hombres no la practicaban “sin vergüenza”: el seidhr constituía más bien el patrimonio de las gydhjur (“sacerdotisas” o “diosas”). Y en elLokasenna se reprocha a Odín por practicar el seidhr, cosa que es “indigna de un hombre”. Las fuentes hablan de los magos (seidhmenn) y de las magas (seidhkonur), y ya se sabe que Odín aprendió el seidhr de la diosa Freyja. Por lo tanto, puede suponerse que esta clase de magia era una especialidad femenina y que por esa razón estaba considerada como “indigna de un hombre”.

Sea como fuere, las sesiones de seidhr descritas en los textos nos presentan siempre una seidhkona, una spákona (“clarividente”, profetisa). La mejor descripción de ellas se halla en la Eiríks saga rautha: la spákona dispone de un indumento para las ceremonias bastante estilizado: un manto azul, joyas, un gorro de piel de cordero negro con pieles blancas de gato; lleva también una vara y, durante la sesión, se sienta en una plataforma bastante alta, sobre un cojín de plumas de gallina. La seidhkona (o völva, spákona) va de granja en granja para revelar el porvenir de los hombres, anunciar el tiempo, la calidad de las cosechas, etc. Viaja con quince muchachas y otros tantos jóvenes que cantan a coro. La música desempeña un papel esencial en la preparación del éxtasis. Durante el trance, el alma de la seidhkonaabandona su cuerpo y viaja por el espacio; toma con frecuencia la forma de un animal.

Muchos rasgos relacionan el seidhr con la sesión chamánica clásica [8]: el indumento ritual, la importancia del coro y de la música, el éxtasis. Pero no nos parece indispensable considerar el seidhr como chamanismo strictu sensu: el “vuelo místico” es un tema de la magia universal y especialmente de la hechicería europea. Los temas específicamente chamánicos ―descenso a los Infiernos para traer el alma del enfermo o llevar al difunto―, aunque conocidos, como hemos visto, en las tradiciones de la magia nórdica, no representan un elemento capital en la sesión del seidhr. Ésta, por el contrario, parece concentrarse en la adivinación, esto es, en fin de cuentas, se relaciona más bien con la “pequeña magia”.

[8. Strömback ve en el seidhr un chamanismo en el sentido riguroso de la palabra. Añadamos que ciertos rasgos chamánicos, en el sentido más amplio del término, aparecen en la figura, muy compleja, de Loki: sobre este dios véase el excelente trabajo de Georges Dumézil: Loki. Transformado en yegua, Loki concibe del semental Svadhilfari al caballo de ocho patas, Sleipnir. Loki puede adoptar diversas formas animales: foca, salmón, etc. Engendra al Lobo y a la Serpiente del Mundo. También vuela por el aire cuando se pone el traje de plumas de halcón; pero esa indumentaria mágica no le pertenece: es de Freyja. Recuérdese que Freyja le enseñó a Odln elseidhr, y compárese esta tradición del arte del vuelo mágico enseñado por una diosa (o una hechicera) a un dios (o un soberano), con las leyendas rituales chinas. Freyja, señora del seidhr, posee un vestido mágico de plumas que le permite volar como los chamanes; Loki parece disponer de una magia más tenebrosa cuyo sentido queda claramente indicado por sus transformaciones animales].

  • 3. La Grecia Antigua

No emprenderemos aquí un estudio de las diversas tradiciones extáticas conocidas en la antigua Grecia [9]. Sólo aludiremos a los documentos cuya morfología se acerque al chamanismo strictu sensu. Sería inútil recordar las bacanales dionisíacas únicamente porque los autores clásicos se refieren a la insensibilidad de las bakhai. También sería inútil hablar del enthousiasmos de las distintas técnicas proféticas [10], de la nigromancia o de la concepción de los Infiernos. Desde luego se encontrarán allí temas y técnicas análogas a las que pone en práctica el chamanismo, pero estas coincidencias se explican por la supervivencia, en la antigua Grecia, de concepciones mágicas y de técnicas arcaicas del éxtasis cuya difusión era casi universal. Tampoco hablaremos de las leyendas y de los mitos relativos a los Centauros [11] y a los primeros curanderos y médicos divinos [12], aunque estas tradiciones dejan ver, a veces, algunos rasgos débiles de cierto “chamanismo” primordial. Pero todas estas tradiciones están ya interpretadas, elaboradas, revaloradas; son parte integrante de mitologías y de teologías complejas; presuponen contactos, mezclas, síntesis con el mundo espiritual egeo e incluso oriental, y su estudio exigiría muchas más páginas que las que consagramos al presente esbozo.

[9. Erwin Rohde: Psique. La Idea del Alma y la Inmortalidad entre los Griegos].

[10. No hay nada de “chamánico” en el oráculo de Delfos y la mántica apolínea. ¿Puede relacionarse el famoso trípode délfico con la plataforma de la seidhkona germánica? “Pero, normalmente es Apolo el que se sienta sobre su trípode. La Pitonisa sólo lo ocupa en casos excepcionales, como sustituta del dios”].

[11. Véase el bello libro de Dumézil: Le Probléme des Centaures, donde se trata de ciertas iniciaciones “chamánicas” en el sentido más amplio de la palabra].

[12. Véase Kerényi: Le Médecin Divin: Promenades Mythologiques aux Sanctuaires d’Asclépios].

Advirtamos que los curanderos, los adivinos o los extáticos que podríamos comparar con los chamanes no están relacionados con Dionysos. La corriente mística dionisíaca parece tener una estructura distinta: el entusiasmo báquico no recuerda en absoluto el éxtasis chamánico. Por el contrario, es Apolo a quien se parecen algunos personajes legendarios griegos que se podrían comparar con los chamanes. Y se supone que esos personajes legendarios llegaron a Grecia procedentes del Norte, del país de los hiperbóreos, es decir, de la patria originaria de Apolo. Este es, por ejemplo, el caso de Abaris. “Llevando en sus manos la flecha de oro, señal de su naturaleza y de su misión apolíneas, recorría el mundo, alejando las enfermedades por medio de sacrificios, prediciendo los terremotos y las demás calamidades” (Rohde:Psyché). Una leyenda posterior nos lo muestra volando por los aires, como Museo, sobre su saeta). La flecha, que desempeña cierto papel en la mitología y la religión de los escitas, es un símbolo del “vuelo mágico”. A este propósito se recordará la presencia de la flecha en varias ceremonias chamánicas siberianas.

También en relación con Apolo se hallaba Aristeas de Proconeso: caía en éxtasis y el dios le “arrebataba” el alma. En ocasiones se muestra a la vez en varios lugares muy alejados unos de otros [13]; acompañó a Apolo adoptando la apariencia de un cuervo (Heródoto, IV. 15), cosa que nos induce a pensar en las transformaciones chamánicas. Hermótimo de Clazómenes tenía el poder de abandonar su cuerpo “durante muchos años”; mientras duraba este largo éxtasis viajaba a lo lejos y “traía un conocimiento profético de lo futuro. Por útimo, sus enemigos quemaron su cuerpo, que yacía inánime, y su alma ya no volvió más” (Rohde, con las fuentes, especialmente de Plinio: Naturalis Historia, VII). Semejante éxtasis tiene toda la apariencia del trance chamánico.

[13. Rohde; Nilsson. Sobre la Arimáspeia, poema atribuído a Aristeas, véase Meuli].

Recordemos también la leyenda de Epiménides de Creta. Había “dormido” durante mucho tiempo en la caverna de Zeus, en el monte Ida; allí había ayunado y conocido los largos éxtasis. Salió de la caverna dominando la “sabiduría entusiasta”, esto es, la técnica del éxtasis. Entonces “empezó a recorrer el mundo practicando el arte de curar, prediciendo el porvenir en su condición de vidente extático, explicando el sentido oculto de lo pretérito, y alejando, como sacerdote purificador, los males enviados por los demonios a causa de los crímenes más graves” (Rohde). El retiro en la caverna (descenso a los infiernos) es una prueba iniciática clásica, pero no necesariamente “chamánica”. Son los éxtasis, las curaciones mágicas y los poderes adivinatorios y proféticos de Epiménides los que le acercan al chamán.

Antes de hablar de Orfeo, lancemos una mirada a los tracios y a los getas,“los más valientes y los más justos de los tracios”, en opinión de Heródoto (IV, 93). Aunque muchos autores hayan visto un “chamán” en Zalmoxis [14], no hallamos razón alguna para aceptar esta interpretación. El “envío de un mensajero” a Zalmoxis, que se efectuaba cada cuatro años, igual que la “morada subterránea” en la que se introdujo y vivió durante tres años, para reaparecer luego y demostrar a los getas la inmortalidad del hombre, no tienen nada de chamánico. Un solo elemento parece indicar la existencia de cierto chamanismo geta: es la información de Estrabón acerca de los kapnobátaimisios, nombre que ha traducido, por analogía con la expresión de Aristófanes,aeróbatas, “que andan por las nubes” (cf. Las Nubes), pero que debe traducirse como “los que caminan por el humo”. Se trata verosímilmente del humo de cáñamo, medio rudimentario para lograr el éxtasis, conocido tanto por los tracios [15] como por los escitas. Los kapnobátai debían de ser danzarines y hechiceros getas que utilizaban el humo del cáñamo para conseguir sus trances extáticos.

[14. Se ha tratado recientemente de rehabilitar la etimología de Zalmoxis que había dado Porfirio: “el dios-oso” o el “dios de la piel de oso”. Sobre los elementos “chamánicos” en la religión de los griegos, véase Dodds: The Greeks and the Irrational].

[15. Si se interpreta en este sentido un pasaje de Pomponio Mela; reproducido por Rohde].

Es cierto que otros elementos “chamánicos” persistían en la religión tracia, pero no siempre es fácil identificarlos. Citemos, sin embargo, un ejemplo que demuestra la existencia de la ideología y del ritual de la ascensión celeste por medio de una escalera. Según Polieno (Stratagematon), Kosingas, sacerdote-rey de los kebrenoi y de los sykaiboai (tribus tracias), amenazaba a sus súbditos con subir hasta la diosa Hera, por una escala de madera, para quejarse de su conducta. Ahora bien, como hemos visto ya muchas veces, la ascensión simbólica al Cielo por una escalera es típicamente chamánica. El simbolismo de la escalera, como demostraremos más tarde, es conocido también en otras religiones del Cercano Oriente antiguo y del Mediterráneo.

Por lo que atañe a Orfeo, su mito presenta muchos elementos que se pueden comparar con la ideología y la técnica chamánicas. El más importante es, naturalmente, su descenso a los Infiernos para traer de allí el alma de Eurídice, su esposa. Por lo menos una versión del mito no menciona el fracaso final [16]. La posibilidad de sacar a alguien de los Infiernos está, además, confirmada por la leyenda de Alcestes. Pero Orfeo presenta también otros rasgos de un “Gran Chamán”: su arte de curandero, su amor a la música y a los animales, sus “hechizos”, y su poder adivinatorio. Incluso su carácter de “héroe civilizador” no contradice la mejor tradición chamánica: el “primer chamán”, ¿no era el mensajero enviado por Dios para defender a la Humanidad de las enfermedades y civilizarla?. Por último, otro detalle del mito de Orfeo es netamente chamánico: despedazado por las bacantes y, cortada y arrojada su cabeza al río Hebro, ésta flotó cantando hasta llegar a Lesbos. Después sirvió de oráculo, como la cabeza de Mimir. Ahora bien, los cráneos de los chamanes siberianos tienen también su papel en el arte de la adivinación.

[16. Guthrie: Orpheus and Greek Religion].

En cuanto al orfismo propiamente dicho, no tiene relación alguna con el chamanismo, a no ser las laminillas de oro que se han encontrado en los sepulcros y que han sido consideradas durante mucho tiempo como órficas. Parecen más bien órfico-pitagóricas [17]. Sea como fuere, estas laminillas contienen textos que indican al muerto el camino que debe seguir en el más allá; representaban, en cierto modo, un “libro de los muertos” resumido, y deben relacionarse con textos análogos utilizados en el Tíbet y entre los Mo-so. En estos últimos casos, la recitación, junto a la cama del muerto, de los itinerarios funerales, equivalía al acompañamiento místico del chamán psicopompo. Sin querer forzar la comparación, podría verse en la geografía funeraria de las laminillas órfico-pitagóricas el sucedáneo de una conducción de almas de carácter chamánico.

[17. Véase Franz Cumont: Luz Perpetua. Sobre el problema en conjunto, Kerényi: Pythagoras und Orfheus].

Nos limitaremos a aludir al Hermes psicopompo: la figura del dios es harto compleja para que pueda ser reducida a la de un guía chamánico a los Infiernos [18]. En cuanto a las “alas” de Hermes, símbolo del vuelo mágico, vagos indicios parecen demostrar que algunos hechiceros pretendían suministrar alas a las almas de los difuntos para permitirles volar hacia los cielos. Pero aquí nos hallamos ante el antiguo simbolismo del alma-ave, complicado y contaminado por muchas interpretaciones, recientes, de origen oriental, en relación con los cultos solares y la idea de la ascensión-apoteosis.

[18. Raingeard: Hermés Psychagogue. Essai sur les Origines du Cuite d’Hermés].

Análogamente los descensos a los Infiernos conocidos en las tradiciones griegas [19], desde la más ilustre ―la que constituyó la prueba iniciática de Herakles― hasta los descensos legendarios de Pitágoras y de “Zoroastro”, no tienen la menor estructura chamánica. Se invocaría más bien la experiencia extática de Er, el de Panfilia, hijo de Armenio, recogida por Platón (República, 614 B): “muerto” en el campo de batalla, Er vuelve a la vida al duodécimo día, cuando su cuerpo está ya en la hoguera, y cuenta lo que ha visto en el otro mundo. Se ha advertido en este relato la influencia de ideas y creencias orientales. Sea como fuere, el trance cataléptico de Er recuerda el de los chamanes y su viaje extático al más allá, no sólo el Ardâ Vîrâf, sino también un sinnúmero de experiencias “chamánicas”. Er ve, entre otras cosas, los colores del Cielo y el Eje central, y también el destino de los hombres fijado por las estrellas (República, 617): podría relacionarse esta visión extática del destino astrológico con los mitos de origen oriental con el Árbol de la Vida o con el “Libro Celeste” en cuyas hojas o en cuyas páginas estaba escrito el destino de los hombres. El simbolismo de un “libro celeste”, que contiene el Destino y comunicado por el dios a los soberanos y los profetas, después de su ascensión al Cielo es sumamente antiguo y está ampliamente extendido en Oriente [20].

[19. Sobre todo esto, véase Josef Kroll: Gott und Hölle. Der Mythos vom Descensus-Kampfe. La misma obra de Kroll estudia las tradiciones orientales y judeo-cristianas del descenso a los Infiernos, que sólo ofrecen vagas semejanzas con el chamanismo propiamente dicho].

[20. Geo Widengren: The Ascension of the Apostle and the Heavenly Book. En Mesopotamia, el rey era (en su calidad de Ungido) quien recibía del dios, después de una ascención, las Tablas o Libro celeste; en Israel, Moisés recibe de Yahveh las Tablas de la Ley].

Se comprende hasta qué punto pueden volver a ser interpretados un mito o un símbolo arcaico: en la visión de Er, el Eje Cósmico se convierte en el Huso de la Necesidad, y el Destino astrológico toma el lugar del “libro celeste”. Señalemos, sin embargo, que la “situación del hombre” es siempre la misma: gracias a un viaje extático, exactamente como los chamanes y los místicos de las civilizaciones más rudimentarias, recibe Er, el de Panfilia, la revelación de las leyes que gobiernan el Cosmos y la vida; merced a una visión extática llega a comprender el misterio del Destino y de la existencia tras la muerte. La enorme distancia que separa el éxtasis de un chamán de la contemplación de Platón, toda la diferencia conseguida por la Historia y la cultura, no cambian en absoluto la estructura de este modo de llegar a conocer la realidad última: a través del éxtasis el hombre realiza plenamente su situación en el mundo y su destino final. Casi se podría hablar de un arquetipo “de la forma de conciencia existencial”, presente tanto en el éxtasis de un chamán o místico primitivo, como en la experiencia de Er y de todos los demás visionarios del mundo antiguo que han conocido, desde esta vida, el destino del hombre en el más allá.

  • 4. Escitas, Caucasianos e Iranios

Heródoto (IV, 71) nos ha legado una excelente descripción de las costumbres funerarias de los escitas. A la salida de los funerales se efectuaban las purificaciones: se echaba cáñamo encima de unas piedras recalentadas y se aspiraba el humo; “felices de sentirse sahumados así los escitas lanzan alaridos”. Karl Meuli ha destacado convenientemente el carácter chamánico de esta purificación funeraria. El culto de los muertos, el uso del cáñamo, la estufa y los “alaridos” constituyen efectivamente un conjunto religioso específico cuyo único objeto tenía que ser la consecución del éxtasis. Meuli recuerda a este propósito la sesión altaica descrita por Radlow, en cuyo transcurso el chamán conducía a los Infiernos el alma de una mujer muerta cuarenta días antes. El chamán-psicopompo no aparece en la descripción de Heródoto: habla solamente de las purificaciones que siguen a los funerales. Pero semejantes ceremonias de purificación coinciden en gran número de pueblos turco-tátaros con el acompañamiento del difunto por el chamán hacia los Infiernos, que son su nueva morada.

Meuli ha llamado también la atención sobre la estructura “chamánica” de las creencias escitas de ultratumba; sobre la misteriosa “enfermedad de mujer” que, según una leyenda trasmitida por Heródoto, había transformado a algunos escitas en “enareas” y que el sabio suizo compara con la afeminación de los chamanes siberianos y norteamericanos. Sobre el origen “chamánico” de la Arimáspeia e incluso de la poesía épica en general, por lo menos un hecho es cierto: el chamanismo y la embriaguez extática provocada por el humo del cáñamo eran conocidos por los escitas. Como veremos, el uso del cáñamo para conseguir el éxtasis, era también conocido entre los iranios, y es el nombre iranio del cáñamo con el que se designa en el Asia central y septentrional la ebriedad mística

Ya se sabe que los pueblos caucasianos y especialmente los oses han conservado gran número de las tradiciones mitológicas y religiosas de los escitas. Ahora bien, las concepciones de ultratumba de ciertos pueblos caucasianos se acercan mucho a las de los iranios, especialmente en lo que concierne al paso del difunto por un puente estrecho como un cabello, el mito de un Árbol-Cósmico, cuya copa llega al Cielo y en cuya raíz brota un manantial milagroso, etc. [21]. Por otra parte, los adivinos, los videntes y los nigromantes-psicopompos desempeñan un papel de cierta importancia entre las tribus geórgicas de las montañas: los más importantes de esos hechiceros y extáticos son las messulethe: se recluían casi siempre entre las mujeres y las muchachas. Su función principal consiste en acompañar a los difuntos al otro mundo, pero pueden también “incorporárselos”, y entonces esos difuntos hablan por su boca; psicopompa o nigromante, la messulethe lleva a cabo su misión cayendo en trance [22]. Todos estos rasgos recuerdan extrañamente el chamanismo altaico. Pero no es posible afirmar hasta qué punto este estado de cosas refleja creencias y técnicas de los “iranios de Europa”, o sea de los sármatas-escitas.

[21. Entre los oses “el muerto, después de despedirse de los suyos, sale a caballo. Encuentra pronto en su camino toda clase de centinelas a los cuales debe dar galletas –las que se pusieron en la tumba–. Luego llega a un río sobre el cual se tiende, a modo de puente, una simple viga. Bajo los pasos del justo, o mejor dicho, del veraz, la viga se ensancha, se robustece y se convierte en un puente magnífico…” (Dumézil: Légendes sur les Nartes: suivies de Cinq Notes Mythologiques). «Es indudable que el “puente” del más allá procede del mazdeísmo, como el puente estrecho de los armenios, el “puente de cabello” de los georgianos. Todas esas vigas, cabellos, etc, tlenen la propiedad de ensancharse ante el alma del justo y de estrecharse para el alma culpable, como el filo de una espada»].

[22. Bleichsteiner. Pueden relacionarse estos hechos con la función de las “plañideras” indonesias].

Hemos señalado ya la notable analogía entre las concepciones de ultratumba de los caucasianos y las de los iranios. En efecto, el puente Cinvat desempeña un papel esencial en la mitología funeraria irania; del paso de dicho puente depende en cierto modo el destino del alma y constituye, además, una prueba difícil que equivale, por su estructura, a las pruebas iniciáticas: el puente Cinvat es como “una viga con varias caras” (Dadistân-i-Dinik) y está dividida en distintos pasos: para los justos su anchura es de “nueve lanzas”, para los impíos es estrecho como “el filo de una navaja” (Dinkart). El puente Cinvat se halla en el “Centro del Mundo”. En “medio de la Tierra” y “a la altura de la medida de 800 hombres” (Bundahishn), se yergue Cakât-î-Dâitîk, el “Pico del Juicio” y el puente Cinvat se levanta hasta Albûrz de Cakât-î-Dâitîk; lo que equivale a decir que el puente une, desde el Centro, la Tierra con el Cielo. Bajo el puente Cinvat se abre la boca del Infierno (Vidêvdât): la tradición la representa como una “continuación de Albûrz” (Bundahishn).

Nos hallamos ante el esquema cosmológico “clásico” de las tres regiones cósmicas enlazadas por un eje central (Pilar, Árbol, Puente, etc.). Los chamanes circulan libremente entre las tres zonas; los difuntos deben cruzar un puente en su viaje al más allá. Hemos encontrado repetidas veces ese tema funerario y lo encontraremos aún. Pero lo importante en la tradición irania (al menos en la forma en que subsistió después de la reforma de Zaratustra) reside en que, al pasar el puente hay una especie de lucha entre los demonios que procuran precipitar el alma en el Infierno, y los espíritus protectores (invocados por los parientes del muerto con este fin) que les resisten: Aristât, “el conductor de los seres terrestres y celestes”, y el buen Vayu [23]. En el puente, Vayu sostiene las almas de los hombres piadosos; las almas de los muertos acuden asimismo para ayudarlas (Soederblom). La función de psicopompo asumida por el buen Vayu podría reflejar la ideología “chamanista”.

[23. Sobre Vayu, véase Widengren: Hochgottglaube im Alten Iran; Wikander: Vayu, I; Dumézil: Tarpeia. Essai de Philologie Comparative Indo-Européenne. En realidad, la función de Vayu es más matizada y su carácter mucho más complejo].

Los Gâthâ aluden tres veces a ese paso del puente Cinvat. En las dos primeras, Zaratustra ―según la interpretación de Nyberg― [24], habla de sí mismo como de un psicopompo: los que se han unido con él por medio del éxtasis pasarán con facilidad; los impíos, sus adversarios, serán “para siempre huéspedes de la casa del Mal” (traducción de Duchesne-Guillemin). En efecto, el puente no es sólo el paso de los muertos: es, además ―y lo hemos encontrado repetidas veces en ese aspecto―, el camino de los extáticos. Ardâ Vîrâf cruza también en éxtasis el puente Cinvat en el curso de su viaje místico. De acuerdo con la interpretación de Nyberg, Zaratustra fue un extático cuya experiencia religiosa lo acerca mucho al chamán. El sabio sueco cree encontrar en el término maga que aparece en los Gâthâ la prueba de que Zaratustra y sus discípulos suscitaban la experiencia extática por medio de cantos rituales que se entonaban en coro en un espacio cerrado, consagrado. En dicho espacio sagrado (maga) era posible la comunicación entre el Cielo y la Tierra, es decir, que, de acuerdo con un lenguaje universalmente difundido, el espacio sagrado se convertía en un Centro. Nyberg insiste en que esta comunicación era de índole extática y compara especialmente la experiencia mística de los “cantores” con el chamanismo propiamente dicho. Esta interpretación cuenta con la hostilidad de casi todos los iranizantes [25]. Sin embargo, observemos que las semejanzas entre los elementos extáticos y mitológicos visibles en la religión de Zaratustra, por una parte, y, por otra, la ideología y las técnicas del chamanismo, se integran en un conjunto más vasto que no supone en modo alguno una “estructura chamánica” de la experiencia religiosa de Zaratustra. El espacio sagrado, la importancia del canto, la comunicación simbólica entre el Cielo y la Tierra, el puente iniciático o funerario, estos diversos elementos, aunque son parte integral del chamanismo asiático, lo preceden y lo rebasan.

[24. El difunto encuentra cerca del puente una hermosa muchacha con dos perros (Vidêvdât, 19, 30), complejo infernal indo-iranio, comprobado en otros lugares].

[25. Recordemos que Wikander y Widengren han revelado la existencia de las “sociedades de hombres” iranias de estructura iniciática y extática, réplicas de los berserkirs germánicos y de los marya védlcos].

