Nimius

Archive for the ‘literatura’ Category

Dhamma

In literatura on 25 agosto 2017 at 13:56

Enseñar a humanos es, como poco, agotador y de poco fruto. La inmensa mayoría es ciega al Dhamma, y los pocos que no lo son, a lo más, son como los niños del kínder.

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Imposible

In literatura on 25 agosto 2017 at 13:46

Los humanos, sin acceso al Dhamma incondicionado, no pueden de ninguna forma acceder a él si no les es revelado. Es por eso por lo que no hay iluminados sin un maestro que no sea un Sammasambuddha

Comienzo

In literatura on 25 agosto 2017 at 13:44

El maltrato en la infancia, es el germen de la violencia de la sociedad, es el comienzo de todo.

¿Fracaso?

In literatura on 19 junio 2017 at 4:00

El planeta se encuentra en el estado mas bajo de infrahumanidad que jamas tuvo la tierra, donde unos psicopatas y demonios controlan 100% a todo el mundo, esta pesadilla, es tambien, una fase pasajera (el Kali Yuga) que dara paso a la siguiente era (Satya Yuga) la era de la Verdad que no tardara mucho, todo es podible, todo puede cambiar, es la posibilidad infinita, la fe es eso, que empieza a partir de ahora, olvidate de los horrores del pasado, resetea tu mente, enpieza ya, cambia tu dieta, sin huevos, sin cebolla, sin ajo, ayunos de un dia, haz deporte, desconexion sensorial, lecturas espirituales sino te van a llenar la cabeza de basura, ni hablar de redes sociales y medios de mass mierda: acabaras tautuado, con un piercing en el medio de la jeta y homesexualizado (nada contra los homesexuales solo que es un programa que bajan linea desde el poder), fracasar para esta sociedad es lo mejor que te puede pasar, el dia que te ilumines nadie te va a ver y nadie se va a enterar, nadie te va a aplaudir, solamente tu y Dios y cuando eso suceda veras el juego entre tu y Dios y seras feliz infinitamente. Ananda.

¿Alguien te hablara de ella? No, jamas, solamente algunos locos.

Ese estado existe, se puede experimentar en meditacion y fuera de meditacion y es continuo, te puede durar 24 hs, es un estado arrobador, que es una mezcla de orgasmo, de sentimiento de velocidad, de abrazo, dulce y los misticos (los que tienen este sentimiento de amor, este sentimiento de infinito) lo han descripto siempre, realizan un proceso de explansion de la mente y contraccion (de los instintos, de las adicciones) y entras en un estado maravilloso de placer y felicidad que es el que les espera a todos, que es el que tenemos que seguir, eso es triunfar.

Al final uno se muere y no sabe nada, estas aqui para experimentar el infinito.

Da igual que lo creas o no, este es el proceso y todos los misticos y yoguis lo han atestiguado asi.

El que despierta siempre es tratado como un loco por el resto de los zombies, porque si no tienes adicciones como ellos, o no tienes sus taras conceptuales equivocadas, sino tienes metas efimeras como ellos, estas equivocado, si no fumas, si no bebes, si no quieres ser bonito/a, rico o famoso tan van a segregar, si eres un despierto, si tienes un mensaje del alma, siempre seras tomado por loco, o con suerte por un soñador, si eres un amante de la Verdad probablemente seras odiado por los demas, por eso no has fracasado, Dios es la cosa mas querida de este universo y no tienes que ir a ningun sitio para encontrarlo, esta tan cerca tuyo, tan tan cerca… no tienes que estudiar, no tienes que peregrinar, no tienes que buscar pareja, etc… cuando experimentas Ananda… no es facil… es un proceso lento… pero mas rapido que la vida normal, esto es triunfar, fracasar es no hacer meditacion, es no cerrar los ojos y buscar el secreto que hay dentro, Dios esta dentro de nosotros, pero nosotros estamos fuera de nosotros, eres un zombie mirando el movil todo el dia, con los piercing, cortado el pelo como nazi, como te dice el sistema, sin personalidad, creyendo en la religion o en la cultura donde has nacido, con los dogmas que te han metido desde el minuto uno, que la ciencia es una mentira cultural, en fin, todo… es muy dificil salir de esta matrix, pero es posible con meditacion cuando cierras los ojos y descubres que eres infinito y sonreiras y descubriras para que has nacido, ¿para que?, para ser feliz,

Gradualmente, con subidas y bajadas (no te preopcupes por eso), lo lograras.

* Tecnocidio *

In literatura on 9 junio 2017 at 15:57

Tiempos modernos… o modernosos.., la tecnología nos está fagocitando… mientras creemos usarla… ella nos usa.
Si antes decíamos *sólo somos números* hoy decimos *sólo somos algoritmos*.

Desde que el teléfono móvil =aunque cada vez menos sea un teléfono= incluyó internet las 24 horas y las APP se introdujeron en el aparato, las tentaciones de tener todo ya y en la mano, nos han vuelto *alimento* de la tecnología.

Pero cuidado… detrás de ese mundo feliz aparentemente *inmaterial* hay personas…hay empresas…hay negocios y hay un gran fichero donde llegarán a saber cuántas veces uno va al baño, o qué color de de bombacha lleva puesta ese día la Señora o cuales son las fantasías sexuales del Señor..

Todo pasa y todo queda..pero registrado.
Una gran nómina donde el algoritmo reemplaza a nuestro DNI..
Tiempos tecnológicos…, nos hacen creer que somos distintos y nos están produciendo en serie.

Quién soy, si soy predecible.

