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Soberanía financiera como requisito previo para la soberanía política y la regeneración cultural

In literatura on 9 diciembre 2015 at 15:03

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por Kerry Bolton* – A menos que un Estado-nación tenga el control sobre su propio sistema bancario y financiero, hablar de soberanía nacional, tanto por parte de algún movimiento como por el gobierno, es algo vacío. Aunque el sector bancario hoy es algo evitado por muchos movimientos y pensadores como si se tratase de un tema fuera del dominio de preocupaciones, tanto por la izquierda como por la derecha. De hecho, la izquierda rara vez toca el asunto y sigue negándose a hacerlo, contentándose con lemas banales sobre los impuestos y la nacionalización de propiedades. Como el movimiento socialista ha demostrado, la nacionalización significa poco, y a menudo nada, en lo que respecta a garantizar la soberanía financiera y, consecuentemente, la política. Con frecuencia el llamado “banco estatal”, como el Banco de la Reserva de Nueva Zelanda o el Banco de Inglaterra, y muchos otros, dan la apariencia de soberanía financiera. En realidad no significan nada de eso. Un banco estatal como esos que son comunes, hace mucho tiempo, en las social-democracias, sirve meramente como medio por el cual el Estado pide prestado al sector privado y, normalmente, a los sectores financieros internacionales.

Durante la Gran Depresión los bancos centrales fueron promovidos como una panacea para los altibajos y para garantizar la estabilidad económica y financiera. Mientras Paul Warburg, de la dinastía bancaria internacional Warburg, había redactado previamente el proyecto de ley de la Reserva Federal de los Estados Unidos, que fue promovida como “banco estatal” a principios de la década de los 30 del s.XX, Otto Niemeyer, del Banco de Inglaterra, recorrió el Imperio Inglés promoviendo la idea de los bancos estatales como el Banco de Inglaterra. Estos estarían basados en los titulares de bonos privados. En Nueva Zelanda, el Banco de la Reserva fue creado en 1933. Este banco, al igual que todos los bancos centrales de esta especie, sin embargo, simplemente sirvió como un medio del estado para tomar préstamos de fuentes privadas. El historiador de Harvard y Georgetown, el Dr. Carroll Quigley, cercano a los círculos de gobierno, afirmó que el propósito de estos bancos centrales era “formar un único sistema financiero a escala internacional que manipulase la cantidad y el flujo del dinero, de modo a poder influir, si no controlar, los gobiernos por un lado y las industrias por el otro” [1].

El diputado Louis T. McFadden, que durante diez años fue presidente del Comité para la Banca y la Moneda del congreso de los EEUU, y que fue banquero él mismo, expuso la naturaleza del Sistema de la Reserva Federal y las operaciones del sistema internacional de la deuda y las finanzas, en sus discursos en el Congreso de los Estados Unidos. En 1932, en la Cámara, dijo McFadden sobre el Banco de la Reserva Federal:

“Esta institución malvada ha empobrecido y arruinado al pueblo de los Estados Unidos, lo ha llevado a la quiebra en sí y prácticamente ha llevado a la bancarrota a nuestro Gobierno. Lo hizo a través de los defectos de la ley bajo la cual opera, a través de la mala administración de esa ley por parte de la Reserva Federal, y a través de las prácticas corruptas de los buitres adinerados que la controlan. Algunas personas piensan que los Bancos de la Reserva Federal son instituciones del gobierno de los Estados Unidos. Son monopolios privados que se aprovechan del pueblo de los estados Unidos para su propio beneficio y el de sus clientes extranjeros, especuladores nacionales y extranjeros, prestamistas ricos y predadores” [2].