En todo caso, el éxtasis chamánico provocado por los sahumerios de cáñamo era conocido en el antiguo Irán. Los Gâthâ no mencionan a Bangha, pero en el Fravashi-yasht se cita a un tal Pouru-bangha, “poseedor de mucho cáñamo”. En el Yasht 19, 20 se dice de Ahura Mazda que está “sin trance y sin cáñamo” y en el Vidêvâdt el cáñamo está “demonizado”. Esto parece demostrar una hostilidad absoluta contra la ebriedad chamánica que fue probablemente practicada por los iranios y tal vez en el mismo grado que por los escitas. Pero es indudable que Ardâ Vîrâf tuvo su visión después de haber tomado un brebaje de vino y de “narcótico de Vichtaspe” que le hizo dormir siete días y siete noches. Su sueño se parece más bien al trance de los chamanes porque, como nos dice el Ardâ Vîrâf, “el alma de Vîrâf abandonó su cuerpo y se dirigió al puente Cinvat sobre la Cakât-î-Dâitîk. Al cabo de siete días volvió y entró en su cuerpo”. Vîrâf visitó, como Dante, todos los lugares del Paraíso y de los infiernos mazdeístas, y contempló los tormentos de los impíos y las recompensas de los justos. Su viaje de ultratumba puede compararse, desde ese punto de vista, con los relatos de los descensos chamánicos, algunos de los cuales tienen también, como hemos visto, referencias a los castigos de los pecadores. El conjunto de imágenes relativas al Infierno propio de los chamanes del Asia central ha sufrido probablemente la influencia de las ideas orientales y, en primer lugar, iranias. Pero esto no quiere decir que el descenso chamánico a los Infiernos denote una influencia exótica: la aportación oriental no ha hecho otra cosa que ampliar y colorear las situaciones dramáticas de los castigos; los que se han enriquecido a consecuencia de las influencias orientales son los relatos de los viajes extáticos a los Infiernos; el éxtasis fue muy anterior a esas influencias (en efecto, hemos encontrado la técnica del éxtasis en culturas arcaicas donde es imposible sospechar una influencia del Oriente antiguo).

Así, sin que podamos decidir a propósito de la eventual experiencia “chamánica” del propio Zaratustra, es indudable que la técnica más elemental del éxtasis, la embriaguez producida por el cáñamo, era conocida por los antiguos iranios. Nada nos impide creer que también hayan conocido otros elementos constitutivos del chamanismo: por ejemplo, el vuelo mágico (¿comprobado entre los escitas?) o la ascensión al Cielo. Ardâ Vîrâf dio “un primer paso” y alcanzó la esfera de las estrellas, un “segundo paso” y llegó a la esfera de la Luna; el “tercer paso” lo condujo a la luz que se llama “la más alta de todas”, y el “cuarto paso” lo llevó a la luz de Garotman. Sea cual fuere la cosmología que esta ascensión celeste manifiesta, es seguro que el simbolismo de los “pasos” ―el mismo que volveremos a encontrar en el mito de la Natividad de Buda― se superpone con toda exactitud al simbolismo de los “peldaños” o de las muescas del árbol chamánico. Este conjunto de simbolismos está íntimamente relacionado con la ascensión ritual al Cielo. Ahora bien, como hemos comprobado varias veces, tales ascensiones son propiamente chamánicas.

La importancia de la embriaguez que se busca en el cáñamo aparece confirmada, además, por la enorme difusión del término iranio a través del Asia central. La palabra irania que sirve para designar al cáñamo es bangha, y ha venido a significar en muchas lenguas ugrias tanto la seta chamánica por excelencia, Agaricus muscarius (que se utiliza precisamente como medio de intoxicación antes de la sesión o durante ella), como la embriaguez; compárese, por ejemplo, el vocablo vogul pânkh, “seta” (Agaricus muscarius), las palabras mordvin panga y pango, y el término cheremis pongo, “seta” también. En el vogul septentrional, pânkh significa así mismo “embriaguez, borrachera”. Los himnos a las divinidades aluden también al éxtasis provocado por la intoxicación con setas (Munkácsi). Estas pruebas demuestran que el prestigio mágico-religioso de la intoxicación con fines extáticos es de origen iranio. Unido a las demás influencias iranias en Asia central ―de las que volveremos a hablar pronto―, el bangha ilustra hasta que punto llegó el prestigio religioso del Irán. Es posible que la técnica de la intoxicación chamánica sea de origen iranio entre los ugrios. Pero esto, ¿qué prueba en relación con la experiencia chamánica originaria?. Los narcóticos son únicamente un sustituto vulgar del trance “puro”. Ya hemos tenido ocasión de comprobar en muchos pueblos siberianos el siguiente hecho: las intoxicaciones (alcohol, tabaco, etc.) son innovaciones recientes y muestran en cierto modo una decadencia de la técnica chamánica. Se trata de imitar, mediante la embriaguez narcótica, un estado espiritual que ya no se es capaz de conseguir de otro modo. Decadencia o, hay que añadir, vulgarización de una técnica mixta; en la India antigua y moderna, en todo el Oriente, se encuentra siempre esta extraña mezcla de “caminos difíciles” y “caminos fáciles” para conseguir el éxtasis místico o cualquiera otra experiencia decisiva.

Es difícil distinguir, en las tradiciones místicas del Irán islamizado, lo que corresponde a una herencia nacional y lo que se debe a las influencias del Islam y del Oriente. Pero es indudable que un sinnúmero de leyendas y de milagros a que se refiere la hagiografía pertenece al acervo universal de la magia y, especialmente, del chamanismo. Basta con hojear los dos tomos de los Saints des Derviches Tourneurs de Huart para encontrar a cada paso milagros que caen dentro de la más pura tradición chamánica: ascensiones, vuelo mágico, desapariciones, andanzas sobre el agua, curaciones, etc. [26]. Por otro lado, es preciso recordar también el papel del hashish y de otros narcóticos en la mística islámica, aunque los santos más puros de esa religión jamás hayan recurrido a semejantes sucedáneos [27].

[26. Huart, Les Saints des Derviches Tourneurs: sucesos conocidos a distancia, luz que emana del cuerpo de los santos, levitación, incombustibilidad: “el séyyd, al escuchar las instrucciones del cheïkh y al descubrir los misterios, se enardecía de tal modo que ponía sus dos pies sobre el brasero y sacaba con la mano los carbones encendidos…” (se reconoce en esta anécdota el “dominio del fuego” chamánico): unos hechiceros lanzan al aire a un muchacho: el cheïkh lo sostiene allí; desaparición súbita, invisibilidad, ubicuidad, marcha sobre el agua, piernas cruzadas sobre la superficie del agua, ascensión y vuelo, etc. El profesor Fritz Meier me comunica que según el libro biográfico, todavía inédito, de Amîn Ahmad Râzî, redactado en 1594, el santo Qutb ud-dîn Haydar (siglo XII) tenía fama de ser insensible al fuego y al frío más intenso; además, se le veía con frecuencia por los tejados y en la copa de los árboles. Ahora bien, ya conocemos el significado chamánico de la ascensión a los árboles].

[27. A partir del siglo XII la influencia de los estupefacientes (hashish, opio) se hace sentir en ciertas órdenes místicas persas: véase Massignon:Essai sur les Origines du Lexique Technique de la Mystique Musulmane. Laraqs, “danza estática de júbilo, el tamziq, “laceración de las vestiduras” en el trance, el nazar ila’l mord, la “mirada platónica”, forma muy sospechosa de éxtasis por inhibición erótica, constituyen algunos indicios de trances provocados por estupefacientes; se podrían relacionar estas recetas elementales para provocar el éxtasis con las técnicas místicas pre-islámicas y ciertas técnicas hindúes aberrantes que debieron influír en el sufismo].

Por último, con la propagación del Islam entre los turcos del Asia central, algunos elementos chamánicos fueron asimilados por los místicos musulmanes. El profesor Köprülüzade recuerda que “según la leyenda, Ahmed Yeseví y algunos de sus derviches, al metamorfosearse en aves, tenían la facultad de volar” (Influence du Chamanisme Turco-Mongol sur les Orders Mystiques Musulmans). Análogas leyendas se habían propalado acerca de los santosbektâchî. En el siglo XIII, Barak Baba ―fundador de una orden cuyo signo ritual característico era “el tocado de media luna”― se mostraba en público cabalgando sobre un avestruz y la leyenda dice que “el avestruz” llegó a volar un poco gracias al influjo de su jinete”. Es posible que estos detalles se deban efectivamente a las influencias del chamanismo turco-mongol, como afirma el sabio profesor. Pero la facultad de metamorfosearse en ave pertenece a todas las clases de chamanismo, tanto turco-mongol, como ártico, americano, hindú y el de Oceanía. Respecto a la presencia del avestruz en la leyenda de Barak Baba cabe preguntarse si no indica más bien un origen meridional.−

The Matrix como una Red Ideológica

In literatura on 18 enero 2015 at 21:14

La trilogía de películas “The Matrix” puede ser el equivalente de la serieStar Wars de nuestra generación, que ha creado una nueva mitología en un nuevo mundo. Es indudablemente pretenciosa en sus efectos especiales, y mucho más en su teoría y su filosofía, hasta el punto de que algunos críticos rechazan las extensas discusiones filosóficas como irremediablemente confusas. Otros que buscaron un significado coherente en sus símbolos y lenguaje encontraron exactamente lo que estaban buscando, es decir, hallaron aquello en lo que ellos creían de antemano. Esa lista incluye a marxistas, psicoanalistas, platonistas, post-modernistas, e incluso creyentes de diversas religiones (cristianos, budistas, taoístas, judíos). Cada uno de ellos ofreció su propia tendenciosa interpretación de The Matrix, tal como los seis hombres ciegos que trataban de describir un elefante, donde cada uno estaba (parcialmente) en lo correcto pero al mismo tiempo muy equivocado.

La verdad es que The Matrix es todas esas cosas: aparentemente incoherente pero también cristiana y psicoanalítica y post-moderna. Pero todo aquel que ha tratado de analizar el film usando cualquiera de estos dogmas ha caído presa de exactamente la misma engañosa Matriz de que trata la trilogía. La gran pregunta que todos están tratando de responder ―la que Morfeo hace a Neo y a nosotros en la primera película― es: “¿qué es la Matriz?”. Esta pregunta no puede tener una respuesta única porque por sobre todo la Matriz es simplemente la Matriz misma, un término irreductible.

Tal como la idea de complejidad de Deleuze, que afirma que la realidad no tiene un origen simple, la Matriz carece de cualquier origen simple e ideológicamente homogéneo. El significado de esta noción de “complejidad” es que la realidad en sí misma es un ser o una experiencia complejos, que no puede reducirse a ese medio limitado que son las palabras. La Matriz es del mismo modo irreductible, y contiene varias complejidades ideológicas así como posibilidades ideológicamente contradictorias y complementarias. La películaThe Matrix, al igual que la Matriz misma, nos presenta una red ideológica que está vinculada con todos los lugares. Ésta es el lugar de encuentro para todas las áreas, un animado libre mercado de ideologías religiosas, filosóficas, políticas y sociales.

La trama

En la primera película de The Matrix, el experto computacional Neo es contactado por un enigmático grupo de gente que le dice que el mundo que él ha conocido no es sino una simulación generada por una inmensa red de computadores. El tiempo en que vive no es a finales del siglo XX, como él cree, sino unos 200 años después. El mundo está gobernado por las máquinas, las cuales utilizan los cuerpos de los seres humanos para satisfacer sus necesidades de energía. Las máquinas crían a las personas en celdas aisladas donde son conectadas a conductores que les absorben la energía y la transfieren a las máquinas. En paralelo, la gente al mismo tiempo es conectada desde sus celdas a un universo digital que simula el mundo de finales del siglo XX: la Matriz. La única gente que vive fuera de este mundo virtual es un grupo de rebeldes que se desconectaron de la Matriz y construyeron un mundo subterráneo dentro de la Tierra llamado “Sión”. Desde este mundo subterráneo ellos salen en misiones de rescate a través de la Matriz para rescatar a otros prisioneros de ella.

En una de las clásicas escenas de la primera película, una escena que se repite con distintas variaciones a través de la serie, Morfeo, el líder del grupo, le ofrece a Neo dos píldoras que simbolizan la disyuntiva que éste está enfrentando. Si él toma la píldora roja, su mente y su cuerpo abandonarán la Matriz y a él se le hará ingresar a la feroz realidad de la guerra contra las máquinas. Si él toma la píldora azul, quedará en condiciones de regresar a la Matriz, olvidar todo lo que ha ocurrido y continuar una vida de placentera ignorancia.

Neo elige la verdad, y aquí la trama comienza a complicarse. Neo (un anagrama de “one“, uno) averigua que el líder de los rebeldes ha alimentado esperanzas de que Neo sea “el Uno”, el Elegido, el mesías, que salvará a la gente de la tiranía de las máquinas. Neo hace un buen comienzo en el cumplimiento de sus esperanzas. Pronto él aprende a mirar a través de la ilusión de la Matriz de un mundo y a verlo tal como es, un laberinto kabalístico de letras que pueden ser comprendidas y alteradas, permitiendo así doblegar las reglas. Neo, como un “mekubal” (un adepto del misticismo judío) digital, adquiere capacidades de combate sobrenaturales dentro de la Matriz manipulando y controlando el texto que compone el mundo.

En sus distintas aventuras Neo también llega a conocer una serie de curiosos personajes, entre los cuales está el Oráculo, una profetisa que conduce a Neo a su camino (aunque la credibilidad de sus profecías esté constantemente en duda). Otra figura importante es el Arquitecto, un creador y programador de la Matriz, un demiurgo incierto con motivos dudosos. El factor común entre estas diversas figuras es que todos ellos son programas computacionales, como sub-aplicaciones en la inmensa red computacional que es la Matriz.

El mesías es el único que vive en lo verdadero. Y Neo, después de aprender a doblegar las reglas de la realidad virtual, desarrolla capacidades similares en el mundo real también. La segunda y tercera películas tienen batallas apocalípticas, casi bíblicas, entre las máquinas que llegan para destruir a Sión y a los rebeldes, mientras Neo, por contraste, va en una misión de paz a la ciudad de las máquinas para hacer la paz con el mundo de las máquinas.

¿Qué narrativa explica esta historia? Hay varias.

El mesías como un híbrido cristiano, judío y oriental

Uno de los críticos israelíes que escribió sobre la tercera película de The Matrix la desestimó como una película cristiana. Esto es comprensible porque es el aspecto más prominente de Neo: Neo llega como un mesías alrededor de quien se congrega un pequeño grupo. Él tiene su Judas (Cypher), su novia se llama Trinidad, y su apellido es “Anderson”, que puede ser tomado como “el Hijo del Hombre”, usando la raíz griega andros para varón. Durante la película Neo muere, es resucitado, y finalmente deja el mundo como una cruz de luz. Éstos son símbolos cristianos bastante obvios. ¿Pero cómo puede usted llamarla una película cristiana cuando tiene un oráculo, lectura de la mano, una nave espacial llamada Icarus, y una diosa del inframundo llamada Perséfone?.

La palabra “mesías” es un ejemplo de la red ideológica que The Matrix nos presenta en aspectos diferentes. Neo como un mesías, por ejemplo, no es una figura monolítica en absoluto sino más bien una compleja encarnación de figuras mesiánicas cristianas, judías y orientales.

Neo como un mesías kabalístico

The Matrix está llena de ideas kabalísticas y hasídicas judías. Los hermanos Wachowski [judíos, ¿no?] han estudiado la Kabalá, y ahora sus ideas están siendo enseñadas en escuelas de Kabalá en Israel. Entonces no es ninguna sorpresa que el concepto del Mesías en The Matrix tome prestado bastante de la Kabalá y la teología judías.

Por ejemplo, la percepción de Neo del mundo como un mundo textual, donde conocer la fuente textual permite torcer las reglas, recuerda antiguos libros kabalísticos como el Sefer Yetzirah del siglo I d.C., donde la creación del mundo es descrita como un acontecimiento textual. Como en The Matrix, elSefer Yetzirah nos dice que el mundo es creado desde un mar de letras. Uno podría incluso comparar a Neo y al personaje midráshico de Abraham como una persona que tiene el poder de re-crear el mundo por medio de actos textuales (vea el libro Golem, de Moshe Idel).

Neo primero ve a través de la Matriz digital. Lo que él aprende allí, lo pone en práctica más adelante en el mundo real, que él revela como otra matriz. De manera bastante interesante, donde Neo una vez encontró un laberinto de dígitos él ahora encuentra un resplandor de luz. Neo percibe el mundo real como una corriente de luz radiante que rodea todas las cosas, una cosmovisión reminiscente de las teorías kabalísticas de emanación que se hallan en las fuentes judías. El Libro del EsplendorEl Zohar― y la kabalá de Isaac Luria [s. XVI] ven el universo entero como una creación de luz que es inmanente en todas las cosas.

Smith, aquel agente que se auto-duplica y contra quien Neo lucha una y otra vez, podría ser kabalísticamente interpretado como los klipot. Significando literalmente pieles o cáscaras, los klipot son la explicación kabalística de por qué no percibimos la existencia verdadera del mundo como un mundo de luz, de la manera en que Neo lo hace. La razón es que las cosas están cubiertascon los klipot, pieles que esconden y nos impiden ver la verdadera luz divina que está presente en todas las cosas. Los klipot representan la cruda exterioridad de las cosas, una exterioridad que debe ser despellejada para revelar la esencia verdadera, que es la luz.

Además, la Kabalá dice que el proceso de la peladura de los klipot es un proceso dinámico. Una persona tiene que arrancar los klipot durante toda su vida, porque los klipot se duplican por naturaleza y le ponen nuevas barreras al hombre en su búsqueda de la verdad de la realidad. Cada día en que usted no limpia sus ojos, usted consigue un nuevo polvo que obscurece su visión. Ésta es la duplicación interminable de Smith.

La manera en que Neo se deshace de Smith, infiltrándose en el cuerpo de éste y llenándolo de luz hasta que Smith se rompe desde su interior y se quema con la luz interna, trae a la memoria la Kabalá radical del siglo XVII del falso mesías Shabbetai Zvi y sus creyentes. Shabbetai Zvi fue arrestado por las autoridades turcas y se le dio a elegir entre la muerte o la conversión al Islam. Él decidió convertirse, lo que fue naturalmente un golpe para muchos (aunque no todos) de sus seguidores. Tratando de justificar su acción, sus fieles aparecieron con una nueva explicación teológica que describe al Mesías como un gusano dentro de una manzana, o un espía sagrado. El Mesías se introduce en la fuente de impureza (Smith, el klipot) y la llena con luz hasta que reviente desde dentro.

Neo como un místico oriental

El taoísmo y el budismo son también muy evidentes en The Matrix. A través del prisma de la religión oriental, Neo no es sólo el Mesías sino también “el Iluminado”, el Buda. Smith le dice a Neo que ambos son muy similares, y efectivamente lo son. Ambos identifican al Yo con el mundo, sólo que de un modo fundamentalmente diferente. Smith es el Ego, la impureza de que habla el budismo, el que se ve a sí mismo dondequiera que mire: el egocentrismo. Ésta es la razón de que, cuando Smith toca a la gente o a otros agentes, ellos se convierten en él. Smith se ve a sí mismo en todas partes. Neo (One), por otra parte, sigue el ideal budista de verse a sí mismo como una parte de la unidad del universo. Neo puede controlar el mundo porque él es carente del ego que nos separa del mundo y puede identificarse con el universo totalmente.

Como Neo y Smith son tan similares uno a otro —en verdad, Smith es realmente parte del Yo de Neo―, Smith también se hace más fuerte cada vez que Neo se hace más fuerte, como en el antiguo refrán judío que dice que “mientras más grande es una persona, mayores son sus tentaciones“. En otras palabras, paralelamente con el desarrollo espiritual de Neo, las trampas del Ego (Smith) se hacen cada vez más peligrosas. Como en el budismo, el borrado del Yo y llegar a hacerse uno con el mundo circundante conduce a un control total. El arquero Zen no apunta, y esto es lo que le da un blanco a su flecha. Cuando el ciego Neo lucha sin mirar, y ve a sus oponentes de un modo místico como corrientes de energía en el mundo, uno no puede menos de acordarse de la serie de kung-fu budista “Zatoichi“,  que trata acerca de un guerrero ciego cuya ceguera es esencial para su perfección espiritual y su habilidad para luchar.

Más allá de las metáforas de la religión oriental, hay también ideas que son comunes a todas las religiones, como la paz y el amor. Es fácil olvidar que, aparte de la representación de Hollywood de estas ideas, dichas ideas tienen un mensaje profundamente religioso. En la guerra de la Humanidad contra las máquinas en The Matrix, la narrativa subyacente es que las máquinas no son en sí mismas el verdadero enemigo de Neo. Este hecho se hace más claro a medida que la serie The Matrix avanza, cuando encontramos máquinas que sienten (un quiebre de la oposición entre la Máquina y el Hombre que podría ser materia de otro artículo entero).

En la película “Animatrix”, una colección de 9 películas de animación escritas y producidas por los hermanos Wachowski, la batalla entre las máquinas y los humanos es realmente una consecuencia de la opresión de las máquinas por la gente. El verdadero enemigo de Neo es por lo tanto Smith, losklipot que separan a las máquinas de la Humanidad en nuestra percepción y que los hacen enemigos. La diferencia entre los humanos y las máquinas es una de tipo externo que sólo Neo, como el unificado-unificador, puede abolir. Ésta es la razón de por qué la destrucción de Smith es en las películas la condición para la paz.

A fin de dejar de percibir los klipot y ver a hombres y máquinas como una sola cosa, Neo debe descubrir el amor en su sentido religioso, el amor que Dostoievsky implica cuando dice que “el infierno es la incapacidad de amar“. Éste es el amor de reconocer la unidad de las cosas, de retirarse uno mismo y hacer sitio para el Otro: la capacidad de Neo de dejar su ciudad e ir a la ciudad de las máquinas y encarar al último Otro de la fuente, el código de todos los códigos. Cuando él se entrega totalmente a la máquina, cuando él está en un lecho de pequeñas máquinas, ésa es una señal de aquel amor.

Vale la pena notar que la misma lucha con Smith, la lucha de la última redención, ocurre dentro de los límites de la Matriz. La salvación viene desde dentro de la Matriz. Éste es el amor que puede traer la paz de la que Neo habla, aquella paz que realmente significa la resolución redentora de la oposición entre hombres y máquinas, y entre todas las oposiciones.

La meta-religión y el capitalismo

A pesar de la abundancia de religiosidad en The Matrix, ningún clérigo ortodoxo estaría contento con estas películas. The Matrix acepta casi cada dirección espiritual que ha sido inventada alguna vez, y esta aceptación total es una negación de cada sistema espiritual que exige cualquier clase de exclusividad o unicidad. Tome, por ejemplo, la conversación de Neo con el Oráculo en la segunda parte de The Matrix. El oráculo le dice a Neo que los fantasmas, los ángeles, los vampiros, los hombres-lobo, los OVNIs y cada fenómeno anti-natural sobre el cual él haya oído alguna vez, existen todos. La explicación de todos ellos consiste en que ellos son triviales anomalías en el sistema digital de la Matriz.

De esa manera, ¿qué significa la religión los rebeldes cuando ellos proclaman una y otra vez que ellos “creen”?. Ninguna otra palabra es dicha tan a menudo en The Matrix como la “creencia”. Una y otra vez Morfeo anuncia su creencia en Neo; una y otra vez a los demás se les exige contestar en cuanto a su creencia en Neo. Y cuando Neo le pregunta al Oráculo cómo él puede estar seguro de la sinceridad de las palabras de ella, ésta le dice que no hay ningún modo de saber, ni ninguna información que pudiera ayudarle a decidir de quién es profeta ella: si de Satán o de Dios. El mundo es una ecuación formada exclusivamente de incógnitas, y la pregunta es: ¿cree usted, o no?. Neo, por supuesto, decide creer.

En último término, la única religión que The Matrix está promoviendo comercialmente es la meta-religión, que es una expansión radical de la idea ecuménica. La meta-religión es un nombre para quizá el concepto espiritual más extendido en la sociedad occidental secular de hoy. Es la religión sin mandamientos o sacramentos, la religión de existencia virtual que está dispuesta a abolir la forma a fin de alcanzar la esencia interior, simbolizada por la Matriz de letras-dígitos-símbolos (liberada de los klipot).

Por lo tanto no hace ninguna diferencia si llamamos a Neo como Salvador, Mesías o Buda. La meta-religión está dispuesta a asimilar todos los símbolos sin obligarse a siquiera uno de ellos. Es una versión más sofisticada de la espiritualidad New Age. Los creyentes de la meta-religión no se limitan a las reglas de ningún discurso. La meta-religión aspira a y hace una ensalada de términos e ideas de campos espirituales diferentes a fin de alcanzar el contenido que busca. De ahí la abundancia de dioses, símbolos e ideologías con los cuales The Matrix está saturada.

¿Pero a quién sirve la meta-religión?. ¿A quién está dirigida esta metáfora al final?. La Matriz de la meta-religión es antes que nada la Matriz capitalista que saca ganancia de toda mercancia que pasa por ella y obtiene una comisión de cada venta —incluso de la venta de libros marxistas.