Dónde está mi libertad si Dios sabe que me voy a salvar o condenar. Esta pregunta me la hacía de niño; en el colegio me contaban que Dios lo sabía todo, también el porvenir. Porque para Dios el tiempo no existe. Es como si un ser venido del siglo próximo conociese de antemano tus decisiones aunque tú aún no las hayas tomado. A mí me parecía injusto que Dios me permitiese nacer si sabía que me iba a condenar =no se me pasaba por la cabeza que fuese a salvarme=.

Quién soy yo, me pregunto ahora, si Amazon Go podrá crear un algoritmo para predecir mi comportamiento a partir de mis decisiones anteriores, a partir de lo que consumo, de lo que cojo en la estantería aunque después lo deje, de lo que miro. Amazon Go conocerá mis gustos, mis tendencias, incluso mi ideología. Mi depresión y mi euforia se volverán cuantificables y previsibles. En el patrón de consumo habrá ciclos, pero de todas maneras surgirá un algoritmo para predecirlos, y Dios, o Amazon Go, sabrán en todo momento quién soy.

Mi identidad se diluye cuando me vuelvo consumidor, mera acumulación de datos de compra. Es verdad que podría encerrarme en una celda analógica, pagar en metálico, comprar en mercados callejeros, ser yo, a solas; aunque el algoritmo toma nota, las agencias de seguridad registran que ahí se esconde un rebelde, un antisistema.
Un egoísta =egotista se llama en el planeta Anarres a quienes piensan en sí mismos y no en el conjunto de la sociedad=.

Pero basta una enfermedad para que mi resistencia se derrumbe. Entonces sí deseo beneficiarme de los avances de la ciencia. Así, nos advierte Zizek =Viviendo en el final de los tiempos=, entra la dominación en nuestras casas: *La estrategia es siempre la misma: se presenta primero un invento como novedosa y brillante cura para una enfermedad =y así nadie puede oponerse a él= y después su uso se amplía a otros campos*.

Zizek se refiere a proyectos de las agencias secretas de defensa de Estados Unidos para controlar a distancia los pensamientos y las emociones; también a las investigaciones para borrar memorias traumáticas =de guerras, de violaciones=.
¿No sería un gran avance, liberarnos de nuestros traumas y heridas?

Volvamos al principio: quién soy yo sin mis traumas, sin mis heridas, con la conciencia de mi pasado alterada hasta un punto en el que no podría reconocerme en mi propia biografía.

Podríamos decir que no hay que echarse las manos a la cabeza, en principio; ya estamos acostumbrados a que nuestro cuerpo sobreviva o viva en mejores condiciones gracias a artefactos y órganos extraños: prótesis, bypass, marcapasos, células madre, sangre, hígado, corazón de donantes, incluso de animales, corazones mecánicos.

Pero, salvo algún desequilibrado, nadie piensa que los aportes externos que mejoran el funcionamiento de mi cuerpo alteren mi identidad: el alma no reside en el corazón; da igual de qué fuente proceda la sangre que recorre mi cuerpo, es sólo sangre.
Cualquier anciano, y no sólo anciano, está dispuesto a convertirse en cyborg si eso alarga o mejora su calidad de vida. Como hemos aceptado que nuestro cuerpo es una máquina, da igual el material con el que la reparemos.

Las dudas empiezan cuando abandonamos el ámbito de lo curativo y pasamos al de lo preventivo y, sobre todo, al de la biónica de refuerzo o crecimiento personal.
Por partes:
¿Nos parece lícito modificar el código genético para evitar a un bebé, a un embrión, la propensión a contraer ciertas enfermedades? ¿Por qué no?.

Si usamos la ciencia cuando la enfermedad se ha manifestado, parece razonable anticiparnos a ella.
El siguiente paso es evidente: si resulta aceptable intervenir en los genes de un feto para evitarle enfermedades futuras, ¿por qué no ir más lejos e intervenir para mejorar su inteligencia y sus habilidades emocionales?

Sin embargo, la eugenesia genera enseguida asociaciones con distopías como Un mundo feliz, y suscita la desconfianza hacia quienes tomarían la decisión sobre qué rasgos deberán tener los nasciturus. La disyuntiva parece más fácil de resolver cuando un adulto decide libremente qué transformaciones permite en su cuerpo.

Desde introducir en él chips que controlen su salud a conexiones neuronales a fuentes de información. El mundo de Matrix no está tan lejos: la fantasía =¿de verdad es sólo una fantasía?= de conectar nuestro cerebro a la nube, promete una ampliación casi al infinito de nuestras posibilidades de conocimiento.

Todo ser humano, nos dicen, tiene derecho a convertirse en posthumano, esto es, a ampliar tanto sus capacidades con ayuda de la tecnología que su especie tendrá que definirse de otra forma.
Lo que no está claro es que un adulto vaya a tener siempre esa potestad sobre sí mismo. Hace años que la bioética viene ocupándose de la posibilidad de intervenir en los seres humanos, también sin su consentimiento, para favorecer en ellos un comportamiento ético =moral enhancement, en inglés=.

En un mundo en el que la catástrofe nuclear es una posibilidad nada lejana o en el que las decisiones económicas pueden llevar a la devastación del medio ambiente hasta el punto de poner en peligro la subsistencia de la especie =y Trump hace que las fantasías apocalípticas cobren nueva actualidad=, parece razonable que, si se tienen los medios, se intervenga a la fuerza para dotar al ser humano de una moralidad superior.

Y para quienes argumentan que las decisiones éticas pueden ser peligrosas por poco prácticas, ese refuerzo moral, nos dicen, debe incluir dos elementos fundamentales: la consideración de los resultados a largo plazo de las decisiones y, para evitar dictaduras ilustradas, el respeto por la autonomía y la libertad de los individuos. Una adaptación a los posthumanos de las leyes de la robótica asimovianas.