La experiencia de Nueva Zelanda

En 1936, el Gobierno laborista de Nueva Zelanda nacionalizó el Banco de la Reserva, compró los títulos de bonos privados e hizo del banco un instrumento de la política estatal. Como se mencionó, la nacionalización en sí misma, sin embargo, significa poco o nada si tal “banco estatal” actúa simplemente como un medio estatal para préstamos de crédito creado de forma privada, y por lo tanto, simplemente sostener la deuda acumulada por el sistema bancario internacional. El primer gobierno laborista de Nueva Zelanda fue elegido principalmente por el asunto del banco. A diferencia de hoy, las masas del pueblo entendieron la cuestiones financieras mucho más profundamente que nuestros actuales académicos y economistas. La Gran Depresión dio impulso a una demanda mundial de la reforma bancaria, antes de la cual hombres prácticos como el Comandante C.H. Douglas en Inglaterra, que formuló la teoría del Crédito Social, y aún antes de él, el inventor Arthur Kitson; Gottfried Feder en Alemania, que hizo una campaña para “romper la esclavitud de interés” [3]; y Silvio Gesell en Austria, habían desarrollado sus ideas sobre la reforma de la banca, que fueron ampliamente aceptadas.

El Gobierno laborista de Nueva Zelanda fue uno de los más exitosos en sus reformas bancarias, sobre todo gracias al icónico político laborista John A. Lee, un veterano de guerra manco, que estaba decidido a mantener las promesas del Partido Laborista a pesar de las tentativas por comprometerlas hechas por fabianos ortodoxos como el Ministro de Hacienda, Walter Nash. Desde 1933, después de la Conferencia del Partido Laborista, el partido adoptó un política por el control total y completo de los “mecanismos financieros de la nación”. Lee señaló que en otros países (Inglaterra y Australia), donde los laboristas habían asumido el poder, éstos habían rehusado tomar tales medidas con respecto a los mecanismos financieros, y sus políticas para hacer frente a la depresión no llegaron a nada[4]. En los nueve puntos sobre finanzas que salieron de la Conferencia del Partido en 1933, el primero exigía el “control inmediato por parte del estado de todo el sistema bancario. El Estado tiene competencia exclusiva en materia de crédito y circulación”. El asunto del crédito se basaría en las necesidades de producción del país [5].

El papel del Banco, establecido en el Artículo 1 de la Ley del Banco de la Reserva, era “regular y controlar el crédito y la moneda de Nueva Zelanda” al “bienestar económico y social de Nueva Zelanda.” El Banco financiaría cualquier préstamo que el gobierno quisiera hacer, y el Tesoro tenía el poder para obtener préstamos del Banco de la Reserva de la cantidad total de los ingresos estimados para el año. El Banco también tenía el control total sobre la propiedad del cambio de la libra esterlina, lo que Lee explica era de “vital importancia” para controlar el “movimiento internacional del capital financiero gánster que puede ocurrir en tiempos de emergencia política”, y que puede “dañar el crédito externo de un país”. La Subsección 3, cláusula 18 de la Ley, dio autoridad al gobierno sobre las operaciones de los bancos comerciales, que debían ser auditadas por el Estado [6].

El éxito de Nueva Zelanda fue el más evidente y duradero en la creación de crédito estatal del Banco de la Reserva, emitido con un interés del 1%, para la financiación del programa de vivienda estatal. Este programa no sólo proporcionaba casas bien construidas en parcelas de un cuarto de acre con rentas bajas, donde las familias acostumbraban a plantar sus propios huertos, y a menudo criar aves de corral, sino que la construcción y el trabajo derivado de este programa proporcionó empleo para el 75% de parados de Nueva Zelanda. Una inyección masiva de crédito estatal en la economía significó que no había deuda acumulada por el Estado o por el pueblo, y que se llevó a cabo también sin causar inflación.

El Banco de la Reserva también emitió crédito estatal con bajas tasas de interés para la industria láctea, y los beneficios obtenidos por el Estado en estos avances fueron trasladados a un Fondo Consolidado centrado en la agricultura [7].