En la segunda película Morfeo prepara a su muchedumbre de creyentes para la batalla final contra las máquinas en un discurso estilo Masada. Morfeo aparece como el profeta del capitalismo y le pide a los que lo escuchan: “Esta noche, enviemos un mensaje a aquel ejército“. Para explicar lo que él quiere decir, añade: “¡Sacudamos esta cueva! Esta noche hagámosles recordar que esto es Sión“. El significado de estas palabras es comunicado en la siguiente escena, tal vez la más desconcertante en la serie de The Matrix. Durante muchos minutos largos y aparentemente sin sentido vemos a los rebeldes mínimamente vestidos bailar al son de una fuerte música rock y restregándose unos contra otros sensualmente en una especie de festival pagano. La combinación de la reluciente piel de la juventud sudorosa y las olas humanas saltando rítmicamente da a la escena la estética de un anuncio comercial. Éste es el mensaje de la escena de unificación de la gente en Sión: una fiesta sexual y sensualidad, la esencia de la redención capitalista.

No es que The Matrix realmente diga que el capitalismo representa la redención, pero tampoco es marxista de una manera clásica. Quizás The Matrix es una película marxista-capitalista. Critica realmente el capitalismo, pero también deja en claro que la resistencia es vana. El final de cualquier resistencia llega al ser absorbida dentro del sistema. En otras palabras, The Matrix es una película de Hollywood. La crítica es también parte de Hollywood. Sin las estrellas, el equipo de producción y el sistema de mercadotecnia de Hollywood, nada de esto existiría.

La cinematográfica religión del capitalismo en The Matrix

En una lectura marxista, uno podría ver la lucha de Neo contra los agentes como una lucha contra los vendedores de capitalismo. Smith, el agente que se auto-duplica, se parece mucho a los hombres de negocios que pueblan Manhattan, y en efecto en la tercera The Matrix vemos rascacielos enormes llenos de Smiths duplicados. Smith está vestido con un traje negro y negros lentes de Sol impenetrables. En su mano él sostiene una maleta tipo James Bond, como si él hubiera venido para venderle algo a usted. La mercancía que a Smith le gustaría que nosotros viéramos es por supuesto el mundo simbólico, la simulación digital que le gustaría imponer sobre cada uno. Uno podría interpretar a Neo como una especie de luchador marxista contra los multiplicados agentes de ventas, pero en un examen más cercano se ve que los rebeldes no son diferentes de los vendedores.

Cualquiera que haya visto la primera The Matrix debe recordar la presentación digital y visual y el convincente discurso que Morfeo da a Neo en su primera reunión, cuando él explicó la historia de la Matriz y trataba de convencerlo para que la abandonara y se integrara a los rebeldes. Más tarde, cuando se nos dice que la principal ocupación de los rebeldes es liberar a la gente, lo que significa convencer a la gente para que se traslade al mundo “real” de aquéllos, uno puede entender que Morfeo y Neo son de alguna manera también vendedores que trabajan de 9 a 5, sólo que con un producto más atractivo: ellos venden la realidad.

La Matriz en este caso es un campo de batalla entre dos clases de agentes de ventas, y en el capitalismo, no importa lo que usted compre, la casa siempre gana. Esta inmunidad de la red capitalista de la Matriz podría ser vista en la escena al final de la tercera The Matrix, donde el agente Neo y el agente Smith luchan la batalla final entre unos míticos rascacielos. El detalle interesante aquí es que, a pesar de las enormes ondas expansivas que se elevan desde la tierra durante esta batalla titánica y que se mueven como tormentas feroces entre los rascacielos, aquellos rascacielos siguen de pie y los paneles de vidrio siguen brillando.

Las fuerzas destructivas de la batalla titánica entre los dos vendedores se desplazan a través de y son tragadas dentro del impenetrablemente oscuro vidrio de los rascacielos. El capitalismo mira la gran lucha entre lo simbólico y lo real indiferentemente. Al final de la película, cuando la largamente esperada redención finalmente llega, el único símbolo de ello es una pequeña niña que está de pie y mira los relucientes rascacielos. Ésta es la redención del capitalismo.

Pero en última instancia, ¿por qué deberíamos sumergirnos en ilusiones?. Después de todo, somos los que viven entre rascacielos simbólicos pero también muy reales. La batalla entre Neo y Smith simboliza, quizás improbablemente, la visita al cine, cuyos resultados están también capitalistamente predeterminados. El cine es entonces la misma celda en la cual la Matriz nos encarcela, donde usted se sienta como una marioneta inerte y produce la energía para la Matriz capitalista.

¿Qué podría ser más absurdo que Neo apareciendo en la pantalla, llamándonos a abandonar la ilusión y vendiéndonos el mundo de lo “real”?. La voz de Neo viene desde las profundidades interiores de la simulación. Neo y Smith, ambos son agentes de la Matriz capitalista, diseñada para mantenernos dóciles en nuestros asientos. ¿Quién se atrevería a levantarse de su asiento e ir fuera a la “realidad” después de pagar una buena suma para entrar a la Matriz del cine?.

El imperativo de la secuela

De un modo muy notable, el final de The Matrix es una especie de combinación entre teoría religiosa e intereses comerciales puros. El rasgo prominente de la redención al final de la serie de The Matrix es que la redención final todavía no ha llegado. Religiosamente, uno podría entender aquello a partir de la existencia de entidades distinguibles y el acaecimiento de la redención dentro de los límites de los rascacielos y el mundo existente. Ésta es una redención restauradora, una redención que devuelve las cosas a su estado de funcionamiento en el pasado, pero no trae ningún mensaje nuevo y radical. La redención final debería causar que el mundo llegara a ser Uno, eliminando cualquier conflicto y dualidad. El problema es puesto en claro en la conversación entre el Oráculo y el Arquitecto, el demiurgo de la Matriz. El Arquitecto duda del futuro de la paz que ha sido conseguida. Hay un problema religioso grande aquí. ¿Es ésta la paz que hemos estado esperando?, ¿o es simplemente un alto al fuego?.

Una respuesta posible puede ser encontrada en la teoría kabalística delshmitot. Según esta teoría esotérica el mundo existe en 7 ciclos de 7.000 años. Al final de cada ciclo hay una creación renovada. El séptimo ciclo es como el shabbat judío (el séptimo día de la semana), el ciclo final, al término del cual viene el jubileo de los cincuenta años de la redención total.

El Arquitecto le dice a Neo que el propio Neo es el sexto en una serie de mesías. El uso de este número y el final indeterminado de The Matrix nos hacen pensar que los hermanos Wachowski planean otra resurrección de Neo, una séptima batalla por la redención, que sería el sabbath de la Matriz. O tal vez éste es un pensamiento sobre la redención como un concepto utópico que nunca se realiza como un estado permanente sino sólo como un proceso, similar a la paradoja judía de una siempre inminente, pero siempre ausente, redención.

De una u otra forma existe una chocante combinación de pensamiento religioso profundo con intereses comerciales puros, una combinación que caracteriza a The Matrix como una película que es un punto de encuentro de varias ideologías que coexisten en una red ideológica, la Matriz.−

Gnosticismo Renacido:

The Matrix como Viaje Chamánico

por Jake Horsley

«La mente está en su propio lugar, y de por sí

puede hacer un Cielo del Infierno, y un Infierno del Cielo»

(Satán, en “El Paraíso Perdido” de Milton)

La historia de The Matrix (1999) —probablemente la película de acción más detalladamente tramada alguna vez hecha— es auténticamente gnóstica. Es de hecho, y lejos más allá de “Los Archivos X“, “gnosticismo renacido” [ver nota 1, al final]. Dondequiera que exactamente Andy y Larry Wachowski idearan su diabólicamente inspirada y perversamente efectiva parábola popsobre la esclavitud del hombre moderno bajo las máquinas, ellos han aparecido con un original genuino. Es una mezcla asombrosamente coherente de Philip K. Dick, H. P. Lovecraft, Jean Baudrillard, profecía mesiánica, ciencia apocalíptica, misticismo de artes marciales y paranoia tecnológica. The Matrixbien puede ser la película estadounidense sobresaliente de los años ’90. Pero es a la vez menos y más que una gran película promedio. Por una parte, es resbaladiza y vagamente carente de alma, con toda la violencia cargada de adrenalina que caracteriza a las películas de MTV de años recientes (está producida por Joel Silver, después de todo). Por otra parte, puede ser la primera obra surrealista totalmente comprendida del cine predominante hasta ahora.

The Matrix es un viaje chamánico en forma dramatizada, adecuada para estar junto a Alicia en el Mundo Maravilloso y destinada, quizás, a derrocar un día a El Mago de Oz como la película psicodélica de culto definitiva. The Matrixes todo esto y un poco más, pero también indudablemente no es para todos. A menos que usted esté preparado para aceptar su premisa —que la realidad es un sueño, controlado por fuerzas secretas para esclavizarnos, y que sólo mediante el soñar consciente podemos escapar a nuestra esclavitud y reclamar nuestra naturaleza divina (una premisa realmente gnóstica, como digo)— la película entonces será puro disparate y caos y no más. Indudablemente, millones la vieron y disfrutaron de ella como tal. Pero The Matrix es bastante más que sólo una pieza de entretenimiento de primera clase: es un experimento artístico desbocado, una experiencia que doblega nuestros conceptos de lo que es real y lo que no, y nos deja en un punto muy apremiante en verdad.

El argumento de la película se mantiene unido admirablemente, incluso si podemos no notarlo por el momento. Los directores no tienen el tiempo para llevarnos por su laberinto paso a paso; ellos simplemente nos lanzan en él de cabeza, y nos abandonan para que vayamos sacando conclusiones a medida que lo recorremos. La película comienza a toda velocidad, y no nos da ningún tiempo para ser orientados; está explotando ya nuestro sentido de “lo que es real” antes de que hayamos establecido siquiera la más vaga idea de tal, al punto que, durante la primera media hora o más, no podemos estar seguros si estamos mirando el sueño o la realidad, u otra cosa por completo. Este es un mecanismo de desorientación absolutamente eficaz, puesto que es la forma en que el mismo Thomas Anderson (interpretado por Keanu Reeves) siente, cuando su existencia repentinamente va más allá de lo extraño… a lo sobrecogedor. Pero al mismo tiempo ésta es quizá la debilidad más grande de la película. El hecho de que nunca se nos da el tiempo para instalarnos en la falsa realidad de Thomas antes de que logremos verla hecha trizas y expuesta como la fantasía de simulación computacional que es, nos niega el máximo ímpetu de la iniciación de aquél (tanto al horror como al placer).

The Matrix pudo haber sido más que sólo una gran película de ciencia-ficción; pudo haber sido una auténtica obra maestra si hubiera disminuído un poco la acción y nos hubiera dado unos veinte minutos extra (al menos) para establecer al personaje, su mundo de ensueño, y la invasión lenta y constante en el sueño de una realidad escondida y elevada, una que finalmente se abrirá paso y lo arrastrará literalmente gritando al Otro Lado. A pesar de la complejidad e ingeniosidad de la trama, la película carece de sutileza, carece de personajes, y por lo tanto carece de cualquier verdadera profundidad psicológica. Sus profundidades —que son realmente carentes de seriedad— son todas subtextuales; ellas no son profundidades textuales, porque no hay sombras ni matices en los personajes o en sus acciones, todos los cuales se ven inevitablemente abrumados por el alcance completo y la amplitud de la historia.

Por consiguiente, a pesar de ser cabeza y hombros, por encima de toda otra película de su tipo, The Matrix sufre de las mismas carencias: la vacuidad y la superficie banal que caracterizan al éxito de taquilla de los años ’90. Ya que esto bien pudo haber sido necesario para asegurar que la película fuera un éxito, sin embargo —y The Matrix simplemente tenía que ser un éxito o no hubiera sido hecha en absoluto— esto realmente puede no ser tanto una crítica válida como algo importante que deplorar. El milagro es que la película no fue modificada en lo más mínimo; pero de todos modos, no podría imaginar una The Matrix de tres horas de largo, con una muda sensación de los años ’70 y con un verdadero actor en su centro, con el paso mesurado y la atención al detalle científico de “Alien”, las profundidades humanas de“Invasion of the Body Snatchers” de Kaufman, y quizás un poco más del espíritu anárquico de “Brazil”. Pudo haber sido El Padrino de los años ’90: un clásico de ciencia-ficción para gente a la que no le gustan las películas de ciencia-ficción. Tal como es, es estrictamente para ciberpunks y gnósticos.

La historia es brevemente como sigue: Thomas Anderson es un empleado pálido y sin vida de una firma de computación (“Metacortex“), quien también tiene una vida “secreta” como un hacker que vende software ilegal como si fuera una sustancia psicodélica. En qué él está involucrado sólo podemos conjeturarlo, ya que la película no tiene el tiempo para decírnoslo. De alguna manera, a lo largo del camino, él ha sido puesto en contacto con un hombre llamado Morfeo, un “terrorista” célebre con quien nunca realmente se ha reunido pero que ha estado buscando durante algún tiempo. A Thomas (Tomás el incrédulo [ver nota 2, al final]) se le dan indicios y pistas, en primer lugar por la misteriosa Trinity, quien le envía mensajes en su computador que predicen acontecimientos próximos. Poco después Thomas es arrojado físicamente en “el juego”, y dejado allí para correr, esconderse, hacer el salto o caer hasta su muerte. Su involucramiento en este juego comienza cuando él está en su trabajo y recibe una llamada de Morfeo, advirtiéndole que “ellos” están detrás de él. Bastante seguros, los siniestros hombres de negro (agentes del gobierno) en aquel preciso momento se dirigen a su escritorio. Siguiendo intrincadas instrucciones de Morfeo (quien parece ser capaz de ver el trazado completo del mundo de Thomas como si mirara un mapa, o como un dios desde lo alto), Thomas se mueve sigilosamente por delante de los agentes hacia una oficina vacía. Allí se le pide hacer un salto improbable hacia la seguridad. Él deja de dar el paso —de hecho ni siquiera intenta hacerlo—, y en vez de ello permite que sea capturado por los agentes del gobierno. Él es detenido y se le ofrece un trato: cooperar en el rastreo de Morfeo a cambio de un historial limpio. Cuando él rechaza el trato, su mundo se transforma sin advertencia en una pesadilla surrealista, cuando el agente cuyo nombre es Smith literalmente hace desaparecer la boca de Thomas, dejándolo mudo y retorciéndose de horror. Los otros agentes lo dominan cuando un ciber-organismo parecido a un parásito metálico pero definitivamente vivo es insertado en su cuerpo, por el ombligo. En este punto, Thomas se despierta, como de un sueño. Poco respiro se le concede, sin embargo, cuando él es recogido con prontitud por el equipo de Morfeo (también vestido de negro), sujetado a la fuerza en la parte de atrás de una limusina, y sometido a otro extraño procedimiento, donde le remueven el implante parásito. Thomas grita de horror: “¡¿Aquella cosa es real?!”. Por ahora no tenemos más pistas que él. Según resulta luego, no es real, pero entonces nada más en su vida tampoco lo es.

Cuando Thomas finalmente encuentra a Morfeo, él encuentra a un hombre Negro regio y muy elegante (Laurence Fishburne), de tonos suaves y seductores que concuerdan con su nombre. En lo que es quizá la parte más inolvidable de la película, Morfeo le explica todo a Thomas durante los aproximadamente veinte minutos siguientes. Ésta es una secuencia genuinamente desquiciadora y espeluznante, y bien puede ser el vertiginoso punto culminante del cine de ciencia-ficción hasta la fecha. En primer lugar, después de su discurso inaugural, él ofrece a Thomas que haga una elección: la píldora azul o la píldora roja. Si toma la primera, él se despertará otra vez y todo eso habrá sido sólo un sueño. Si toma la roja, sin embargo, él pasará a través del espejo y averiguará “cuán profundamente se interna la madriguera del conejo“. Por supuesto, él toma la roja. Su decisión ya está incorporada en la oferta de Morfeo, porque, si es sólo un sueño, ¿por qué no tomar la roja?; y si no lo es, entonces ¿por qué tomar la azul?. Pero a lo que Thomas se somete a consecuencia de la píldora roja se parece al peor viaje de todo buscador psicodélico. Como el traidor Cypher lo dice: “¡¿Por qué, ah, por qué tomé aquella maldita píldora?!”. Thomas es desgarrado desde un no tan dichoso olvido, y se le da la horrible Verdad literalmente destructora de la mente: que él es un esclavo para un orden de seres inorgánicos que hasta ese momento él ni siquiera sabía que existían. Morfeo explica que el año no es realmente 1999, que es de hecho probablemente un siglo más tarde, y que aquella civilización mientras tanto ya ha sido destruída, y que a consecuencia del descubrimiento de la Inteligencia Artificial (IA), en algún punto a comienzos del siglo veintiuno, se produjo un enfrentamiento entre el hombre y las máquinas —entre la creación y el creador (exactamente como en TheTerminator)— y las máquinas ganaron.

La IA descubrió un medio no simplemente para destruír la civilización y heredar la Tierra (una perspectiva limitada, en el mejor de los casos), sino de desarrollar por sí misma cuerpos cibernéticos semi-orgánicos, usando a los seres humanos como su fuente primordial de energía. (Las máquinas eran potenciadas con la energía solar, pero la catástrofe tramada por los humanos bloqueó el Sol). Para lograr este objetivo, los seres humanos fueron esclavizados en masa. Ellos fueron puestos en un sueño profundo, y se creó un sueño colectivo para mantenerlos manejables y dóciles, como bebés en sus cunas, mientras su fuerza vital les era succionada. La gente es engendrada y criada directamente en estas incubadoras, y alimentada intravenosamente con los restos licuados de los muertos. Esto es ocultismo puro, y va lejos más allá incluso del mejor cine de ciencia-ficción, hasta los lóbregos reinos y las pesadillas veladas de Lovecraft, Heinlein, Kenneth Grant, Carlos Castaneda, y otros, con sus relatos del “laberinto de la penumbra”, y las entidades inorgánicas que han esclavizado a la Humanidad y la han convertido en una fuente de alimentación. Por supuesto la moderna ciencia de los OVNIs de “los grises” adapta y desarrolla las mismas creencias atávicas, completas y con adiciones tecnológicas como “implantes” y clones, etc. Todo lo cual pone aThe Matrix en la mismísima primera línea de la moderna fabricación del mito; ¿o es en realidad psico-historia?.

El sueño colectivo que se ha engendrado para mantener a la Humanidad dócil es la vida en la Tierra hacia 1999, y ésta es “la Matriz”. Dentro de la Matriz, sin embargo, existen ciertas posibilidades para escapar, y es aquí donde Morfeo y su equipo (“el equipo que nunca descansa”) entran. Ellos son los “despertados” —Illuminati, si usted prefiere—, quienes se han salido de la rejilla de fantasía simulada por computador y han liberado sus cuerpos de las granjas de energía en “el mundo real” (es difícil tomar incluso este mundo como verdadero, ya que hemos pasado mucho más tiempo en los otros mundos, y ya que también éste resulta ser el mundo más extraño y surrealista de todos ellos). Como consecuencia de haber liberado sus cuerpos, estosIlluminati son capaces de entrar a voluntad en la Matriz —el mundo soñado—, y funcionar allí con un potencial sobrehumano. Por ejemplo, cualquier conocimiento, dato o entrenamiento requerido puede ser simplemente descargado inmediatamente, directamente en su conciencia, mediante computador.

Por encima de esto, ellos tienen una línea de contacto con sus compañeros en el mundo real, como dioses o ángeles de la guarda, que pueden supervisar y dirigir las operaciones de los agentes dentro de la Matriz, proveyéndolos de una omnisciencia casi divina. A pesar de tales capacidades aparentemente sobrehumanas para navegar en la Matriz, sin embargo, los luchadores de la “resistencia” [3] están en una profunda desventaja cuando se trata de encarar a los siniestros hombres de negro, quienes son “de hecho” (!) proyecciones concentradas de la IA —campos de energía, si usted prefiere— enviadas por la Matriz a la Matriz para mantener una sujeción sobre su programa-realidad. Para este objetivo, estos agentes persiguen y erradican a todos los potenciales “disidentes”, a aquellos contra-agentes Illuminatiempeñados en interrumpir el hechizo de la Matriz y en hacer colapsar la realidad tal como la conocemos.

[3. Lo más decepcionante en The Matrix es su confianza en los términos familiares de las películas de acción, presentando la violencia y la “resistencia” como los únicos medios para vencer a la tiranía].

Mientras el equipo de Morfeo puede saltar distancias inverosímiles, soportar una cantidad inhumana de daño, eliminar equipos SWAT sin ayuda, etcétera, ellos no son realmente (oficialmente) sobrehumanos. Ellos pueden torcer, e incluso romper, algunas reglas de la Matriz, pero no todas ellas. Ellos no pueden simplemente pasar por encima de su tiranía y asumir su statusdivino como hologramas dentro de un holograma, porque sólo “el Único” puede hacer esto. Por el momento ellos todavía están todos restringidos por los límites de sus mentes, todavía trabajando para erradicar el viejo programa impuesto sobre ellos por la IA. De aquí que el entrenamiento que Morfeo aplica sobre Thomas —ahora Neo, el Único (Neo, One, Eon)— está centrado en torno a la “liberación de su mente”, en hacerle comprender que de hecho él no está restringido por las leyes del cuerpo en absoluto sino sólo por su creencia en ellas. Como un artificial pero impresionante niño-Buda doblador Gelleresco de cucharas [a lo Uri Geller] explica a Neo: “No intente doblar la cuchara. Es imposible. Más bien… sólo intente comprender la verdad. No hay ninguna cuchara. Entonces usted verá que no es la cuchara la que se dobla, sino sólo usted mismo“. Esto es puro Zen, y va más allá de Yoda y su Fuerza, hacia la física cuántica.

Los “agentes” de la IA, aunque todavía sujetos a las leyes de la Matriz, no están restringidos por las mismas creencias que acosan a los humanos. Ellos son capaces de cambiar de forma y de realizar otras hazañas milagrosas, pero incluso éstas están dentro de ciertos límites aparentes. Obviamente, la Matriz debe sustentar y mantener constante su espejismo de la realidad, porque de otra manera los durmientes comenzarán a despertar. Entonces estos agentes deben moverse de manera sutil, dentro de restricciones, y al menos aparentar ser humanos. Aunque la Matriz pueda cambiar todo lo que quiera dentro del juego, todavía tiene que tratar con las conciencias individuales vivientes que ha esclavizado allí. De ahí que esté limitada por sus propios mecanismos: si quiere mantener su sujeción no puede realizar demasiados trucos excesivamente imposibles, porque esto sólo servirá a largo plazo para dar poder a los luchadores rebeldes, liberando sus mentes de la “tiranía de la continuidad” (Tiempo), de la cual el programa entero depende. Nada de esto es explicado en la película, pero parece justo deducir que la Matriz es limitada, a pesar de ser la creadora de la realidad, y también que hay probablemente alguna razón para esta limitación. Esto es lo único que parece mantenerse firme.

De Neo —como el Elegido— se espera que cambie la marea a favor de la insurrección humana, el “despertar”, cambiando el equilibrio, dando el salto, tanto literal como metafóricamente, desde ser un simple jugador a ser el dueño del juego, desde ser un hombre corriente a ser un chamán, y un semidiós. Y esto por supuesto él lo lleva a cabo. Lo que es tan satisfactorio en la película es que al final —a pesar de su confianza en la violencia y la destrucción— es el poder de la imaginación el que triunfa finalmente. Una vez que Neo alcanza una cierta comprensión él es capaz de simplemente detener las balas con su mente —puesto que ellas no existen, en primer lugar— y proyectarse en el cuerpo (holográfico) del Enemigo (cumpliendo así el propio secreto deseo de éste de llegar a ser real), y hacerlo explotar desde dentro. Dentro de la fantasía de acción de Hollywood, hay un ave muchísimo más extraña esperando escaparse. No lo hace completamente en esta película, pero el potencial está allí para las secuelas, si ellas han de venir y si ellas demuestran tan sólo la mitad de esta temprana promesa (una posibilidad de la que estoy obligado a dudar, obviamente). Pero en este y otros momentos,The Matrix consigue la simetría perfecta, y ofrece algo parecido al éxtasis chamánico. Ésta no es sólo una película; es una experiencia.

*

Las imágenes son manifiestas para el hombre, pero la luz en ellas permanece oculta en la imagen de la luz del Padre. Él llegará a ser manifiesto, pero su imagen permanecerá oculta por la luz“(Evangelio de Tomás, Biblioteca de Nag Hammadi).

Keanu Reeves, como Thomas/Neo, es una personalidad bastante atractiva, pero él es también un centro decepcionantemente insulso para un drama tan intenso girando alrededor. Él juega al arquetípico héroe reacio, el hombre de ayer, una cáscara quemada con apenas la energía para sonreír. Como tal, es el candidato ideal para ser el salvador del mundo —mitológicamente hablando— porque no hay nada ni remotamente heroico en él. La película es sobre su propio renacimiento espiritual —su acceso a la conciencia— y ésta es su fuerza principal, la que le da su resonancia, más allá de todos los trucos y volteretas y las patadas de karate. Éste es también su defecto, sin embargo, porque Neo, según lo interpreta Reeves, nunca es realmente verdadero para nosotros, sino que es como un zombie o como un superhombre.

