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¿Es posible un nuevo “ciclo progresista” en nuestra América?

In literatura on 25 julio 2018 at 17:27

Estamos ante un nuevo episodio de la crisis del capitalismo dependiente en nuestra

América. Una crisis que está relacionada de manera directa con la crisis mundial del

capital y con las modalidades que asume la acumulación en la fase de

descomposición sistémica. La voracidad cada vez más descontrolada del

capitalismo, acentuada en el mundo periférico, es una señal demasiado evidente

como para pasarla por alto. Las estructuras del capitalismo se nutren de cadáveres,

y son insaciables.

 

No hay indicios de una inminente expansión del capital capaz de articular crecimiento con bienestar. Todo lo contrario: el proceso de mercantilización se acelera y amplía su espectro de espacios a degradar: territorios, culturas, cuerpos.

 

Asistimos al retorno de las viejas formas de explotación y a la irrupción de

otras nuevas. El capitalismo actual exhibe su faceta de sistema no sustentable.

destruye todo lo que toca. Lucra destruyendo.

Al mismo tiempo, se pone de manifiesto un nuevo ciclo de resistencia de los

pueblos. Se agudizan las contradicciones inmanentes a las formaciones sociales del

capitalismo dependiente. se intensifica la lucha de clases “desde abajo”,

especialmente en nuestra América. ¿Se desarrollará una nueva conciencia

combativa? ¿podrán las clases dominantes neutralizar la dirección y el sentido de

este proceso?

 

En este contexto histórico regional y mundial, consideramos que los proyectos

políticos que asumen el horizonte de la conciliación de clases tienen alas de plomo.

¿existen condiciones materiales y geopolíticas para conformar alianzas pluriclasistas

 

 

capaces de garantizar nuevas gestiones progresistas para un nuevo ciclo? ¿Existen

condiciones para retomar los esquemas neo-desarrollistas? sostenemos que no. si

comparamos con la situación que se presentó a comienzos del siglo xxi, se pueden

percibir, sin mayores esfuerzos, modificaciones en aspectos sustanciales.

paradójicamente, mientras en nuestra América y en el mundo toma forma una

ofensiva reaccionaria que muestra impúdicamente los signos de una agresividad

inédita, mientras se tornan cada vez más evidentes las aristas belicistas y

depredadoras del proyecto del imperio, mientras la guerra del capital contra el

trabajo asume visos intolerables y se anuncia un tiempo en el cual la crisis tiende a

arrasar con toda estrategia conciliadora, cobran cada vez más fuerza los proyectos

“capital friendry” que aspiran a producir una nueva “oleada progresista” y un nuevo

ciclo de reformas desde arriba sostenido en alianzas pluriclasistas, en “pactos

sociales”, en aspiraciones neo-desarrollistas y en discursividades que apelan a los

lugares comunes pequeño-burgueses y paternalistas. estos proyectos que

incrementan día a día su aura de alteridad, contemplan tanto el retorno (argentina,

brasil, paraguay, algunos incluyen a chile) como el experimento deseado

(colombia, perú, algunos incluyen a chile), o el experimento novato (méxico).

el neo-desarrollismo recupera su “cotización” ante el proyecto de la derecha que

busca ampliar el poder del capital imponiendo una matriz basada en la valorización

financiera, en la profundización de la matriz extractivista y desindustrializadora. las

vías que se han mostrado inadecuadas para transformar la renta en acumulación

recuperan algún prestigio frente a las vías que no hacen más que derrocharla,

beneficiando al capital financiero y a los sectores más parasitarios de las clases

dominantes. las vías que tienden a preservar fragmentos de lo estatal y lo público

(pero que no se plantean la posibilidad de crear espacios públicos contra la

propiedad privada) se revalorizan frente a las vías que apuestan por el dominio

absoluto del mercado y la privatización concentradora de lo público y lo comunal. y

es posible ir todavía más abajo en esta pendiente de compulsión a la repetición: las

vías que promueven la “estabilización”, concebida como una ralentización del

proceso de ajuste estructural y de restauración del poder del capital, tienden a

presentarse como “progresistas” y hasta “nacionales y populares” frente a aquellas

que apuestan a las acciones demoledoras y a las terapias de shock. por cierto, en

amplios sectores políticos ya se perfilan los y las que asumen abiertamente la

condición de “ajustadores heterodoxos” porque creen que es susceptible de ser

capitalizada políticamente frente a los “ajustadores ortodoxos”. en argentina, no

faltan los y las que sienten nostalgia por aquellos “buenos tiempos” de la “sintonía

fina” kirchnerista posterior a 2011.