En un documento del Gobierno, State Housing in New Zealand, el proyecto se explica de la siguiente manera:

“Crédito del Banco de la Reserva: para financiar sus propuestas, el Gobierno adoptó el método un tanto inusual de utilizar el crédito del Banco de la Reserva, reconociendo con ello que el factor más importante en el costo de la vivienda es el precio del dinero – el interés es la parte más pesada de una renta ordinaria. El recién creado Departamento (Ministerio de Fomento), por tanto, fue capaz de obtener el uso de fondos a la tasa de interés más baja posible, siendo la tasa del 1% para los primeros 10 millones de libras avanzados, y de uno y medio por ciento en los próximos anticipos. Las cantidades adelantadas por el Banco de la Reserva no fueron suscritas o firmadas por otras instituciones financieras. Esta acción ha dado forma a la intención del Gobierno de demostrar que es posible que el Estado utilice el crédito del país para beneficio del propio país. Esta medida pionera promovida por el gobierno laborista para financiar un gran proyecto estatal en su totalidad con crédito estatal, fue un éxito que no estuvo acompañado por la inflación o por cualquier otro efecto secundario, al contrario de lo que los economistas ortodoxos insistían que ocurriría” [8].

Nueva Zelanda no fue la primera ni la última nación en inaugurar un sistema bancario soberano, aunque duró poco. En Alberta, Canadá, al mismo tiempo, fue elegido el partido del Crédito Social, y a pesar de la obstrucción por parte los tribunales en cada ocasión, emitió “Certificados de Prosperidad” [9]. Antes, un esquema similar había sido intentado en la pequeña ciudad de Woergle, Austria, y al hacerlo la comunidad se deshizo de la pobreza, pero después se vio obligada por el gobierno a interrumpir sus planes, siendo de nuevo arrojada a la miseria [10]. Durante la década de 1930, distintas comunidades a través de los EEUU idearon sus propios esquemas. Aunque no sea política ni académicamente conveniente decir esto, Alemania, Italia y Japón, todos ellos, lograron superar la Depresión al situar el sistema bancario bajo el control del Estado y emitiendo crédito estatal para obras públicas. Hicieron a gran escala lo que Nueva Zelanda hizo en una escala limitada [11].

El milagro que supuso la Argentina de Perón fue alcanzado, en gran medida, por la comprensión peronista de que la soberanía nacional no puede lograrse sin soberanía económica. Esto es, a su vez, un pre-requisito primario para lograr el objetivo peronista de la justicia social como factor unificador para cualquier nación genuina. Perón dijo: “en el sistema capitalista, el dinero es un fin y no un medio, y su valor absoluto todo lo subordina, incluido el hombre” [12]. El Dr. Arturo Sampay, redactor de la Constitución peronista de 1949, un académico legal y constitucional de renombre internacional, explicó sucintamente a raíz de la destitución de Perón:

“La forma moderna en la que un país desarrolla la economía no es a través de la anexión pura y simple del territorio, como era el método durante los siglos XVIII y XIX, sino por la gestión de su propio crédito y de la moneda. De hecho, el desarrollo de un país es a través de la política de inversión. Quien da las órdenes sobre el crédito y sobre la expansión o la contracción de la oferta monetaria, controla el desarrollo del país” [13].

El asesor económico de Perón, Arturo Jauretche, hizo un relato detallado de la importancia del crédito estatal, incluyendo su relación con la soberanía nacional, declarando que la nacionalización de los bancos es “fundamental para la puesta en práctica de una política nacional”.

Quien administra el crédito controla algo más que la emisión de moneda. Mediante el control del crédito también se controla el comercio de exportación e importación. El control del crédito puede fomentar determinadas formas de producción y debilitar otras; determinar lo que debe ser producido y lo que no, lo que puede y lo que no puede llegar a los mercados, y en consecuencia las ventas y el consumo también son controlados [14].

Jauretche explicó con exactitud el carácter orgánico del crédito, como nada más que un medio de intercambio, un método conveniente de permutación de bienes y servicios:

“El secreto de la prosperidad o de la decadencia, del desarrollo o del atraso, está en los bancos. Las leyes y las organizaciones empresariales son sólo la anatomía de la sociedad económica. Pero el dinero es la fisiología del comercio de una sociedad. El dinero es la sangre que circula en el interior y el precio del dinero, su abundancia o escasez, es determinado por el sistema bancario” [15].