Neo, el Mesías, es “el Elegido” en virtud de alguna capacidad no especificada de la mente. Ésta puede ser una cosa genética, pero si la película no se detiene mucho sobre el asunto, lo mantiene entonces vaga pero específicamente mental. Neo es un hechicero nacido naturalmente, uno podría decir. Él tiene la capacidad de suspender la incredulidad, junto con aquellos espantajos gemelos, el miedo y la duda, y lanzarse hacia lo desconocido, confiando en que sus alas brotarán a tiempo para llevarlo a través del Abismo, y por la cuarta dimensión. La película hace un uso dramático de un salto físico y real —Neo intenta saltar de un edificio a otro— para representar el proverbial salto de la fe. Ésta es para Blake la liberación de la percepción hacia la Imaginación, y está perfectamente a propósito aquí. Tal como la Fuerza en las Star Wars, viene directamente de las obras de Carlos Castaneda, y está hecha a la medida para la fantasía. Por supuesto, Neo falla al hacer el salto; su “fe” lo abandona (como a Pedro caminando sobre el agua) y él cae en picada, tal como (nos dicen) todos lo hacen la primera vez. Es inconcebible que Neo no sea confrontado con dudas mortales y miedos que paralizan ante la mera idea de ser el hombre que va a salvar el mundo. Cuando él visita a la Pitonisa (the Oracle, Gloria Foster), en probablemente la mejor escena de la película (una pequeña joya surrealista en sí misma), ella comienza, como una buena vidente, jugando con la mente de él y confundiendo todas sus expectativas. Ella le dice categóricamente que él no es el Elegido, añadiendo (ante la propia insistencia de Neo) que Morfeo nunca aceptará esto, sin embargo, y morirá probablemente defendiendo su creencia en Neo. En virtud de esto, el héroe reticente es presentado a su propio desafío. A él se le da la opción imaginaria de retirarse de una situación insostenible, pero siéndole presentadas tales circunstancias, él no puede probablemente, en conciencia, hacer tal cosa; él simplemente tiene que luchar por Morfeo y por aquello en lo que cree, aunque ahora crea que es falso él mismo. Esto recuerda las burlas de Don Juan Matus a Castaneda, en el primero de los libros de éste, para asegurarse de que él lleve adelante el aprendizaje.

Don Juan llevó a Castaneda a creer que su vida (la vida de Don Juan) estaba en peligro y que sólo Castaneda podría ayudarlo; al mismo tiempo, lo liberó de responsabilidad dándole la opción de abandonar su aprendizaje (el camino del chamán) y retornar a su viejo mundo (tomar la píldora azul). Castaneda, en la historia, tiene un breve período de duda antes de comprender que él simplemente no puede arrellanarse y dejar morir a un hombre como Don Juan, no importando cuán inútil él pueda sentirse para salvarlo. A partir de aquí él es liberado de la duda de sí mismo y es puesto en libertad para actuar, con plena conciencia de su insuficiencia, sin ninguna restricción. Neo es efectivamente “configurado” en la misma manera por la Pitonisa (the Oracle). Ya que ésta parece ver el tiempo presentado ante sí como un mapa, sin embargo, ella probablemente sabe que Morfeo no morirá, y que Neo es el elegido, pero que ambos hechos —ambas posibilidades— dependen de que Neo crea lo contrario (tal como su rotura del jarrón dependía de que ella le dijera que no se preocupara de ello). A fin de convertirse en “el Elegido” —ser digno de su vocación— él debe primero ser liberado de la carga intolerable que este llamado implica, haciéndolo para él peor que algo inconducente, hasta que él mismo se dé cuenta de que aquél es verdadero. Por consiguiente él tiene que demostrarlo, no a nadie sino a él mismo. Como Don Juan le enseña a Castaneda, al comienzo mismo de su asociación: sólo del conocimiento que es activamente capturado puede afirmarse que es un poder.

Ésta es la materia prima más apasionante y existencial imaginable para un melodrama de acción, y le da a The Matrix la clase de poder emocional que uno generalmente sólo obtiene de las obras de arte. En cuyo caso, esto es lo que es; como tal, bien puede ser la más desfachatada, más audaz y más estimulante obra de arte desde el “Ciudadano Kane”.

Por supuesto Neo debe morir para nacer de nuevo. Como el único momento que la película tiene de verdadera interacción humana, el mundo es salvado por un beso. Neo es atrapado dentro de la Matriz y tiene que luchar por su vida, pero es vencido por agentes enemigos y baleado a quemarropa. Durante un momento él parece olvidar la mentira de que él está en un cuerpo, de que todo eso es real, y él da poca importancia a la bala. Pero la agresión continúa y él es abrumado, sucumbe ante la duda, y muere. Mientras tanto, en el mundo real, Trinidad (Carrie-Anne Moss) viene a su rescate. Firmemente persuadida por fin (de que Neo es el Elegido) por sus propios sentimientos hacia él (el Oráculo le dijo a ella que se enamoraría algún día y que lo sería del Elegido), ella susurra en el oído de Neo: “Tú debes ser el elegido, porque te amo“. La verdad, representada aquí en quizá la más simple y conmovedora imagen poética que hay —el beso de los amantes— resucita a Neo a su nueva vida. Lo pone en libertad. Él se levanta, nacido de nuevo. Los agentes (esos fastidiosos demonios) reanudan su ataque, pero Neo simplemente se encoge de hombros y sacude su cabeza, con quizá la más débil de las sonrisas. Su gesto es elocuentísimo: la confianza que excede lo humano, la confianza de un holograma dentro del universo holográfico, de uno quien es todo —la cuchara, las balas, el universo— porque él no es nada en absoluto. De aquí que su muerte no sea simbólica ni figurada, sino literal. Chamánicamente, él cruza por el puente del arco iris hacia el mundo superior y allí su cuerpo es reemplazado por los espíritus; él regresa, con una imagen perfecta en el lugar de la carne. Como Jesús y su gemelo.

Hacia el final de la película —que en efecto no es sino el comienzo de la historia— Neo ha alcanzado su verdadero status de “Bodhisattva” como un alma iluminada entre los condenados, un psicopompo [conductor de las almas] que navega por el Hades, un sanador mágico con un mundo muerto en sus manos (u hombros). Él es “el Elegido” (the One), no en el sentido de único sino más bien como el primero: el primero en comprender su verdadera naturaleza y en llegar así a convertirse en un gran conocedor, un creador de realidad, un soñador tolteca. Él ha llegado a la totalidad de sí mismo, él está completo (holográfico). El hecho de que su momento de muerte-renacimiento también implica la unión con su compañera espiritual o ánima (Trinidad, nada menos) tiene un perfecto sentido alquímico. Aparece entonces el divino andrógino. Hasta aquí al menos, Keanu Reeves está bien elegido para el papel, teniendo una cualidad naturalmente andrógina, la que también probablemente le consiguió la parte del Pequeño Buda de Bertolucci. Después de su resurrección Neo detiene las balas y se zambulle dentro del demonio (Smith) y así lo hace explotar desde dentro. Éste es el momento en el cual él es totalmente reconocido como el Único (es decir, la Unidad de masculino y femenino, mente y cuerpo, simulado y real, cerebro izquierdo y derecho, razón e imaginación), y la realización de cultura pop de la Gran Obra (opus magnus) por excelencia. Éste es punto por punto el elevado clímax que la película nos ha prometido desde el principio.

De cualquier modo, The Matrix es el mito sin el psicodrama; carece de cualquier profundidad teológica, más allá de sus nociones de zen y hechicería, y no crea ninguna llamativa imagen religiosa o iconografía para que corresponda a su disposición apocalíptica. En lugar de tales imágenes, echa mano al menú standard de la fantasía de venganza de Hollywood: ropa negra, lentes de sol a la moda, artillería pesada, violencia imposible. La forma en la cual esto trasciende esta limitación potencialmente invalidante, sin embargo, es integral para el atractivo de la película en su conjunto. Ya que los personajes están interactuando en gran parte en una realidad simulada por computador, la violencia puede ser imposible sin estirar nuestra paciencia o creencia; las circunstancias requieren que ella sea no-convencional (la única vez que realmente sobrepasa sus límites es cuando Neo le dispara a una pieza llena de agentes en la cual Morfeo también está cautivo, sin que éste reciba ni un rasguño en el proceso). La absurdidad de la violencia aquí se mueve libremente en lo surreal, que es a donde pertenece. Y ya que la surrealidad de ella conduce inevitablemente a su propia obsolescencia —donde está el verdadero poder ya no es necesaria la fuerza— hay allí, quizá por primera vez, un propósito, un punto, un objetivo, para todo ese exceso. The Matrix es un mapa de la realidad para que potenciales artistas y soñadores y aspirantes a chamanes consideren cuidadosamente durante horas. La posibilidad de que todo en ella sea exacta y precisamente verdadero —si esto es enunciado metafóricamente— y de que la película misma sea un trabajo innovador en el programa de propaganda-iluminación de las ocultas fuerzas rebeldes “del futuro” (es decir, el mundo real), es una posibilidad que no debería ser dejada como una línea desechable al final de un catálogo de películas sobre la violencia. Es una posibilidad que invita a nuestra consideración más seria, aunque fuera sólo por el puro placer que hay en ello.

Morfeo no se equivoca cuando él asegura a Neo que la “realidad” —entendida como aquello que es captado por los sentidos, como el olfato, la vista, etc.— no es sino impulsos eléctricos en el cerebro, y que como tal puede en efecto ser simulada por medios artificiales. La ciencia y la tecnología han establecido ciertamente esto, si es que ellas realmente no nos lo han demostrado aún. Quizás estamos reprimiendo un miedo que está al acecho que, si comprendiéramos que es posible, también podríamos comprender que es igualmente inevitable, y que en efecto ya ha sucedido. Percibiremos la matriz de nuestra mente como la trampa mortal en que se ha convertido. Y en ese punto no tendremos sino una de dos opciones: la píldora azul o la roja.

*

Cuando las cosas se deshicieron, nadie prestó mucha atención

(Talking Heads, “Nothing but Flowers”).

La cosa más notable de todas acerca de The Matrix consiste en que crea expectativas casi imposibles y luego no decepciona. Es todo lo que intenta ser; no tiene verdaderas pretensiones, siendo un gran espectáculo de efectos de acción, y cuando tiene aspiraciones heroicas cumple con ellas casi sin esfuerzo. Presenta el final del mundo, la batalla final entre la luz y la oscuridad, como el último videojuego en el cual los riesgos son reales y sólo los medios son artificiales. Por supuesto, el hecho de que en The Matrix el Apocalipsis ha sucedido ya —tecnológicamente hablando, no psicológicamente— (¡aunque nadie lo haya notado!) añade un giro extra a los procesos. Sobre todo permite que la película evite atascarse en la cansada y agotadora mecánica de la victoria y el fracaso, el bien contra el mal, etc., que caracteriza a las películas de acción y que garantiza que sean invariablemente una decepción al final. Se entiende intuitivamente aquí que lo que está en juego, en esta arena, y a pesar de todo el hardware dentro del software, no es el mundo (ya ha sido perdido) sino el alma del mundo. Y como en The Terminator, aunque más explícitamente aquí, puede verse que la inteligencia-máquina que oprime y se opone al espíritu individual en realidad lo sirve, permitiéndole que evolucione y que desarrolle todo su potencial, usando los obstáculos y desafíos que la máquina suministra para ello.

La Matrix —que es el término latino para “útero”— es realmente (para losIlluminati al menos) menos una prisión y más un campo de entrenamiento, una escuela, en la cual ellos son capaces de descubrir su verdadera naturaleza en el proceso de supervivencia. Es la selección natural al nivel de las almas. Es dentro de esta “prisión de hierro negro” de la mente que al alma se le permite que se incube y florezca, con la opción —pero de ningún modo la garantía— de recolectar su poder a tiempo para salir del estado de crisálida y emerger completamente formada en la realidad, más o menos exactamente como la mariposa extiende sus alas para volar, en el mismo momento en que destruye su anterior y temporal morada. Lo que fue una vez construído para su protección se ha convertido ahora simplemente en su esclavitud. El deseo del agente Smith de llegar a ser real de alguna manera y de serlo en la última ocupación humana sobreviviente, Sión [4], es una amplia indicación de la voluntad secreta o agenda de la máquina. Ésta quiere nacer, quiere experimentar la carne, no sólo simularla. Lo más cercano que consigue, sin embargo —hasta ahora al menos— es cuando Neo ingresa dentro del campo de energía de la IA y causa con ello que se interrumpa, que estalle, probablemente (estoy conjeturando nuevamente) por una sobrecarga de energía, de información, o quizá incluso de emoción.

[4. El nombre es especialmente curioso considerando los principios gnósticos de la película: judaísmo y gnosticismo están diametralmente opuestos, filosóficamente hablando, y mortalmente en desacuerdo, históricamente hablando].

El problema fundamental con The Matrix es que es acción continuada desde el principio hasta el final. Hay difícilmente una escena sola que no sirva para hacer progresar o para protestar contra su trama o para establecer algún personaje, y por lo tanto la película tiene una sensación entrecortada, forzada, como de interminables patadas de Kung-fu. Carece quizás del placer más escurridizo de todas las obras de arte: el momento superfluo, los pequeños detalles, las felicidades fortuitas. Al mismo tiempo, a consecuencia de esta carencia, ninguna de las realidades nos parece completamente verdadera, porque nunca se nos da el tiempo para acostumbrarnos a ellas, para habitarlas. La película nunca sitúa sus escenas sino que simplemente se lanza de cabeza en ellas. Este punto débil es más especialmente deplorable en las secuencias del mundo real, que nunca se toman el tiempo para darnos una idea de este mundo post-apocalíptico y de a qué se parece (más allá de las imágenes de los “campos” interminables en los cuales las entidades inorgánicas están parasitando a los humanos, la imagen más espeluznante e inspirada de la película). Nos quedamos con poco más que el interior del aerodeslizador de Morfeo, el Nabucodonosor, en el cual los rebeldes funcionan, sin ningún sentido de sus movimientos (con relación a Sión por ejemplo, que está localizado cerca del centro de la Tierra) o de por qué esta fuerza rebelde es tan limitada en número, si hay otros grupos trabajando para el mismo objetivo, etc., etc. Ya que ellos son simplemente vehículos humanos para los temas y la trama de la película, no se permite que ninguno de los personajes se desarrolle. La más bien deslucida actuación en toda la película apenas compensa esta debilidad, en cualquier caso (las excepciones principales son Fishburne, Foster como el Oráculo, y Hugo Weaving como el demonio-agente Smith). Éste es el nivel en el cual la película es más débil, y bastante irónicamente, es el nivel humano.

Que Trinidad se enamore de Neo, por ejemplo, es simplemente el desarrollo romántico obligatorio que nos han asegurado desde el principio. No hay nada en absoluto que sugiera qué de él es por lo que ella se enamora, aparte de sus lindas cejas y la posibilidad de que él sea “el Elegido”; porque no hay nada en el Neo que interpreta Reeves que sugiera nada. Y lo mismo se aplica para el resto de los personajes: ellos son casi tan sustanciosos como los hologramas que ellos pueden ser o no (no tendemos a distinguir mucho entre las tres diferentes “modalidades” o realidades que la película nos da, en todo caso). Esta no es obviamente ninguna crítica menor cuando se refiere a una supuesta obra de arte, aunque al mismo tiempo la película nunca realmente sufre mucho por su debilidad. Tiene tanto carácter en sí misma que esto pasa inadvertido. Y The Matrix debe ser también la única película de su tipo en salir adelante sin un villano standard. Aunque el Smith que interpreta Weaving sirva para esta función básica, ya que él es evidentemente sólo un peón del “gobierno”, carece de la grandiosidad del genio del mal standard ni tampoco es particularmente detestable (aunque Weaving lo interpreta con maravilloso talento haciendo verosímil su amenaza, dándonos la mejor interpretación en la película). En The Matrix el enemigo está en todas partes y en ninguna. Ya que la IA es una creación de la Humanidad, obviamente el enemigo somos nosotros mismos. Pero al mismo tiempo las entidades de la máquina inorgánica han evolucionado en una especie hacia ellas mismas, y de ahí que puedan ser vistas como encarnaciones vivientes de este “mal”, aunque es nuestro propio mal. Ciertamente ellas cumplen admirablemente con tal definición (ellas dejan a los Daleks en el polvo), y las escenas de la infernal Tierra baldía, que apesta a azufre, hacia 2099, son lejos las más inquietantes en la película. Dentro del reino “humano” —dentro de la Matriz— el enemigo es difuso, descentralizado, huidizo, y efectivamente se extiende a la Humanidad misma. Aquellos que no están listos para ser despertados, estos autómatas fabricados en serie, han llegado a ser uno con la máquina. Como Morfeo dijo: “Si usted no es uno de nosotros, usted es uno de ellos” [5].

[5. Como Morfeo lo dice, “Ellos son todavía parte del sistema, y eso los convierte en nuestros enemigos… La mayor parte de esta gente no está lista para ser desconectada. (Ellos) son tan inertes, tan desesperanzadamente dependientes del sistema, que lucharán para protegerlo“. Puesto que los agentes de la IA son capaces de entrar en —de “poseer”— cualquier ser humano que esté aún conectado a la máquina, y de convertirlos por lo tanto en autómatas sin inteligencia que hacen la voluntad de ésta, en asesinos programados, nada menos, cualquier humano que no haya sido reclutado activamente por los Illuminati es una amenaza potencial para éstos].

The Matrix es más que simplemente una película, sin embargo, y esto explica por qué he sido tan desenfadado al enaltecerla, por encima y más allá de sus cualidades reales como una obra de arte. Tales cualidades, aunque bastante prodigiosas, son también (lo confieso libremente) completamente discutibles. Es como un fenómeno social, a la par con y también íntimamente relacionado con “The X-Files“, que The Matrix merece la atención y el respeto, más allá de cualquier otra película en la memoria reciente. Llegando como lo hizo en la misma víspera del Eón (fue estrenada durante la última Pascua de Resurrección del milenio [miércoles 31.3.1999]), resume eficazmente un cuerpo entero de miedos, creencias, fantasías, esperanzas y paranoias que está ganando una acogida cada vez más firme en la imaginación colectiva (al menos en la del mundo occidental). The Matrix reúne una serie enorme de temas milenarios en un conjunto resbaladizo y extraordinariamente ameno, que parece diseñado para provocar su propio grupo de seguidores de culto, en algún punto a lo largo de los acontecimientos de unas Star Wars para adultos.

The Matrix es simplemente la última en una serie intemporal de fabricación de mitos en la cual se muestra a la Humanidad como estando instalada en una situación realmente diabólica, la naturaleza de la cual supone nuestra completa ignorancia del hecho. Puesto que el factor más esencial aquí es la ignorancia, por la misma razón el primer y más difícil paso, el más crucial, es simplemente llegar a estar consciente de la verdadera naturaleza de nuestra difícil situación. Considerando todo esto, The Matrix sirve a la más antigua y más respetable, la más reverenciada, causa del arte: la de sacar de la oscuridad a la masa, por medios tanto profundos como ridículos, hacia la Verdad. Quizás uno entre mil de aquellos que ven la película reconocerá o incluso notará sus principios gnósticos; pero independientemente de esto, cualquiera que ve la película ha sido efectivamente expuesto a ellos. Por supuesto, usando la lógica de los niños de la película The Faculty, podría igualmente argumentarse que The Matrix sirve a la función precisamente opuesta, ya que al presentar la verdad como ciencia-ficción la está despojando de su credibilidad. Este argumento sólo se mantiene firme sin embargo si la obra en cuestión es verdaderamente ridícula en sí misma. En el caso de The Matrix, la obra es simplemente demasiado inspirada y efectiva (e impresionante) para ser cualquier cosa menos un trabajo de revelación.

De dónde exactamente los enormemente talentosos hermanos Wachowski sacaron los ingredientes para su pócima de hechiceros, su película, no lo puedo decir, sin mirar posteriormente en ello; obviamente ellos han hecho su parte de investigación. The Matrix tiene un impulso y una lógica internos más allá de la mecánica de su trama basada en la paranoia, y su base mítica se compara con (y finalmente excede a) lo mejor del cine de ciencia-ficción, desde Metropolis a Invasion of the Body Snatchers, Alien y The Terminator, todas películas que han surgido —con grados variados de integridad y poesía— del inconsciente colectivo de la Humanidad. Ya que la ciencia-ficción por definición implica nuestro futuro tanto como nuestro presente, puesto que intenta proyectar la imaginación colectiva hacia adelante, y así percibir mejor lo que está sucediendo ahora (viendo a dónde nos está conduciendo), la gran ciencia-ficción es intrínsecamente más reveladora —más progresiva— que los otros géneros. (Las posibles excepciones son el horror y la fantasía, que están igualmente obligados a saquear el inconsciente). The Matrix es la proyección más completamente realizada y apasionada de nuestros miedos y aspiraciones colectivos en una película de ciencia-ficción desde Metropolis de Fritz Lang; y ya que ha sido calculada con alarmante precisión para aparecer al final mismo del milenio, no se ha simplemente ganado sino que activamente se ha apoderado de su lugar en la historia del cine. Es un verdadero sujetalibros para una época.

*

“El tiempo está siempre en contra nuestra”.

(Morfeo, en The Matrix).

Al comienzo de The Matrix, Neo es uno de los muertos vivientes, un sonámbulo perdido en el laberinto de su propio estupor mundano; pero él tiene pasiones, sentimientos, anhelos, que le dicen dos cosas sobre todo: que él es de alguna manera especial, diferente de todos los demás; y que algo de alguna manera no está precisamente bien en el mundo en el que vive. En virtud de esto, cuando él es contactado por Morfeo por los canales telefónicos computacionales de la Matriz (que representan la mente inconsciente), y se le pide que siga las pistas, él no puede sino responder. Éste es (chamánicamente hablando) el “descenso del Espíritu” (el polvo del sueño de Morfeo), anunciado en la película por un llamar a la puerta, tradicionalmente adecuado en los círculos de hechicería. Se le pide, como a Alicia, que siga al conejo blanco; el conejo significa el temor, entre otras cosas. En esta etapa, impulsado sobre todo por la curiosidad, la naturaleza primaria de la experiencia que aguarda a nuestro neófito (una vez que él haya dado el primer paso activo en el camino chamánico, y así entrado en el laberinto que el Espíritu ha armado para él) será el miedo. Bastante seguro, la siguiente reunión de Thomas es con Trinidad, la mujer Espíritu Santo que susurra en su oído (las tentadoras palabras de Eva) que ella conoce lo que él ha estado ansiando conocer, equiparado al menos parcialmente (bíblicamente) con el sexo. De este modo por supuesto él es enganchado, y permite que sea atraído —en un paso voluntario— hacia la trampa de Morfeo, el señor de los sueños: el chamán.

Fue quizá inevitable que el papel de Morfeo fuera dado a un actor Negro; ésta es una película de acción de Hollywood, después de todo, y un indio norteamericano en el papel hubiera sido demasiado perfecto, demasiado Oliver Stone. Un hombre Negro era la obvia siguiente opción. Un maya habría sido simpático, supongo, pero ya que no hay actores mayas en Hollywood, podemos estar agradecidos al menos de haber conseguido a Laurence Fishburne (pudo haber sido Will Smith). Fishburne hace de Morfeo una presencia hipnótica desde el principio. Ya que él está viviendo más allá del Apocalipsis, él está más allá de la serenidad también. Él es tan tranquilo que parece una piedra, como una pirámide, emanando poder, exactamente como el chamán debería. Él influye en Thomas por medio de la transparente fuerza de su personalidad y su presencia. Él no se ablanda frente a su potencial aprendiz sino que se la da directamente. Morfeo le deja sentir a Thomas que es éste quien está eligiendo, pero se asegura de que haya sólo una elección que él pueda hacer. Ya que él sabe que Thomas es el Elegido, sabe que el espíritu de éste es la cosa más fuerte en él. De ahí que él sólo tiene que despertarlo, y el resto llegará solo. Y él fuerza a Thomas a enfrentar su miedo desde el primer momento, cuando lo conduce al precipicio en el edificio de oficinas. Morfeo indudablemente sabe que él no será capaz de hacer el salto, de manera que él está según parece simplemente presentándoselo como la tarea que le espera. El primer enemigo del hombre de conocimiento, según Don Juan, es el temor. Pero Morfeo (como Don Juan) se asegura de que su aprendiz no sea abrumado por este miedo, sino que realmente lo usa para espolearlo. Puesto que la curiosidad de Thomas es tan formidable, él es obligado a encarar su miedo, a fin de encontrar su fuente, y esto él lo hace directamente. Ya que Thomas ha visto ya demasiadas cosas extrañas para siquiera dar algo por supuesto nuevamente, él simplemente tiene que averiguar lo que está sucediendo. Y entonces él toma la píldora roja, y es lanzado sin más preámbulos hacia la Zona, la dimensión astral, el inframundo, el inconsciente, llámelo como usted prefiera. Él llega a la conciencia corporal después de toda una vida de estupor, y se encuentra en el Infierno. Él es rápidamente rescatado por su guía-chamán, sin embargo (habiendo lo inorgánico dejádolo por muerto), y allí, en su nuevamente aumentado estado de conciencia, le cuentan los hechos.

