Nimius

Archive for 26 febrero 2015|Monthly archive page

Camino espiritual

In literatura on 26 febrero 2015 at 17:20

Un camino espiritual verdadero de Cristo y su Madre

In literatura on 25 febrero 2015 at 15:42

recomendado

El carnaval y porque adoramos a Saturno

In literatura on 17 febrero 2015 at 2:20

Las Lupercales eran un festival de fertilidad, tanto de animales, campos y personas, dedicado al dios Fauno (también llamado Pan) de gran y prolongada popularidad. Se celebraban el día 15 de febrero y eran fiestas lujuriosas, muy esperadas por los jóvenes, que elegían mujeres para que fueran sus compañeras de placer durante el año y que en muchas ocasiones terminaban por ser sus esposas. Para ello, introducían en una caja tarjetas con el nombre de las jóvenes. Por turno los varones metían la mano y sacaban el nombre de la “elegida”. La primera Lotería de la historia del occidente romano es por tanto un sorteo de mujeres.

d
La celebración empezaba en la sagrada cueva donde elFauno Luperco, tomando la forma de una loba, había amamantado a los gemelos Rómulo y Remo.

Se celebraban el dia 15 de febrero, con el sacrificio de un perro y una cabra como signo de purificación. A continuación cortaban la piel de los animales sacrificados en tiras, llamadasfebrua y se inciaba el frenesí donde los sacerdotes corrían armados con los trozos de piel bañados en sangre, con los que golpeaban a las mujeres. Estas lo agradecían en la creencia de que así serían más fértiles y su cuerpo estaría mejor preparado para el embarazo y el parto. Del nombre de estas correas ensangrentadas (februa o purificación en latín) procede la denominación del mes de Febrero.

<< Las Lupercalias dedicadas a Fauno que es el mismo dios Saturno de las Saturnalias

Las carnes de las mujeres acababan de color púrpura, color que acabó representando a las que ejercían la prostitución en general, en especial la prostitución sagrada con los sacerdotes lupercos, quienes eran llamadas Lupas (de ahí lo del lupanar) o Lobas. Paradójicamente, hoy en día el color púrpura es el color del feminismo.

d

<<< Si Shakira hubiera sabido el origen del calificativo femenino de “loba” quizás el disco se llamaría “Shakira la Gata”.

Con el auge del cristianismo, la iglesia quiso cristianizar esta festividad y sustituirla por el 14 de febrero, fecha en que había muerto martirizado San Valentín. Para ello propuso cambiar el sorteo de forma que lo que se escogía era el nombre de un Santo al que imitar durante todo el año. Imagino el entusiasmo con que chicos y chicas acogieron la nueva iniciativa, aunque la adaptaron a su modo: participaban en el sorteo y la tarjeta del Santo que les tocaba en suerte la enviaban a la muchacha que les gustaba con sus declaraciones de amor y pasión. Lacostumbre de enviar tarjetas de amor ha perdurado hasta nuestros dias, el sorteo se olvidó y san Valentín sustituyó al fauno Luperco.

Saturnalias, el Sorteo de Navidad

Entre los días 17 y 23 del mes de diciembre se festejaban las Saturnalias, origen romano de nuestra Navidad, aunque en realidad eran una mezcla de Navidad y Carnaval.Estaban dedicadas como no, a Saturno, a quien se ofrecía un sacrificio en su templo como preludio de un banquete y posterior fiesta de la más absoluta permisividad y libertinaje. Toda la vida en Roma se paralizaba, mercados, escuelas, Senado y Tribunales y se permitían todo tipo dejuegos de azar y apuestas. Era habitual encender velas y hacerse pequeños regaloso muñequitos de arcilla, precursores del belén y también hacer pequeñas bromas o inocentadas, precursoras de nuestro día de los inocentes.

¿Quién es el dios Saturno?fEl primer “Saturno”, que ha dado paso a un sinfín de dioses en posteriores civilizaciones y culturas, fue Ninnurta(Nin-Ur, Señor de la Tierra) era el dios de Nippur. Era el primogénito del “jefe” de uno de los dos clanes líderes de los diosistos/bestiario sumerio-anunnakis, el representado por la Luna, el Cielo y las Aves, Enlil quién más tarde adoptaría el papel de Jehová en el antiguo Testamento.A lo largo de los siglos, Saturno acabó siendo el dios más adorado en la antigüedad y aún hoy se le sigue adorando por igual en el Judaísmo, el Catolicismo y en el Islam. Incluso los ateos le rinden pleitesía de diferentes formas, como veremos a continuación.

f

En Fenicia Saturno fue adorado como Baal, dios cruel donde los haya, amante de sacrificios humanos especialmente niños, que eran arrojados vivos en un horno en el interior de sus estatuas, mientras trompetas y tambores ahogaban sus gritos y los de los padres.
Su especialidad era conseguir que los humanos sacrificaran a sus propios hijos, el no va más del placer que encuentran algunos en el sufrimiento ajeno. Se le representa como un toro o con cabeza de toro, costumbre lo que provenía de su padre, Enlil el “Toro del Cielo”.

g

En Grecia Saturno fue llamado Cronos, “tiempo”, esposo de Rea con quien engendró varios hijos. Cronos se los comió a todos tan pronto como nacieron, porque sabia que su destino era ser derrocado por uno de sus propios hijos. A todos menos a uno: Zeus, el que sería el líder del panteón griego del Olimpo, que se salvó gracias a que Rea dio a luz a escondidas y luego engañó a Cronos dándole una piedra envuelta en pañales, que éste engulló en seguida sin desconfiar.

<<<< El dios Cronos, o Saturno, tomando un tentempié.

Sacrificar o comer niños ha influido sin duda en que Saturno haya sido considerado desde siempre un planeta maléfico, demoníaco y destructivo. Incluso se le asimilado a Satán por la similitud del nombre y por los cuernos que lucía el dios Pan, la asimilación griega del dios Fauno de las Lupercalias.
De Pan podríamos decir que es un dios al que los españoles y sus descendientes americanos adoraríamos con sumo gusto, era popular su fama de irascible cuando se le molestaba durante su siesta, de ahí que nunca se debia de despertar a alguien durmiendo la siesta porque se podía interrumpír el sueño del dios Pan.

f

En cuanto al Dios Saturno en su nueva faceta de Fauno/Pan (protagonista de la fiesta de las Lupercalias, origen de los sorteos junto con las Saturnalias) apreciamos cierto cambio de estilo con una imagen muy rompedora con el pasado.

<<<< Izquierda: Fauno y su amante el pastor Dafnis. Derecha: El indolente Fauno Barberini obra restaurada por el gran Bernini encontrada en el castel Sant´Angelo, siniestro lugar relacionado con los sacrificios a Baal….

El planeta Saturno

Saturno es el sexto planeta desde el Sol, su día -el Saturn-day- o sábado, es el sexto día de la semana. Es un planeta único por sus anillos y por un extraordinario hexágono en su polo norte, una misteriosa perturbación atmosférica conicotoroidal de 30.000 km de longitud conocida desde hace treinta años. El hexágono es la figura geométrica que tiene 6 lados, 6 ángulos y 6 triángulos en su interior, por lo que se la asocia con el número de la Béstia, el 666. Será por eso que los ataúdes tienen forma hexagonal.

f

<<<<< El hexágono de Saturno, en la última y mejor imagen en color de la sonda Cassini

Saturno es el Sol Negro
d
El “Sol Negro” o “Rueda Solar” es un símbolo esóterico nórdico, que representaba el día del fin del mundo y al que posteriormente los nazis rindieron culto. Hoy en día sigue siendo usado por grupos neonazis.
Oculto tras el Sol visible, representa el camino de la iluminación… hacia la luz negra). También simboliza el portal por el cual los anunnakis llegaron y se fueron, pues simboliza un eclipse, de Saturno en concreto.

Lo más importante es que está formado por dos círculos concéntricos y que al tratarse de una rueda estará moviéndose tal y como sugiere el dibujo. Es decir,estamos ante una representación en 2D de las esferas cuánticas de la Loteria,del Vaticano y de la ONU.

d

<<<< El Sol Negro es un eclipse de Saturno. De ahí que Saturno sea negro y que el negro sea simbolo del “Mal”, pues a través de él llegó.

jj

El 13 de octubre del 2013, en Roma, se realizó la Consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de la virgen María, un ritual de cumplimiento del Tercer Secreto de Fátima … Fue el aniversario del milagro de la “Danza del Sol”, para algunos el el avistamiento OVNI más multitudinario de la historia.
Para la promoción de esta jornada de peregrinación mariana, tan importante por el ritual de “Solución Final” que se llevó a cabo en ella, se ha usado un cartel con un eclipse.