Sin embargo, el crédito y la moneda se han convertido en materias primas en sí mismos, compradas y vendidas con lucro (usura). Sin comprender esta premisa, todo lo demás es una locura en términos de política, economía e incluso en el arte y la moral. La cuestión es la subordinación del papel de la moneda, casi literalmente destronar la adoración a Mammón.

Jauretche también explicó cómo los bancos crean el crédito cuando afirmó: “Los bancos crean dinero a través del crédito porque el crédito es convertido a partir de depósitos múltiples veces, y la abundancia o escasez de dinero en efectivo en circulación es un reflejo del número de veces que un banco multiplica su capacidad de prestar”. Esto se conoce como “banco de reserva fraccionaria” y ha sido el método de creación de crédito durante siglos, permitiendo a los bancos privados crear crédito sostenido sólo por una fracción de la cantidad de las reservas reales que los bancos tienen en sus manos. Siempre que se hace un depósito por un cliente del banco, el banco es capaz de crear y dar crédito muchas más veces que la cantidad depositada. El banco entonces cobra el interés (la usura) sobre aquel crédito. Por lo tanto, el prestatario debe pagar con riqueza real – creada con su propio trabajo – no sólo el valor del préstamo que fue creado de la nada mediante un registro en un libro de cuentas (o en un ordenador), sino también el interés añadido. Así es como funciona el sistema bancario internacional. Cuando una nación se vuelve tan endeudada que no puede incluso seguir pagando los intereses de los préstamos, debe, o bien obtener más préstamos para pagar los intereses de los préstamos pasados, o bien empezar a vender los activos y recursos del Estado en un proceso que a menudo se denomina “privatización”, y adoptar “medidas de austeridad” que causan trastornos sociales, el estancamiento económico, y que pueden ser un medio mediante el cual las finanzas internacionales derriban gobiernos inconvenientes a través de las bien planificadas y financiadas “revoluciones espontáneas”. Hemos visto ocurrir esto durante décadas en todo el mundo occidental, y desde la implosión del bloque soviético en los antiguos estados soviéticos. El resultado es la “globalización” y la creciente concentración de la riqueza en manos de oligarcas y plutócratas. Aquellos estados que se resisten al proceso a menudo son bombardeados hasta su sumisión, y sus jefes de Estado son demonizados, encarcelados o linchados en el nombre de la “democracia” y de los “derechos humanos”.

El profesor Carroll Quigley también explicó el mecanismo de la creación del crédito y su desarrollo histórico:

“Pronto se hizo evidente que el oro necesario disponible debe ser sólo para una fracción de los certificados que probablemente serán presentados para el pago… En efecto, la creación de papel mayor que las reservas disponibles significa que los banqueros estaban creando dinero de la nada. Lo mismo podría hacerse de otra manera. Los banqueros descubrieron que las remesas y los cheques emitidos contra los depósitos de los depositantes y transferidos a una tercera persona, a menudo no eran convertidos en dinero en efectivo por ésta, sino que eran depositados en sus propias cuentas. En consecuencia, para los banqueros era necesario disponer de dinero real en no más que una fracción de los depósitos que probablemente se retirarían y transformarían en dinero en efectivo, el resto podría ser utilizado para préstamos, y si estos préstamos eran hechos para crear un depósito (una cuenta) para el prestatario que, a su vez, emitiría cheques en lugar de retirar dinero en efectivo, estos depósitos o préstamos creados también podrían ser cubiertos adecuadamente para mantener en reserva sólo una fracción de su valor. Tales depósitos también fueron una creación de dinero de la nada… William Patterson, no obstante, para obtener la Cédula Real del Banco de Inglaterra en 1694, dijo: “El banco tiene el beneficio de los intereses de todo el dinero que crea él mismo a partir de la nada’” [16].

Perón cuenta que en 1946 una delegación del Fondo Monetario Internacional estaba dispuesta a visitarlo cuando fue elegido. Su rechazo al ingreso de la Argentina en el FMI también estaba listo. Entre sus razones, explicó:

“Para nosotros, el valor de nuestra moneda era fijado en el país, y nosotros establecíamos los tipos de cambio de acuerdo a nuestras necesidades y conveniencias. Para el tipo de cambio internacional recurrimos al intercambio: nuestra moneda real era nuestros bienes. La realidad permanente de las maniobras monetarias internacionales de todo tipo bajo las cuales se creó el sistema insidioso, no nos dejó otra opción, si no queríamos ser robados con impunidad” [17].