Su vida es un sueño. Él ha sido esclavizado por una inteligencia ajena que ha secuestrado su cuerpo y ha debilitado su voluntad y ha drenado su fuerza vital y lo ha convertido en una fuente nutritiva, en una batería eléctrica viviente. Él ha sido alimentado, por su parte, solamente con mentiras durante su vida entera, hasta el punto en que la verdad ya no existe para él. Esto no es académico, ni mucho menos metafórico. Es la verdad literal y horrible, y Morfeo puede demostrársela. No obstante, él le muestra otra realidad, una que está totalmente bajo el control consciente de Morfeo, su mismo propio mundo de ensueño, en el cual él es Dios. De aquí que Thomas —ahora Neo, al menos en espíritu— a pesar de la tensión casi intolerable sobre su razón y su valentía, sea obligado a aceptar la verdad y, haciendo eso, encararla y cambiarla. A él se le muestra el enigma insondable —de su propia identidad— y se le dice que sólo yendo allí, y presentándole batalla a los monstruos allí, puede él esperar sobrevivirlo. Ya no hay más ningún lugar hacia el cual él pueda retroceder: él se ha tragado ya la píldora; él ha elegido la vida. (Otro personaje en la película —un pobremente trazado pero clave jugador, Cypher— realmente intenta tal fuga, volver a su sopor de muerte y olvidar que él alguna vez lo dejó; él es el Judas de la película, y él por muy poco casi destruye el movimiento entero de Neo en el proceso). Una vez que se confía a su guía-chamán, el iniciado es lanzado a la clase de existencia a la que sólo un guerrero puede sobrevivir, y es por ello que él es entrenado en artes marciales, aprendiendo por osmosis, por así decirlo, transmitiendo el chamán su conocimiento directa y corporalmente sobre el aprendiz, y sólo entonces mostrándole cómo estimar su conocimiento como poder. Neo es por supuesto un estudiante premiado —él es después de todo “el Elegido”— y muy pronto él estará en condiciones de equipararse a Morfeo.

En ese punto, él es enviado de vuelta a la acción, para un entrenamiento en la vida real, enviado al mundo (la Matriz) para encontrar su poder. Las enseñanzas del chamán han asegurado sin embargo que el aprendiz retorne al mundo con algo nuevo: la conciencia de que el mundo es sólo una simulación, un punto de vista, y que, más aún y en gran medida, no es ni siquiera propio. Su tarea es cambiar esto, pero él sólo puede comenzar a hacerlo primero estando perfectamente distanciado de ello, aprendiendo cómo “no creer”, para comprender que el mundo es un sueño, sujeto a su propia voluntad consciente. Es en este punto que el segundo enemigo del hombre de conocimiento —la claridad, la percepción nítida— surge. Neo está tan convencido de su punto de vista, de su interpretación de la realidad, que ésta lo esclaviza (que es exactamente para lo que la Matriz está diseñada, obviamente). Para vencer esto él debe liberar su mente, derrotar su razón, o claridad, y simultáneamente liberar su “cuerpo” también, comprendiendo que él es simplemente un modo de percepción, un sentimiento. De aquí que él sea liberado para convertirse en poder puro: un chamán, o un “caminante del cielo” [6].

[6. La palabra “chamán” quiere decir “caminante del cielo” (skywalker), que es de donde George Lucas sacó el nombre para su héroe. Indudablemente The Matrix, sobre todo si la trilogía alguna vez se concreta como está planeado, es la película queStar Wars nunca logra ser completamente].

La tarea de Neo es comprender que él está en el mundo, pero que no es del mundo. Esta comprensión sin embargo no puede ocurrir sin enfrentar primero sus dudas, y aquí es donde el Oráculo entra. Antes de reunirse con la Pitonisa, Neo hace una pausa en la sala de espera para recibir una breve lección mágica del niño parecido a Yoda y su cuchara. Este incidente de la cuchara que se dobla lo prepara adecuadamente para la curvatura de la mente que la Pitonisa hará para él, momentáneamente. Ella confunde sus expectativas y lo deja libre de obligaciones antes de que venga el golpe grande. Ella lo deja en el estado anímico apropiado para su completa iniciación como guerrero-chamán: él es abandonado (él no es el Elegido, así que no importa lo que él haga en adelante), pero controlado (él no puede no hacer nada y ver morir a Morfeo); y salvando a Morfeo (y a Trinidad juntamente), Neo confirma su poder, y el aprendiz se convierte en maestro. Neo está listo ahora para lo real.

La belleza de The Matrix consiste en que es la historia de un viaje espiritual, y a pesar de ello desarrolla el melodrama como una parte inherente a este viaje. El horror, la aventura, e incluso la violencia de la película, son tan eficaces porque funcionan tanto en su propio nivel —como los ingredientes necesarios y sensacionales de la ciencia-ficción— y en un nivel más mítico, como parte del rito personal de transición de Neo. Todo lo que le sucede es parte de su iniciación, son los medios para que él “libere su mente”. Por lo tanto, por vez primera, todo el caos tiene un sentido: es literalmente apocalíptico. Y ésa es la belleza de The Matrix, porque realmente practica lo que predica. No es sólo acerca de un viaje chamánico, velado tras una forma dramática y engalanado al mejor estilo de Hollywood, sino que al mismo tiempo es este viaje mismo, en miniatura. Es como un laberinto flexible, en el cual la percepción del espectador puede vagar y espiar y avanzar lentamente y elevarse, a voluntad, para su propia desesperación o su deleite, como sea. Es un medio para enfrentar de manera divertida al inconsciente; y si es tomado (o hecho, pues The Matrix es la primera verdadera obra de cine participativo, de “realidad virtual”) con el espíritu correcto, es un bálsamo potencial para el alma fatigada y deprimente del espectador. Tal vez incluso sea una bendición. Brinda la clase de regocijo, expectativa y alegría (para este espectador al menos) que puede ser asociada más con la infancia que con otra cosa. O con los sueños. Ver The Matrix puede hacerle parecer que cada día es Navidad. Verla libera la mente.

*

     “La verdad no ha entrado desnuda en el mundo, sino que vino en forma de tipos e imágenes. El mundo no recibirá la verdad de ningún otro modo. Hay un renacimiento y una imagen del renacimiento. Es necesario nacer de nuevo a través de la imagen de la resurrección. La imagen debe nacer de nuevo por medio de la imagen” (Evangelio de Felipe, Biblioteca de Nag Hammadi).

A dónde podrían llegar los hermanos Wachowski a partir de aquí, es la pregunta más intrigante de todas. Ellos han declarado que dos películas más de The Matrix están en camino, pero si ellas serán continuaciones o historias previas, o ambas, permanece en la incógnita (lo ideal sería una de cada una, ya que The Matrix no nos muestra ni el final ni el comienzo de la historia). Hay un potencial aquí que verdaderamente sobresalta la mente. Después de todo, como un semidiós holográfico —sólo uno de un creciente número, o de una raza viniente— literalmente no hay ningún límite para aquello de lo que Neo sea capaz, con el tiempo. El objetivo parecería ser no terminar simplemente la tiranía del viejo programa sino también introducir un nuevo programa en el antiguo, para hacer por lo tanto posible la transición; de otro modo, la mayoría de los humanos (como la película lo señala) simplemente no es lo bastante fuerte para dar el salto, desde el beato olvido a la realidad infernal, sin perder su mente en el proceso (la línea entre “liberación” y “pérdida” aquí es muy fina en verdad). Puesto que Neo y su compañeros Illuminati están destinados no simplemente a navegar y derrocar a la Matriz sino realmente a remodelarla —para reorganizar sus componentes en algo más viable, algo más abierto, algo que conduzca a la libertad— su trabajo ya no es simplemente el del terrorismo. Es algo infinitamente más exigente, y si los hermanos Wachowski —inspirados como están— son capaces de prever tal proceso de una iniciación mundial, sólo el tiempo lo dirá. Parece dudoso, a menos que ellos puedan ignorar con éxito la presión de los estudios y de los espectadores y simplemente seguir su propia inspiración hasta el final, y asumir tantos riesgos la próxima vez como lo hicieron esta vez, apareciendo por lo tanto con algo igual de inesperado.

La siguiente frontera lógica en la serie de The Matrix parecería ser el Tiempo. Una pregunta que nunca surge en la película está relacionada con esto, a saber: ¿cómo es que la simulación, de la vida en la Tierra hacia 1999, es capaz de continuar indefinidamente?. ¿Cómo puede la IA incorporar cambios que nunca ocurrieron, ya que el final del mundo trajo una detención para todo esto?. O si no, ¿cómo puede impedir a la conciencia humana notar que el tiempo efectivamente se ha detenido, que sea siempre 1999, que el nuevo milenio nunca llega?. Porque la tiranía del programa está relacionada directamente con esto: no es que sea irreal (por las propias definiciones de la película hay un amplio espacio para la ambigüedad sobre esto), sino que está agotado, y ya no hay ningún lugar donde pueda ir. De allí la necesidad de un nuevo programa, puesto que en el antiguo no hay ninguna posibilidad de crecimiento, de cambio. Toda la novedad ha sido exprimida, quedando sólo una repetición interminable, una reconfiguración de los mismos elementos infinitas veces bajo plantillas agotadas ya muy conocidas. Este “final de la novedad”, en relación a la explosión de la información del presente siglo, ha sido postulado por el escritor-chamán Terence McKenna, quien imagina un punto en el tiempo en el cual todo el conocimiento (racional) habrá sido acumulado, reunido, asimilado, y el programa como tal completado. Esto es referido por él como el “ésjaton” [έσχατον, “fin, final, extremo”], o de otra manera (para usted y para mí), el final del mundo (o de la palabra) [7].

[7. McKenna pudo incluso haber estado anticipando The Matrixcuando dice: “Pienso que las culturas son especies de realidades virtuales donde poblaciones completas de personas llegan a quedar aprisionadas dentro de una estructura que es lingüística y que está basada en valores“. Posteriormente él comenta: “Ahora, si vamos a convertirnos en seres planetarios, no podemos permitirnos el lujo de tener una mente inconsciente, que es algo propio de la etapa del mono en la cultura humana. Y así viene entonces la prótesis de la tecnología, en que todas nuestras memorias y todas nuestras ciencias y nuestras capacidades de planificación proyectiva pueden ser descargadas en un artefacto tecnológico que es casi nuestro hijo o nuestro amigo o nuestro compañero en la aventura histórica“. The Matrix, ¿hecha por encargo, cree alguno?.].

Un breve resumen de las ideas de McKenna sobre el asunto de la inteligencia artificial puede ser obtenido de una extensa entrevista con Art [Arthur] Bell:

     «Pienso que hacia donde nos estamos desarrollando es… una inteligencia artificial de alguna clase (que) surgirá del arrecife de coral tecnológico humano y será tan diferente de nosotros como nosotros de las termitas… La Internet es el lugar natural para la IA, para que la inteligencia artificial nazca y… aprenda 50.000 veces más rápido que un ser humano, y la Internet, todas sus partes están interconectadas unas con otras… una estrategia sigilosa sería probablemente una estrategia muy sabia para una inteligencia artificial que está estudiando a sus padres humanos. También es verdad que, más que lo que la mayoría de la gente comprende, enormes segmentos del mundo de hoy están ya bajo control computacional… Quizá ya ha asumido el control… Realmente no podemos predecir lo que hará. Sería agradable suponer que, como un dios compasivo y cariñoso, atenuaría las arrugas de nuestras vidas y restauraría todo a alguna especie de perfección edénica».

La idea del ésjaton se vincula, de maneras obscuras y desconcertantes, con el “Virus de la Palabra” de William Burroughs, con los “simulacros” de Jean Baudrillard, y con las novelas de Philip K. Dick, Greg Egan, etcétera, etcétera. Esencialmente, lo que estos autores sugieren es que nuestra realidad se ha convertido en (o debiese llegar a ser) una repetición de experiencias anteriores, un reciclaje de viejos datos, y como tal es no es más que una imagen, un holograma, una proyección de una realidad que está… en alguna otra parte. Es en este punto, entonces, que el tiempo efectivamente llega a una detención. La conciencia es forzada a dar el salto hacia la siguiente etapa (independientemente de cuál pueda ser), para no colapsar sobre sí misma. Ésta es la razón de por qué el desarrollo lógico de los Illuminati en The Matrixparecería ser desde unos mortales (aunque extraordinarios) luchadores por la libertad hacia… algo más: viajeros interdimensionales, unidades no humanas de conciencia, proyecciones de otra realidad, quizás de una Matriz divina, y por ende capaces de moverse a través del tiempo tan fácilmente como ellos alguna vez se movieron a través del espacio. Por supuesto, esta idea no es nada nuevo; es el sine qua non para comprender la naturaleza (y la posible realidad) de los llamados seres de la cuarta dimensión, llámelos ángeles o demonios o extraterrestres o futuros seres humanos que viajan hacia atrás en el tiempo para hacernos una visita. Obviamente, éste es un camino que está más allá del alcance de este libro, aquí en su cierre en el que estamos. Pero en términos del escenario de la Matriz, no es un salto tan grande.

Ya que la realidad de la Matriz está siendo continuamente descargada en la conciencia colectiva de la Humanidad en tanto ésta está en su sopor —y ya que Neo y su equipo son capaces de funcionar tanto dentro como fuera de esta realidad (actuar a través de ella pero también sobre ella)— no es difícil imaginarlos desarrollando la capacidad de congelar temporalmente el flujo de información (como Morfeo lo hace en una de sus simuladas caracterizaciones) a voluntad, e incluso quizá revertirlo o adelantarlo, más o menos como uno hace una pausa o adelanta en una videograbadora. Esto les daría el poder realmente divino de alterar y reordenar las cosas dentro de la conciencia humana colectiva, dentro de la Matriz, y así reorientarla constantemente y de manera creativa hacia un resultado deseado. Y puesto que este resultado no es simplemente el derrocamiento de la tiranía de la IA sino también el despertar de la Humanidad, se requeriría no tanto la crueldad del terrorista sino la sutileza del artista, la magia del hechicero, el poder del chamán.

Una pregunta aún más exigente (e intrigante) surge aquí: si la Matriz resulta ser “sólo” una simulación —un sueño— y supeditada a la alteración perceptual, ¿qué pasa, entonces, con la “verdadera” realidad?. Morfeo le enseña a Neo cómo funcionar —con un potencial sobrehumano— dentro de un simulado campo de entrenamiento, de modo que él pueda luego moverse adecuadamente en la Matriz con el conocimiento que ha obtenido, y funcionar allí; esto aunque él no pueda menos que seguir percibiéndolo como la realidad verdadera. De modo que si el final y el objetivo último de todo esto es liberar su mente y así demostrar que la realidad es un asunto puramente subjetivo —una ciencia participativa, si usted prefiere (como la física cuántica nos asegura)— entonces seguramente esta misma conciencia —este mismo poder— ¿debe también aplicarse a la “realidad” misma, esto es, al mundo post-apocalíptico donde la IA reina?. Ciertamente es una conclusión lógica e irresistible que éste también es sólo otra simulación, aunque de un orden muy diferente. Pongámoslo de otra manera: después de descubrir, más allá de toda posibilidad de duda, que lo que él una vez pensó que era la realidad concreta y empírica es realmente una proyección mutable y plástica de la realidad —sin leyes fijas más allá de las leyes (las limitaciones) de la mente— ¿cómo es posible para Neo —habiendo comprendido esta verdad que acaba con todas las verdades— tomar alguna vez algo como “sólido” otra vez?. Obviamente, no lo es. Uno no puede liberar la mente sólo en parte; uno debe liberarla completamente, o nada en absoluto. De aquí que la Matriz misma no es más que un campo de entrenamiento —exactamente como las simulaciones de Morfeo para Neo, sólo que del siguiente nivel— para la iniciación en el universo mágico, como está programado por “Dios”, si debemos darle un nombre. Y aquí es donde los hermanos Wachowski podrían volverse realmente estrafalarios con The Matrix.

Como Terence McKenna trata de persuadir:

     «He estado pensando en la idea de que los extraterrestres, y esta penetración de la mente popular por imágenes de extraterrestres, son algo con lo que podemos no enganchar hasta que aceptemos la posibilidad de que los alienígenas sólo pueden existir como información, y por lo tanto la Internet es la zona de aterrizaje natural para estas mentes alienígenas… No importa qué sea el alienígena, lo interpretamos a través de la experiencia humana, y Dios sabe que nuestra experiencia humana está lo suficientemente afinada al final del siglo veinte… Cuando usted amontona toda esta materia y comprende que importantes descubrimientos están siendo hechos en todos estos campos simultáneamente, usted comienza a ver el impulso morfogenético para esta “cosa” que quiere nacer de la especie humana en este punto como casi imparable e inevitable. Todos somos testigos de este depliegue… Un organismo dinámico multi-sensorial que vive en la información».

McKenna cree que el día en que se descubra que el viaje en el tiempo es físicamente posible —el día en el cual la Humanidad en su conjunto se dé cuenta de este hecho (y parece estar cercano)— efectivamente será el final del tiempo como lo conocemos. Él postula una especie de portal que se abre en el espacio-tiempo a través del cual el futuro vendrá derramándose hacia el presente. Si el viaje en el tiempo se llega a hacer posible, sostiene McKenna, lógicamente entonces nuestras futuras individualidades llegarán por lo tanto a ser conocidas por nosotros. Pero para no abolir completamente nuestra ilusión de la cronicidad (el gobierno de Cronos, o Saturno, o el Tiempo) —a fin de permitirnos todo el beneficio de la instrucción y preparación con la que esta corriente del tiempo nos está proveyendo— obviamente nuestras futuras identidades deben ser cautelosas. Tal como los agentes de la IA de The Matrix, ellas pueden andar entre nosotros pero no pueden hacerse conocidas para nosotros, por la simple razón de que hacer aquello efectivamente colapsaría el programa y, como se dice comúnmente, haría estallar nuestras mentes. De esto se desprende, sin embargo, que el momento en el que los viajes en el tiempo se hagan posibles para el individuo corriente, y en el cual el hombre de ayer consigue un atisbo del dios del mañana, estos seres divinos —que son tanto nuestros demonios como nuestros ángeles, nuestros creadores y nuestros descendientes— pueden finalmente caminar libremente entre nosotros. Por lo tanto (según McKenna), el momento en el que el viaje en el tiempo sea descubierto, ocurrirá un influjo masivo y verdaderamente apocalíptico —una ola gigantesca, si usted prefiere— de energía alienígena, o datos no procesados de unidades absolutamente nuevas de información, o, para decirlo más derechamente, de seres sobrehumanos. Los dioses llegaron hoy. Por supuesto, uno también podría “reducir” este escenario escatológico a términos menos apocalípticos diciendo que todo lo que esto realmente implica es la apertura de las compuertas entre el lado izquierdo y el lado derecho del cerebro, conocida por otro nombre como un apocalipsis…

Si los hermanos Wachowski están tan sólo la mitad de conscientes de la magnitud de su premisa —de su visión—, ellos estarán obligados a encarar y asimilar este “hecho”: que más allá de todas las maravillas tecnológicas y virtuales, y más allá de la intriga y el misterio, allí se esconde una verdadera tierra de magia y de milagro, un fenómeno orgánico de proporciones realmente abrumadoras, por las cuales tanto el fantasma como la máquina (la semilla y el útero) pueden ser vistos como no siendo más que los medios a través de los cuales los dioses nacen.

¿Dónde está la gloria de la Naturaleza en The Matrix?. No creo haber visto ni un solo árbol en toda la película. ¿Dónde está el Paraíso? [8]. La película sólo ofrece una variedad de purgatorios (donde el alma es purgada y preparada), y un solo Infierno. No hay ninguna mención de a dónde realmente podemos ir desde aquí. Nadie pregunta; nadie se atreve. La película parece presentar una situación a puertas cerradas, una situación carente de salida, excepto por el hecho singular de que está ante todo preocupada por la naturaleza de la ilusión, por cómo usarla y cómo vencerla. Como tal, The Matrix nunca realmente desciende a la “realidad” en absoluto. Ésta aún debe venir, y puede ser que la mente humana, tal como es (y la Matriz no es ni más ni menos que esto), no puede conocer la realidad directamente en absoluto sino que sólo percibe una serie interminable de interpretaciones, de simulaciones. Estas ilusiones no son el territorio, pero con el tiempo podemos ver que ellas son más seguramente mapas, mediante los cuales podemos algún día llegar allí, a tierra firme por fin, donde podremos desechar todos los mapas e ilusiones de una vez para siempre. Y, en aquel día, podemos encontrar que la verdad era la que teníamos desde el principio, sólo que no podíamos comprenderla. Tanto la serpiente de Edén como Jesús Cristo silbaron la misma melodía, aunque por diferentes razones: “Seréis como dioses” [9]. Aparentemente, el Paraíso no es para todos”.–

[8. En una de las rarezas más interesantes del libreto, el agente Smith le explica a Morfeo que “la primera Matriz era un mundo humano perfecto”, que la IA originalmente creó una realidad sustituta de la felicidad terrenal, un regreso al Edén, pero aquella Humanidad la rechazó en seguida, ya que ¡”nadie aceptaría el programa”!. Por lo tanto ellos inconscientemente eligieron el purgatorio en cambio].

[9. “Ustedes ciertamente no morirán: pues Dios sabe que en el día en que ustedes coman de eso, entonces sus ojos serán abiertos, y ustedes serán como dioses, conociendo el bien y el mal“. La serpiente en Génesis 3:5. En Juan 10:34 Cristo dice lo mismo, con una ligera variación: “¿No está escrito en vuestra ley:Yo dije: Ustedes son como dioses?”].

DOS NOTAS FINALES

[1. El “Demiurgo” es quizás el principio central del gnosticismo, tal como se encuentra en la Biblioteca de Nag Hammadi (el códice sellado descubierto en el Oriente Medio en 1947). Los gnósticos enseñaron que Yahvé —aceptado por los judíos, y por el cristianismo después de ellos, como el creador de la Humanidad, su único dios verdadero— era de hecho un simulador, un falso dios, cuyo verdadero nombre era Samael, “el dios de los ciegos”, o el Demiurgo. Samael fue engendrado por la diosa Sofía (sabiduría), pero prontamente se rebeló y asumió su trono falso como el creador del mundo y “Dios” (mejor dicho como Lucifer), gritando: “Yo soy el que soy, no hay dioses además de mí”, etc., etc. A pesar de la insistencia de Sofía en cuanto a que él estaba mintiendo, que él no era sino un dios ciego que estaba guiando a otros ciegos, la Humanidad aceptó la mentira y permitió llegar a ser esclavizada por él. Como en el Evangelio de la Verdad se lee: “La ignorancia que es del Padre causó la angustia y el terror; y la angustia se hizo sólida como una niebla, de modo que nadie fuera capaz de ver. Por esta razón el error se hizo poderoso; éste desarrolló lo suyo de manera disparatada, no habiendo conocido la verdad. Emprendió de lleno una creación, preparando con poder y belleza al sustituto de la verdad“. La Hipóstasis de los Arcontes[publicada en este mismo blog] describe un velo que existe “entre el mundo superior y los reinos inferiores; y la sombra se materializó bajo el velo; y aquella sombra se convirtió en la materia; y aquella sombra fue proyectada aparte“. Así comenzó un programa de control de la mente —o esclavización del alma— por parte de Samael y sus “Arcontes” (gobernantes) que implicaba mantener distraída a la Humanidad con problemas y preocupaciones materiales, encarcelada por su propio temor a la muerte, por la mortalidad, e ignorante de su verdadera naturaleza divina. Por esto el alma quedó “enredada en la oscuridad de la materia”, confinada a la identificación corporal, y condenada a la reencarnación interminable y repetida, sin posibilidad de una libertad provisional ni de un ascenso hacia la condición divina.