Aparte de que pueda o no apetecernos vivir en ese mundo posthumano, no queda más remedio que volver a las preguntas iniciales.
Qué queda de mí cuando alguien altera mi conciencia, aunque sea con mi consentimiento. Dónde está mi identidad. Si ésta es una pregunta filosófica que puede parecer poco útil en la práctica, planteémoslo de otra manera: si la identidad deja de estar clara, es decir, si el yo no es un ser autónomo, si parte de lo que lo constituye procede de fuentes externas posiblemente patentadas, ¿a quién le pertenece mi cuerpo? ¿en qué porcentaje?
¿Y quién tiene derecho a los beneficios que reporten mis acciones?

Pensemos que a los agricultores que usan simientes patentadas ni siquiera les está permitido volver a plantar las semillas de su cosecha =tienen que comprar nueva simiente cada año=; entonces parece lógico intuir que yo tampoco podré beneficiarme de mi realidad aumentada, de mis nuevos recursos biogenéticos.

Porque yo perteneceré parcialmente a una empresa. Yo…, da igual, para ese momento es probable que la palabra *yo* haya dejado de tener sentido.
El posthumano exige también un postlenguaje.

Lo único que no es probable que cambie es la estructura económica de explotación.

A Kubrick lo mataron.

In literatura on 9 junio 2017 at 15:55

Stanley Kubrick ya nos mostró en “2001: una odisea del espacio”, pero sobre todo en “La naranja mecánica”, su conocimiento de los programas de control mental mediante trauma, que se suelen denominar de forma genérica MK Ultra, o de manera más específica, Monarca. Una década después, en 1980, el director estadounidense volvía a ocuparse del tema de la programación mental con su película “El resplandor”.

Pero lo interesante de la manera en que Kubrick nos habla de estos programas de control mental mediante trauma, es que nos permite comprender que son mucho más de lo que sugiere la palabra “programación”, de lo que sintetizó genialmente en su imagen de Álex sentado en una butaca de una sala de cine, con los “ojos completamente abiertos” (eyes wide open), obligado a ver películas de sexo y de violencia. Lo interesante, decimos, es cómo estos programas están profundamente vinculados al abuso familiar intergeneracional y al satanismo, y todo ello a su vez a la mecánica del poder-religión real en la sombra, o lo que podemos resumir como logias masonas, sociedades secretas, lluminati.

Creemos que la clave para comprender “El resplandor” es interpretar la arquitectura del hotel, así como la del laberinto que lo acompaña, como metáforas de la estructura mental de las víctimas de control mental mediante trauma. Las mentes de estos “múltiples”, de estas víctimas de trastorno de identidad disociativo, son como una compleja arquitectura. Miles de álters conformando un complejo sistema, formando subsistemas, separados por paredes, por espejos, a distintos niveles, más o menos profundos, comunicados mediante ascensores, escaleras. Álters de paso y álters de almacenaje. Álters frontales, políticamente correctos, cristianos, católicos, jesuitas. Y álters ocultos, pervertidos, sádicos, satanistas.

El buen programador, como el buen arquitecto, debe integrar en una sola mente todo este conjunto heterogéneo de álters, de guardianes, de programas internos, de sistemas de compartimentación, de códigos, establecer sus prioridades, separar lo público de lo privado, los álters cristianos de los satánicos. Pero haciendo, por graves que sean las contradicciones, que todos convivan en un mismo ser.

Pues bien, esto es, ni más ni menos, lo que nos muestra Stanley Kubrick en “El resplandor”. Nos está enseñando, con su característica profundidad, cómo funciona la programación mental mediante trauma. Nos está diciendo cómo esta es, en última instancia, una forma de satanismo. Y nos está mostrando cómo todo esto se imbrica en las tramas del poder-religión real en la sombra.

Seguramente la imagen más conocida y más inquietante del filme sea la de las gemelas. Pues bien, este es un símbolo evidente de la programación mental. Cualquiera que sepa un poco del tema conocerá el papel central que los gemelos, pero sobre todo, el gemelamiento o twinning, juega en estos programas. Desde los infames experimentos del Dr. Joseph Mengele en la Alemania nazi, hasta el día de hoy, con la continuidad total que corresponde al régimen global nazicapitalista que hoy padecemos, y del que el nazismo fue solo la punta del iceberg. Kubrick sabe todo esto muy bien, y por eso ha hecho de unas niñas gemelas el símbolo central de la película. Y para que no queden dudas de lo que está hablando, las ha colocado en el vano de una puerta, bajo un rótulo en que se lee “EXIT”, salida, y al lado de un cartel en el que leemos, en rojo, la palabra “Monarch”, ‘Monarca’..

MÚLTIPLES BAJO LA MIRADA DEL ÁGUILA

Desde las primeras imágenes sentimos la presencia amenazante del águila, que se cierne sobre la serpiente. Las geometrías piramidales del hotel y de la montaña, que lo mira desde arriba, en la que se llega a distinguir una pirámide truncada, nos sugieren que estamos bajo el dominio Illuminati. El hotel se llama “Overlook”, mirar desde arriva, como el águila, como el Ojo que todo lo ve. Y estas pirámides se solapan después con una escalera. Encontraremos muchos otros símbolos a lo largo del filme que nos hablan de esto, de la jerarquía, del ascenso y el descenso sociales.

El águila en el despacho del director, así como extraños gestos de sus manos, nos sugieren que este forma parte de la estructura mafiosa o sectaria del poder real, que le han dado el trabajo a Jack porque forma parte de esta sociedad secreta. Sociedad secreta que se superpone a la sociedad pública, como los álters ocultos de los múltiples se enmascaran detrás de los álters frontales.

La familia Torrance, formada por el padre Jack, la madre Wendy y el hijo de ambos, Danny, es precisamente una familia de múltiples. Numerosos detalles a lo largo de la película nos desvelan que este es el caso de la familia Torrance, que son, en mayor o menor grado, disociados, programados. Que provienen de familias de abuso satánico intergeneracional. Que están vinculados a estas tramas ocultas del poder. Que conforman la base de la pirámide de mafias, de logias, de sociedades secretas, sobre la que se levanta la pirámide Illuminati.