<<<< Cartel de la Consagración del Mundo al Inmaculado Corazón de la virgen de Fátima en Roma

d

<< en el año 2012, el de las profecías mayas, la Nasa cumplió sus 50 años con un póster sin desperdicio: El eclipse de Saturno

Saturno es también el nombre de los 13 cohetes del programa Apolo y por tanto los que permitieron al hombre llegar a la Luna. Hoy día sigue siendo el cohete más alto, más pesado y más potente que jamás haya sido utilizado.

“Un eclipse ocurre cuando la Tierra se oscurece por la interposición de un objeto entre la Luz y nosotros”.
(Es una buena descripción de la interminable enfermedad que padece este planeta eclipsado)

h

Eclipse de Saturno, el orígen de la adoración a Saturno y al sol Negro,
fotografía “oficial” de la NASA, sin retoques.

r

¿Por qué un eclipse?
Nuestro sistema solar está plagado de agujeros negros donde rigen las leyes de la mecánica cuántica. Mediante estos agujeros, son posibles fenómenos como el cambio de dimensión o los viajes espacio-tiempo.
En un eclipse, un astro o cuerpo de carga electromagnética se interpone y rompe el equilibro entre otros dos cuerpos y las respectivas fuerzas que les unen. La gran energía liberada, tan sólo por la diferencia de potencial y el gran cambio producido, es capaz de abrir un agujero negro, lo que se llama un “stargate”. Este es el camino que “Aquellos que del cielo a la tierra vinieron” usaron para venir y también para irse fisicamente la ultima vez. De ahí que este símbolo sea tan importante para ellos y también que el Sol haya sido siempre motivo de adoración en todas las civilizaciones. El Sol es una de las fichas habituales de este tres en raya interestelar y les identifica. El Sol y el Sol Negro…

w

<<<< El eclipse de Saturno, un recuerdo sentimental para “aquellos que del cielo a la tierra vinieron” o en otros términos: el OO. Origen de la Oscuridad en el planeta.

“Siempre que las estrellas estuvieran en posición, podían saltar de un mundo a otro a través de los cielos; mas cuando las estrellas no eran propicias, Ellos no podían vivir. Pero aunque no pudieran vivir, tampoco morirían realmente”. H.P. Lovecraft

Hoy en día…

A Saturno le adoran los Judíos

d

El Tefilín es una de los más importantes preceptos del judaísmo. Consiste en dos pequeñas cajas de cuero unidas con correas para poder sujetarlas al cuerpo. Cada una de las dos cajas contiene un pergamino con secciones de la Torá. Una de ellas se coloca sobre el brazo izquierdo, para que esté frente al corazón y se sujeta alrededor de la mano izquierda y del dedo medio. La otra caja (el “tefilín de la cabeza”) es puesta sobre la cabeza, por encima de la frente, así reposa sobre el cerebro. De esta manera la atención es dirigida a la cabeza, el corazón y la mano y “nos enseña a dedicarnos al servicio a Diós en todo lo que pensamos, sentimos y hacemos” (sic).

t

Al ser puesto en el brazo opuesto al corazón y sobre la cabeza, los Tefilínsignifican la sumisión de la mente, corazón y acciones al todopoderoso, como así también el gobierno del intelecto sobre las emociones. Es curiosa lasimilitud entre Tefilim y “Nefilim” el nombre con el que la Biblia cita a “Aquellos que del cielo a la tierra vinieron”,es decir aquellos que les han hecho creer que son el “todopoderoso” y que además se comportan como si lo fueran.

e

Saturno también está presente desde los días de antaño en la costumbre judía de mantener la cabeza cubierta en todo momento. Los judíos usan la kipá (literalmente, “cúpula” o el solideo que también usan en la iglesia católica) como símbolo de la conciencia de la existencia de un ser “superior” y de su sumisión a dicho ser.También es curioso que en vez de hablar de amor pongan tanto énfasis en la sumisión.

Hoy en día…

A Saturno le adoran los Musulmanes

d

Hubal es una de las principales divinidades preislámicas que era adorada fundamentalmente en la Meca. En el medio oriente era un dios lunar masculinoasociado con el dios semita Baal, sincretismo de Saturno, como ya hemos visto. De hecho Hubal se originó como “Hu-Baal”. Una gran estatua estaba del mismo en la Kaaba, su centro de culto antes de la reforma religiosa instituida por Mahoma en el año 630, quien la destruyó junto con las de los otros 360 ídolos presentes allí. A partir de Mahoma el dios del Islam pasó a ser Alá, que no es otro que B-ALA, BAAL.

De la presencia “divina” en ese lugar santo, da fé que la proporción entre la distancia entre La Meca>polo norte y entre La Meca>polo sur es de exactamente 1,618, es decir el número phi, el número áureo.

<<<< La media luna característica del Islam proviene del dios lunar de Hubal o Hu-Baal (Baal-Saturno) que luego seria Alá y también de su hermano Nannar-Sin, ambos del linaje sumerio anunnaki hijo de Enlil/Jehova representado por la Luna y las aves, aguilas principalmente.

d

<<<< Antiquísima figura del dios Alá, es su faceta precursora de Hubal, Hu-Baal.

La Kaaba es un edificio de piedra en forma de cubo, cubierto por una tela negra, que está en el centro Gran Mezquita de la Meca, el lugar sagrado de peregrinación de los musulmanes. Los millones de peregrinos que acuden cada año a la ciudad santa dan siete vueltas a su alrededor, apretujados y al unísono, de forma que crean una figura que evoca a Saturno y sus anillos.

t

<<<< Los peregrinos deben dar siete vueltas alrededor de este cubo negro de Saturno (la Kaaba) imitando de esta manera a los anillos de Saturno y creando un potente campo magnético.

d
En la esquina oriental de la Kaaba, se encuentra una estructura de plata a media altura con una muy explícita forma de vagina. En su interior está la Piedra Negra, una reliquia musulmana (regalo del arcángel Gabriel a Abraham), que los peregrinos intentan besar despues de dar las siete vueltas del ritual.
Se trata de un betilo o piedra sagrada, símbolo del arquetipo de la montaña sagrada. Como la mayoría de los Betilos, proviene de un meteorito y se le reverencia como símbolo de los dioses, es decir no se rinde culto a la piedra sino a la divinidad que alberga. Un caso parecido a los iconos rusos de la Virgen Maria o de las reliquias católicas

<<<< Urna de plata, en el ángulo de la Kaaba, que guarda en su centro la “Piedra Negra”, un meteorito.

h

La gran vagina que los musulmanes intentan besar en su pereginaje también evoca al símbolo por excelencia de la oscuridad: “el ojo que todo lo ve”, el “Ojo de Horus”…

El nombre de Kaaba procede de la diosa Cibeles, una evolución de la diosa Madre pre-indoeuropea, de nombre Kybeba o Kubaba, de donde deriva Kaaba. Cibeles, icono de la capital de españa está vinculada a otra “Piedra Negra” Ya en su nacimiento en Frigia, en la península de Anatolia, se la simbolizaba por una piedra sin tallar, un meteorito también. Más tarde en Grecia, Cibeles seria llamada Rea, esposa de Cronos/Saturno y madre de Zeus. Todo queda en casa.

d

¿Por qué Saturno se representa como un cubo negro si su figura es el hexágono?
En este dibujo se aprecia como el hexágono y el cubo, son la misma figura.
Saturno es el sexto planeta contando desde el sol, el hexágono tiene 6 lados, 6 ángulos, y 6 triángulos en su interior, mientras que el cubo tiene seis caras y al ser desplegado como para construirlo en papel, tiene forma de cruz. El negro es el color asignado a Saturno, en referencia al eclipse de Saturno de donde proviene “el lado oscuro” de su simbolismo.

