Nimius

OS PRESENTO UN DESAFIO A VUESTRAS IDEAS Y CREENCIAS.

In literatura on 30 mayo 2017 at 2:34

La imagen viva del mundo se desarrolla en la mente. El mundo tal como se os presenta se parece a un cuadro tridimensional en el cual cada persona participa. Cada color, cada línea que aparece en él se ha pintado primero en una mente, y sólo después se materializa en el exterior.


No obstante, en este caso los mismos artistas son parte del cuadro y aparecen en él. No hay ningún efecto en el mundo exterior que no emane de una fuente interior. No hay movimiento que no ocurra primero en la mente. La gran creatividad de la conciencia es vuestra herencia. Sin embargo, no pertenece únicamente a la humanidad. Cada ser vivo la posee, y ese mundo viviente consiste en una cooperación espontánea que existe entre lo más pequeño y lo superior, lo más grande y lo más humilde, entre los átomos y las moléculas y la mente consciente y racional.


Todo tipo de insectos, pájaros y animales cooperan en esta aventura, y de este modo se produce el entorno natural. Esto es tan normal e inevitable como el vaho que provoca el aliento sobre un cristal al respirar frente a él. Toda la conciencia crea el mundo, a partir del tono emocional. Es consecuencia natural de lo que vuestra conciencia es. Los sentimientos y las emociones emergen a la realidad en ciertas formas específicas. Aparecen los pensamientos y crecen sobre un estrato ya preparado. Nacen las estaciones, formadas por antiguos tonos emocionales, con sus ritmos profundos y perdurables. Son el resultado, también, de los aspectos creativos innatos que son una porción de toda la vida.


Estos aspectos antiguos yacen, ahora, profundamente enterrados en la psique de todas las especies, y a partir de ellos surgen las pautas individuales, los prototipos específicos para las nuevas diferenciaciones.
Puede decirse que el cuerpo de la tierra posee su propia alma o mente (según el término que prefiráis).


El mundo interior de cada hombre y de cada mujer está conectado con el mundo interior de la tierra. El espíritu se hace carne. Así pues, una parte del alma de cada individuo está íntimamente conectada con lo que llamaremos el alma del mundo, o el alma de la tierra. alma, o mente (según el término que prefiráis). Según esta analogía, las montañas y los océanos, los valles y los ríos, y todos los fenómenos naturales emanan del alma de la tierra, al igual que todos los acontecimientos y todos los objetos manufacturados surgen de la mente interna o alma de la humanidad. No hay nada en vuestra experiencia exterior que no se haya originado dentro de vosotros.
Por supuesto, hay interacciones con los demás, pero no hay ninguna que no aceptéis o no hayáis atraído con vuestros pensamientos, actitudes o emociones. Esto ocurre en cada faceta de la vida. De la forma más milagrosa, se os da el regalo de crear vuestra experiencia. Básicamente creáis vuestra experiencia a través de vuestras creencias
Vuestro tono emocional lo conforman vuestras actitudes emocionales hacia vosotros mismos y hacia la vida en general, las cuales rigen los grandes campos de experiencia. sobre vosotros y sobre la naturaleza de la realidad. Dicho de otra manera, creáis vuestras experiencias a través de vuestras expectativas.


Estas actitudes proporcionan el color emocional general que caracteriza lo que os ocurre. Sois lo que os ocurre. Vuestros sentimientos emocionales son a menudo transitorios, pero por debajo de ellos existen ciertas cualidades de sentimiento únicamente vuestras, y que son como profundos acordes musicales. Mientras que vuestros sentimientos diarios pueden subir o bajar, este tono emocional característico permanece oculto.


En ocasiones emerge a la superficie, pero en ritmos muy largos. No puede decirse que sea negativo o positivo. Es el tono del ser, y representa la parte más íntima de vuestra experiencia. Esto no significa que sea desconocido, o que tenga que serlo; simplemente quiere decir que representa el núcleo desde donde formáis vuestra experiencia.
Si os asusta la acción o la expresión del sentimiento, o si os han enseñado que el ser interior no es más que un depósito de impulsos incivilizados, tal vez tengáis la costumbre de negar este profundo ritmo.

Podéis tratar de vivir como si no existiera, o incluso tratar de refutarlo, pero representa vuestros impulsos más profundos y creativos; combatirlo es como intentar nadar a contracorriente. Este tono emocional, pues, impregna vuestro ser. Es la forma que adopta vuestro espíritu cuando se une a la carne. A partir de él, de su núcleo, se erige la carne.


Todo lo que experimentáis posee conciencia, y cada conciencia está dotada de su propio tono emocional. Hay una estrecha cooperación en la formación de la tierra tal como la entendéis, y de este modo las estructuras vivas individuales del planeta crecen a partir del tono emocional de cada átomo y molécula.


La carne surge como respuesta a estos acordes internos del ser, y los árboles, rocas, mares y montañas surgen como el cuerpo de la tierra desde los profundos acordes internos de los átomos y las moléculas, que también viven. Debido a la cooperación creativa que existe, el milagro de la materialización física se lleva a cabo con tanta facilidad y de manera tan automática, que conscientemente no os dais cuenta de vuestra participación en ella.