René Descartes parece tener una perspectiva similar cuando escribe: “Supondré, por lo tanto, que no hay un dios verdadero que sea la fuente soberana de la verdad, sino algún malvado demonio, no menos astuto y engañoso que poderoso, quien ha usado todo su artificio para engañarme. Supondré que el cielo, el aire, la tierra, los colores, las formas, los sonidos y todas las cosas externas que vemos, son sólo ilusiones y engaños que él usa para engañarme” (Meditaciones de Descartes, citadas por Doug Mann y Heidi Hochenedel, en “Evil Demons, Saviors, and Simulacra in The Matrix“). En laCarta de Pedro a Felipe [de Nag Hammadi], Samael es llamado “el Arrogante”, quien roba una parte de la creación: “Y él colocó potencias y autoridades sobre ella. Y él la encerró en los eones que están muertos… Pero él… se enorgulleció debido al elogio de las potencias. Él se convirtió en un envidioso y él quiso hacer una imagen en el lugar de una imagen y una forma en el lugar de una forma. Y él encargó a las potencias que están bajo su autoridad que moldearan cuerpos mortales. Y ellos vinieron a existir como malas representaciones, desde la apariencia que habían surgido… Ahora ustedes lucharán contra ellos de esta manera, ya que los Arcontes luchan contra el hombre interior. Y ustedes deben combatir contra ellos de esta manera: Congréguense y enseñen en el mundo la salvación con una promesa“. Combine todo esto con el moderno saber acerca de los OVNIs, que postula una malvada raza alienígena (dragoniana, de la contelación de Dragón) que implanta en los seres humanos desde el principio del tiempo diminutos dispositivos para controlar sus mentes (los “dioses del Edén” y su ganado), para el exacto mismo propósito: asegurar el olvido eterno, el sueño interminable, de modo que a las almas les sea negada la posibilidad de desarrollarse, y permanezcan esclavizadas a los seres alienígenas (los Arcontes), quienes (al menos en algunas versiones) usan las almas como una fuente de energía. Combine todo esto, y usted tiene The Matrix. Más o menos].

[2. En ciertos textos gnósticos se dice que Jesús tiene un hermano gemelo cuyo nombre es Judas: Judas Tomás, o “Judas el gemelo”. Sin hacer demasiados saltos creativos es posible sacar la conclusión desde estos textos que de hecho no fue Jesús quien murió en la cruz sino Judas, su traidor y gemelo, “el que nació según su semejanza”, como lo describe el Apocalipsis de Pedro (de la Biblioteca de Nag Hammadi). La cita completa es: “El salvador me dijo: Aquel a quien viste en el árbol, contento y riendo, es el Jesús viviente. Pero éste, en cuyas partes carnosas de sus manos y pies ellos entierran los clavos, que es el sustituto expuesto a la vergüenza, el que nació según su semejanza… al que ellos crucificaron es el primogénito, y el hogar de demonios, y el recipiente de piedra en el cual ellos habitan… Pero el que está de pie junto a él es el Salvador viviente, a quien ellos prendieron y luego liberaron… Por lo tanto él se ríe de su carencia de percepción, sabiendo que ellos han nacido ciegos“. En este caso, el mito comienza a tomar ramificaciones más bien complejas (el traidor fue sacrificado y por ello redimido; consistiendo el punto de la crucifixión en ser un ofrecimiento de sangre (¿ADN?), resulta que, como el gemelo de Jesús, la sangre de Judas fue un “sustituto” perfectamente aceptable). Thomas en The Matrix, entonces, no es el incrédulo sino el doble, el que debe ser sacrificado, tal como Abel por Caín. Neo, su gemelo perfecto, es el “resucitado”, la imagen que asciende, el Cristo mitad de la ecuación. Es interesante notar, en cuanto a esto, ciertas interpretaciones cristianas de la película que ven a Neo como “el anti-Cristo”. El hecho de que Keanu Reeves recientemente interpretara el papel de hijo de Satán (Al Pacino) en la película Devil’s Advocate (El Abogado del Diablo) no puede ser demasiado rápidamente descartado como una mera coincidencia. Por supuesto, la psico-historia no acepta las coincidencias].–

* * * * * * * * *

Jake Horsley nació en algún lugar en las Islas británicas (en el Año del Antihéroe) en un ambiente adinerado y rígidamente ateo. Él descubrió las alegrías del cine mirando Where Eagles Dare por la TV (por un curioso caso de sincronía, también la primera película que él puede recordar haber visto en un teatro, muchos años antes); finalmente analizando la diferencia entre Clint Eastwood y Richard Burton, su pasión fue consolidada. Durante mucho tiempoJaws fue su película favorita. Él incursionó en la crítica de películas y en la escritura de guiones desde una edad temprana, pero finalmente fue desviado del tema por el mundo. Él nunca fue a la universidad. Él ha pasado los últimos diez años de su vida [en 2002] yendo de allá para acá y no enmoheciéndose, y ha vivido en varias oportunidades en las siguientes localidades: Londres, Edimburgo, Nueva York, Oaxaca en México, Taos en Nuevo México, Tánger en Marruecos, Pamplona en España, París, y, más recientemente, en Amsterdam. Su siguiente escala él pretendía que hubiera sido San Francisco, pero fue frustrado en sus planes por gente de inmigración de EE.UU., debido a una historia previa de fumar marihuana.  Él ahora vive en su propio Valhala privado, en algún sitio en América Central. Él muy de vez en cuando inhala. Él ha tenido un solo trabajo en su vida, por un periodo de seis meses: como un dedicado buscador de todo tipo de experiencias, pareció justo que él experimenta el mundo real también, pero rápidamente decidió que no era para él. La mayor parte de su tiempo libre se lo ha pasado escribiendo libros que nadie leerá; él recientemente ha completado un guión basado en la vida del psico-artista Sam Peckinpah, y está actualmente trabajando en una novela, basada en su vida sexual inexistente. Además de películas, sus intereses incluyen la filosofía, la psicología, la mitología, la conciencia paranoide y la brujería. Un buscador indómito y un soñador incurable, su creencia consiste en que la búsqueda es todo, y que el objeto de la búsqueda es de relativa poca importancia, con la única condición de que sea inalcanzable. Como el tonto que montado en su buey va en busca de bueyes, él va en búsqueda de Verdad y Belleza. Como un pez solitario que nada sin parar por el océano buscando esta misteriosa cualidad llamada el agua, de la cual él ha oído tanto pero que nunca ha visto, él continúa su alegre marcha hacia el Armagedón, mirando de reojo lo invisible y capturando después lo intangible. Él no espera tener éxito: se contenta simplemente con intentarlo.–

No Hay Necesidad de Ascender a Ninguna Parte

In literatura on 18 enero 2015 at 20:44

La etimología de la palabra “Matriz” proviene del latín y significa útero o cualquier cavidad en la cual algo es formado. Tal como una vaina lleva semillas dentro de ella, así las semillas de las ideas de todos los acontecimientos posibles en la totalidad de este universo siempre están contenidas dentro de su matriz. Estas semillas son las partículas y los gérmenes potenciales que simplemente esperan una frecuencia resonante para producir el holograma correlativo.

Hiranyagarbha es el Huevo de Oro o Embrión de Oro que contiene la Matriz de este universo. Este símbolo de un “Huevo del Mundo” es cosmogónico y aparece en muchas otras tradiciones metafísicas primordiales.

«El huevo cósmico estaba lleno. Nunca fue un vacío» (Shiva Purana, Rudra-Samhita, sección I, verso 33).

La palabra sánscrita hiranya significa “de oro” y garbha significa “útero”. La matriz Hiranyagarbha ya contiene las posibilidades de cada yuga en todos los Maha-yugas en todos los Manvantaras, y en cada Kalpa.

«Con la explicación de un manvantara todos los manvantarashan sido indudablemente explicados» (Linga Purana, sección 1, verso 95).

Este mundo carece en efecto de un final, en el sentido de que los Ciclos de Tiempo están ocurriendo eternamente. Existen, según el Linga Purana, 25 diferencias posibles, las que significan variaciones dentro de la Matriz.

     «Lo que ocurre en un conjunto de cuatro yugas es repetido en los otros ciclos de cuatro yugas en la misma manera y al mismo tiempo, así como en el mismo orden. Las diferencias que ocurren de creación a creación no están limitadas a veinticinco, ni más ni menos. Los kalpas también tienen las mismas características que los yugas. Las mismas características marcan a todos losmanvantaras también» (Linga Purana, sección 1, versos 86-92).

Así, todos los Ciclos de Tiempo son el mismo o al menos son tan similares que existe la misma posibilidad real que cuando usted recuerda o tiene acceso a una memoria de “vidas pasadas”, ya sean de este ciclo de tiempo o de uno u otro Manvantara. Todos los ciclos están ocurriendo simultáneamente dentro de la matriz holográfica, como la metáfora clásica de las capas de la cebolla, como frecuencias en forma de ondas unas dentro de otras. El tiempo sólo existe como ilusión y existe con relación a la conciencia.

Estamos actualmente en el 28° Maha-yuga (compuesto de cuatro yugas) de este Manvantara, y estamos ahora en el séptimo Manvantara de 14 que componen un Kalpa, que significa un “Día de Brahma”. Para mí esto significa que ya he tenido experiencias repetidas, muchas veces, dentro de esta matriz holográfica ilusoria temporal. Si algunas cosas son familiares para usted, por lo visto hay una preponderancia de alguna maldita buena razón. Las experiencias surgen dentro del holograma cuando una frecuencia resonante es emitida desde una conciencia y por lo tanto tiene la “clave” correlativa para producirlas o encenderlas. Así, Purusha (ATMA) como el alma y Prakriti (la Matriz) como las fuerzas de la Naturaleza (Maya-guna) son interactivas. De hecho, en el nivel más alto, más allá de la ilusión de la separación, Purusha y Prakriti son UNO en lo mismo. Todos son la Unidad, ATMA, Paramatman, que es lo Supremo. El sánscrito ofrece muchas palabras encantadoras que describen varios estados de conciencia.

Una vez que usted conoce y comprende esto, puede tener acceso a cualquier parte del holograma. Éste es el punto en su desarrollo cuando usted naturalmente comienza a adquirir los Siddhis, es decir, los poderes yóguicos (unitivos) tales como la visión remota y otros. La iluminación realmente espera a cualquier ser que pueda por su propio esfuerzo acceder al tesoro holográfico latente del Conocimiento verdadero.

Mi entendimiento de Krishna consiste en que él es dios completamente realizado dentro del cuerpo del hombre, similar a lo que algunos llaman “conciencia de Cristo”. Para mí es simplemente suficiente que yo tenga el tesoro divino del Bhagavad-Gita para leer y aprender. Allí, Krishna dice:

«Incluso si usted es el peor criminal de todos, usted va a cruzar por toda la vileza sólo con su bote salvavidas del conocimiento» [IV.36].

Para mí esto significa que tenemos el divino derecho a la Liberación. El holograma entero está dentro de cada parte del holograma. No hay ninguna necesidad de ir a ningún sitio sagrado en el planeta, por cuanto la “santidad” está dentro de usted. La localización suya es una función de su conciencia.Dios está en todas partes, no sólo en magníficas catedrales o templos encantadores, y no sólo en estatuas o ídolos religiosos, o cualquier otro símbolo que pueda representar a Dios para la mente y el corazón humanos.

No hay ninguna necesidad de “ascender” a ninguna parte, excepto hacia su propia conciencia. Usted sólo necesita la fuerza de su propia voluntad enfocada y, mediante sus propios esfuerzos —que naturalmente evocan la Gracia (ANUGRAHA) simultánea del dios dentro suyo—, generar la frecuencia resonante para activar las energías latentes “dormidas” dentro de la matriz holográfica para tener acceso a todo el Conocimiento-Sabiduría primordial codificado y felizmente a su propia iluminación.

El shivaísmo de Cachemira de Abhinavagupta nos dice que no hay ninguna necesidad de ascender a ninguna parte: El estado de liberación no está confinado a ningún alojamiento especial, ni tampoco necesita ninguna ascensión (hacia ninguna morada celeste). La liberación es la iluminación de la potencia divina de uno, alcanzable por medio de la resolución de los nudos de la ignorancia.

Los seres totalmente liberados no tienen que ascender a ninguna morada divina, lo que en mi entendimiento son las ilusorias formas de onda —aunque fueren encantadoras o sagradas— de las Jerarquías Fantasmales y los innumerables mundos de LOKA.

La ignorancia en relación a la verdadera naturaleza de alguien, que consiste en una potencia suprema y divina, es esclavitud, y tan pronto como tal ignorancia es aniquilada, la pureza y la divinidad realmente naturales de alguien resplandecen a través del brillo espiritual de su propia conciencia pura, y aquello es la liberación. Tal ser es liberado incluso aunque esté viviendo en la forma física.

Una persona que comprende su verdadera naturaleza no siente ningún temor de ninguna persona porque todo es su propio YO. Él no experimenta ninguna aflicción porque, en realidad, no hay ninguna muerte o destrucción.

Una persona llega a ser liberada incluso mientras reside en una forma mortal cuando los nudos de su ignorancia son desatados, sus dudas son despejadas, su ilusión erradicada y su devoción y sus pecados son perfectamente consumidos.

Cuando las imágenes mentales del conocimiento correcto de la verdadera naturaleza de alguien se imprimen profundamente en su persona, entonces su ignorancia, sus dudas, su ilusión, etc., son aniquiladas, y sus buenas y malas obras pierden su poder de fructificación, ya que se trata de la ignorancia con su resultado, que es la esclavitud, y tal persona alcanza la liberación incluso mientras vive en el mundo mortal y es por consiguiente conocida como unJIVAN-MUKTA.

El Deseo Frustrado Se Convierte en Enojo

y Nos Atrapa en el Holograma Ilusorio Temporal

Según la metafísica hindú, la naturaleza de la vida es el deseo, KAMA. No es la vida la que sufre, como algunos dicen, sino el deseo (kama) y el placer (bhoga) experimentado por medio de guna-maya, la Matriz. Finalmente, nuestros deseos realizados comienzan a aburrirnos o a amargarnos de una manera u otra, como señala el refrán corriente: “Been there, done that” [“He estado allí y he hecho aquello” = “Yo ya sé de eso”].

El Kali-yuga, nuestro actual ciclo de tiempo, la Edad del Conflicto y la Confusión, es altamente conducente al enojo. ¡Cualquiera que no esté enojado está probablemente dormido!. ¿Quién no estaría enojado cuando usted se da cuenta de la cada vez más creciente locura mundial, en esta frecuencia del tiempo cuando “los reyes son ladrones, y los ladrones son los reyes” y cuando “la gente prefiere las ideas falsas“?. Pero la cólera es una trampa grande para su conciencia.

En el Kali-yuga nuestros deseos y sueños a menudo se ven incumplidos y no realizados. Nosotros somos tentados, seducidos y atraídos para permitir a las energías demoniacas de la cólera asumir nuestra conciencia y engañarnos, haciéndonos descender cada vez más hacia la confusión, pegajosa como una tela de araña, del holograma ilusorio temporal.

El tercer capítulo del Bhagavad-Gita revela la naturaleza de la cólera y cómo puede usted liberar su conciencia de los tentáculos encarceladores de la cólera. La cólera (krodhas) es el compañero de la arrogancia y el orgullo. La cólera surge cuando no conseguimos lo que queremos.

La cólera contamina el intelecto y nuestra capacidad de discernir los niveles de energía. La cólera, eficiente y eficazmente nos engaña, y en nuestra confusión culpamos a alguien más, como a nuestros padres, al jefe, al gobierno, al nuevo orden mundial o a aquellas siniestras sociedades secretas. Buscamos venganza en lo externo más bien que mirar dentro de nosotros.

Este engaño y confusión de la conciencia por la cólera podría ser precipitado por la pérdida de cualquier deseo, cualquiera, un trabajo o dinero. Pero tomemos el clásico ejemplo conmovedor de perder a su amante por otro. Su dolor por haber sido rechazado, abandonado y hecho sentir en menos lo consume. Cuando estos sentimientos crecen, junto con sus temores de estar en soledad, su cólera a menudo se dirige hacia la persona que robó a su ser querido y la imagen de ellos dos lo enfurece. El miedo y la cólera son dos expresiones de la misma frecuencia de onda.

Usted sufre cada variedad de cólera, celos, lástima de sí mismo, etcétera. Usted sufre en soledad. Más que probablemente, los recién emparejados están desconectados en su propio holograma teniendo el tiempo de sus vidas, mientras usted se mantiene en la cólera, o más exactamente, la cólera lo mantiene a usted en sus firmes y perniciosas garras. Su propio holograma se transforma en su propio penoso partido, con sólo usted y sus demonios permaneciendo juntos.

La demostración de su cólera o el hecho de compartirla con (desafortunados) otros sólo parece alimentar las llamas de su rabia. ElBhagavad-Gita dice que la cólera es un fuego insaciable que nunca puede ser satisfecho. Esta carga, hábil y expertamente destruye las frecuencias pacíficas (sattva) de su conciencia. La cólera desvía cualquier posibilidad que usted pueda tener de felicidad, no sólo en este mundo sino también en el siguiente, por cuanto lo semejante atrae a lo semejante. A su YO/ATMA, el dios dentro suyo, se le hace más difícil tener acceso porque su cólera hace de su conciencia algo cada vez más denso. La cólera interfiere con el silenciamiento de la mente y le pone un velo a lo Real, la todavía pequeña voz interior.

El YO/ATMA es lo Verdadero y se une con su creación mediante el intelecto, la mente, los cinco sentidos y sus objetos, en ese orden. El YO no es la ilusión de multiplicidad, la cual es sólo un reflejo en la mente de objetos externos percibidos por los cinco sentidos.

El YO, el Alma, el Uno que mora en el Corazón es eterno, no una polaridad temporal. El ATMA nunca es perturbado o engañado por nada.

De esa manera, la cólera es falsa y sólo reside dentro de la frecuencia de ondas de la ilusión. La cólera es experimentada por medio de guna-maya, la Matriz, el vehículo temporal que recolecta datos que el ego de pequeña identidad identifica equivocadamente como el verdadero Yo.

Por lo tanto recuerde y comprenda la Ilusión de la Separación. Sepa que usted nunca perdió nada o a nadie. Todo pertenece al eterno Real, el dios dentro suyo.

En confianza, renuncie a todo —sobre todo a su cólera— ante el dios dentro de usted, la Unidad. La cólera es la ilusión basada en la ilusión de la separación. Es insaciable y lo atará a usted en el holograma ilusorio temporal.

La Ilusión de la Vida Corriente

como el Camino Degenerativo a la Catástrofe

Algunos apuntes acerca de “El Reinado de la Cantidad y los Signos de los Tiempos“, de René Guénon.

En los tiempos modernos todos hemos aceptado una realidad basada únicamente en y limitada a los cinco sentidos. Durante los pasados 6.000 años, el período conocido como el Kali-yuga, nuestras capacidades innatas para percibir los Reinos Invisibles se han atrofiado hasta el punto en que la mayor parte de la gente es incapaz siquiera de una conciencia remota y mucho menos de la Alegría de interactuar con aquello que no podemos ver, oír, tocar, etc.

Es por lo tanto comprensible que la mayoría simplemente niegue la misma existencia de tales realidades. Ellos no son capaces de percibirlas. El resultado de este defecto desastroso de nuestra comprensión ha producido el concepto absurdo de la vida corriente o vida real, que en su negación absoluta de cualquier cosa que esté más allá de los cinco sentidos nos sumerge a todos en un engaño total.

Trágicamente, cualquier cosa que sea percibida más allá de la norma aceptada es considerada como insólita, rara y estrafalaria, y es por consiguiente relegada a una especie de espectáculo de anormales de carnaval, a un estado de ánimo de periodismo amarillo, que se mofa de los creyentes por permitirse un entretenimiento y una excitación infantiles.

Un error tan engañado no es sólo adolescente en su comprensión sino que es también la más densa de las ilusiones porque ignora la metafísica subyacente que es la fuente actual de la matriz holográfica externa que nosotros, en nuestro limitado estado de conciencia, confundimos con la realidad.

Esta confusa y restrictiva insistencia en la vida corriente se ha hecho más severa a medida que el tiempo nos ha hecho descender a las etapas finales de este ciclo del tiempo. Mientras los Velos de la Ilusión se han solidificado alrededor de nosotros, la conciencia humana en este planeta ha degenerado exitosamente en la agresivamente vacía y despiadada sociedad de consumo que actualmente habitamos apenas medio vivos.

La expresión “seamos realistas” es sintomática de la sopa tóxica en la que nuestros cerebros están sumergidos. Estamos atrapados en una estructura perceptual integrada, una gestalt, un mar invisible de ilusión que impregna completamente nuestro pensamiento y nuestra conciencia, de manera que ni siquiera comenzamos a comprender cómo somos cortados de nuestra verdadera naturaleza y de la multitud de mundos innumerables. René Guénon usa el término “estados múltiples del ser”.

Nos hemos sumergidos en la “cantidad”, en la enumeración. Estamos dedicados a la medición de las superficies interminables de lo que imaginamos ser la materia sólida. Hemos perdido toda conexión con cualquier verdad más allá de lo que hemos llegado a aceptar como el estado humano. Asustados por lo que consideramos no-humano, o encima de lo humano, supra-humano, llamamos a esas experiencias como “irreales” y, para nuestro gran perjuicio, permitimos sólo lo que juzgamos que es real y sensible en nuestro holograma.

Así hemos caído en la densidad y hemos permitido que nuestra conciencia sea programada y lavada de cerebro. La conciencia humana se ha llegado a limitar hasta el punto de la extinción.

La degeneración progresiva de la ciencia y la filosofía nos ha rebajado hasta un común y mediocre nivel de comprensión de este mundo. Al reducir así todo a términos humanos, nos hemos desplazado desde el racionalismo al materialismo.

No somos simplemente humanos. Somos los fragmentos preciosos de la Unidad proyectada en el Tiempo y el Espacio por medio del vehículo que recolecta datos, que puede ser descrito como humano pero que no está limitado a ello. Esta gestalt de ignorancia de nuestro ser verdadero, como Guénon dice brillantemente, ha penetrado y ha impregnado la naturaleza entera del individuo. Estamos completamente sumergidos en nuestra ignorancia.

Hemos cerrado con llave nuestra conciencia en un sótano muy pequeño, mohoso y oscuro, una prisión de frecuencia creada por nosotros. Esta aceptación de cuantificar superficies como si fuera el principio y el fin del conocimiento nos ha llevado al mecanicismo y al materialismo, y ha dado al sacerdocio de esta supuesta ciencia absurdamente limitada un control excesivo y totalmente inmerecido sobre nuestras vidas.

Creemos casi todo lo que nuestro jerárquico sacerdocio de doctores [PhD] cegados por la ciencia impone sobre nosotros. A pesar de que estas fácticas proclamas científicas tan sagradas cambian casi diariamente en una batalla interminable de mega-egos por el belicoso predominio intelectual y la desesperación por el financiamiento, nos aferramos a cada palabra de telenovela de los últimos edictos de la torre de marfil.

René Guénon nos dice que la verdad en los tiempos modernos se ha perdido y ha sido sustituída por la utilidad y la conveniencia. La ciencia ya no es la búsqueda pura de la verdad sino la esclava del comercio y la industria. La ciencia se ha convertido en la sirviente de nuestras ansias de consumo y es dependiente de la producción de resultados provechosos para su supervivencia.

En vez de tener a estos esbirros de la industria corporativa en alta estima y permitirles dictar la atmósfera de nuestro mismo ser, estos desafortunados que han sido cegados por la ciencia deberían ser considerados como lo que son: seres cuya capacidad de origen divino de percibir lo que yace más allá de los cinco sentidos se ha atrofiado, se ha extinguido funcionalmente, y está ahora muerta y ha desaparecido.

Como niños obstinados que compiten unos con otros por la atención paternal, estos sacerdotes de la ciencia se han hecho tan ciegos que son incapaces de considerar cualquier idea fuera de su propio territorio conducido por el ego. Ellos parecen haber perdido la capacidad de pensar de otra manera.

La medición de lo que puede ser registrado por los cinco sentidos, bajo el disfraz de la ciencia moderna, puede en efecto continuar ad nauseam para siempre; pero haciendo aquello, nos deja a todos nosotros patinando sobre una delgada capa de hielo de un miasma de amnesia, y de ninguna manera refleja la totalidad de existencia.

La cuantificación del mundo material sin una comprensión de los Reinos Invisibles que le dan soporte, que de hecho son la Fuente real de tal aparente solidez, es el camino degenerativo hacia la conclusión catastrófica de este ciclo del tiempo, el Kali-yuga, nuestra actual Edad del Conflicto y la Confusión.

(“El Reinado de la Cantidad y los Signos de los Tiempos“, de René Guénon, originalmente publicado en francés en 1945 por Sophia Perennis, y ahora en 2001 por Gante, de Nueva York).

[Recomiendo muchísimo que usted lea “El Reinado de la Cantidad“. Guénon era francés y el maestro de aquella clase de intelecto tirando a perfecto. Él francamente no es fácil de leer. No soy una erudita, y hubo días en que leí y releí una página o un párrafo repetidas veces. Pero Guénon es digno de su tiempo y usted nunca lamentará leer dicho libro.

“El Reinado de la Cantidad” cambiará el modo en que usted piensa. A pesar de todos los chismes de alta tecnología que simultáneamente nos están envenenando y encarcelando, estamos lejos de evolucionar, y de hecho nos trasladamos cada vez más lejos de nuestra Fuente, cada vez más profundo en la Densidad de la Ignorancia. El Occidente no es el campeón del progreso, y como David Icke, Guénon levantará los Velos de la Ilusión para usted.