Mammón versus Cultura

Ezra Pound y el poeta de Nueva Zelanda Rex Fairburn, se interesaron ambos en el Crédito Social más o menos al mismo tiempo y por las mismas razones. Como Perón, Sampay y Jauretche en su rebelión contra la plutocracia después de la Segunda Guerra Mundial, los dos poetas se dieron cuenta de que la cuestión de un mayor desarrollo del hombre, es decir, de su cultura, se ve afectada por el materialismo, representado por el dominio del dinero. Oswald Spengler señaló, tras la Primera Guerra Mundial, que la civilización occidental estaba en declive desde hacía siglos, y que la guerra llevó el asunto hasta un punto crítico. Vio a la plutocracia reinante detrás de la socialdemocracia. Observando ciclos análogos de civilizaciones anteriores, Spengler afirmó que el dinero reina durante las épocas de decadencia, antes de una reacción que derroca a la plutocracia [18].

Este derrocamiento del dinero fue llamado “socialismo” por Spengler, un conservador, al tiempo que todo pensamiento que colocaba el dinero en el centro fue tratado por él como capitalista, y eso incluía la mayor parte de formas de “socialismo”, incluyendo el comunismo, que no pretende trascender el pensamiento monetario, sino expropiarlo. De esta manera podemos entender cómo los poetas Pound y Fairburn buscaron una tercera vía que podría superar el reino del dinero y volver a una cultura del estado. Pound se giró hacia el “fascismo” porque pensó que tal militancia era necesaria para derrocar a la plutocracia. Fairburn consideró el Crédito Social como suficiente. En Gran Bretaña, el Crédito Social adquirió una forma militante con los Green Shirts [Camisas Verdes], cuyas formaciones paramilitares, mítines, marchas y lanzamientos de ladrillos pintados de verde contra las ventanas de los bancos, fueron más allá del Partido Comunista y los Black Shirts[Camisas negras] de Mosley.

El papel del dinero en la decadencia cultural

Sin embargo, antes de Spengler existía ya la Ley de la Civilización y Decadencia de Brooks Adams, ahora poco conocido, que Ezra Pound recomendó como esencial para entender las causas de la decadencia y destrucción de la cultura. Adams se puede leer provechosamente junto a Spengler. Adams describe el poder debilitador del dinero en la estética y la moral de una civilización. Argumentó que “el comercio es antagónico a la imaginación.” Cuando un Estado se basa en el comercio, como la mayoría de los estados en el mundo de hoy, la estética se estanca. En consecuencia, la gran época gótica que resume el florecimiento de la civilización occidental (que Spengler llamó la época de la “Primavera”), no floreció en las ciudades-estado comerciales de Venecia, Génova o Florencia, “ni prosperó ninguna escuela pura de arquitectura en la atmósfera mercantil” [19]. Los efectos debilitadores causados por la energía gastada en propósitos comerciales se explican en términos que encajan bien con las conclusiones de Spengler acerca del papel del pensamiento monetario en el fin de ciclo de una civilización. Adams escribe:

“Cada vez que una raza es tan ricamente dotada con el material energético que no gasta toda su energía en la lucha diaria de la vida, el excedente puede ser almacenado en forma de riqueza, y este stock de energía almacenada puede ser transferido de comunidad a comunidad, quizá por la conquista, o por la superioridad en la competición económica. Sin embargo, por grande que pueda ser la energía acumulada por la conquista, una raza debe, tarde o temprano, alcanzar el límite de su energía militar al entrar en la fase de la competición económica”.

Pero, como el organismo económico difiere radicalmente del emocional y del bélico, el efecto de la competencia económica ha sido, quizás invariablemente, el de disipar la energía acumulada por la guerra.