El tono emocional, pues, es el movimiento y la fibra -la madera-, la parte de vuestra energía consagrada a vuestra experiencia física. Desemboca en lo que sois como seres físicos y os materializa en el mundo de las estaciones, del espacio, de la carne y del tiempo. Su origen, no obstante, es bastante independiente del mundo que conocéis.
Cuando aprendéis a sentir vuestro propio tono, entonces sois conscientes de su poder, fuerza y durabilidad, y hasta cierto punto podéis internaros con él en realidades más profundas de experiencia. Vuestras creencias conscientes dirigen el funcionamiento del cuerpo, y no a la inversa.


El ser interior utiliza la mente físicamente consciente, enfocada en lo físico, como un método para manejarse en el mundo que conocéis. La mente consciente está particularmente equipada para dirigir la actividad externa, tratar con las experiencias de vigilia y supervisar el trabajo físico.


Las creencias de la mente sobre la naturaleza de la realidad se transmiten luego a las partes internas del ser, las cuales confían en la interpretación que la mente consciente hace de la realidad temporal. La mente consciente establece los objetivos, y el ser interior los lleva a cabo haciendo uso de todas sus funciones y su inagotable energía.


El gran valor de la mente consciente reside precisamente en su capacidad para tomar decisiones y marcar pautas. Pero su función es doble: debe evaluar las condiciones tanto del interior como del exterior, y procesar la información que llega del mundo físico y de las partes internas del ser. No es, por tanto, un sistema cerrado.
Ser humano requiere un agudo discernimiento en la utilización de dicha conciencia. Muchas personas temen sus propios pensamientos. No los examinan. Aceptan las creencias de los demás. Estas acciones distorsionan la información que llega desde dentro y desde fuera. No se libra ninguna batalla entre el ser intuitivo y la mente consciente. Sólo parece.


Esta confusión pone en funcionamiento alarmas de diversa índole: el cuerpo no funciona adecuadamente, o se perturba el entorno emocional general. En realidad, estas reacciones son una medida de precaución, el aviso de que se precisa un cambio. haberla cuando la persona se niega a afrontar toda la información que está disponible en su mente consciente. Algunas veces parece más fácil evitar los frecuentes reajustes de comportamiento que requiere un autoexamen.

 

En estos casos una persona adopta muchas creencias de segunda mano. Algunas se contradicen entre ellas; las señales que se dan al cuerpo y al ser interior no son entonces claras y precisas, sino que constituyen una confusa mezcla de instrucciones contradictorias. Podéis pillaros fácilmente los dedos con una idea mal colocada, al igual que ocurriría con una silla vieja. De hecho, os ayudará pensar en vuestras creencias como muebles que pueden cambiarse de lugar, renovarse, tirarse o sustituirse. Vuestras ideas son vuestras. No deben controlaros. Depende de vosotros aceptar aquellas que elegís aceptar.


Imaginaos volviendo a organizar este mobiliario. Os vendrán a la memoria imágenes de muebles en particular. Preguntaos qué ideas representan estas piezas. Fijaos cómo encajan las mesas. Abrid los cajones que hay dentro.


No habrá ningún misterio, pues conocéis vuestras creencias. Veréis las agrupaciones, pero depende de vosotros mirar en el interior de vuestra mente y emplear las imágenes a vuestra manera. Descartad las ideas que no vayan con vosotros. Si encontráis una de estas ideas, y decís: «No puedo tirar esa idea», debéis comprender que dicho comentario interno es en sí mismo una creencia. En verdad podéis desechar la idea, y lo mismo podéis hacer con los siguientes. «La información no existe por sí misma. Está relacionada con la conciencia de todos aquellos que la comprenden, la perciben o la originan. De modo que no hay registros de información objetivos y siempre disponibles con los cuales sintonizáis, sino que la conciencia que contuvo, o contiene, o contendrá la información, la atrae como un imán… La misma información quiere dirigirse hacia la conciencia. No está muerta ni es inerte. No es algo que atrapáis sino algo que quiere ser atrapado, y por tanto gravita hacia aquellos que la buscan.


«Vuestra conciencia atrae la conciencia que ya está relacionada con la información en particular. Antes de esa época el hombre creía que podía afectar la materia y el entorno mediante sus pensamientos. Con la Revolución Industrial, sin embargo, incluso los elementos de la naturaleza perdieron su cualidad viva.
Nadie disecciona a un gato o un perro que sea su mascota; de modo que, cuando el hombre empezó a diseccionar el universo de esta forma, ya había perdido su sentido de amor hacia él. El mundo se convirtió para él en un ente sin alma. Sólo así podía examinarlo sin escrúpulos a los ojos del hombre. Se convirtieron en objetos susceptibles de clasificarse, nombrarse, despedazarse y examinarse.


De modo que examinó la «naturaleza muerta». A menudo tuvo que matar con el fin -creía- de descubrir su realidad.