Desde el principio vemos a Danny hablando con su dedo, al que llama Tony, que no es otra cosa que uno de estos álters disociados de su mente múltiple. Los dibujos animados que lo rodean, Bugs Bunny, Mickey Mouse, el Mudito de los 7 enanitos, nos sugieren que es una víctima de programación mental.

A su madre Wendy la vemos también en actitudes típicas de una programada, con signos de insomnio, desganada y leyendo en la mesa, rodeada de libros extrañamente apilados, pendiente del teléfono, con fotos de mascotas pero no de familiares o amigos.

Y el padre Jack es otro múltiple, como nos sugieren la imágenes en que lo vemos reflejado en espejos, durmiendo a deshoras, junto a mariposas, con una camiseta en la que volvemos a encontrar el águila del sobrevuelo, de la disociación, con gestos que aluden a los trances rituales, desde las gorgonas a los Rollings Stones.

Los turistas se van y en el hotel se quedan solo los tres miembros de la familia Torrance. Es importante resaltar este detalle para comprender que toda una serie de personajes que van a aparecer a lo largo de la película no son más que sus álters.

Wendy y Danny van a pasear al laberinto que hay junto al hotel, también llamado “Overlook”, mientras Jack las mira desde arriba, como un águila, como el Ojo que todo lo ve. El laberinto sintetiza nuestra interpretación del filme. Jack es el controlador, y Wendy y Danny son los controlados. El laberinto, como el hotel, es la metáfora de la estructura mental de estos múltiples, de la estructura creada por la programación para convertir a un ser humano natural y libre en un programado, en un esclavo, en un robot. Pero como veremos, el controlador es a su vez un controlado.

LA HABITACIÓN 237 ES UN ÁLTER OCULTO

Danny recorre los pasillos del hotel con su triciclo, con un respaldo en el que vemos otra pirámide truncada, del color azul de la programación mental. Pasa junto a un panel que alude a la memoria fotográfica que desarrollan algunos de estos múltiples o álters. Al pasar junto a la habitación 237 recuerda que le han dicho que no debe entrar en ella bajo ningún concepto. Pero Danny se baja del triciclo y se acerca, e intenta entrar, pero la puerta está cerrada.

Entretanto, se cruza en varias ocasiones con las gemelas. Como iremos viendo, Danny tiene una mente disociada. Ha estado antes en la habitación 237, pero esto forma parte de su memoria traumática, que está compartimentalizada en uno de sus álters amnésicos. El símbolo de la habitación y de la puerta cerrada es tan evidente que cuesta comprenderlo. Siempre es lo que está delante de nuestra narices lo que más difícil es de entender. El poder-religión real no se esconde. Se enmascara.

Por su parte, Jack ha tomado posesión del gran vestíbulo central. Aquel en el que desembocan todos los pasillos. Kubrick nos muestra al padre de familia flanqueado por las dos columnas, y a su vez sentado en un trono, en el que volvemos a ver una alusión a Jaquín y Boaz. Y al fondo del vestíbulo se ve una gran escalera, con dos tramos laterales, que interpretamos como la jerarquía del poder, la pirámide truncada Illuminati, con una chimenea en su cumbre.

Y en este vestíbulo central, en el territorio del pater familias, pero que es también la bestia, la madre no es bienvenida. Todo ello bajo la atenta mirada de la pirámide. Estamos en plena agenda satanista, perdón, quería decir transhumanista. Se celebra el sacrificio de la maternidad.

En este espacio central Jack ha colocado su máquina de escribir “Adler”, águila. Pero más que escribir se divierte lanzando la pelota con fuerza sobre la chimenea. Sabe muy bien que para ascender en la pirámide lo principal no es el talento sino la lealtad, la obediencia, el secretismo, la disociación.

Así es que Jack se dedica a escribir una y otra vez la misma frase: “Tanto trabajo y tan poco juego hacen de Jack un idiota”. Creemos que Kubrick está aquí otra vez aludiendo a la pirámide truncada y a las dos columnas. Así podemos interpretar la primera palabra de la frase, “All”, A L L. Es esta jerarquía del poder-religión real en la sombra la que obliga a trabajar tanto y a jugar tan poco, la que hace de todos unos idiotas. En esto consiste la programación mental. En esto consiste el transhumanismo.

Poco a poco vamos descubriendo que todo en el filme es tremendamente coherente, que todo encaja, que todo alude a la programación mental.

Danny se encuentra una y otra vez con las gemelas, en medio de los pasillos o bloqueando los pasos, y acto seguido las vemos asesinadas y ensangrentadas. Y al mismo tiempo, gracias a un montaje genial del director norteamericano, que nos proporciona muchas de las claves para interpretar la obra, vemos ascensores de los que salen ríos de sangre, que invaden los pasillos, a pesar de que sus puertas estén cerradas. Recordemos que los ascensores simbolizan aquí los mecanismos mentales que comunican los distintos subsistemas de álters, los más profundos, traumáticos y amnésicos, con los más superficiales y conscientes. En estos montajes geniales vemos también a Danny en trance, o tapándose los ojos, o hablando con su álter Tony, evidentemente, un dedo fálico, como vamos a ir viendo. Insistimos, estas imágenes y estos montajes ponen de manifiesto un gran conocimiento por parte de Stanley Kubrick, no solo de la psicología en general, sino también de los programas de control mental mediente trauma.

Todas estas imágenes, que son difíciles de interpretar en términos lógicos, que hacen de esta película una de las más enigmáticas del director, cobran sentido como expresión de la programación mental.