Cuando el exceso de energía se acumula en tal volumen como para preponderar sobre la energía productiva, se convierte en la fuerza de control social. A partir de entonces, el capital es autocrático, y la energía se concentra en organizaciones mejor equipadas para dar expresión al poder del capital. En este último estado de consolidación la inteligencia económica, y tal vez la científica, se propaga, mientras la imaginación se desvanece y los tipos de virilidad emocionales, marciales, artísticos, decaen. Cuando se ha alcanzado una velocidad social en la que el derroche de energía material es tan grande que los stocksmarciales e imaginativos fallan en reproducirse a sí mismos, la intensa competencia parece generar dos tipos económicos extremos: el usurero en su aspecto más formidable y el campesino, cuyo sistema nervioso es el más adecuado para prosperar en condiciones de escasa nutrición. Finalmente, cuando la presión no puede ir más allá, determinado punto debe ser alcanzado, y luego, tal vez, puede llegar uno de los dos resultados siguientes: puede sobrevenir un período estacionario (que tal vez termine por la guerra, por agotamiento o por ambos combinados, como parece haber sido el caso del Imperio de Oriente); o, como en Occidente, puede establecerse la desintegración, la población civilizada puede perecer, y puede darse una reversión hacia una forma primitiva de organismo.

La evidencia, sin embargo, parece apuntar a la conclusión de que, cuando una sociedad muy centralizada se desintegra bajo la presión de la competencia económica, es porque la energía de la raza estaba agotada. En consecuencia, los sobrevivientes de esa comunidad carecen de la energía necesaria para una nueva concentración de energía, y probablemente deberán permanecer inertes hasta que no se suministre material energético fresco a través de la infusión de sangre bárbara [20].

Cuando un pueblo deja de ser revitalizado con “sangre bárbara” y permanece estancado, pasa a ser lo que Spengler llamó fellaheen, deja de estar en el ámbito de la historia, siglo a siglo inerte, morando las masas campesinas y urbanas en la sombra de las ruinas de lo que antes fueron grandes monumentos. De ahí, como Ezra Pound y Fairburn comprendieron, desde la perspectiva estética hay más para contribuir en la cuestión económica que desde la economía o la política por sí solas. TS Elliot también defendió la reforma económica, al igual que Hilaire Belloc y GK Chesterton, mientras que otros estetas, como WB Yeats y DH Lawrence, que se rebeleron contra la ignorancia de los tiempos, no se dieron cuenta de los factores económicos involucrados. Fairburn y Pound sabían exactamente lo que estaba en juego en los procesos de corrosión del organismo cultural.

En With usura (Canto XLV), Pound refleja con lucidez la forma por la cual la primacía del dinero, como muestran Spengler y Adams, interviene en la cultura de una sociedad, actuando como un contagio en el organismo social, en el trabajo, en los oficios, en el arte, en la religión y en todo lo asociado con la alta cultura:
Con usura […] no se pinta un cuadro para que perdure ni para tenerlo en casa
sino para venderlo y pronto […]
El picapedrero es apartado de la piedra
el tejedor es apartado del telar

Con usura

no llega lana al mercado
no vale nada la oveja con usura. […]
Usura oxida el cincel
Oxida la obra y al artesano […] [21].

Pound indica sucintamente en una sección de tres oraciones en Kulturmorphologie, un folleto escrito en Roma en 1942: “Para repetir: un experto, mirando una pintura (de Memmi, Goya, o cualquier otro) debe ser capaz de determinar el grado de tolerancia de usura en la sociedad en la que fue pintada” [22].

Fairburn escribió un poema sobre temas muy similares a aquellos de With usura de Pound, pero de forma totalmente independiente, en su “dominio”:

La casa de los gobernantes, custodiada por eunucos, y sobre el arco de la puerta estas palabras grabadas: “EL QUE CUESTIONA A LOS USUREROS PONE EN PELIGRO AL ESTADO”.