Asimismo recupera su “cotización” el viejo rol del estado en el proceso de

reproducción capitalista. se idealiza al estado burgués convencional, “capitalista

colectivo” y reproductor de la preeminencia de la clases dominantes a través de

diversas mediaciones frente a un estado colonizado por los y las ceos, un estado

convertido en fortaleza exclusiva del capital. se llama “de izquierda”, a las políticas

que promueven el desarrollo de unos lazos menos rígidos entre las clases

dominantes y el aparato del estado.

Se ha instalado con mucha fuerza una visión que parte de la separación entre crisis

del capital y crítica del capital. se trata de una visión política impregnada de

cortoplacismo y superficialidad, de resignación y fatalismo, de ingenuidad u

oportunismo. no sólo no se sacan conclusiones teóricas y prácticas de las

experiencias “progresistas” recientes, no sólo no se asumen sus limitaciones

congénitas, sino que recobran fuerza como horizonte político al ser presentadas

como un paraíso perdido al cual es posible y necesario retornar cuanto antes. de

forma deliberada, no se toman en cuenta un conjunto de aspectos que están en el

núcleo de la crisis de los denominados progresismos y que fundan su inviabilidad

como proyectos de transformación estructural y sustantiva en los planos económico,

social, político y cultural.

En primer término la conciliación de clases y la no confrontación abierta con las

clases dominantes. El progresismo fue, es, y todo indica que será, el resultado de un

pacto conservador, por lo tanto constituyó bloques poco consistentes desde el punto

de vista ideológico y orgánico. Invariablemente honró su alianza con los grupos

dominantes. O sea, no se consolidaron auténticos bloques históricos sostenidos en

el poder popular. ¿Podrá reeditarse ese pacto conservador en las actuales

condiciones, sin auge de las commodities, sin superavit comercial, sin nuevas

fuentes de renta extraordinaria, sin que medie un ciclo expansivo de la economía

capitalista y un período relativamente largo de valorización exportadora? ¿Existen

condiciones para una política capaz de dar cuenta, al mismo tiempo, de los intereses

de las fracciones del capital local y trasnacional más poderosas y de algunos

intereses básicos de las clases subalternas y oprimidas? ¿es posible un nuevo ciclo

que combine la valorización del capital (el aumento de la riqueza y de los ricos) con

la redistribución del ingreso (la disminución de la pobreza y la “inclusión” de los

pobres al mercado)? los nuevos escenarios resultan incompatibles con las vías que

promueven la “internacionalización, centralización y concentración del capital con

redistribución” o los “beneficios extraordinarios para el capital monopólico con

inclusión social”.

Las limitaciones de las experiencias neo-desarrollistas han quedado en evidencia,

en particular sus incapacidades para superar condicionamientos estructurales y para

frenar el circulo vicioso reproductor de la dependencia. aunque se minimice el

predominio en la industria de sectores concentrados a manos del capital extranjero,

aunque se pase por alto su marginalidad en las cadenas globales de valor, aunque

invada la amnesia respecto de los compromisos extractivistas de los modelos neodesarrollistas, las políticas económicas impulsadas por los gobiernos progresistas

estuvieron lejos, muy lejos del antiimperialismo y el nacionalismo que –en algunos

casos– declamaron. El peso adquirido en las últimas dos décadas por el gran capital

transnacional muestra que estos gobiernos también se apartaron del “nacionalismo

empresarial”, o que, en todo caso, este resultó impotente frente a las tendencias

macroeconómicas globales.

 

¿La única alternativa es extractivismo y agrobusiness sin distribución o extractivismo

y agrobussines con distribución?

 

Luego están las limitaciones de las políticas redistributivas que no asumen la

necesidad de realizar cambios estructurales en el modelo de acumulación o, sin

llegar a tanto, que priorizan el acceso masivo a los bienes de consumo individual

antes que el acceso masivo a los bienes sociales como tierra, vivienda,

alimentación, educación, salud, etc.. ¿Será posible garantizar un mínimo de

bienestar para la clase trabajadora sin realizar cambios estructurales en el modelo

de acumulación, sin efectuar cuestionamientos medulares al neoliberalismo? ¿será

posible mantener los cuestionamientos retóricos al neoliberalismo con la

profundización de la dependencia? ¿se podrá disminuir la pobreza sin discutir

seriamente la riqueza?