La Piedra Negra o Piedra Angular

w
El culto a una piedra negra como “residencia” de dioses esta detrás del arquetipo de “La piedra Angular”, la base fundamental de un edificio y de laMasonería. Es la que hace esquina en un edificio, juntando dos paredes, como en la Kaaba.
La “piedra angular” está presente también en la cristiandad: “Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia”, es la supuesta frase con la que Jesús nombró a pedro como creador de una iglesia que él, en ningún momento, quiso crear.
La Piedra angular es también la Piedra Filosofal de los alquimistas y la “Roca de la Fundación”, parte central del Templo de Jerusalén sobre la que descansaba el Arca de la Alianza.

<<<< George Washington, reconocido Masón, colocando la primera piedra del Congreso de los EEUU en 1793, por J. Melins

Hoy en día…

A Saturno le adoran los Cristianos

ad

La cabeza de los miembros de algunas ordenes monásticas es una evocación a Saturno. el retrato es de San bernardo, verdadero fundador de la Orden del Temple y por tanto, estuvo en contacto directo con el O.O. Origen de la Oscuridad en este Planeta

h

El sombrero de los judíos ortodoxos evoca a Saturno negro y sus anillos, mientras que el birrete de los universitarios y las togas de los jueces evocan al mismo cubo negro de la Kaaba que los musulmanes adoran en la Meca.

d

La religión católica también esta impregnada del culto a Saturno, no en vano la Iglesia ha confundido al único Creador con Jehová.

Hoy en día…

A Saturno le adoran todos

g

Seguimos adorando a este dios y especialmente bailando y emborrachándonos en los sábados por la noche (Satur-day >> Saturn-day). Los tiempos no han cambiado demasiado…. bueno sí, antes el botellón no estaba multado.

d

Existen muchos cubos negros presentes en las grandes ciudades de los países -no musulmanes- del primer mundo. En la foto, los de Nueva York y Hamburgo.

h

Saturno el Señor de los anillos, excelente fábula sobre el bien y el mal.

d

<<< Nadie se libra del culto a Saturno

Saturno es el monolito de “2001 Una Odisea…”

Sin duda, “2001 Una Odisea en el Espacio” es una de las películas más enigmáticas de la historia del cine, que ha calado en el inconsciente de muchos de nosotros. su escena de la desconexión del superordenador Hal es realmente inolvidable.

w
Kubrik, gran conocedor del simbolismo masón, expresa la idea de que una inteligencia no humana ha intervenido en la evolución de la humanidad y larepresenta con un monolito negro, la misma figura que el cubo negro de la Meca, es decir Saturno, el planeta del eclipse. Además, la película incluye diversas imágenes de eclipses para que no pueda haber ninguna duda acerca del significado. Otros detalles significativos, como que el monolito siempre aparece acompañado de diversas conjunciones planetarias o que la cápsula de los astronautas usa un agujero de gusano para viajar, redundan en explicar como esos anunnakis llegaron y se fueron de la Tierra.

<<<< El símbolo del Eclipse de Saturno (Sol Negro) en la película 2001

f

En la primera parte de la película titulada “El amanecer del hombre”, Kubrik nos da más pistas aún. Uno de los monos que ha estado adorando al monolito, empieza a usar unos huesos como herramienta, al mismo tiempo que arranca una música para siempre ligada al film: “Así habló Zaratustra” de Richard Strauss.
Zaratustra, también conocido como Zoroastro, es el profeta persa fundador del Zoroastrismo (Mazdeísmo), una de las primeras religiones monoteístas basada en el culto a una deidad suprema llamada Aura Mazda en constante dialéctica entre el bien y el mal. Esta religión nació en el siglo X A.N.E., en el actual Irán, la antigua Sumeria y Babilonia hogar de Saturno y sus dioses paganos colegas. Ha sido el origen del Yazidismo que se practica en el Kurdistán (con importante conexión con las guerra de Irak y Siria ) y también del Mitraismo, religión que profesan en secreto los Jesuitas y del Catarismo la herejía del Sur de Francia que puso en jaque al catolicismo en el siglo XII.

2
El mono que descubre que el hueso puede ser una herramienta es la explicación de como los anunnakis -el monolito- ofrecieron la tecnología al ser humano, lo que le permitió un gran salto evolutivo. Cuando el mono aumenta su agresividad y lo convierte en una arma (se ve la muerte de otro animal intercalada) representa la otra gran herencia que hemos recibido de esa “inteligencia” oscura a la que se llama el OO. Origen de la Oscuridad en el planeta. Estoy hablando de la guerra, el peor regalo que pueda recibir alguien.
Sí señor, “2001” es el documental de historia más entretenido que se haya hecho nunca.

<<<< Momento en que el simio aprende lo que es un arma, minutos después de descubrir la herramienta.

La historia sigue con el hallazgo en la Luna del monolito que, una vez desenterrado, empieza a emitir una señal dirigida a Júpiter. Es importante saber que en el libro en que se basa el film (“El centinela” de Arthur C. Clarke), la misión es en realidad a Jápeto una de las lunas de Saturno, pero fue cambiado a Júpiter en las películas de Kubrick por la dificultad de reproducir sus anillos.

¿Saturno en los atentados del 11-S?

En la película 2001 existe una estación espacial que también funciona como un hotel orbital, cuyo nombre es Milenium… en la zona cero de los atentados de NuevaYork, justo en primera fila del gran solar que antes ocupaban las Torres Gemelas,existe un hotel cuya forma es casi igual a la del monolito negro de la película de Kubrik y su nombre también es Milenium, ¿casualidad?
g

<<<<< Izquierda, la torre sur desmoronándose justo detrás del Hotel Milenium. A la derecha, el Hotel contemplando el gran solar que ha quedado a sus pies. Se diría que alguien ha querido limpiar obstáculos para que podamos verlo bien y apreciar el gran parecido con esa inteligencia no humana simbolizada por el monolito de la película “2001, Odisea…”

d

<<<< La similitud entre ambos monolitos es evidente. La coincidencia de los nombres Milenium en la película y en la realidad hace el parecido aún más sospechoso.

¿Pero… no estábamos hablando de la Loteria?

l

El anuncio de este año de la Lotería, es un mensaje del regreso de los extraterrestres que nos quieren marcar el camino hacia una nueva tecnología que hace eones ya estuvo en la tierra, de su mano.
¿Acaso ha empezado la invasión ya?

d

<<<< “2001 Una Odisea en el Espacio”: los cinco astronautas posan delante del monolito, la “Piedra Negra” que simboliza a Saturno

Por cierto, la similitud entre “los cinco de la Lotería” y los cinco astronautas que recuperan el monolito (que está sus espaldas) corrobora nuestra teoría:La Lotería es un juego de Saturno, el Sol Negro

f

<<<<¿Sabía algo más el enigmático “el Calvo de la Lotería”?
¿Por qué siempre estaba rodeado de bolas y burbujas y vestía de negro?
Quizás estaba tratando de decirnos algo…

f

Dioses, Zodíacos, Loterías…todos buscamos el Dinero, muchos también el amor/compañía, el amor/sexo. el amor/pauta social, el amor/satisfaccion-de-mis-necesidades (hay 1.000 tipos de amor como mínimo).

el ser humano siempre busca el AMOR, pero lo busca fuera. A veces piensa que lo encontrará en un sorteo como en las ancentrales Lupercalias, orígen de la Lotería, pero olvida que lo guarda dentro, en ese hermosote campo toroidal cuyo centro es el corazón.

Y hasta que no recupere la consciencia de este hecho,
seguirá necesitando muchas loterías, muchos zodiacos y mucho prozac.

Artistas

In literatura on 10 febrero 2015 at 14:08

Los artistas son como los buenos publicistas, nos venden una revolución que nunca llegara.

Maxima

In literatura on 10 febrero 2015 at 14:07

Es una gran máxima que la naturaleza nos obedece en la misma proporción en la cual nosotros la obedecemos primero.

La Visión Cíclica de la Historia

In literatura on 8 febrero 2015 at 4:31

Savitri Devi – viernes, 6 de junio de 2014

El siguiente artículo escrito por Savitri Devi apareció publicado en 1948 en el periódico Volkfenew Dawn. Así dice en el sitio feastofhateandfear.com que fue donde lo encontramos, pero no logramos conseguir ninguna referencia extra sobre dicho periódico. Después de haberlo traducido vinimos a confirmar que este texto, con algunas pocas frases de menos, constituiría posteriormente el primer capítulo del libro The Lightning and the Sun (El Rayo y el Sol, 1958, escrito entre 1948 y 1956). Lo presentamos entonces como un artículo original separado, a pesar de lo que ya sabemos. Tampoco este texto abarca comprensivamente el tema enunciado en su título sino que realiza una especie de juicio a la modernidad.