Los álters disociados se crean sometiendo a las víctimas a experiencias traumáticas, a abuso sexual, a tortura, desde que son bebés. Incluso desde que están en el vientre de sus madres. La mente se protege naturalmente de estas experiencias y de estos recuerdos traumáticos creando fragmentaciones, que es lo que se denominan álters amnésicos, compartimentalizándolos con respecto a otros álters más frontales, para que no interfieran en la vida cotidiana. Los programadores producen estos álters mediante trauma, y luego los utilizan para misiones específicas secretas, para hacer de estos esclavos prostitutas de lujo, modelos presidenciales, asesinos, agentes de inteligencia, astronautas, políticos, científicos de punta, deportistas de alta competición.

Todo esto es lo que representa la habitación 237, las gemelas asesinadas, la sangre inhundando los pasillos desde los ascensores, las puertas, los números de las habitaciones, las cerraduras, las llaves, las radios.

Kubrick no lo dice abiertamente, para no escandalizar al público bien pensante. Pero a poco que atemos cabos, comprenderemos que Jack está abusando sexualmente de su hijo Danny. En un momento del filme, mientras Danny está jugando con unos cochecitos, aparcándolos en las bandas decorativas de la moqueta, vemos cómo una pelota se acerca hasta él. Ya vimos que Jack, en lugar de escribrir, se dedicaba a lanzar la pelota con fuerza sobre el agujero de la chimenea. Después de que la pelota entra en el hexágono en el que está jugando Danny, la cámara y la moqueta giran 180 grados, y vemos que, también, la pelota le ha llegado a Danny por la espalda.

Kubrick es enormemente sutil, para que solo los más observadores comprendan lo que nos está diciendo. La pelota es el Falo, la misma que Jack lanzaba al agujero de la chimenea. Primero llega por delante y luego por detrás. Jack está abusando de su hijo, obligándole a hacerle felaciones, y sodomizándolo. Esto es, entre otras cosas, lo que está provocando su disociación. Jack (y Kubrick) sabe muy bien que es así como se asciende en la pirámide.

En la siguiente toma vemos a Danny encerrado en el hexágono del pavimento. De la misma manera que los recuerdos traumáticos son compartimentalizados en álters amnésicos. Y para más señas, el hexágono interior es de color rojo.

Algo parecido vimos en un episodio crucial de “La naranja mecánica”, que hemos interpretado como un ritual satánico, en el que un “amigo muy influyente” de Mr. Alexander, introducía bolas, una tras otra, con toda parsimonia, en un agujero de una mesa de billar, que era al mismo tiempo la pirámide truncada Illuminati. Mientras Álex, el hijo de Mr. Alexander, se retorcía de dolor en la buhardilla. A buen entendedor con pocas palabras basta.

Danny se levanta para ver de dónde viene la pelota. Entonces vemos que lleva un jersey azul, lleno de estrellas, con el cohete Apollo 11. Quizás el investigador Jay Weidner tenga razón y Kubrick nos esté diciendo algo entre líneas sobre el supuesto viaje a la Luna, que en realidad sería otra película. En todo caso, creemos que este jersey es otra referencia a la “A”, esto es, a la pirámide truncada, y al “11”, esto es, a las dos columnas, y en general a la programación y a la disociación mental, como sugieren las estrellas y el color azul. Hay que decir que el tema del espacio, los astros, los viajes en el cosmos, etc., como las arquitecturas, se utilizan como bases de programación mental.

Danny llega a la habitación 237 y se encuentra con la puerta abierta, con la llave puesta en el picaporte y un llavero rojo en el que leemos otra vez la cifra 237. A través del vano de la puerta vemos dos espejos girados.

Todo esto encaja en nuestra interpretación. Es su padre, esto es, su controlador, el que tiene las llaves, las claves, el que ha abierto la puerta. En el interior volvemos a ver la chimenea. Y un dibujo en la moqueta muy parecido al de los hexágonos, pero en el que se distingue claramente un falo y unas nalgas. Como decíamos, si atamos todos estos cabos sueltos, llegamos a la conclusión de que Jack está abusando sexualmente de su hijo Danny.

Después, en otro momento de la película, volvemos a ver a Danny en una cama, experimentando una situación traumática. Y otra vez, atando cabos, sabemos que es su propia cama. Que es su padre el que, abusando de él y de su madre, lo está programando.

Danny llega al vestíbulo que se disputan sus padres, con unos arañazos que ha recibido en la habitación 237. Su madre le dice que se vaya, que Jack no se encuentra bien. Lo hace señalando la pirámide. Los múltiples funcionan en grupo, construyen excusas en conjunto para compartimentalizar todo lo que no quieren recordar. De hecho esta es la clave para comprender a sociedades de tipo sectario y mafioso en general, como las sociedades secretas, las cúpulas de las grandes iglesias, las agencias de inteligencia, los Illuminati.

EL SALON DORADO ES UN RITUAL DE CERCANÍA A LA MUERTE

Mientras tanto, Jack se evade de su vida diaria visitando The Gold Room, El Salón Dorado, que Kubrick nos muestra como un gran ataúd. En El Salón Dorado, que quizás podemos también leer como The Cold Room, El Salón Frío, lo único que encuentra Jack es su imagen reflejada en el espejo. Y acto seguido vemos a un barman, que evidentemente no es más que otro de sus álters disociados.

Le pide un bourbon y el barman coloca en la barra una botella de Jack Daniel’s. Como vamos a ver, esto tiene mucho más sentido de lo que parece, porque nos sugiere que Jack y Danny son algo más que padre e hijo. Son dos caras de la misma moneda, son dos estadios diferentes de una misma mecánica de programación mental. Son dos fases de un mismo círculo vicioso.