No se puede comprender lo que hace vivir a las cosas si para ello se les roba primero la vida. Y así, cuando el hombre aprendió a clasificar, calcular y diseccionar la naturaleza, se volvió insensible hacia la cualidad vital de ésta y ya no se sintió parte de ella. En gran medida el hombre renegó de su herencia, ya que el espíritu nace en la naturaleza y el alma, y por un tiempo reside en carne. la vida con el fin -creía- de descubrir su realidad.


Los pensamientos del hombre ya no parecían tener ningún efecto sobre la naturaleza porque en su mente se veía separado de ella. Así que, paradójicamente, aunque se concentró muy conscientemente, en los aspectos exteriores de la naturaleza, acabó negando los poderes conscientes de su propia mente. Se volvió ciego ante la conexión existente entre sus pensamientos y su entorno y experiencia físicos.La naturaleza se convirtió entonces en un adversario que debía controlar. Pero, en el fondo, sentía que estaba a merced de la naturaleza, porque al aislarse de ella también se negó la posibilidad de usar muchas de sus propias facultades.

Para tener salud, debéis creer en la salud. Un buen médico es alguien que cambia creencias, que sustituye una idea de enfermedad por una de salud. Sean cuales sean los métodos o fármacos que emplee, no serán eficaces a menos que tenga lugar este cambio de creencia.


Por desgracia, cuando el hombre se convirtió en etiquetador, también trazó mapas de gran complejidad, por así decirlo, al clasificar varias enfermedades con más precisión que nunca. Estudió el tejido inerte para descubrir la naturaleza de la enfermedad que le había arrebatado la vida. Los médicos empezaron a pensar en los hombres como portadores de enfermedades que, en cierta manera, ellos mismos [los médicos] habían creado mediante ciertos procedimientos médicos nuevos.


Los antiguos chamanes y curanderos trataban al paciente más directamente, y comprendían la naturaleza de las creencias y la suprema importancia de la sugestión.

Muchas de sus técnicas se basaban en el impacto psicológico, que permitía «lavar el cerebro» eficientemente al paciente y librarlo de la enfermedad que creía tener.
La profesión médica actual se ve tristemente obstaculizada por sus propias creencias. A menudo funciona como un marco en el cual la mala salud y la enfermedad no sólo se aceptan como algo normal, sino que se fortalecen los conceptos que subyacen. Aquí encontramos de nuevo, como en el psicoanálisis, un juego del escondite en el cual participan tanto el médico como el paciente. Naturalmente, ambos creen que se necesitan. Tras esta creencia se encuentra la pauta psíquica de creencias según la cual el paciente suele atribuir al médico los poderes del conocimiento y la sabiduría que sus creencias le han enseñado que él no posee. Aun sabiendo que no es así, el paciente sigue queriendo considerar al médico como un ser omnipotente.


El médico, por su parte, suele proyectar sobre el paciente sus propios sentimientos de impotencia contra los que combate. Luego el paciente trata de satisfacer al médico, y en el mejor de los casos se limita a cambiar de un grupo de síntomas a otro.

Con mucha frecuencia, el médico comparte la inamovible creencia del paciente sobre la precariedad de la salud y la enfermedad. No sólo eso, sino que la profesión médica suele proporcionar prototipos de enfermedad, y el paciente muy a menudo se los «prueba» para ver cómo le sientan. Esto no quiere decir que la profesión médica no sea muchas veces de gran ayuda y provecho, sino que buena parte de su influencia positiva se ve obstaculizada por el sistema de valores en que se mueve.


Dado que se tiene a los médicos en gran consideración, se presta particular atención a sus sugerencias. El estado emocional del paciente es tal que éste acepta fácilmente las afirmaciones efectuadas en tales circunstancias sin analizarlas de manera crítica.


La denominación y el etiquetado de «enfermedades » es una práctica dañina que niega en gran medida la movilidad innata de la psique encarnada y su capacidad de cambiar constantemente. Os dicen que tenéis «algo». De repente, «algo» os ha atacado, quizás ha afectado a vuestros órganos más íntimos, y normalmente os dicen que vuestras emociones o creencias o sistema de valores no tienen nada que ver con las desgraciadas circunstancias en la que os encontrais. Éstas son afirmaciones de orden práctico. Vuestro cuerpo tiene una conciencia corporal llena de energía y vitalidad, y corrige automáticamente cualquier desequilibrio; pero vuestras creencias conscientes también afectan a esta conciencia corporal. Vuestros músculos creen de enfermedad que sufrís, según la naturaleza de vuestras creencias. Sois inmunes a la enfermedad mientras creáis que lo sois.


Si creéis que sólo los médicos pueden curaros, mejor será que acudáis a ellos porque, en el marco de vuestras creencias, ellos son los únicos que pueden ayudaros. Pero ese marco en sí mismo es limitador; y repito que, aunque os curéis de algo, lo sustituiréis por otra cosa mientras vuestras creencias os hagan tener problemas físicos..

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