 

Por último, la aceptación de las reglas de la democracia representativa y delegativa

(liberal) y la renuncia, cuando no el boicot sistemático, a toda práctica tendiente a la

construcción de poder popular. la fórmula del progresismo fue: “distribución

económica sin politización de las bases y con disciplinamiento social”. el poder

político se redistribuyó en favor del capital. por ejemplo, en argentina y brasil no se

promovieron espacios de participación popular directa, de auto-gobierno popular, por

el contrario, mientras se fortalecieron los pilares del viejo estado y los costados

ficcionales y emotivos de la democracia, se limitaron las posiciones de los espacios

populares alternativos donde se ejercía la autodeterminación de los fines y

autogestión de los medios. los ejes prioritarios del progresismo fueron el realismo y

el acompañamiento al sentido común de las clases subalternas y oprimidas en el

marco del capitalismo democrático. se desarticularon las instancias de

alfabetización política productoras de sujetos críticos. Se apostó a una

recomposición desde arriba del vínculo entre el estado y las clases populares.

muchas de las políticas económicas y sociales del progresismo no hicieron más

contribuir con el proceso de colonización mercantil de las conciencias, inocularon en

los trabajadores y las trabajadoras la inutilidad del desear “a lo grande” y ratificaron

los fetiches de los sectores medios. Esto favoreció un proceso de despolitización

popular, basamento del conformismo de masas y una de las causas que explican los

recientes avances de derecha. porque uno de los rasgos característicos de la

denominada “nueva derecha” es su capacidad para promover la despolitización de

masas, desde el estado y, sobre todo, desde sus baluartes en la sociedad civil.

en este aspecto cabe el contraste con la revolución bolivariana. En la venezuela

chavista, la racionalidad del sistema de dominación que constituye el magma de las

articulaciones sociales sufrió importantes alteraciones. El desarrollo de una

democracia participativa y protagónica, su estímulo (desparejo) desde algunos

sectores del estado, explican en buena medida la supervivencia del proceso

bolivariano en un contexto sumamente complejo (por la agresión externa sobre todo,

pero también por las limitaciones propias del chavismo institucional).

 

En Venezuela, el chavismo hizo posible la conformación de un movimiento comunero

que ejerce el autogobierno desde abajo y que, hoy por hoy, es uno de los pilares de la

resistencia popular y el punto de apoyo de otras iniciativas vinculadas a la

democratización de la

economía, el control de los medios de producción, la construcción de un sistema

económico comunal, etc.

 

Para gestar un proyecto nacional-popular radical, antiimperialista, anticapitalista y

antipatriarcal, resulta una condición necesaria salirse de la serie que hilvana falsas

opciones: modelo neoclásico o modelo keynesiano/estructuralista, modelo neoliberal

o modelo neo-desarrollista/neo-estructuralista, capitalismo off-shore o capitalismo

posneoliberal, gestión directa de los asuntos de las clases dominantes o gestión

mediada y negociada de los mismos, washington o el vaticano. es imprescindible

salirse de esta serie para no repetir lo existente y fracasado.

 

Para gestar un proyecto nacional-popular radical es una condición necesaria

liberarse de las elites políticas que se constituyen en intermediarias de un sistema al

que consideran definitivo e incuestionable; por eso para ellas la política se reduce a

un debate en torno al grado de agresividad de un mismo patrón de acumulación.

pero sin alternativas no habrá política. política de verdad o “gran política”. Política

sin mistificaciones. Política que no sea ni reminiscencia ni repetición. sin alternativas

sólo habrá gestión de lo que existe con diferentes revestimientos declarativos, la

administración de una decadencia.

 

Para gestar un proyecto nacional-popular radical es una condición necesaria ir más

allá de las instituciones del estado liberal. los “golpes blandos” o las injusticias

perpetradas por el poder judicial, las operaciones destituyentes de la “prensa libre”

demuestran que estas instituciones fácilmente se vuelven en contra de cualquier

proceso popular, aunque sea moderado. estas instituciones pueden amoldarse

fácilmente a las estrategias del imperio, de ningún modo resultan incompatibles con

la guerra de cuarta generación.

 

El “primer ciclo progresista” muestra que el sistema puede tolerar ciertas anomalías

acotadas, situadas en los marcos del sistema. de ningún modo las clases

dominantes promueven esas anomalías, pero las aceptan como reaseguro de las

continuidades de fondo en contextos de avance de avance popular. el capital no le

teme a esas anomalías mientras no contradigan ostensiblemente la ley de

continuidad del sistema.

 

En contextos de crisis de dominación, frente al desprestigio de las instituciones

políticas tradicionales, las organizaciones y figuras políticas que aparecen como

disruptivas y externas al sistema (pero que no asumen el horizonte de

transformación radical del mismo) pueden devenir atractivas para las clases

dominantes que no dudan en asimilarlos como conductores de una transición

apacible y como garantes de las continuidades de fondo. o, sin llegar a ser

atractivas para las clases dominantes, pueden se aceptadas por estas como el “mal

menor”. suele ocurrir que en la opción por los males menores y en el realismo que

no confía en la potentia popular, muchas organizaciones dizque “progresistas”,

“nacional populares” o “de izquierda” terminan coincidiendo con las clases

dominantes.