Dentro de las puertas, la comitiva del mal,
los instrumentos de los gobernantes:
esquiroles escogidos del cuerpo de los esclavizados,
bien pagados capitanes y cabos
del ejército del privilegio
partiendo el pan de la tiranía, vistiendo
el uniforme de la extorsión; y aquellos que mantienen los registros de la decadencia,
estadísticos y archiveros,
pasando las páginas con las manos frías, calculando
nuestra ruina en grilletes perfumados.
Para los esclavos, la rueda de ratón;
la oficina y la adoración del dios-engranaje;
la apoteosis de los medios de comunicación,
la profanación del fin;
la degradación de la hueste
de los vivos; la celebración
de una misa negra que proyecta
la sombra de una masa roja.
[…]
Esta es nuestra ciudad de papel, construida
sobre la roca de la deuda, firmemente mantenida
contra todos los vientos por el pisapapeles de la deuda.
La multitud desfila pasando lentamente, o para y mira fijamente,
y aquí y allá, ojos sin brillo, el permanecer ocioso
en grupos ante las bocas de los gramófonos de las tiendas
en un estruendo de música que llena el aire ajado
con flores de papel y sabores artificiales
y pasiones sin dolor en un paraíso
de amor imaginario[23].

El desafío de los tiempos: el fin de Mammón

Con los EEUU, cuya fundación se inicia con el puritanismo, se construyó un edificio que combina mesianismo con el concepto del beneficio como algo piadoso. Como resultado, la cultura de los Estados Unidos fue distorsionada, y en la actualidad se sitúa en las profundidades de la depravación como una epidemia mundial proclamada como tal por los fanáticos neoconservadores, como el Teniente Coronel Ralph Peter, y promovida por el Departamento de Estado de los Estados Unidos en alianza con una miríada de ONGs de todo el mundo [24]. Se supone que el mundo entero es recreado en esa imagen, en la “roca de la deuda y los perfumes artificiales”, como dijo Fairburn.

El sr. E. Fyodorov, del grupo parlamentario ruso “Nuestra Soberanía” y del Movimiento de Liberación Nacional, se refirió a la necesidad de nacionalizar el Banco Central de Rusia, el cual, dijo, no responde a la presidencia o al estado. Afirmó que “la mayoría de los problemas” en Rusia están relacionados con el Banco Central, basado en una constitución que fue redactada por asesores de los EEUU, lo que permite la influencia política y económica externa [25]. Fyodorov expresó un raro discernimiento al decir que “la mayor parte de los problemas” se centran alrededor del sistema bancario. Esto se aplica no sólo a Rusia, sino también a la mayor parte del mundo, ya que el mismo sistema opera globalmente. El banco central estatal de Nueva Zelanda recorrió el mismo camino siendo separado del parlamento. Por lo tanto, se requiere algo más que la”nacionalización”. El Banco de la Reserva de Nueva Zelanda permaneció nacionalizado durante ocho años. Sólo fue independizado del parlamento bajo la Ley del Banco de la Reserva en 1989. Hasta ese momento, existía para poner en práctica la política económica estatal. Sin embargo, como lamentó John A. Lee desde el principio, este banco nacionalizado nunca liberó a Nueva Zelanda de la finanza internacional, a pesar de la emisión de crédito estatal para algunos proyectos públicos. Las intenciones fueron comprometidas por el partido que nacionalizó el banco.

Hasta el momento en el que un estado tenga líderes vigorosos que rompan la esclavitud de las finanzas internacionales y sus omnipresentes tentáculos, hay poca o ninguna diferencia si un banco es nacionalizado o privatizado. También hasta llegar a ese punto, cualquier discusión acerca de la soberanía nacional real no es más que retórica. Una vez que el banco central ruso sea nacionalizado, la siguiente tarea es asegurar que el Estado ruso asume la prerrogativa y el deber de crear y emitir su propio crédito.