La Visión Cíclica de la Historia

por Savitri Devi, 1948

La idea de progreso —un mejoramiento indefinido— es cualquier cosa menos moderna. Es probablemente tan antigua como el intento más antiguo y exitoso del hombre de mejorar su entorno material y aumentar, mediante la habilidad técnica, su capacidad de ataque y defensa. La habilidad técnica, durante muchos siglos al menos, ha sido demasiado preciosa para ser despreciada. No: cuando se ha desplegado en un grado extraordinario, más de una vez ha sido saludada como algo casi divino.

Maravillosas leyendas siempre han sido tejidas, por ejemplo, alrededor de tales hombres como se ha dicho, que, de alguna manera, han sido capaces de levantarse, físicamente, por encima de la tierra, ya sea Etana de Erech, quien se elevó al cielo “llevado sobre las alas del águila”, o el famoso Ícaro, el desafortunado precursor de nuestros aviadores modernos, o el hermano de Manco Capac, Auca, que se decía que había sido dotado de alas “naturales”, que finalmente fueron apenas mejores que las artificiales de Ícaro.

Pero aparte de tales hazañas increíbles de un puñado de individuos, los Antiguos en conjunto se distinguieron por muchos logros materiales. Ellos podrían jactarse del sistema de irrigación en Sumeria; de la construcción de pirámides que revelaron, tanto en Egipto como, siglos más tarde, en América Central, un conocimiento asombroso de datos astronómicos; de los cuartos de baño y desagües en el palacio de Knossos; de la invención del carro de guerra después del arco y la flecha, y del reloj de arena después del reloj de sol —suficiente para marearse de orgullo y exceso de confianza en el destino de sus respectivas civilizaciones.

Sin embargo, aunque ellos reconocieran completamente el valor de su propio trabajo en el campo práctico, y seguramente muy pronto concibieron la posibilidad —y quizás adquirieron la certidumbre— del progreso técnico indefinido, ellos nunca creyeron en el progreso como un todo, en el progreso en todos los frentes, como la mayor parte de nuestros contemporáneos parece hacer. De toda la evidencia se deduce que ellos se aferraron fielmente a la idea tradicional de la evolución cíclica y tuvieron, además de esto, el suficiente sentido común para confesar que (a pesar de todos sus logros) ellos no vivieron sino en el principio del prolongado proceso cuesta abajo constitutivo de su propio “ciclo” particular —y nuestro. Ya fueran hindúes o griegos, egipcios o japoneses, chinos, sumerios o antiguos americanos —o incluso romanos, los más modernos entre los pueblos de la Antigüedad—, todos ellos colocaron la “Edad de Oro”, la “Edad de la Verdad” (Satya-yuga), el gobierno de Kronos [Saturno] o de Ra, o de cualesquiera otros dioses en la Tierra —el glorioso comienzo del lento despliegue descendente de la Historia, cualquiera sea el nombre que se le dé— lejos detrás de ellos en el pasado.

Y ellos creían que el retorno de una Edad similar, pronosticada en sus respectivos textos sagrados y tradiciones orales, dependía no del esfuerzo consciente del hombre sino de leyes de hierro, inherentes a la naturaleza misma de la manifestación visible y tangible, y omnipresente; sobre leyes cósmicas. Ellos creían que el esfuerzo consciente del hombre es sólo una expresión de aquellas leyes en funcionamiento, que conducen al mundo, lo quiera éste o no, dondequiera que su destino esté; en una palabra, que la historia del hombre, como la historia del resto de la vida, era sólo un detalle en la historia cósmica sin comienzo ni final; un resultado periódico de la Necesidad interior que liga todos los fenómenos en el Tiempo.

Y tal como los Antiguos podían aceptar aquella visión de la evolución del mundo mientras tomaban ventaja plena de todo el progreso técnico dentro de su alcance, del mismo modo así lo hacen hasta el día de hoy miles de hombres criados en el seno de las antiguas culturas centradas alrededor de las mismas tradicionales visiones, y, también, en el regazo de las culturas industriales excesivamente orgullosas, unos cuantos individuos dispersos capaces de pensar por sí mismos. Ellos contemplan la historia de la Humanidad en una perspectiva similar.

Viviendo, aparentemente, como hombres y mujeres “modernos” —usando ventiladores y planchas eléctricas, teléfonos y trenes, y aviones cuando ellos pueden permitírselo— ellos alimentan en sus corazones un profundo desprecio por la vanidad pueril y las esperanzas hinchadas de nuestra época, y por las distintas recetas para “salvar a la Humanidad” que celosos filósofos y políticos ponen en circulación. Ellos saben que nada puede “salvar a la Humanidad”, ya que la Humanidad está alcanzando el final de su ciclo actual. La ola que la transportó, durante tantos milenios, está a punto de romperse, con toda la furia de la velocidad adquirida, y de mezclarse una vez más en la profundidad del Océano inmutable de la existencia indiferenciada. Se elevará otra vez, algún día, con abrupta majestad, ya que tal es la ley de olas. Pero mientras tanto nada puede ser hecho para detenerla. Los desafortunados —los tontos— son aquellos hombres que, por alguna razón bien conocida por ellos —probablemente debido a su valoración exagerada de lo que se va a perder en el proceso—, quisieran detenerla. Los privilegiados —los sabios— son aquellos pocos quienes, estando totalmente conscientes de la inutilidad creciente de la Humanidad actual y de su muy aplaudido “progreso”, saben cuán poco se va a perder en el próximo colapso, y lo esperan con una gozosa expectativa como la condición necesaria de un nuevo principio, una nueva “Edad de Oro”, la cresta iluminada por el sol de la siguiente prolongada ola descendente sobre la superficie del interminable Océano de la Vida.

Para aquellos privilegiados —entre quienes nos contamos— la sucesión entera de “acontecimientos actuales” aparece en una perspectiva completamente diferente de la de los desesperados creyentes en el “progreso”, o de aquella gente que, aunque acepta la visión cíclica de la Historia y por lo tanto considera el colapso próximo como inevitable, siente pena de ver la civilización en la cual ellos viven precipitarse hacia su perdición

Para nosotros, los altisonantes “ismos” a los cuales nuestros contemporáneos nos piden dar nuestra lealtad, ahora, en 1948, son todos igualmente vanos: destinados a ser traicionados, derrotados, y finalmente rechazados por los hombres en general, si es que contienen algo realmente noble: destinados a disfrutar, por el momento, alguna clase de éxito ruidoso, si son lo suficientemente vulgares, pretenciosos y matadores de almas para apelar al número creciente de esclavos mecánicamente condicionados que se arrastran sobre nuestro planeta y que se hacen pasar por hombres libres; todos destinados a demostrar, en definitiva, que no sirven para nada.

Las religiones consagradas por el tiempo, pasando rápidamente de moda mientras los “ismos” actuales llegan a ser cada vez más populares, no son menos vanas, si es que no más: marcos de superstición organizada desprovistos de todo verdadero sentimiento de lo divino, o —entre gente más sofisticada— meros aspectos convencionales de la vida social, o sistemas éticos (y de una ética muy elemental) sazonados con una salpicadura de anticuados ritos y símbolos de los cuales difícilmente alguien se molesta en buscar el sentido original: dispositivos en las manos de los hombres inteligentes que están en el poder, para adormecer a los tontos y llevarlos a una obediencia permanente; nombres convenientes, alrededor de los cuales puede ser fácil reunir aspiraciones nacionales convergentes o tendencias políticas; o sólo el último recurso de débiles y excéntricos: esto es, prácticamente, todo lo que esas religiones son —todo a lo que ellas han sido reducidas en el curso de unos siglos— en su mayoría. Ellas están muertas; de hecho, tan muertas como los viejos cultos que florecieron antes de ellas, con la diferencia de que aquellos cultos han dejado hace mucho tiempo de exhalar el hedor de la muerte, mientras ellas (las llamadas “vivas”) están todavía en la etapa en la cual la muerte es inseparable de la corrupción. De ninguna —ni del cristianismo ni del Islam, ni siquiera del budismo— puede esperarse ahora que “salve” algo de aquel mundo que alguna vez en parte conquistaron; ninguna tiene algún lugar normal en la vida “moderna”, que es esencialmente carente de toda conciencia de lo eterno.