Jack quiere, una y otra vez, pagar su bebida, pero, por unas cosas u otras, el barman termina invitándole. Kubrick nos está hablando aquí de la mecánica perversa que utilizan esas sectas y mafias de las que hablábamos, que son también las que conforman las cúpulas del poder-religión, para atrapar a la gente en sus redes. En el fondo eso es también el dinero.

Wendy ve finalmente los arañazos de Danny. Este dice que se los ha hecho una “loca” en la habitación 237. Su mujer le pide a Jack que se acerque a la habitación. Allí descubre, en un cuarto de baño que parece un templo, una Isis moderna surgiendo de las aguas, apareciendo desde detrás de un velo.

Jack y esta Isis ambigua, al mismo tiempo joven y madura, como una madre frustrada, se besan en el centro de la sala, rodeados de espejos y de orlas decorativas, que nos sugieren que estamos en un ritual sexual. Kubrick ha situado este cuarto de baño unos escalones por encima de la sala adyacente, para subrayar este carácter ritual.

Y mientras se besan, esta Isis ambigua se convierte en una vieja putrefacta. Este es el arquetipo afrodítico, que Kubrick ya nos mostró en “La naranja mecánica”. Este arquetipo afrodítico es el que utilizan los satanistas-transhumanistas que nos gobiernan en la sombra para aniquilar el arquetipo demétrico. Kubrick parece haber entendido todo esto muy bien. Ha elegido a una mujer que podría ser madre, pero que obviamente no lo es, que representa todo lo contrario a la maternidad.

El director estadounidense ha comprendido muy bien la vinculación del erotismo y de la muerte. Esta Isis-Afrodita putrefacta es el contrapunto de la madre, de Deméter, de la principal víctima del sistema profundamente satanista que hoy rezuma por todos sus poros.

En este sentido hay que interpretar también la mandorla-vagina mística que Kubrick coloca sobre la cama de matrimonio de los Torrance. De una manera similar a como vimos en el episodio final de “2001”. Podemos intuir lo que significa esta vagina mística, si prestamos atención al dedo de Jack, el servidor del régimen del Falo. Después veremos cómo, otra vez frente a esta mandorla, Jack viola simbólicamente a la madre. Todo esto es satanismo en estado puro, pero contado con una sutileza de la que solo este genial director es capaz.

Wendy y Danny son, de hecho, dos víctimas de una misma traumatización cruzada. Por parte de su marido y su padre Jack, pero en realidad, por parte del sistema en su conjunto, que utiliza a Jack como marioneta, como idiota útil. Todo esto es lo que simboliza el vestíbulo, los enfrentamientos de Jack y de Wendy en el vestíbulo, la poderosa presencia de la escalera-pirámide. Como decíamos, Stanley Kubrick nos está hablado de programación mental, pero al mismo tiempo nos está hablando de satanismo y de sociedades secretas, del transhumanismo y del sacrificio de la maternidad. Y lo está haciendo en términos rigurosamente simbólicos. He aquí su genialidad.

LA INVERSIÓN SATÁNICA DE LOS SÍMBOLOS ES EL DOBLE SENTIDO DE LOS DISPARADORES DE CONTROL MENTAL

Otro símbolo central del filme es la palabra “REDRUM”, que suena como “red room”, ‘habitación roja’, que Danny escribe en la puerta del baño de sus padres. Aquí se pone otra vez de manifiesto el conocimiento profundo por parte del director de la programación de control mental, y al mismo tiempo, del satanismo. Primero vemos la palabra desde abajo, porque es el bebé Danny el que la está viendo. Y después, pero que es, evidentemente, antes, vemos al mismo Danny escribirla. Pero en realidad este Danny es también Jack, Jack Daniel’s.

Después veremos cómo, leída a la inversa, la palabra “REDRUM” se convierte en “MURDER”, ‘asesino’. La mecánica es la misma que la de los códigos de programación mental. El genio Kubrick ha escrito esta palabra sobre una puerta, porque en el fondo estamos ante la misma mecánica que la de la puerta de la habitación 237. Una sola puerta separa dos espacios, un pasillo y una habituación. O lo que es lo mismo, un álter frontal, público, y un álter oculto, amnésico, traumático. De la misma manera que la misma palabra “REDRUM-MURDER” tiene dos sentidos diferentes según el sentido en que se lea. Estas inversiones son muy habituales en el satanismo y en la programación mental, que en el fondo son una misma cosa. Kubrick ha comprendido muy bien todo esto, y además nos lo muestra en relación con otro tema similar al de la puerta, muy utilizado también en programación, como es el espejo.

Después volvemos a ver a Jack en El Salón Dorado. Como decíamos, evidentemente, todo esto es parte de su mente disociada. No es que sea, exactamente, fruto de su imaginación, sino, de una manera mucho más concreta, fruto de la programación, la traumatización, la disociación. Pero todo ello como parte de una mecánica del poder-religión real en la sombra. Casi nos atreveríamos a decir que esta es la mecánica del poder-religión real, la clave de bóveda en la que se sostiene todo el sistema.

Jack tiene metida en su mente toda esa alta sociedad, todo ese glamour. Pero tal como lo ve desde la perspectiva reducida de la base de la pirámide. Forma parte de ella, pero en un nivel inferior. Suministrando la carne de cañón de la que se alimenta. La forma de ataúd de la sala nos está hablando de todo esto. Nos está hablando de una mecánica de programación mental en la que ocupan un lugar central los rituales de cercanía a la muerte, que a su vez nos llevarían a los cultos de misterios y a los libros de los muertos.

En el Ataúd Dorado, Jack tiene un encontronazo con un camarero, que le tira encima unas bebidas, con tanta corrección como intencionalidad. Otra vez Kubrick nos está diciendo, entre líneas, en qué consisten la masonería, la mafia, las sectas, en definitiva, el poder real: en el compromiso, en el chantaje, en el soborno, en “pringar” a aquellos de los que se pretende obtener algo.