 

Sin dudas, el progresismo podrá retomar al gobierno (en uno o en varios países de

la región) pero difícilmente será igual a lo que fue. también podrá irrumpir por vez

primera en los países que sólo han conocido el neoliberalismo duro, pero

difícilmente pueda reeditar las “concesiones a dos puntas” del primer ciclo

progresista y sus destrezas para emparchar algunos de los problemas del

capitalismo dependiente. nada presagia una segunda ola progresista “recargada”.

las nuevas condiciones no se lo permitirán. Su margen de maniobra, esta vez, será

demasiado estrecho. Tendrá menos sustento la idea de un estado que, en los

marcos del sistema, asuma la función de reemplazo de la burguesía e impulse el

desarrollo económico y social. También será más difícil la articulación de las

retóricas nacional-populares con los proyectos que no asuman abiertamente el

compromiso de reducir el poder económico, social y político del capital. Aunque el

Desquicio de la derecha y un descenso general en todos los órdenes le suministre

algún oxigeno inicial en donde lo tibio y escaso aumente su valuación por un tiempo.

¿y después qué? ¿Optará el progresismo por dios o por el diablo ante imposibilidad

de estar bien con ambos?

 

Por su parte, las propuestas que ponen el acento de la honradez y en la honestidad

de la clase dirigente, las cruzadas “anticorrupción”, cuando son sinceras, resultan

incompatibles con la posición dominante del capital financiero, las grandes

corporaciones trasnacionales y los poderes locales ultra-conservadores y

reaccionarios. Sin políticas antiimperialistas y anticapitalistas se avanzará muy poco

en la lucha contra la violencia y la corrupción y no serán viables las “constituciones

morales”. El “honestismo” tiene limitaciones muy estrictas, sino logra excederlas se

convierte en discursividad vacía e intrascendente.

 

Entonces: ¿qué será el progresismo? ¿será copia degradada de sí mismo? ¿se

asemejará a lo que Ernesto che Guevara llamó la planificación de las letrinas?

¿Cómo hará para reeditar sus funciones estabilizadoras del sistema en un contexto

económico y político adverso? ¿Dará lugar a un conjunto de versiones raquíticas,

ubicadas a la derecha de lo que fue la “primera oleada”? ¿o, por el contrario, se

radicalizará, romperá la alianza pluriclasista, politizará las luchas sociales y

socializará las luchas políticas al tiempo que asumirá horizontes anticapitalistas?

¿Combatirá la pobreza combatiendo a los ricos e impulsando decididamente los

procesos de auto organización y la autoconciencia de los y las pobres? ¿acaso las

mediaciones políticas existentes resultan aptas para darle una perspectiva política

afín a los intereses de fondo de los diversos espacios de resistencia o aparecen más

predispuestas a privilegiar sus vínculos institucionales? como sea, nos cuesta

pensar en un nuevo ciclo progresista en los términos que conocemos.

 

La lucha de clases tendrá la primera palabra. Puede ser que el pueblo tenga la

ultima. Siempre y cuando logre exceder la condición de traicionado, engañado,

dirigido, manipulado, suplente de la nada. Siempre y cuando resista el asedio de la

conciliación que se cuela en sus acciones y en sus discursos y que alienta la

participación subordinada en la política oficial. Siempre y cuando se libere de las

direcciones componedoras, de los burócratas y los comisionistas del poder que

buscarán administrar/regular la lucha de clases para perpetuar sus beneficios de

casta o para concretar sus aspiraciones de ascenso social (no se perciben

diferencias significativas entre los politiqueros viejos de la “generación x” y los

politiqueros jóvenes de la generación “milenian”, lo mismo cabe para las

politiqueras). Siempre y cuando consiga dotarse de una organización y una política

que esté a la altura del desafío del proyecto civilizatorio propio y alternativo. Siempre

cuando este proyecto civilizatorio propio y alternativo posea un vínculo férreo con la

cuestión del poder. Sólo así la práctica de los y las de abajo será auténtica praxis

popular y no mero activismo plebeyo.

 

La única unidad que vale es la unidad interior de los y las de abajo. la unidad para

la ruptura con las prácticas y los programas obsoletos. la unidad que coloca al

conflicto en un piso más alto y no la que busca conjurarlo. ese es un momento de

unidad disruptivo y estimulante porque promueve las relaciones más genuinas y

productivas. la unidad que se presenta como superior al conflicto es una unidad

abstracta y está hecha a la imagen y semejanza del poder, aunque use el ropaje de

la bondad y la justicia.

 

Si la unidad se construye en la lucha y en base a la imaginación, la democracia de

base y la autonomía popular, si la unidad gira en torno a la construcción colectiva de

un programa antiimperialista, anticapitalista y antipatriarcal, seguramente se podrá

enfrentar a la derecha en las mejores condiciones posibles y, sobre todo, se podrá

construir una base más sólida (un sentido, una visión histórica) para encarar el ciclo

subsiguiente, para no tener que construir, después, de cero y desde la orfandad.

 

por Miguel Mazzeo

lanús oeste, 20 de julio de 2018

 

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