No hay ninguna actividad en la vida “moderna” que no sea vana, salvo quizá aquella que tiene por objetivo la satisfacción del hambre corporal de alguien: el cultivo de arroz, el cultivo de trigo, la recolección de castañas en los bosques o de papas en alguna huerta. Y la única política sensata es dejar que las cosas sigan su curso y esperar al Destructor que viene, que está destinado a limpiar el terreno para la construcción de una nueva “Era de la Verdad”: aquel a quien los hindúes llaman Kalki y a quien saludan como la décima y última encarnación de Vishnú, el Destructor cuyo advenimiento es la condición de la preservación de la vida, según las leyes eternas de la Vida.

Sabemos que todo esto parecerá una completa locura a aquellos, cada vez más numerosos, que, a pesar de los horrores indecibles de nuestra época, están convencidos de que la Humanidad está “progresando”. Aparecerá como cinismo incluso a muchos de aquellos que aceptan nuestra creencia en la evolución cíclica, que es la creencia universal y tradicional expresada en forma poética en todos los textos sagrados del mundo, incluída la Biblia. No tenemos nada para responder a esta posible última crítica, ya que está completamente basada sobre una actitud emocional que no es la nuestra. Pero podemos tratar de señalar la vanidad de la creencia popular en el “progreso”, aunque ello sólo sea a fin de acentuar la racionalidad y la fuerza de la teoría de los ciclos.

Argumentos

Los exponentes de la creencia en el “progreso” presentan muchos argumentos para demostrar —ante ellos mismos y ante otros— que nuestros tiempos, con todos sus indiscutibles inconvenientes, son en general mejor que cualquier época del pasado, e incluso que ellos muestran signos definidos de mejoramiento. No es posible analizar todos sus argumentos detalladamente, pero uno puede descubrir fácilmente las falacias escondidas en los más extendidos y, aparentemente, más “convincentes” de ellos.

Todos los abogados del “progreso” ponen un gran énfasis sobre cosas tales como el alfabetismo, la “libertad” individual, la igualdad de oportunidades para todos los hombres, la tolerancia religiosa y la “Humanidad”, el progreso de la cual cubre todas tales tendencias, que encuentran su expresión en la moderna preocupación por la protección de la infancia, en las reformas carcelarias, en mejores condiciones de trabajo, en la ayuda estatal al enfermo e indigente y, si no una mayor bondad, al menos una menor crueldad hacia los animales. Los sorprendentes resultados obtenidos, en años recientes, en la aplicación de descubrimientos científicos a actividades prácticas industriales y de otro tipo son, por supuesto, los más populares de todos los casos esperados para mostrar cuán maravillosos son nuestros tiempos. Pero no hablaremos de ese punto, por cuanto hemos dejado claro ya que de ningún modo negamos o minimizamos la importancia del progreso técnico. Lo que negamos realmente es la existencia de cualquier progreso en absoluto en el valor del Hombre como tal, individual o colectivamente, y nuestras reflexiones sobre el alfabetismo universal y otros “signos” muy elogiados de mejoramiento de lo cual nuestros contemporáneos se sienten orgullosos, surgen todas de aquel punto de vista.

Creemos que el valor del Hombre —como el valor de cada criatura, en última instancia— radica no en el mero intelecto sino en el espíritu; en la capacidad para reflejar aquello que, a falta de una palabra más precisa, hemos decidido llamar “lo divino”, es decir, lo que es verdadero y hermoso más allá de toda manifestación; aquello que permanece eterno (y por lo tanto inalterable) dentro de todos los cambios…

¿Progreso? Es verdad que hoy, al menos en todos los países altamente organizados (típicamente “modernos”), casi todos pueden leer y escribir. ¿Pero qué hay con eso?. Ser capaz de leer y escribir es una ventaja, y una considerable. Pero eso no es una virtud. Es una herramienta y un arma; un medio para un objetivo; una cosa muy útil, sin duda; pero no un fin en sí mismo. El valor último del alfabetismo depende del fin para el cual es usado. ¿Y con qué objetivo es generalmente usado hoy? Es usado para fines prácticos o de entretenimiento por aquellos que leen; para algún anuncio o alguna propaganda objetable —para algo rentable o para conseguir poder— por aquellos que escriben; a veces, por supuesto, por ambos, para adquirir y difundir el conocimiento desinteresado de las pocas cosas dignas de ser conocidas: para encontrar la expresión o darle alguna a los pocos sentimientos profundos que pueden elevar a un hombre hasta la conciencia de las cosas eternas, pero no más a menudo que en los días en que un hombre entre diez mil podía entender el simbolismo de la palabra escrita. Generalmente, hoy, la persona a quien la educación obligatoria ha hecho “letrada”, usa la escritura para comunicar asuntos personales a amigos y parientes ausentes, para llenar formas —una de las ocupaciones internacionales de la civilizada Humanidad moderna— o para confiar la memoria de pequeñas cosas prácticas, cosas por otra parte insignificantes, como el domicilio de alguien o un número de teléfono, o la fecha de alguna cita con el peluquero o el dentista, o la lista de la ropa limpia de la lavandería. Él o ella leen “para pasar el tiempo” porque, fuera de las horas del trabajo monótono, el mero pensamiento ya no es intenso ni lo suficientemente interesante para servir a aquel objetivo.

Sabemos que hay también gente cuyas vidas enteras han sido dirigidas hacia algún destino hermoso por un libro, un poema —una mera frase— que hubieran leído en su infancia distante, como Schliemann, quien generosamente gastó en excavaciones arqueológicas su riqueza reunida con paciencia y resueltamente en cuarenta años de un pesado y agotador trabajo, todo por la impresión que dejó sobre él, cuando muchacho, la inmortal historia de Troya. Pero tal tipo de gente siempre ha existido, incluso antes de que la educación obligatoria se pusiera de moda. Y las historias escuchadas y recordadas no eran menos inspiradoras que las historias ahora leídas. La verdadera ventaja del alfabetismo general, si tiene alguna, debe ser buscada en otra parte. Consiste no en la mejor calidad ya de hombres y mujeres excepcionales o de los millones alfabetizados sino más bien en el hecho de que estos últimos están rápidamente llegando a ser intelectualmente más perezosos y por lo tanto más crédulos que nunca —y no menos— y más fácilmente engañados, más propensos a ser conducidos como ovejas sin siquiera la sombra de una protesta, a condición de que todo sinsentido que se les quiera hacer tragar les sea presentado en forma impresa y con una apariencia de “científico”. Mientras más alto el nivel general de alfabetismo, más fácil es, para un gobierno que controle la prensa diaria, la radio y la industria editorial —estos casi irresistibles modernos medios de acción sobre la mente— mantener a las masas y a la clase intelectual bajo su pulgar, sin que ellos siquiera lo sospechen.

Entre gente ampliamente analfabeta pero más activamente pensadora, abiertamente gobernada en una manera más autocrática, un profeta, portavoz directo de los dioses o de aspiraciones colectivas genuinas, siempre podría esperar elevarse entre la autoridad secular y el pueblo. Los sacerdotes mismos nunca podían estar completamente seguros de mantener a la gente en la obediencia para siempre. La gente podía decidir escuchar al profeta, si les gustara. Y a veces ellos lo hicieron. Hoy en día, en que el alfabetismo universal es prevaleciente, inspirados exponentes de la verdad eterna —profetas— o incluso defensores desinteresados de cambios prácticos oportunos, tienen cada vez menos posibilidades de aparecer. El pensamiento sincero, el verdadero pensamiento libre, listo, en nombre de una autoridad sobrehumana o del humilde sentido común, para cuestionar el fundamento de lo que es oficialmente enseñado y generalmente aceptado, es cada vez menos probable que prolifere.

Es, repetimos, mucho más fácil esclavizar a un pueblo alfabetizado que a uno analfabeto, por extraño que esto pueda parecer a primera vista. ¡Y la esclavitud es probable que sea más duradera!. La verdadera ventaja del alfabetismo universal es apretar más las garras del poder gobernante sobre los millones de tontos y vanidosos. Eso es probablemente por qué es repetido sobre nuestras cabezas, desde la infancia en adelante, que el “alfabetismo” es una bendición. La capacidad de pensar por uno mismo es, sin embargo, la verdadera bendición. Y aquello siempre fue y siempre será el privilegio de una minoría, alguna vez reconocida y respetada como una élite natural. Hoy, la educación obligatoria de masas y una literatura cada vez más estandarizada para el consumo de cerebros “condicionados” —signos sobresalientes del “progreso”— tienden a reducir a aquella minoría a las más pequeñas proporciones posibles; y en último término, para suprimirla totalmente. ¿Es esto lo que la Humanidad quiere?. De ser así, la Humanidad está perdiendo su razón de ser, y mientras más pronto llegue el final de esta supuesta “civilización”, mejor.