El camarero lo conduce a los aseos, donde nos cruzamos con otra alusión al ascenso y al descenso social, en rojo, para más señas. Allí el camarero lo limpia con mucha amabilidad. Problema-reacción-solución. Y descubrimos que este señor es el Sr. Grady, el antiguo vigilante que asesinó a su mujer y a sus hijas gemelas.

Pero evidentemente estamos ante otro recurso del guión. Como el barman, como toda la gente de la alta sociedad que bebén y bailan en el Ataúd Dorado, el Sr. Grady no es más que un álter de Jack. El genio Kubrick nos lo retrata limpiando con toda meticulosidad la chaqueta de Jack, porque esto es lo que hacen los álters más ocultos, cargar con los muertos de los traumas y de las culpas, y dejar que los álters frontales se diviertan, con la conciencia tranquila.

LA REBELIÓN DE LOS ESPARTACOS DEL CONTROL MENTAL

Pero los programas de control mental de los Illuminati no son perfectos. Algunas veces fallan. A Wendy le ha fallado la disociación y ha acabado comprendiendo que Jack es el abusador y ella y Danny los abusados. Y se revela contra él, precisamente en el vestíbulo, en la encrucijada de los caminos y de los álters, en el espacio que Jack había tomado como su coto privado, naturalmente, bajo los designios de la pirámide.

Y ante la rebeldía de Wendy, Jack la acosa, la lleva a su terreno, que es, como decimos, el de la pirámide, el del ascenso social, siempre dentro de la pirámide. La intenta controlar con signos, que son al mismo tiempo disparadores de control mental y signos satánicos. Otra vez, Kubrick ha comprendido muy bien lo cerca que están el control mental y el satanismo.

El director enfatiza que este acoso se produzca, como decimos, a la vez que ascienden la pirámide. Porque quiere hacernos ver la estructuralidad de esta violencia contra la mujer. No porque sea algo inherente al hombre, sino porque se trata de un régimen fuertemente patriarcal, que al mismo tiempo niega esta patriarcalidad y la disfraza de feminismos mal entendidos, de Afroditas putrefactas y maternidades frustradas, al mismo tiempo que sacrifica sádicamente a las madres y a la maternidad. Kubrick ha comprendido como pocos todo esto, ha comprendido el lugar central que ocupa el Falo en el poder-religión real. Por que el Falo es el instrumento número uno de la disociación. Ha comprendido que ascender en la pirámide, en el régimen falocrático y satánico de hoy, implica rendir culto al Falo, disfrutar de prostitutas sagradas cadavéricas y sacrificar la maternidad.

Pero en la cumbre de este zigurat babilónico, coronado por la chimenea, por la lámpara de Lucifer, en la que habría de tener lugar una hierogamia-violación, cambian las tornas. Decíamos que Wendy es una esclava de control mental, pero no por completo. Todavía está a tiempo de reaccionar y de revelarse, de escapar de su esclavitud. Y efectivamente, el zigurat en el que el rey babilónico había de violar a la prostituta sagrada, se convierte súbitamente en una pirámide azteca, por la que cae el esclavo sacrificado. El verdugo se convierte en víctima. Descubrimos que el controlador es también el controlado. Que estamos ante un círculo vicioso sin el que no comprenderemos nada del poder-religión.

Kubrick nos muestra cómo el verdugo se convierte en víctima, el maltratador en maltratado, el sádico en masoca. Pero lo que hay que entender es justamente lo contrario. El genio nos lo pone difícil, porque solo de la dificultad puede nacer la comprensión profunda. En realidad, es la víctima la que se convierte en verdugo, el maltratado el que se convierte en maltratador, el masoca el que se convierte en sádico. En esto consiste la programación, y en esto consiste el poder real.

Jack ha quedado inconsciente y Wendy lo conduce hasta la cocina, y lo encierra en la despensa. Pero ya decimos, que sea Wendy la que lo golpea y lo encierra es solo un recurso del guión. Lo importante es comprender que Jack y Danny, el padre y el hijo, son dos caras de la misma moneda, son dos estadios de un mismo círculo vicioso. Lo que Kubrick nos está diciendo es que Jack ha sido un niño sometido a trauma, como Danny. Jack encerrado en la despensa es también Danny encerrado en la despensa, es una de las experiencias traumáticas típicas a las que someten a los múltiples. Quien está en la despensa es Jack Daniel’s.

Vemos a Jack Daniel’s en la puerta, intentando salir. La imagen es la misma que la de Mr. Alexander en “La naranja mecánica”, que era también un padre maltratador de su hijo Álex, que a su vez se convertía en un nuevo maltratador. En ambos casos, vemos a estos traumatizados bajo pirámides truncadas invertidas. Que son también ataúdes, como el ataúd de El Salón Dorado. Porque estas traumatizaciones remiten al ritual por excelencia, que es el de cercanía a la muerte.

La despensa, los envases, las cajas de alimentos, simbolizan la disociación y la compartimentación de la memoria, los números rojos que leemos en las cajas de cartón son disparadores de programación. Lo mismo que los libros al lado de Mr. Alexander. Y mientras Jack Daniel’s está encerrado llega el Sr. Grady y le vuelve a liar, con cosas de mafias y de masones. Pero ya sabemos que el Sr. Grady es un álter. Si Kubrick ha podido hilar tan fino aquí es porque sabe que, de hecho, estos álters disociados son proyecciones de figuras de la vida real. Y finalmente el Sr. Grady le abre la puerta. Pero es en realidad Jack el que le está abriendo la puerta a Danny, después de someterlo a programación traumática.