* Kerry Bolton (nacido en 1956 en Wellington, Nueva Zelanda) es Doctor en Teología y Ph.D. honoris causa. Ha realizado estudios de trabajo social y psicología y es miembro de la Academy of Social and Political Research, de Atenas [Academia de Investigaciones Sociales y Políticas], y del Institute for Higher Studies on Geopolitics and Auxiliary Sciences, de Lisboa [Instituto de Estudios Superiores sobre Geopolítica y Ciencias Auxiliares]. Colaborador habitual de Foreign Policy Journal, New Dawn (Australia), The Great Indian Dream (Institute of Planning and Management), Thoughts and Perspectives, y editor adjunto de la revista académica Ab Aeterno (Atenas). Ha sido ampliamente publicado por diversos medios académicos sobre una variedad de temas, incluyendo: International Journal of Social Economics; International Journal of Russian Studies; Irish Journal of Gothic and Horror Studies (Trinity College); World Affairs;India Quarterly; Journal of Social, Political and Economic Studies; The Occidental Quarterly; North American New Right; Radix (National Policy Institute, Washington);Antrocom Journal of Anthropology (Italy); Finis Mundi (Portugal); Geopolitica (Moscow State University); Radio Free Asia Vietnamese Service; Russian Writers’ Union; Red Star(Russian Ministry of Defence), y muchos otros. Traducido al farsi, vietnamita, alemán, francés, letón, ruso, italiano, ucraniano o portugués, Bolton es autor de centenares de artículos y folletos, y algunos de sus libros más recientes son: Revolution from Above;Peron and Peronism; Geopolitics of the Indo-Pacific; Zionism, Islam and the West; The Parihaka Cult; The Banking Swindle; The Psychotic Left; Artists of the Right; Stalin: the Enduring Legacy.
______________________________________

[1] – C. Quigley, Tragedy and Hope, New York, Macmillan Co., 1996, p. 51.
[2] – Louis T. McFadden, United States Congressional Record, United States Government Printing Office, Washington, DC, 10 June 1932, p. 12595
[3] – G. Feder, “Manifesto for the Breaking of the Bondage of Interest”, Munich 1917. Mismo año en el que Douglas formuló su Crédito Social. Feder afirmó que “el dinero no es y no debe ser nada más que un intercambio a cambio de trabajo”.
[4] – John A. Lee, Money Power for the People: A Policy for the Future Suggested, Lee, Auckland, 1937), p.2.
[5] – Ibid., p.3
[6] – Ibid., pp. 6-7.
[7] – Lee, 1937, p.8.
[8] – C. Firth and G. Wilson, “State Housing in New Zealand”, Ministry of Works, Government Printing Office, Wellington, 1949.
[9] – K. R. Bolton, The Banking Swindle, London, 2014, p.10.
[10] – Bolton, ibid., pp. 84-86
[11] – Bolton, ibid., pp. 103-117.
[12] – Juan Peron, “Banking and Credit”, Buenos Aires, ca. 1951.
[13] – Sampay citado por Bolton, Peron and Peronism, London, 2014, p.
[14] – Arturo Jauretche, “On the Nationalisation of Banks”, 9 February 1960.
[15] – Jauretche, ibid.
[16] – Carroll Quigley, Tragedy and Hope, Macmillan Co., New York, 1966, p. 48.
[17] – Juan Peron, “Argentina and the International Monetary Fund”. Citado en Bolton,Peron and Peronism. La manera por la cual los EEUU minaron la economía de Argentina y bloqueó sus exportaciones hacia Europa es explicado en este libro.
[18] – Oswald Spengler, The Decline of the West, George Allen & Unwin, London, 1971, Vol. II, Chapter XIII, “The Form-World of Economic Life”.
[19] – Brooks Adams, The Law of Civilization and Decay, Macmillan, London, 1896, vi.http://www.archive.org/details/lawcivilization00adamgoog
[20] – Brooks Adams, x.
[21] – E. Pound, Ezra Pound: Selected Poems 1908-1959 (London: Faber & Faber, 1975), “Canto XLV: With Usura”, pp. 147-148.
[22] – Ezra Pound (1942) A Visiting Card, Peter Russell, London, 1952, p.25.
[23] – A. R. D. Fairburn, (1938) “Dominion” I and IX,http://www.nzepc.auckland.ac.nz/authors/fairburn/dominionfull.asp
[24] – K. R. Bolton, Revolution from Above, Arkots. 2011.
[25] – E. Fyodorov, “The National Liberation Movement in Russia Today”, Journal of Eurasian Affairs, Vol. 2, no. 1, 2014, p.18.

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