Lo que hemos dicho del alfabetismo puede ser repetido en términos generales de aquellas otras dos glorias principales de la moderna Democracia: la “libertad individual” y la igualdad de oportunidades para cada persona. La primera es una mentira, y una mentira cada vez más siniestra, por cuanto los grilletes de la educación obligatoria están siendo cada vez más irremediablemente sujetados alrededor del ser entero de la gente. La segunda es un absurdo.

Una de las más divertidas inconsistencias del ciudadano promedio del mundo industrializado moderno es la forma en la cual él critica todas las instituciones de las más antiguas y mejores civilizaciones, tales como el sistema de castas de los hindúes o el absorbente culto a la familia del Lejano Oriente, a causa de que éstos tienden a disminuír la “libertad del individuo”. Él no comprende cuán severas —no: cuán aniquilantes— son las órdenes de la autoridad colectiva a la que él obedece (la mitad del tiempo, inconscientemente) comparadas con aquellas de las autoridades colectivas tradicionales, en sociedades aparentemente menos “libres”. A la gente controlada por la casta o por la familia, de India o del Lejano Oriente, podría no permitírsele hacer todo lo que ella quisiera, en muchas materias relativamente insignificantes y en unos cuantos asuntos realmente de suma importancia en su vida diaria, pero a ellos se les deja creer lo que les guste, o mejor dicho lo que ellos puedan creer; sentir según su propia naturaleza y expresarse libremente sobre un gran número de asuntos esenciales; se les permite conducir su vida superior en la manera que ellos juzguen más sabia para ellos, después de que sus deberes con la familia, la casta y el rey han sido cumplidos.

El individuo que vive conforme a la regla de hierro y de acero del moderno “progreso” puede comer lo que quiera que imagine (en alto grado) y casarse con quien desee —¡lamentablemente!— e ir dondequiera que guste (en teoría al menos), pero él está hecho para aceptar, en todos los asuntos extra-individuales —materias que, para nosotros, realmente cuentan—, las creencias, la actitud frente a la vida, la escala de valores y, en un alto grado, las opiniones políticas, que tienden a reforzar el poderoso sistema socio-económico de explotación al cual él pertenece (al cual él está obligado a pertenecer, a fin de ser capaz de vivir) y en el cual él es un mero engranaje. Y lo que es más, él está hecho para creer que es un privilegio suyo ser un engranaje en tal organismo, y que los asuntos sin importancia en los cuales él siente que es su propio amo son, en efecto, los más importantes, los únicos realmente importantes. A él se le enseña a no valorar aquella libertad del juicio sobre la verdad, la estética, la ética o la metafísica finales, de las cuales él es sutilmente privado. Más aún: a él se le dice —en los países democráticos por lo menos— que es libre en todos los aspectos; que él es “un individuo, responsable ante nadie excepto ante su propia conciencia”… ¡después de que años de un astuto condicionamiento han moldeado su “conciencia”!; y todo su ser está tan completamente de acuerdo con el modelo, que ya no es capaz de reaccionar de una manera diferente. ¡Bien puede tal hombre hablar de la “presión sobre el individuo” en cualquier sociedad, antigua o moderna!.

Uno puede comprender hasta qué grado las mentes masculinas han sido doblegadas, tanto por un condicionamiento deliberado como por uno inconsciente, en el mundo en el cual vivimos hoy, cuando uno encuentra a gente que nunca ha estado bajo la influencia de la civilización industrial, o cuando uno resulta que es lo bastante afortunado como para haber desafiado, desde la infancia en adelante, la perniciosa presión de la educación estandarizada y ha permanecido libre entre la muchedumbre de aquellos que reaccionan como se les enseñó, en todos los asuntos fundamentales. El abismo que existe entre el que piensa y el irreflexivo, entre el libre y los esclavos, es espantoso.

En cuanto a la “igualdad de oportunidades”, no puede haber tal cosa de ninguna manera, hablando realmente. Produciendo a hombres y mujeres diferentes tanto en grado como en calidad de inteligencia, sensibilidad y poder de voluntad, diferentes en carácter y temperamento, la Naturaleza misma les da las oportunidades más desiguales de realizar sus aspiraciones, cualesquiera sean éstas. Una persona sobre-emocional y más bien débil no puede concebir, por ejemplo, ni el mismo ideal de felicidad ni tener posibilidades iguales de alcanzarla en la vida, como el de quien nace con una naturaleza más equilibrada y una voluntad más fuerte. Es obvio…

Lo que nuestros contemporáneos quieren decir cuando ellos hablan de la “igualdad de oportunidades” es el hecho de que, en la sociedad moderna —así dicen ellos— cualquier persona tiene tantas posibilidades como su vecino de mantener una posición y hacer el trabajo para el cual está naturalmente capacitado. Pero eso también es sólo en parte verdadero, puesto que cada vez más, el mundo de hoy —el mundo dominado por la industria a gran escala y la fabricación en serie— puede ofrecer sólo empleos en los cuales lo mejor de sí mismos de los trabajadores juega una parte muy menor o ninguna si se es algo más que una persona simplemente lista y materialmente eficiente. El artesano hereditario, que podía encontrar la mejor expresión para lo que es adecuadamente llamado su “alma” en su obra diaria de tejido, fabricación de alfombras, trabajo de esmalte, etcétera…, incluso el labrador de la tierra, en contacto personal con la Madre Tierra y el Sol y las estaciones, está llegando a ser cada vez más una figura del pasado. Hay cada vez menos oportunidades, también, para el buscador sincero de la verdad —orador o escritor— que rechaza convertirse en el expositor de ideas ampliamente aceptadas, productos de condicionamiento de masas, para lo cual no está disponible; para el buscador de la belleza que rechaza doblegar su arte a las demandas del gusto popular que sabe que son de mal gusto. Dicha gente tiene que gastar la mayor parte de su tiempo haciendo ineficientemente —y de mala gana— algún trabajo para el cual no está capacitada, a fin de vivir, antes de que ellos puedan dedicar el resto de ello a lo que los hindúes llamaría su sadhana, el trabajo para el cual su naturaleza más profunda los ha destinado, la dedicación de su vida.

La idea de la moderna división del trabajo, condensada en la frase citada a menudo “el hombre correcto en el lugar correcto”, se reduce, en la práctica, al hecho de que cualquier hombre —cualquiera de los millones de torpes y faltos de criterio— puede ser “condicionado” para ocupar cualquier lugar, mientras los mejores de los seres humanos, los únicos que todavía justifican la existencia de las especies cada vez más degeneradas, no son permitidos en ningún lugar en absoluto. Progreso…

¿Tolerancia?

Queda la “tolerancia religiosa” de nuestros tiempos y su “humanidad”, comparada con la “barbarie” del pasado. ¡Dos chistes, por decir lo menos!.

Recordando algunos de los horrores más espectaculares de la Historia —la quema de “herejes” y “brujas” en la estaca; la masacre al por mayor de “paganos”, y otras manifestaciones no menos repulsivas de la civilización cristiana en Europa, la conquistada América, Goa, y otras regiones—, el hombre moderno está lleno de orgullo por el “progreso” llevado a cabo, en una línea al menos, desde el final de la Época Oscura del fanatismo religioso. Con todo lo malos que ellos puedan ser, nuestros contemporáneos se han criado, en cualquier caso, en el hábito de torturar a la gente por insignificancias tales como su concepción de la Santa Trinidad o sus ideas sobre la predestinación y el Purgatorio. Tal es el sentimiento del hombre moderno, porque las cuestiones teológicas han perdido toda importancia en su vida. Pero en los días en que las iglesias cristianas se perseguían unas a otras e instaban a la conversión de las naciones paganas por medio de sangre y fuego, tanto los perseguidores como los perseguidos, tanto los cristianos como aquellos que deseaban permanecer fieles a credos no-cristianos, consideraban tales asuntos como vitales de una manera u otra. Y la verdadera razón por la cual nadie es puesto para ser torturado, hoy, por su creencias religiosas, no es que la tortura como tal se haya hecho desagradable para cada uno, en la “avanzada” civilización del siglo XX, ni que los individuos y los Estados se hayan hecho “tolerantes”, sino sólo que, entre aquellos que tienen el poder de infligir el dolor, difícilmente alguien toma algún interés vivo y vital en la religión, mucho menos en la teología.