Guénon escribió muchos grandes libros sobre metafísica, incluyendo dos libros mordaces denunciando la Teosofía. Él se convirtió en un sufí, y se mudó a Egipto donde se casó y falleció].−

Redes-Prisiones Invisibles de Tiranía

In literatura on 18 enero 2015 at 20:22

El Destino de los Hombres en el Kali-yuga:

     Una araña se alza por encima del hombre atrapado en los pegajosos hilos de plata de una red silenciosa.

     Él lucha para escaparse, mientras unos ojos vacíos, indiferentes e insensibles se fijan sobre él con frialdad mirando su terror.

     Sus retorsiones y movimientos lo adhieren cada vez con más fuerza y más profundo en la tejida red de una muerte lenta.

El destino de los varones en el Kali-yuga no ha sido mejor que el de las mujeres. A pesar de la apariencia de mayor libertad, los varones a su propio modo han sido oprimidos y limitados. Los tiranos nunca son felices, y todos los varones han sufrido enormemente como consecuencia de la supresión de las mujeres. Ninguno puede ser completamente separado de la memoria del Espíritu, de la Fuente.

Durante los pasados 6.000 años los hombres han sido obligados a elegir entre convertirse en tiranos o esclavos de los tiranos. Con guerras interminables propagándose alrededor del planeta, los varones han sido sometidos a los horrores de la vida militar. Ellos han sido entrenados para rechazar la información emocional, soportar el dolor en silencio, y nunca llorar. Un hombre separado de su madre a una edad temprana tiene poca oportunidad de cultivar sentimientos afectuosos y ser un mejor guerrero, tal como una mujer separada de su padre es más fácilmente dominada, manipulada, y, siempre en busca del padre perdido, ella llega a ser una mejor puta.

Como carne de cañón, el lema de los varones a menudo ha sido “Lo nuestro no es preguntar por qué. Lo nuestro es sólo obedecer o morir“. A veces me pregunto cuántos miles de hombres han pasado días, heridos, estando en campos de batalla, rechazando a los buitres y orando por la misericordia de la muerte, vida tras vida.

Los antiguos Puranas sánscritos nos dicen que en el Kali-yugaLos hombres se dedicarán a ganar dinero; los más ricos tendrán el poder“, como si esto fuera algo extraño o una anomalía. En el mundo de hoy un hombre es medido por el tamaño de su cuenta bancaria.

Los hombres jóvenes que no tienen las oportunidades que vienen con el dinero continúan uniéndose a las fuerzas armadas. Para un hombre la opción todavía consiste en ser un mendigo o convertirse en un tirano. Pero pasar toda una vida en una corporación gigantesca para obtener un montón de posesiones y una hipoteca simplemente no atrae a todos los hombres. Algunos se atreven a preguntarse por qué ellos deberían trabajar toda su vida en un empleo que odian y que los aburre, sólo para adquirir bienes.

El objetivo de la vida no puede ser simplemente adquirir cosas. Tienen que haber algo más que el consumo. Uno podría aspirar a crear belleza, contemplar el universo o el sentido de la vida. Ciertamente hay otras búsquedas tan valiosas para una civilización como la fabricación de montañas de dinero. Un hombre que se ha sentido inspirado para pensar, o incluso llevado a reflexionar y meditar sobre el sentido de la existencia, es desafortunado.

La amarga verdad de estos días es que cada vez más hay sólo dos opciones: integrarse a la fuerza de trabajo corporativa, o lo que es llamado de manera eufemística la “industria del servicio”. Los millones que se unen al rebaño y consiguen un empleo trabajando para una corporación terminan por viajar diariamente durante horas en el tráfico tóxico, para luego sentarse en un cubículo delante de un computador todo el día. La mayoría decide que es mejor renunciar a su derecho de elegir cómo ellos ocupan su tiempo y su vida, que pasar hambre. Y por supuesto hay una gran compulsión por consumir.

¿Dónde en la Biblia o en algún texto sánscrito, hindú o budista, o en laTorá o en el Corán está mandado que la Humanidad debe ir adelante y consumir cantidades enormes de cosas?. ¿Por qué algún hombre renunciaría a cada fragmento de expresión individual y se ajustaría a una existencia tipocyborg a fin de consumir?.

¿Está el mundo alejándose de la democracia?. Las corporaciones gigantescas, que flagrantemente controlan los partidos políticos con los grandes dólares que financian las campañas electorales, ¿están creando un medioambiente que tiende hacia la plutocracia y la oligarquía? ¡El gobierno de y para los Ricos!.

Desde hace muchos años ha habido informes de que la raza humana está envenenando el planeta, el agua, la tierra, el aire y los alimentos. El consumo incontrolado está inadvertidamente matando a los animales, los peces y los arrecifes de coral. La Tierra se calienta, el hielo se derrite, y nadie tiene ninguna verdadera idea de lo que esto significará para el futuro, o si habrá un futuro.

Sólo unos cuantos se han atrevido a cuestionar el hecho de que la adquisición de dinero ha superado completamente a toda otra motivación. La antigua casta de sacerdotes-tiranos ha sido sustituída por los modernos y tiránicos economistas, todos vociferando sus doctrinas por las ondas hertzianas. Estaciones de televisión específicas están únicamente dedicadas a los mercados financieros y muchos se aferran a cada palabra dicha por los sumos sacerdotes del dinero.

Extrañamente, el verdadero talento del más estimado sumo sacerdote de la economía es su capacidad incansable de emitir zumbidos sin cesar en la monotonía, mientras que no revela casi nada, ¡tal como un sacerdote!. Misteriosamente y quizás muy correctamente, el edificio de la Reserva Federalen Washington DC está decorado con unos bastante siniestros grifos negros de hierro forjado.

¿Es nuestra actual Era Económica una subversión de un orden cósmico más natural?. La Era del Conflicto y la Confusión es el más denso y más engañado ciclo de tiempo. La mayor parte de las personas no tiene ningún conocimiento de los Ciclos del Tiempo, aunque ellos vivan dentro del cuarto. Si este conocimiento no hubiera sido intencionadamente escondido, cada uno recordaría que en otras Eras la vida en el planeta Tierra era muy diferente. Mejor.

Contrariamente a la propaganda cegada por la ciencia, la raza humana no ha evolucionado continua y constantemente como se nos ha dicho. La verdad es justo lo contrario. El hecho de que los economistas se hayan convertido en sacerdotes es un excelente, aunque de alguna manera es humor negro, indicador principal de un estado involucionado.

La gente ha llegado a medir el progreso humano por los sistemas de distribución de la riqueza. Hemos llegado a estar tan perdidos, tan despistados, que ya no hacemos la pregunta esencial: ¿Cuál es el sentido de la vida?.

La civilización entera parece estar en una especie de hipnosis de masas. El altar del materialismo da origen a más densidad, más ilusión, mientras los pensamientos de la gente han llegado a solidificarse en la realidad holográfica. Mientras más personas abrazan la religión de la economía y su sacerdocio, y mientras más de su tiempo ellos dedican a la búsqueda del dinero, más Mammón devora sus vidas, hasta que su poder se hace tan grande que la gente deja de preguntar por qué.

La idea de la economía como un “destino sublime y sagrado” habría sido una broma absurda en otro ciclo del tiempo. Humanos con una conciencia superior nunca habrían considerado la actual obsesión con la jerarquía del dinero como su destino y su dharma.

La gente continuamente discute sobre qué sistema económico les proporcionará más dinero y más cosas. La cultura ahora adora a cualquier tonto, a cualquier canalla y ladrón que pueda acumular fortunas ridículamente enormes, cuando cada día cantidades innumerables de niños en este planeta pasan hambre hasta la muerte.

Los argumentos díscolos, afirmando que un sistema es mejor que el otro, no captan la idea. La gente tiene que comprender que ellos están bajo un hechizo, ahogándose en un miasma de amnesia. Los mitos ilusorios de la economía dominan nuestras vidas, hasta la exclusión del sentido.

Quedan muy pocos lugares en el planeta que no han sido invadidos y que no han experimentado todavía la hegemonía corporativa. Aquellas pocas áreas remotas tienen que ser todavía inundadas con propaganda consumista, violadas y saqueadas. Sólo pequeños bolsillos de conciencia, tribus aisladas, permanecen libres de los tentáculos del consumo.

Sin embargo éstos también pueden desaparecer del planeta, y pronto, según el ritmo al cual las multinacionales están apoderándose del mundo. Como ha sido predicho, la población mundial entera se encontrará en una prisión invisible, una prisión de formas de onda, frecuencias de pensamiento, controlando y limitando la experiencia humana.

El cuerpo humano contiene siete centros de energía del poder, loschakras. Estos siete centros del poder contienen posibilidades ilimitadas, ahora desconocidas para la mayoría. En ciclos anteriores del tiempo, ya experimentamos mucho más que lo que está programado actualmente en nuestra televisión.

En el tiempo antes del Olvido, cuando éramos todos todavía conscientes de nuestro ser que es la UNIDAD, el nacimiento de las galaxias, nebulosas, estrellas y planetas era experimentado como si fuéramos aquellas creaciones cósmicas. ¡La experiencia de ser el nacimiento del cosmos era seguramente un orgasmo extasiado sublimemente transcendental!.

Durante todas nuestras vidas nos han dicho que gracias a los milagros de la producción y del capitalismo todo está mejorando para nosotros. Pero cada mejora parece traer otra forma aún más profunda de esclavitud. La conciencia humana está tan completamente inundada con propaganda que la mayoría ya no se molesta en cuestionar nada. Cuestionar hoy las ventajas del consumo podría ser considerado anti-patriótico.

¿Pero es la vida mejor?. Nadie tiene tiempo y todos están sumamente ocupados trabajando, participando en la economía. La familia para bien o para mal parece estar desintegrándose. Si la gente realmente es más feliz ahora, entonces ¿por qué hay tantos deprimidos crónicos y por qué una de cada cuatro personas (¿o ahora la mitad?) en Estados Unidos es obesa?. No gorda: obesa. Incluyendo los niños. ¡La comida rápida es realmente un síntoma delKali-yuga, como está predicho en los antiguos Puranas sánscritos!.

El mismo alimento que la gente comía antes de los años ’40 es llamado ahora “orgánico” y cuesta mucho más. La gente que se preocupa y entiende es obligada a buscar comida que es de esperar que no sea tóxica. El ingenio de la química moderna ha producido un espeluznante suministro de comida generosamente inundado con insecticidas, preservantes, hormonas del crecimiento, antibióticos, y productos químicos de interrupción endocrina (EDC).

Lo mejor de la gente a menudo surge sólo bajo presión. Los héroes simplemente no prosperan en una cultura de aletargadas, narcotizadas, pasivas y gordas patatas de sofá. Millones consumen lo que son engañosamente llamadas medicinas del estilo de vida. No sólo estas moléculas artificiales debilitan la voluntad individual sino que ellas también impiden exitosamente que los individuos experimenten sus vidas y sean capaces de crecer a partir de esas experiencias. Sin embargo, ellas mantienen a las industrias farmacéuticas nadando en dinero.

El mundo parece encadenado a la maquinaria de la economía. Incluso los empresarios, los tipos de Clase-A, los presidentes que dirigen las cosas, no tienen ninguna libertad verdadera. Como todos los guerreros-tiranos durante los pasados 6.000 años, la gente con niveles enormes de ambición sólo es “feliz” cuando ellos ganan y derrotan a sus oponentes. La ambición material es como una droga, y al igual que una droga, deja a la gente vacía, temerosa de la ancianidad, de la debilidad y de la muerte.

El miedo a la muerte lleva a los varones a abandonar a sus mujeres, para seducir y casarse con mujeres más jóvenes. Los ricos y los poderosos insisten hoy en que sus mujeres, que ellos ven como trofeos de su éxito y como una propiedad, permanezcan con aspecto de jóvenes, de modo que a ellos no se les recuerde su propia mortalidad. La cirugía plástica es floreciente en el Crepúsculo del Kali-yuga.

¿Puede alguna cantidad de posesiones materiales valer la pena para sacrificar la independencia de alguien a favor de ello?. La búsqueda de los medios de subsistencia ¿significa consumir la vida entera de alguien?. ¿Cuándo la gente llegó a valorar las cosas más que su libertad, más que su dignidad, más que el afecto, la bondad y la compasión?.

En algún punto el objetivo de la vida se convirtió en la producción y en el consumo de más-más-más, no importando cuál sea el costo para el medioambiente, para la gente de todo el mundo, y para el planeta mismo. La Tierra aparentemente no puede sustentar lo que Occidente ha condicionado a la gente a desear.

La trampa está puesta y el crecimiento ilimitado es el Grial. El crecimiento ilimitado suena más bien como una especie de cáncer. Cada día los científicos medioambientales están advirtiendo que el planeta no sostendrá el actual impacto del consumo. Y todavía estas advertencias continúan… no escuchadas.

Cuando los hombres comiencen a ver más allá de la opción entre ser un mendigo y convertirse en un tirano, y cuando una vez más comencemos a mirar dentro de nosotros para lograr una clara percepción, respuestas y una comprensión de nuestra relación con el Cosmos, habrá esperanza en el horizonte para la aparición de un conocimiento más alto, afecto, y la dorada suave luz del siguiente ciclo del tiempo.−

Las GUNAS de la Matriz lo Gobiernan a Usted

In literatura on 18 enero 2015 at 20:02

La guerra relatada en el antiguo texto sánscrito el Mahabharata es una guerra entre dos facciones de una familia, de manera que hermanos matarán a hermanos, primos matarán a primos, amigos matarán a amigos y maestros, etcétera. Con ambos ejércitos reunidos a ambos lados de un gran campo de batalla, Aryuna, el más grande guerrero y arquero vivo, ¡se queda paralizado y pierde el control propio!.

La vista de todos sus parientes puestos en orden en el campo de batalla debilita la resolución de Aryuna y éste le dice a su amigo Krishna que la visión de su familia le ha hecho perder su arrojo. Él tiembla de pensar en la matanza de los propios y no logra ver qué de bueno saldrá de aquella terrible guerra.

Con su corazón angustiado y sus ojos llenos de lágrimas, Aryuna suelta su arco y sus flechas, y se sienta en su carro. Él prefiere ser muerto, desarmado e indefenso, más bien que luchar.

Así, la pregunta más desconcertante alguna vez hecha en la Historia escrita es planteada en este texto sánscrito, el Bhagavad-Gita, proporcionando la magnífica oportunidad de la respuesta más desconcertante, enigmática y misteriosa de Krishna, que ha confundido a las mejores mentes durante siglos. Tarde o temprano, cada persona de pensamiento inteligente intenta leer el Bhagavad-Gita, el cual está contenido dentro del Mahabharata. Desde el santo al pecador, del científico al sacerdote, el Bhagavad-Gita ha sido tradicionalmente visto como una profunda clave para la comprensión del sentido de la vida. O, para ponerlo en términos más corrientes: ¿Cuáles son las reglas?.

Krishna es una encarnación del dios Vishnu, quien protege y sostiene el universo. La primera respuesta de Krishna a Aryuna es preguntarle por qué ese estado de ánimo viene sobre él en tan mal momento. Burlonamente, Krishna insta a Aryuna a no actuar como un eunuco.

Todavía estacionado en medio del campo de batalla entre los dos ejércitos de miles de guerreros, los ejércitos de todos los grandes reyes de aquel tiempo, sus carros, caballos y elefantes, todos dispuestos para comenzar una guerra mundial, Aryuna obstinadamente protesta que él no luchará.

Krishna le dice que él está desperdiciando su pena, pero que su pregunta —por qué debería él luchar— está sin embargo basada en la sabiduría eterna. Él le dice a Aryuna que todos esos hombres allí puestos en orden en el campo de batalla siempre han existido y siempre existirán.

Krishna entonces procede a explicar a Aryuna que:

La acción sin el apego a sus frutos, es decir, sus resultados, no conlleva ninguna consecuencia.

¿Por qué? La respuesta es que cualquiera sea la “acción” que usted pueda imaginar que está haciendo o ha hecho, en realidad no es hecha por usted en absoluto. ¡Usted no es el “hacedor”!.

Sólo los engañados imaginan que ellos hacen algo. En vez de ello, son las tres Fuerzas de Prakriti, la Naturaleza, las GUNAS de la Matriz, las que actúan.

Estas tres fuerzas de la Naturaleza (Prakriti) son llamadas GUNAS, que en sánscrito significa “cuerda”, como en una cuerda, que amarra, o como una cuerda del arco que crea la tensión para comprimir formas de onda. Las GUNASson fuerzas que sirven para distinguirlo a usted como un fragmento individual divino, y por lo tanto deliberadamente lo circunscriben a usted en la inmensidad infinita e inmutable.

En el primer Ciclo del Tiempo, una edad dorada, las GUNAS nos habrían servido bien como instrumentos de exploración en el tiempo y el espacio. Pero cuando los ciclos se mueven posteriormente hacia la densidad y la solidificación del mundo, las GUNAS se convierten en tiranos que nos gobiernan. No estamos ni siquiera conscientes de que las GUNAS existen, y de que nosotros somos controlados y obligados por nuestras propias compulsiones.

Desconectados de nuestra Fuente, como lo estamos aquí en el Kali-yuga, las GUNAS han llegado a ser aquellas limitaciones de polaridad que falsamente identificamos como “quien y qué” somos. Nuestras GUNAS son aquellos interminablemente multiplicados y repetidos ciclos descendentes de las mismas de siempre, y a estas alturas muy aburridas, experiencias que inevitablemente lo conducen a usted a aquel infame muro de ladrillos. Allí esperanzadoramente usted es por fin obligado a pensar, repensar y encarar el agresivo hecho real de que usted está en una rutina atroz que se pone cada vez más desagradable.

El dolor es la advertencia

Su dolor es una advertencia, una alarma, y usted debe enfrentar la ilusión, puesto que ¡es ilusorio imaginar que usted, como la pequeña identidad de un ego, puede afectar algo!. Mientras usted crea y “piense” que usted está SEPARADO del dios interior, el YO-ATMA, ¡usted no tiene ningún poder para controlar las GUNAS, las suyas o las de los demás!. Las GUNAS están en modo automático, como un cyborg [cybernetic organism].

Incluso aunque el holograma de otro pueda parecer temporalmente resonar con el suyo, usted no puede cambiar a nadie ni darle “oídos para oír”, o afectar su holograma ilusorio en un ápice, a menos que el dios dentro de ellos, por gracia, ordene que sea así.

Krishna le dice al guerrero Aryuna que él puede haberse convertido en el mayor arquero en el mundo, pero que él no puede hacer que su enemigo permanezca en un lugar para, como fuere, esperar a que la flecha lo golpee en la frente.

Si usted o cualquiera de nosotros pudiera afectar a alguien o a algo sin su consentimiento consciente o inconsciente desde el muy limitado estado del pequeño ego-yo, el universo entero colapsaría bajo los desequilibrios monstruosos que generaríamos en nuestro estado de ignorancia e ilusión. Así, engañados e inconscientes, permanecemos completamente indefensos mientras nuestras GUNAS, que están por siempre y permanentemente buscando su equilibrio primordial, cambian desde un desequilibrio a otro, aparentemente ahondando en una confusión, cólera y pena cada vez más profundas.

El YO-ATMA interior está más allá de las GUNAS, y como el creador de ellas, permanece completa y totalmente no afectado por ellas. ¡Nada que usted haya hecho alguna vez o que alguna vez vaya a hacer ha disminuído o ha afectado nunca al dios interior suyo ni durante un minuto!; ¡JAMÁS!.

Las tres GUNAS son:

  • SATTVA − Ilumina y sujeta las almas por medio de un afecto hacia la alegría y un amor al conocimiento.
  • RAYAS − Se caracteriza por la pasión. Surge por un apego al ansia y ata las almas mediante una afición a la acción (actividad, agitación, empresa y avaricia).
  • TAMAS − Proviene de la ignorancia y engaña a las almas encarnadas y las sujeta por medio de la distracción, la pereza y el sueño (la oscuridad, la indolencia, la negligencia y la ilusión surgen cuando Tamas prevalece). (Mi intuición me dice que Tamas es la forma de onda generada por las frecuencias electro-magnéticas (EMF) que emiten nuestros televisores, las que, según se informa, ponen a la mayoría en un estado inferior al normal en 15 minutos).

Para aquellos de ustedes que entienden la astrología, SATTVA está correlacionado con los signos mudables, RAYAS a los cardinales y TAMAS a los fijos. Los cuatro elementos de aire (tacto), fuego (vista), agua (gusto) y tierra (olfato) actúan mediante las GUNAS en una multiplicidad de variaciones. Un quinto elemento, el ÉTER, impregna a los otros cuatro, y corresponde a la audición y el sonido: así el universo es emitido desde el sonido como formas de onda pulsantes.

En este el Crepúsculo del Kali-yuga, como usted puede haber notado, la pequeña identidad del ego, la que usted falsamente imagina que es usted, no está en control de estas GUNAS, las que de hecho están generando su holograma ilusorio. Hasta que usted se conecte de nuevo con su dios interior, el verdadero YO-ATMA, usted nunca las controlará o se convertirá en el amo de usted mismo.

Krishna nos dice que no importa lo que pensemos que hacemos, de hecho no HACEMOS NADA. Nuestra percepción de la realidad son sólo los cinco sentidos funcionando en sus objetos.

No es un asunto de un juicio de valor de correcto o incorrecto cuando se llega a estar vinculado a los resultados o los frutos de sus acciones. ¡Es ILUSORIO!. Es ilusorio creer que el pequeño ego es el “hacedor”, y tal creencia hará que su conciencia descienda hacia la densidad. ¡Los sabios SABEN que ellos no hacen nada!. El único “hacedor” es el dios interior, el YO-ATMA.

Nosotros Somos los Cyborgs:

El Holograma Ilusorio Temporal Es Insensible

¿Tuvo usted alguna vez el sentimiento aplastante de que el universo es completamente indiferente a sus luchas y tragedias personales?. Bien, usted estaba completamente en lo correcto. El universo holográfico manifestado ilusorio temporal es insensible, lo que significa que carece de sentimientos o de conciencia. El holograma que equivocadamente aceptamos como la realidad sólida es comparable a un programa computacional primordial, megalítico y cósmico que está puesto en modo automático y simplemente dirige su curso a través de los Cuatro Ciclos del Tiempo.

La ilusión externa, producida por la guna-maya de Prakriti, la Matriz, no tiene ningún sentimiento o “conciencia” en el sentido que le asignamos a la conciencia humana. Prakriti, la Matriz, simplemente sigue sus Programas Cósmicos desde un yuga al siguiente. La Rueda de la Vida contiene mundos innumerables, ruedas enormes dentro de ruedas que están establecidas para correr eternamente con o sin nuestro consentimiento y aprobación.

La Matriz guna-maya de Prakriti es un programa insensible —sutil más allá de la comprensión ordinaria— que sin cesar transforma las señales recibidas en la mente vía los cinco sentidos según ellos funcionan en sus objetos. Esta frase “funcionan en sus objetos” se refiere a la idea de que cada uno de nosotros percibe el mundo externo mediante nuestras gunas individuales únicas y por lo tanto todos los “objetos” son modificados en consecuencia por la actual predisposición y el carácter de nuestros sentidos. Cuando percibimos estos objetos, no vemos lo que está allí. Sólo vemos a través de los “lentes” de nuestras propias gunas.

Estos objetos son aquellas 10.000 cosas que estamos siempre observando, evaluando y deseando. Aquellas cosas a las que estamos tan unidos, cosas por las que robamos y matamos, que finalmente rompen nuestros sueños y corazones, “cosas” ilusorias que nos mantienen engañado en el holograma. Prakriti, la Matriz, es distante e indiferente a nuestros preciosos afectos, por cuanto ella no tiene ni sentimientos ni conciencia.

La sensibilidad y la conciencia se encuentran dentro, en Purusha, su Alma-Espíritu, el Yo-Atman. El poder del afecto está debajo de las ilusiones generadas por la guna-maya. El afecto es lo único real. Estos sentimientos de afecto no son de posesión y emoción, que son tan fácilmente perdidos por la mente voluble como fueron adquiridos. Los verdaderos sentimientos del afecto son incondicionales, desinteresados, y no se descoloran con el tiempo. Cuando somos separados del dios interior, somos cortados del poder eterno y verdadero del afecto.

Nosotros Somos los Cyborgs

Irónicamente, somos nosotros los humanos los que nos estamos convirtiendo en los robots que tememos. Cuando descendemos hacia las frecuencias y densidades inferiores del Kali-yuga, somos cada vez más separados de cualquier conciencia del dios interior, de Purusha (nuestra alma) y del Yo-Atman. Sin acceso a los sentimientos sanadores y alimentadores del afecto, nos endurecemos y desarrollamos un comportamiento similar al de unrobot. Por eso con cada día que pasa se siente como si nuestro mundo se hubiera hecho más despiadado.