La supuesta “tolerancia religiosa” practicada por los Estados e individuos modernos surge de cualquier cosa menos de una comprensión inteligente y un afecto hacia todas las religiones como expresiones diversas y simbólicas de las mismas pocas verdades esenciales y eternas… Es más bien el resultado de un desprecio groseramente ignorante hacia todas las religiones; de la indiferencia a aquellas mismas verdades que sus distintos fundadores se esforzaron por reafirmar, una y otra vez. No es tolerancia en absoluto.

Para juzgar cuánto derecho tienen o no nuestros contemporáneos a jactarse de su “espíritu de tolerancia”, lo mejor es mirar su comportamiento hacia aquellos a quienes ellos decididamente consideran como enemigos de sus dioses: los hombres que resultan sostener opiniones contrarias a las suyas acerca no de alguna nimiedad teológica, en la cual ellos no están interesados, sino de alguna ideología política o sociopolítica que ellos consideran como “una amenaza para civilización” o como “el único credo mediante el cual la civilización puede ser salvada”. Nadie puede negar que en tales circunstancias, y especialmente en tiempos de guerra, todos ellos llevan a cabo —en la medida en que tienen el poder— o justifican —en la medida en que ellos no tienen, ellos mismos, la oportunidad de llevar a cabo— acciones tan feas, bajo todos los conceptos, como aquellas ordenadas, realizadas o toleradas en el pasado, en nombre de diferentes religiones (si es que estas últimas en efecto son feas). La única diferencia es, quizá, que las modernas atrocidades a sangre fría sólo llegan a ser conocidas cuando los poderes ocultos que están en control de los medios del condicionamiento del rebaño —de la prensa, la radio y el cine— deciden, con fines de cualquier tipo salvo “humanitarios”, lo que ellas deberían ser, es decir, cuando ellas resultan ser las atrocidades de los enemigos, no las propias —ni las de los “valientes aliados” de uno—, y cuando se piensa, por lo tanto, que su historia es “buena propaganda”, debido a la corriente de indignación que se espera que ello cree y del nuevo incentivo que se espera que ello dé al esfuerzo de la guerra.

Además, después de una guerra, luchada o supuestamente habiendo sido luchada por una ideología —el equivalente moderno de los amargos conflictos religiosos de antaño—, los horrores que correcta o equivocadamente se ha dicho que han sido perpetrados por los vencidos, son los únicos a ser difundidos por todo el mundo, mientras que los vencedores intentan, con tanta fuerza como pueden, hacer creer que su Alto Comando al menos nunca cerró sus ojos ante algún horror similar. Pero en la Europa del siglo XVI, y antes, y entre los guerreros del Islam que condujeron la “yihad” contra hombres de otra fe, cada lado estaba bien consciente de los atroces medios usados, no sólo por sus oponentes para sus “sucios fines”, sino por su propia gente y sus propios líderes a fin de “desarraigar la herejía” o “luchar contra el papismo”. El hombre moderno es más un cobarde moral. Él quiere las ventajas de la intolerancia violenta —la que es sólo natural— pero rehúye la responsabilidad de ello. Progreso, eso también.

¿Humanidad?

La llamada “humanidad” de nuestros contemporáneos (comparados con sus antepasados) es sólo falta de coraje o la carencia de sentimientos fuertes, cobardía creciente o apatía creciente.

El hombre moderno es muy escrupuloso cuando se trata de atrocidades —incluso acerca de la brutalidad ordinaria y poco imaginativa— sólo cuando resulta que los objetivos para los cuales las acciones atroces o simplemente brutales son realizadas le son odiosos o indiferentes. En todas las otras circunstancias él cierra sus ojos a cualquier horror, especialmente cuando él sabe que las víctimas nunca pueden desquitarse (como es el caso con todas las atrocidades cometidas por el hombre sobre los animales, para cualquier objetivo que sea) y él exige, a lo más, que no se las recuerden demasiado a menudo y demasiado ruidosamente. Él reacciona como si clasificara las atrocidades según dos especies: las “inevitables” y las evitables. Las “inevitables” son aquellas que sirvieron o se supone que sirvieron para el propósito del hombre moderno —generalmente el “bien de la Humanidad” o el “triunfo de la Democracia”. Ellas son toleradas… no: justificadas. Las “evitables” son aquellas que son cometidas ocasionalmente, o que se dice que son cometidas por gente cuyo objetivo es ajeno a este hombre moderno. Sólo ellas son condenadas, y sus autores reales o supuestos —o inspiradores— etiquetados por la opinión pública como “criminales contra la Humanidad”.

¿Cuáles son, en cualquier caso, los supuestos signos de aquella maravillosa “humanidad” del hombre moderno, según aquellos que creen en el progreso?. Ya no tenemos hoy —dicen ellos— las horrorosas ejecuciones de los tiempos antiguos; los traidores ya no son “colgados, arrastrados y descuartizados” como era la costumbre en la gloriosa Inglaterra del siglo XVI. Algo que se asemejara en el aspecto siniestro a la tortura y la ejecución de François Damien, en la plaza central de París, ante miles de personas que intencionadamente fueron a verlo, el 28 de Mayo de 1757, sería impensable en la Francia moderna. El hombre moderno tampoco apoya la esclavitud, ni justifica (en teoría, al menos) la explotación de las masas bajo ninguna forma. Y sus guerras —incluso sus guerras, monstruosas como ellas pueden parecer, con su elaborado aparato de una costosa maquinaria endemoniada— están comenzando a admitir, dentro de su código (así dice uno), alguna cantidad de humanidad y justicia. El hombre moderno está horrorizado de sólo pensar en el tiempo de guerra, hábitos de los pueblos antiguos, en el sacrificio de doce jóvenes troyanos a la sombra del héroe griego Patroclo, para no hablar de los sacrificios mucho menos antiguos pero mucho más atroces de los prisioneros de guerra al dios azteca de la guerra Huitzilopochtli. (Pero los aztecas, aunque relativamente modernos, no eran cristianos, ni, por lo que sabemos, creyentes en todo el progreso circular). Finalmente —uno dice— el hombre moderno es más amable, o menos cruel, con los animales que lo que lo eran sus antepasados.

Sólo una enorme cantidad de prejuicio a favor de nuestros tiempos puede posibilitar que uno sea engañado por tales falacias.

Ciertamente el hombre moderno no apoya la esclavitud; él la denuncia vehementemente. Pero él la practica sin embargo —y en una escala más grande que nunca, y mucho más completamente que los antiguos alguna vez pudieron—, ya en el Occidente capitalista o en los trópicos, o (de lo que uno oye desde fuera de sus paredes impenetrables) incluso en el Estado que se supone que es hoy el “paraíso de los trabajadores”. Hay diferencias, por supuesto. En la Antigüedad, hasta el esclavo tenía horas de ocio y alegría que eran todas propias; él tenía sus juegos de dados a la sombra de las columnas del pórtico de su amo, sus chistes gruesos, su charla libre, su vida libre fuera de su rutina cotidiana. El esclavo moderno no tiene el privilegio de la holgazanería, completamente despreocupada, durante media hora. Su supuesto ocio en sí mismo está o lleno de un entretenimiento casi obligatorio, tan exigente y a menudo tan aburrido como su trabajo, o —en las “tierras de la libertad”— envenenado por las preocupaciones económicas. Pero él no es abiertamente comprado y vendido. ¡Él es sólo tomado!. Y tomado, no por un hombre de algún modo al menos superior a él, sino por un enorme sistema impersonal sin un cuerpo al cual patear o sin un alma para condenar o una cabeza para que responda por su maldad.

Y del mismo modo, los viejos horrores sin duda no han desaparecido de los registros de la supuesta Humanidad civilizada, tanto en cuanto a justicia como en cuanto a guerra. Pero épocas nuevas y peores, desconocidas para los tiempos “bárbaros”, se han instalado sigilosamente en su lugar…

Y, bastante curiosamente —aunque (ellos dicen) ellos “odian tales cosas”— un número considerable de hombres y mujeres de hoy, mientras que carecen de las agallas para cometer acciones horribles personalmente, parecer estar tan dispuestos como siempre a mirarlas ser realizadas o, al menos, a pensar en ellas y a deleitarse con ellas, y disfrutarlas por cuenta ajena, de serles negado el placer mórbido de mirarlas…

Tales son también los millones de gente, hasta ahora “civilizada” y aparentemente benigna, que se revelan a sí mismos en su luz apropiada apenas una guerra estalla, es decir, apenas ellos se sienten animados a mostrar el tipo más repulsivo de imaginación en descripciones competitivas de qué torturas cada uno de ellos infligiría sobre los líderes del enemigo, si él —o más a menudo ella— tuviera una mano libre. Tales son, en el fondo, todos aquellos que se deleitan con los sufrimientos del enemigo caído después de una guerra victoriosa. Y ellos son también millones: millones de salvajes sustitutos, significando al mismo tiempo crueles —poco viriles— a quienes los guerreros de las llamadas épocas “bárbaras” habrían despreciado completamente…

La “Edad Oscura”

Tal mundo bien puede jactarse de su tierno cuidado por perros y gatos de competición y por animales mascotas en general, mientras trata de olvidar (y hacer que las mejores civilizaciones olviden) el hecho horrible de un millón de criaturas vivisectadas cada año, sólo en Gran Bretaña. No puede hacernos pasar por alto sus horrores ocultos y convencernos de su “progreso” en bondad hacia los animales, más que de su bondad creciente hacia la gente “independientemente de su credo”. Rechazamos ver en ello algo más que la más oscura evidencia viva de lo que los hindúes han caracterizado desde tiempo inmemorial como “Kali-yuga“, la “Edad Oscura”, la Era de la Tiniebla, la última (y, por suerte, la más corta) subdivisión del actual ciclo de la Historia.

No hay ninguna esperanza de “poner derechas las cosas” en tal época. Es, esencialmente, la edad tan enérgica aunque lacónicamente descrita en el Libro de libros —el Bhagavad-Gita— como aquella en la cual “de la corrupción de las mujeres procede la confusión de las castas; de la confusión de las castas, la pérdida de la memoria; de la pérdida de la memoria la carencia de entendimiento; y de todo esto, todos los males”; la edad en la cual la falsedad es llamada “la verdad” y la verdad perseguida como la falsedad o burlada como si fuese locura; en la cual los exponentes de la verdad, los líderes divinamente inspirados, los verdaderos amigos de todo lo viviente —los hombres divinos— son derrotados, y sus seguidores son humillados y su memoria difamada, mientras los maestros de las mentiras son aclamados como “salvadores”; la edad en la cual cada hombre y mujer está en el lugar equivocado, y el mundo está dominado por individuos inferiores y doctrinas viciosas, siendo todo parte inherente de un orden de fealdad connatural mucho peor que la anarquía completa.

Ésta es la época en cual nuestros triunfantes demócratas y nuestros esperanzados comunistas se jactan del “progreso lento pero continuo por medio de la ciencia y la educación”. ¡Muchísimas gracias por tal “progreso”!. La mera vista de ello es suficiente para confirmarnos en nuestra creencia en la inmemorial teoría cíclica de la Historia, ilustrada en los mitos de todas las religiones antiguas y naturales… Nos impresiona el hecho de que la historia humana, lejos de ser una constante ascensión hacia lo mejor, es un proceso crecientemente desesperado de bastardización, de emasculación y desmoralización de la Humanidad; una inexorable “caída”. Esto despierta en nosotros las ansias para ver el final, el colapso final que empujará hacia el olvido tanto a aquellos “ismos” sin valor que son el producto de la decadencia del pensamiento y del carácter, como a las no menos indignas religiones de la igualdad que lentamente se han preparado y establecido para ellos; ansias para ver la venida de Kalki, el divino Destructor del mal, el alba de la apertura de un nuevo Ciclo, como todos los ciclos del tiempo alguna vez lo hicieron, con una “Edad de Oro”.

¡No importa cuán sangriento pueda ser el colapso final!. ¡No importa qué viejos tesoros puedan desaparecer para siempre en la conflagración redentora!. Mientras más pronto llegue, mejor. Estamos esperando por ello —y por la gloria subsecuente— confiados en la Ley cíclica divinamente establecida que gobierna todas las manifestaciones de la existencia en el Tiempo: la ley del Eterno Retorno. Estamos esperándolo, y al triunfo subsecuente de la Verdad perseguida hoy; esperando el triunfo bajo cualquier nombre, de la única fe en armonía con las leyes eternas del ser; del único “ismo” moderno que es todo menos “moderno”, siendo sólo la última expresión de principios tan antiguos como el Sol; el triunfo de todos aquellos hombres que, a lo largo de los siglos y hoy, nunca han perdido la visión del Orden eterno, decretado por el Sol, y que han luchado con un espíritu desinteresado para imprimir aquella visión sobre otros. Estamos esperando la restauración gloriosa, esta vez a una escala mundial, de la “Edad de Oro”, del eterno Orden del Cosmos.

Ésta es la única cosa por la cual vale la pena vivir —y morir, de ser dado dicho privilegio— ahora, en 1948.–

Saber vs Creer

La verdad está dentro de ti

NO QUEREMOS SATANISMO

Ubi lex voluit, dixit. Ubi non voluit, tacuit.

Contracultura

Cultura underground, Psiconáutica, Música, Pintura, Literatura, Psicodelia, Cine, Psicología Transpersonal, Ciencia, Consciencia e Inconsciencia.

El Club de los Buddhas Solitarios

¡Entra y mira el Dhamma!

Un Técnico Preocupado

Un paso más hacia la verdad

LA CONSULTA DE KURILONKO

ISLAM, CANNABIS, ISRAEL, BULOS, CONSPIRACIONES Y MAGUFERÍAS VARIAS. ¡ BIENVENIDOS AMIGOS Y ENEMIGOS! TROLLS ABSTENERSE.

Resistenciacosmica's Blog

DIREMOS LA VERDAD, Y LOS HUMANOS DESPERTARAN!!!

La Ciencia y sus Demonios

La primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe (Carl Sagan)

El Gurú Todo lo Sabe

Opinión Política en Costa Rica

Nebula Draconis

Más allá de la puerta de Tannhäuser

Todo para jubilarse Jubilaciones y Pensiones

Realizamos su trámite en ANSeS e IPS

Robert Cabré

Atención a los afectados de SSC

El falso despertar . El gran engaño

Desvelando la verdad. Los Falsos Maestros Ascendidos . La nueva Era

LA HORA DE DESPERTAR

La Verdad os hará libres

Vidas místicas

Blog subsidiario de Hesiquía Blog

:: MAGIA CRITICA ::

Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas

Saber vs Creer

La verdad está dentro de ti

NO QUEREMOS SATANISMO

Ubi lex voluit, dixit. Ubi non voluit, tacuit.

Contracultura

Cultura underground, Psiconáutica, Música, Pintura, Literatura, Psicodelia, Cine, Psicología Transpersonal, Ciencia, Consciencia e Inconsciencia.

El Club de los Buddhas Solitarios

¡Entra y mira el Dhamma!

Un Técnico Preocupado

Un paso más hacia la verdad

LA CONSULTA DE KURILONKO

ISLAM, CANNABIS, ISRAEL, BULOS, CONSPIRACIONES Y MAGUFERÍAS VARIAS. ¡ BIENVENIDOS AMIGOS Y ENEMIGOS! TROLLS ABSTENERSE.

Resistenciacosmica's Blog

DIREMOS LA VERDAD, Y LOS HUMANOS DESPERTARAN!!!

La Ciencia y sus Demonios

La primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe (Carl Sagan)

El Gurú Todo lo Sabe

Opinión Política en Costa Rica

Nebula Draconis

Más allá de la puerta de Tannhäuser

Todo para jubilarse Jubilaciones y Pensiones

Realizamos su trámite en ANSeS e IPS

Robert Cabré

Atención a los afectados de SSC

El falso despertar . El gran engaño

Desvelando la verdad. Los Falsos Maestros Ascendidos . La nueva Era

LA HORA DE DESPERTAR

La Verdad os hará libres

Vidas místicas

Blog subsidiario de Hesiquía Blog

:: MAGIA CRITICA ::

Crónicas y meditaciones en la sociedad de las creencias ilimitadas