Sin el afecto para sostenernos en la luz de la Verdad, somos más fácilmente programados por una propaganda engañosa y una publicidad enferma. Sin afecto, cedemos ante nuestras obsesivas tendencias y compulsiones que condonan las frases corrientes tan sintomáticas del lado oscuro, como que la avaricia está bien y el llamar a alguien menos afortunado un perdedor, etc. Hemos llegado a ser unos tontos robóticos ensimismados y aislados.

Cortados del Espíritu interior, esta clase de narcisismo egocéntrico conduce a una tiranía tipo Brave New World [novela de A. Huxley] y al ascenso de la Máquina Insensible como un paradigma para la vida y el vivir. Puede ser que los años finales del Kali-yuga sean un verdaderamente terrible nuevo orden mundial controlado por tiranos inconscientes. Podemos encontrarnos atrapados en un mundo carente de afecto, cada uno de nosotros, todos desesperadamente enfocados sólo en la cáscara vacía de nuestra propia pequeña auto-identidad frágil, quebradiza y débil. Un mundo sin afecto, donde la pequeña crueldad y el inhumano interés propio son aceptados como el ideal, difícilmente valdría la pena de vivir en él.

Afortunadamente, tal mundo no podría sobrevivir mucho tiempo, aunque esto pudiera parecer una eternidad a aquellos que están encarcelados en él. Tal despiadada y enferma estructura tendría un defecto inherente y terminal de debilidad fatal. Un mundo sin afecto sufriría un colapso pronto, implosionaría y se derrumbaría por su propia debilidad. El ego de la pequeña identidad no tiene poder real. Los yugas vendrán y se irán, no dejando ningún rastro de las ilusiones de polaridad tiránicas y engañadas de aquellos que en el miedo no llegaron a ser nada más que esclavos robóticos de sus propiasgunas. Sólo el afecto es el verdadero poder y sólo lo real —el Yo-Atman, el Espíritu dentro de nosotros— tiene aquel poder.

Lo irreal nunca es. Lo real nunca deja de ser” (Bhagavad-Gita II.16).

Sin el Recuerdo (SMARANA) del Yo-Atman interior, el ego de la pequeña auto-identidad sólo puede funcionar dentro de los límites de la máquina insensible de Prakriti. Las Ruedas del Tiempo (KALA) son ruedas eternamente imparables, implacables ruedas dentro de ruedas. El ego, que falsamente se imagina que está separado de la Unidad, es indefenso para hacer algo salvo continuar siendo barrido por las olas de MAYA (SAMSARA) y su producción interminable de ondas de frecuencia. Sólo cuándo el ego comprende que no va hacia ninguna parte y se rinde totalmente al dios interno, el Yo-Atman, puede usted tener acceso al afecto que siempre ha estado fluyendo dentro de usted y alrededor suyo de manera ubicua.

El Kali-Yuga y el Tiempo Como Conciencia

In literatura on 18 enero 2015 at 19:32

Los Ciclos de Tiempo dentro de la Matriz

Todo el Tiempo es simultáneo…

Un YUGA es un período cíclico del tiempo que le pone un yugo a un alma, un fragmento de la Unidad, en una frecuencia específica de conciencia, que está encarnada como el ADN de las razas humanas. Funcionamos dentro de aquel espectro de frecuencia hasta que llegamos a ser conscientes de las limitadas variables de expresión y manifestación.

Así, llegando a ser conscientes de que el actual estado de “limitación” no es nuestra Verdadera Naturaleza, algunos experimentarán la Iluminación. La Luz de la Unidad dentro de nosotros, que penetra y lo impregna todo, es revelada. Comprendemos que nunca habiamos sido algo salvo el Uno, y que el sentimiento de Separación era sólo “aparente”, temporal e ilusorio. Siempre habíamos sido la Unidad.

Esta experiencia de la Iluminación espiritual nos libera de todos los Ciclos del Tiempo. Somos liberados del “yugo” de todos los Yugas, los períodos de tiempo formados en espectros de frecuencia específicos de la conciencia.

Así, Iluminados en cuanto a nuestra verdadera naturaleza y origen, somos libres para movernos de una dimensión a otra. El universo es multidimensional. Los adeptos con dominio sobre la conciencia se mueven fácilmente de una dimensión a otra. Los maestros iluminados tienen acceso al espectro entero de todas las frecuencias del tiempo, que es una función de la conciencia. O usted puede simplemente desear volver al Uno —a Casa.

Las 4 Edades (yugas) son:

  1. El Satya o Krita-Yuga, una Edad de Oro.
  2. El Treta-Yuga, la Edad del Ritual.
  3. El Dvapara Yuga, la Edad de la Duda: el Hombre pierde el sentido de la Realidad Divina del mundo y crece lejos de la ley natural.
  4. El Kali-Yuga, la Edad del Conflicto y la confusión, comenzada en 3012 a.C. y que finalizará con la devastación casi total de la actual Humanidad.

Cuando usted estudia la teoría hindú de los Ciclos de Tiempo y los yugas(edades), usted encontrará una confusa divergencia de opinión acerca de las fechas de su duración. Considerando que estamos viviendo ahora en la Edad de la Confusión, el Kali-Yuga, no es sorprendente encontrar tanto desacuerdo en estos asuntos.

La escritura es el síntoma de una cultura que degenera.

Lo que para mí es más importante que los números precisos es el hecho de que vivimos en una Era donde casi no hay ninguna memoria de los ciclos anteriores de tiempo. La mayoría de nosotros equivocadamente cree que la civilización comienza con la Historia escrita; sin embargo, la escritura es realmente el síntoma de una cultura degenerativa, porque es el sonido el que comunica el sentido, no las marcas que procuran representarlo.

Llegue más allá de las frecuencias limitadas (1) de este Velo de Ilusión donde usted ha sido confinado, todas sus vidas. La experiencia de expandir y proyectar sus pensamientos, conciencia e imaginación atrás en el tiempo primordial es en sí misma liberadora, reveladora e inspiradora.

(1) http://www.wakingtimes.com/2013/08/05/how-dna-is-reprogrammed-by-words-and-frequencies/

La comprensión de que el tiempo es de hecho una función de la conciencia cambiará su percepción de la realidad. Todos experimentamos el tiempo en relación a nuestra propia conciencia específica. Usted puede verificar esto por sí mismo simplemente reflexionando sobre, por ejemplo, cómo el tiempo vuela cuando usted es feliz, en contraposición a cómo el tiempo se enlentece cuando usted está deprimido o aburrido.

El tiempo no existe fuera del holograma ilusorio temporal.

Todos los incrementos, es decir, las medidas de tiempo y espacio, tienen relación con la conciencia del perceptor y son por lo tanto el producto de las variaciones en las frecuencias en forma de ondas, y se basan en y son el resultado del grado específico de la ilusión de Separación de la Unidad. Esto es similar a la teoría de la Física cuántica denominada La Interpretación de Copenhague, Parte II: La realidad es creada mediante la observación. O usted podría decir más exactamente que la realidad es creada por la conciencia del observador.

En “While the Gods Play” (Mientras los Dioses Juegan), el erudito francés Alain Danielou explica que la duración de un momento es establecida por los ritmos de conciencia que lo perciben:

“Es la energía, mediante la producción de ondas vibratorias que tienen dirección y longitud, la que dará origen a los ritmos cuyas percepciones crearán la dimensión del tiempo, la medida del espacio, y al mismo tiempo las estructuras de la materia… Para el hombre, la percepción de la dimensión del tiempo está determinada por sus ritmos vitales, su latido del corazón…”

La duración de cada uno de los cuatro yugas está en una relación entre ellos de 4:3:2:1. Esto implica que la Edad de Oro es la más larga y nuestra actual Edad de Kali es la más corta. En un Crepúsculo del Kali-Yuga el tiempo realmente continúa acelerándose y aumentando cada vez más, mientras alcanzamos el final. Los ciclos de tiempo se parecen más bien a los clásicosRagas indios, que comienzan lentamente, serenos, para luego aumentar de ritmo y pasión, y finalizan en un frenesí de energía.

Las fechas de Alain Danielou difieren de otras. Danielou dice que el Crepúsculo del Kali-Yuga comenzó en 1939 con el descubrimiento de la fisión atómica. Según él, la catástrofe final ocurrirá durante este crepúsculo y los últimos rastros de esta actual Humanidad habrán desaparecido en 2442. Esto no necesariamente implica que tenemos unos 400 años suplementarios para perder el tiempo. Sólo Dios sabe qué cambios ocurrirán en este planeta durante aquel tiempo.

En la metafísica hindú el tiempo es cíclico y cada período de la manifestación es llamado un KALPA de Brahma, equivalente a 4.320 millones de años humanos.

  • El KALPA está subdividido en 14 MANVANTARAS.
  • Estamos ahora en el séptimo MANVANTARA de este KALPA.
  • Cada MANVANTARA está dividido en 71 MAHA-YUGAS de 4.320.000 años cada uno.
  • Estamos en el 28° MAHA-YUGA de este MANVANTARA.
  • Cada MAHA-YUGA está compuesto de cuatro yugas.
  • Cada Yuga es precedido por un período de Amanecer y seguido de un período de Crepúsculo.

(Linga Purana 1.4.3-6)

KALI-YUGA, la Edad del Conflicto y la Confusión

El Kali-Yuga es único yuga con el que la mayor parte de nosotros está familiarizado porque hemos estado viviendo todas nuestras vidas dentro de estas densas frecuencias. Nuestra mente, la manera en que pensamos, y por lo tanto nuestra percepción de la “realidad”, han sido literalmente cocinadas por las frecuencias vibratorias del tiempo dentro del Kali-Yuga. Nosotros los humanos hemos sido “cocinados por el tiempo” hasta el punto de que sólo los cinco sentidos permanecen disponibles para nosotros para que comprendamos el mundo alrededor de nosotros. Los cinco sentidos son fácilmente confundidos.

Los cinco sentidos pueden en efecto ser programados y engañados por magos tiránicos que quieren controlar nuestras vidas. El monopolio de los medios de comunicación de hoy en día son muy conscientes de cómo atrapar y manipular los cinco sentidos. En nuestro mundo moderno la mayor parte de la información recibida en todo el planeta se adapta a las agendas de las corporaciones multinacionales, que también resultan poseer los monopólicos medios de comunicación.

Los cinco sentidos son vulnerables frente al engaño y la manipulación por cualquiera y por todos. En otros ciclos de tiempo, la información recolectada únicamente por medio de los cinco sentidos habría sido altamente sospechosa. Antes se confiaba en los antiguos rishis, “VIDENTES” —aquellos que ven—, como la fuente de sabiduría acerca del futuro de la Humanidad y nuestra interconexión con el Cosmos.

Es sólo el “VIDENTE” dentro de usted el que ha calmado la mente y ha conseguido una conexión con el dios interior, el cual puede ofrecer una idea acerca de la verdadera naturaleza de la realidad. Sólo un conocimiento interior puede sacarnos de nuestra actual difícil situación, de nuestra nube tóxica de amnesia, la sopa en la que todavía nos estamos “cocinando”. Sólo superando la percepción diferenciada, los poderes ilusorios de los cinco sentidos, y logrando un entendimiento de GUNAMAYA, nosotros los seres humanos retornaremos a lo Real.

Hay numerosas descripciones de los síntomas del Kali-Yuga en los antiguos textos sánscritos de los Puranas. Tenga en cuenta que la escritura es un síntoma del Kali-Yuga. Estos textos fueron compuestos y transmitidos oralmente en los anteriores ciclos de tiempo y transmitidos mediante la memoria, basada en la repetición textual, de una generación a la siguiente. Fue sólo en 500 a.C. que el gramático Panini codificó la lengua sánscrita y estos textos memorizados fueron puestos en forma de escritura. La laboriosa precisión del sánscrito fue diseñada intencionalmente para proteger el conocimiento antiguo de la consiguiente confusión en el Kali-Yuga.

El síntoma que me convenció completamente de que los Ciclos de Tiempo eran verdaderos fue éste: “Alimentos ya cocinados estarán en venta” [Linga Purana, cap. 40]. ¡Los antiguos ya previeron la “comida rápida”!. Ellos sabían que la comida pre-cocinada pierde su valor nutritivo.

La Luz es primordialmente inmanifestada y oculta.

El Kali-Yuga es la Edad de la Oscuridad. La Luz es principalmente inmanifestada, es decir, no ha desaparecido por completo sino que sólo está velada y oculta durante el dominio de Kali y del Lado Oscuro. Usted puede iluminar el mundo alrededor suyo comprendiendo y recordando al dios dentro de usted y dejando que aquella frecuencia fluya alrededor de usted. Incluso si la gente no acepta lo que usted dice, la conciencia silenciosa de usted hará que ellos sean ennoblecidos.

Sin embargo, no espere que ellos lo amen a usted o tan sólo simpaticen con usted. Sus egos del Kali-Yuga están firmemente entronizados y se sentirán inconscientemente amenazados por la presencia suya. El ego de la pequeña auto-identidad no tiene ningún deseo de renunciar a su poder, y si la persona está involuntariamente albergando a habitantes de las Jerarquías Fantasmales —quizá en la forma de una adicción a drogas, alcohol o poder tiránico— entonces esas entidades parasitarias la atacarán y harán casi cualquier cosa para mantenerla alejada del suministro de “comida” de ellas.

El Kali-Yuga parece recompensar realmente al Lado Oscuro, a aquellosratzoids [?] despiadados que son débiles y avaros, mentirosos sin ninguna integridad, moral o principios frecuentemente acertados, mientras los pensadores independientes, que poseen un tranquilo sentido del honor, que sienten compasión por otros y respetan la verdad primordial, son rápidamente hechos a un lado y reprendidos, a menudo de manera brutal y en público, por la élite.

En la cultura de hoy en día casi todo lo que se presenta ante nosotros como grande, deseable y digno, es una solución a corto plazo y, tristemente, basura. Todo el poder y el dinero en el mundo no le darán a usted el Recuerdo de la Unidad. El más veloz y candente automóvil de carrera disponible no lo llevará a usted al destino de la iluminación y a la liberación (JIVAN MUKTI). Los placeres disfrutados con el o la súper-modelo más hermoso(a), pronto se harán fastidiosos y se convertirán en una carga.

Como dice Krishna, tanto el placer como el dolor residen en los objetos de los sentidos:

“…los placeres provocados por las impresiones de los sentidos son fuentes de infelicidad, porque ellos tienen principio y final” (Bhagavad Gita V.23).

Otro fenómeno extraño del Kali-Yuga es la externalización de la fe a tal extremo que la gente llega a obsesionarse y a enloquecer con sus sistemas individuales de creencias. Durante miles de años hasta ahora los seres humanos, en nombre de sus diversas interpretaciones de Dios, han impuesto estúpidas guerras destructivas interminables unos contra otros: asesinato de masas, tortura, robo y esclavitud, todo en nombre de Dios.

Cuando usted comprende que Dios está dentro de cada uno, la idea de imponer una religión sobre los demás es el colmo de lo absurdo.

Los sacerdotes corruptos han sido los cómplices deliberados de tales conflictos atroces. Ellos a menudo se convirtieron en los imaginativos torturadores de los no-creyentes, y hasta vendieron boletos para el cielo a los ricos en la forma de “indulgencias”, para llenar sus propios bolsillos y construír enormes, aunque adorables, catedrales y templos mientras mucha gente del pueblo permanecía constantemente cerca de la inanición.

La Edad de la Confusión es asediada por, sí, la confusión. Prácticamente todo lo que usted ha leído alguna vez es nublado por el miasma de la niebla del Kali-Yuga. Como dice el refrán: la Historia la escriben los vencedores, mientras que el lado de la historia que corresponde al perdedor es habitualmente olvidado.

Cuando usted piensa en ello, a través de la mayor parte de la Historia escrita todas las grandes obras de arte son los símbolos de la propaganda comprada y pagada por y para los tiranos y las religiones dirigentes que procuran dominar la población del mundo. Sólo pregunte a Leonardo da Vinci, que trabajó para gente parecida a César Borgia, o a Miguel Ángel, que trabajó bajo la mano de hierro de un sacerdote del Vaticano. Los artistas de hoy son a menudo responsables ante el poder del gran dinero de las corporaciones multinacionales que poseen nuestro mundo.

Incluso las maravillosas descripciones de la iluminación espiritual que nos dan a todos esperanzas no fueron experimentadas en la densidad del tiempo en el que actualmente vivimos. Sin pretender restarles mérito, ocurre que Lao Tsé, Jesús y Buda no tuvieron que batallar con chemtrails, microondas, productos químicos interruptores de los procesos endocrinos, o la programación televisiva infantil.

Estos días, en el Crepúsculo del Kali-Yuga, son el Filo de la Navaja, en cada paso del camino a Casa.

El conocimiento de nuestra Unidad esencial es difícil de adquirir en el Kali-Yuga. Bajo la cortina de la multiplicidad sólo existe el UNO. Esto significa que detrás de la aparente diversidad de miles de millones de individuos que viven en el planeta Tierra, todos ellos son sólo Uno. Todos son la UNIDAD.

Para aquellos de ustedes que han recordado vidas pasadas, ustedes pueden haber notado una desconcertante y sorprendente similitud en el carácter básico de cada vida. Puede haber ciertos defectos y compulsiones frecuentes, rasgos o cualidades que usted comienza a notar que han aparecido repetidas veces vida tras vida. Usted puede haber sido un sumo sacerdote en la Atlántida, o una muchacha esclava bailarina en la Cachemira del siglo VIII, pero hay un patrón que se repite a través de todas sus vidas. Esto es porque los genes en su actual cuerpo físico son el “producto” más reciente de una larga línea de muchos cuerpos y linajes. Usted tiene acceso a las memorias contenidas dentro del ADN del cuerpo que usted actualmente habita.

Es como si el Creador generara ciertos rayos o formas de onda, que contienen cualidades de expresión que permanecen en los genes a través de los ciclos de tiempo. A medida que el tiempo desciende en la manifestación de los yugas y avanza en la densidad y en una “aparente” solidificación, cada vez más variaciones de expresión son creadas, como hábitos, impulsos, gustos y repulsiones, etc., etc.

Pero debajo de toda esta multiplicidad temporal está la Unidad que somos: significando con eso a usted y yo, los obreros industriales en China y los agricultores de la India rural, los líderes mundiales y los tiranos corporativos, los aborígenes de Australia y las tribus pigmeas en África. Todos somos la UNIDAD bajo la ilusoria cortina temporal de la multiplicidad. Este conocimiento de la Unidad (2) ha sido ocultado de nosotros en el Kali-Yuga, pero una vez que usted realmente comprenda al dios que está dentro suyo, usted llegará a ser lo que usted siempre ha sido.

(2) http://www.wakingtimes.com/2013/08/28/the-matrix-the-sanskrit-texts/

Las compuertas del Conocimiento y el Amor se abrirán, y usted nunca será el mismo. Usted nunca será capaz de mirar a otro ser humano sin compasión y usted nunca los juzgará otra vez, ya que usted SABRÁ que USTED ES ELLOS. Cuando usted los juzga, entonces usted juzga y se condena a usted mismo. Y resulta que con lo horrendo, terrible y aburrido que es el Kali-Yuga, de hecho es la vía rápida para la comprensión de Dios. ¡La intensidad del Kali-Yuga lo presiona a usted para que DESPIERTE!.

El tiempo no existe fuera de la matriz holográfica ilusoria temporal. Así, los Cuatro Ciclos del Tiempo son simultáneos, al igual que todas sus vidas “pasadas”.

La aceptación de la teoría de los Ciclos de Tiempo podría conducirlo a usted a una especie de complaciente resignación. Después de todo, si estamos ineluctablemente atrapados en las frecuencias de la confusión, entonces ¿por qué preocuparse? Porque lo que es realmente apasionante sobre el Kali-Yuga es la comprensión de que en realidad es el ciclo más fácil para Recordar quién es usted. El final del Kali-Yuga es un período particularmente favorable para perseguir el conocimiento verdadero.

“Algunos alcanzarán la sabiduría en un breve lapso, ya que los méritos adquiridos en un año durante el Treta-Yuga puede ser obtenido en un día en la Edad de Kali” [Shiva Purana, A. Danielou].

  1. De aquí que durante Kali, la longevidad, la fuerza, y las características disminuyen cada vez más. Los hombres alcanzan la perfección dentro de un breve tiempo.

46-47. Lo que se gana por la práctica del dharma durante un año en elTreta-Yuga es alcanzado por la práctica de ello durante un mes en elDvapara-Yuga. En Kali un devoto inteligente alcanza lo mismo en un día practicando arduamente el dharma [Linga Purana, Section 1, Cap. 40].

¡Esto es una Cósmica Venta de Liquidación!. Por lo tanto, acepte el desafío de Recordar quién es usted. ¡No se rinda!. De este modo, el Lado Oscuro está cumpliendo su propio tipo de dharma, haciendo su trabajo de extender la mano de la tiranía sobre el planeta y envenenar todo a su paso. ¿Qué hará usted?. En estos momentos de desafío, de pena y de despertar de la conciencia, ¿cómo se comportará usted?. ¿Puede usted encontrar el coraje dentro de usted y compasión por los demás?. ¿Puede usted dominar la separación divina que proviene de saber que lo que se está desplegando es el magnífico Diseño Cósmico? (3). ¿Puede usted recordar que cada uno y todo es Dios y Unidad, y que ÉSTE es usted?.

(3) http://www.wakingtimes.com/2013/04/17/the-meaning-of-sacred-geometry/

Usted es este mundo, y usted es el Amor que exhala a esta matriz holográfica ilusoria temporal en la multiplicidad y la inhala de vuelta a la quietud, y vuelve a hacerlo de nuevo, eón tras eón, eternidad tras eternidad. ¡Un mundo sin final!. Este universo está aquí para que todos nosotros juguemos. Ciertamente, cuando usted mira su vida o quizá muchas vidas, a pesar de todo el dolor, usted reconoce realmente la magnífica belleza de la Creación.

Así, la pregunta es ¿qué hará usted ahora en este intensificado y apasionante momento?. ¿Y está usted listo para seguir adelante en uno de los miles de otros universos —algunos sin polaridades o forma o incluso sin tiempo—, todos esperando, invitándolo a usted a venir a todavía otra magnífica aventura en la conciencia?.

Síntomas del Kali-Yuga

La escritura misma es un síntoma del Kali-Yuga. Los seres humanos han estado viviendo en el planeta Tierra durante cientos de miles de años antes de que tuviéramos algún registro de la palabra escrita. En los textos sánscritos el Vishnu Purana y el Linga Purana se menciona lo siguiente:

  • Los ladrones se convertirán en reyes, y los reyes serán los ladrones.
  • Los gobernantes confiscarán la propiedad y la usarán mal. Ellos dejarán de proteger a la gente.
  • Hombres viles que han obtenido una cierta cantidad de conocimiento (sin tener las virtudes necesarias para su uso) será estimados como sabios.
  • Habrá muchas personas desplazadas, vagando de un país a otro.
  • Los animales predadores serán más violentos.
  • Los fetos serán asesinados en los vientres de sus madres.
  • La gente preferirá elegir ideas falsas.
  • Nadie será capaz de confiar en alguien más.
  • La gente será envidiosa.
  • Habrá muchos niños nacidos cuya esperanza de vida no será superior a 16 años.
  • Gente sufriendo de hambre y miedo buscará protección en refugios subterráneos.
  • Las muchachas jóvenes harán comercio con su virginidad.
  • El dios de las nubes será inestable en la distribución de las lluvias.
  • Los comerciantes harán negocios deshonestos.
  • Habrá muchos mendigos y gente desempleada.
  • Cada uno hará uso de un lenguaje duro y vulgar.
  • Los hombres se dedicarán a ganar dinero; los más ricos tendrán el poder.
  • Los líderes del Estado ya no protegerán a la gente, sino que, mediante impuestos, se apropiarán de toda la riqueza.
  • El agua escaseará.
  • [Y mi favorito:] Alimento pre-cocinado estará fácilmente disponible.

El hecho de que nuestro suministro de comida contenga muy poca nutrición y que esté lleno de toxinas me revela mucho sobre las frecuencias del Tiempo en el que vivimos.

La prostituta de babilonia.

In literatura on 9 enero 2015 at 14:31

La batalla se desarrollo en nuestras cabezas y en nuestros corazones y perdimos, el ego nos convirtió en victimas inconscientes pues nunca permitió que el espíritu se nutra con las experiencias entregadas por que siempre boicotea toda sabiduría que no incluya su propia satisfacción. Estamos tan hundidos en la esquizofrenia de nuestras historias personales que somos incapaces de ver la locura y la arrogancia de la que nos hemos hecho cómplices (absolutos) junto al retardado de gobernante principal (demiurgo) y como nuestros pensamientos se han vuelto ciegos, creemos que pensamos, pero irracionales, retardados y alelados como nos encontramos, nos creemos muy superiores y capaces, demasiado aburguesados para sublevarnos somos la prostituta de babilonia.

Mientras mejor lustres las botas al rey y sirvas al sistema, mejor pago estaras.

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