Mientras tanto Danny ha cogido un cuchillo y amenaza a su madre, recitando el mantra “REDRUM”. Aquí vemos otra vez que el padre y el hijo son dos caras de la misma moneda. El abusador hace del abusado otro abusador, el sádico hace del masoca otro sádico, el verdugo hace de la víctima otro verdugo. Por eso Kubrick nos muestra a Danny cortándose a sí mismo con el cuchillo.

Después escribe “REDRUM” en la puerta. Pero, como decíamos, la primera vez lo vimos desde abajo. Porque el primer “REDRUM” lo leía el bebé Danny, pero quien lo había escrito era este otro Danny, que ya es Jack Daniel’s. Y el espejo revela que estamos ante un disparador de control mental. En la pirámide del poder-religión, en las mafias y en las sectas, lo que se enseña es a ejecutar con perfección una determinada labor, sin comprender lo que significa, sin comprender el conjunto de la agenda satánica. Sin comprender que “habitación roja” significa “asesino”.

LA VIOLACIÓN DE LA MATERNIDAD Y EL SEGUNDO PARTO DEL TRANSHUMANO

Justo en el mismo momento escuchamos a Jack golpeando la puerta con el hacha. En el mismo momento porque, como decimos, el Danny que veíamos era Jack, Jack Daniel’s.

Jack produce una gran abertura, simbólicamente, vaginal, en la puerta, y le dice a Wendy que vuelve al hogar. Mete la mano por la ranura y abre la puerta. Kubrick nos muestra de manera magistral que el controlador, el que abre las puertas con las llaves, el que accede a los álters ocultos con las claves, no ha obtenido estas claves con buenos modales. Nos está mostrando que el programador o el controlador han tenido que ser primero maltratadores. Nos está hablando de la violencia estructural en la que se sostiene todo el edificio de la civilización, para seguir con la metáfora.

A continuación volvemos a ver lo mismo por segunda vez, esta vez en la puerta del baño. Otra vez Jack hace con su hacha una gran abertura, y otra vez Kubrick nos está hablando de una vulva y de una violación. Por eso nos muestra esta violación simbólica al lado de la vulva mística, sobre la cama. Por eso Jack hacía antes un gesto fálico con el dedo, junto a la misma mandorla-vagina mística.

Al mismo tiempo, Wendy y Danny intentan escapar por la ventana del baño. Si antes Kubrick nos mostraba una violación, ahora nos habla entre líneas de un segundo nacimiento, de un parto con dolor, que es de hecho parte de la traumatización. Este segundo parto es en realidad parte del ritual de cercanía a la muerte. Por eso Danny nace en el interior de la pirámide Illuminati, bajo un color azul luciferino. Antes hemos visto esta pirámide de nieve, en varias secuencias, coronada por la lámpara de Lucifer.

Que Wendy puede acceder, aunque sea parcialmente, a sus álters amnésicos, se pone de manifiesto en un episodio del filme, en el que regresa a su hogar. Allí se encuentra, entre cánticos satánicos, con su padre y otra persona disfrazada de oso, con las nalgas al aire, que le está haciendo una felación. Traumatizada, Wendy recuerda la escena, pero no el rostro de la persona que está con su padre, que creemos que es ella misma. Esto confirmaría que estamos ante el abuso satánico intergeneracional, como decíamos al principio.

Escapando de Jack, Danny se interna en el laberinto. Otra vez, en esto consiste la mecánica del poder-religión real, y no en las fábulas que cuentan en las universidades. Esta es la mecánica de las mafias, de las logias, de las cúpulas de las grandes iglesias, de los Illuminati. Todos funcionan, en última instancia, de la misma manera. Lo que hacen de cara a la galería puede variar. Pero en el fondo, todos se dedican a lo mismo y las reglas no escritas son las mismas.

El poder-religión real consiste en acorralar a la presa, de manera que no tenga más remedio que escapar. Pero lo haga atacando a otra presa más débil. Se trata, como venimos insistiendo, de que la víctima se convierta en verdugo, de que el masoca se convierta en sádico, de que el programado se convierta en programador. Es una mecánica vorticial, como la danza del geranos que se bailaba en el laberinto cretense.

El padre corre detrás de las huellas de su hijo, pero son también las huellas de su propio padre, que también le ha perseguido cuando él era un niño.

Y finalmente Danny descubre que solo puede salir del círculo vicioso dando marcha atrás, retrocediendo sobre sus propios pasos y tomando un camino alternativo. Engañando al perseguidor, dejándole caer en su propia trampa.

Después de todo, el perseguidor y el perseguido son el mismo, el verdudo y la víctima son el mismo, el masoca y el sádico son el mismo. Solo tomando un camino alternativo se puede salir del laberinto. Un camino alternativo que no es el del perseguidor ni el del perseguido, el del verdugo ni el de la víctima, el del masoca ni el del sádico.

Pero sobre todo, tomar un camino alternativo y alejarnos de las trampas de la pirámide nos permite mantenernos alejados de los demonios que rondan por esos lares.

 

OS PRESENTO UN DESAFIO A VUESTRAS IDEAS Y CREENCIAS.

In literatura on 30 mayo 2017 at 2:34

La imagen viva del mundo se desarrolla en la mente. El mundo tal como se os presenta se parece a un cuadro tridimensional en el cual cada persona participa. Cada color, cada línea que aparece en él se ha pintado primero en una mente, y sólo después se materializa en el exterior.


No obstante, en este caso los mismos artistas son parte del cuadro y aparecen en él. No hay ningún efecto en el mundo exterior que no emane de una fuente interior. No hay movimiento que no ocurra primero en la mente. La gran creatividad de la conciencia es vuestra herencia. Sin embargo, no pertenece únicamente a la humanidad. Cada ser vivo la posee, y ese mundo viviente consiste en una cooperación espontánea que existe entre lo más pequeño y lo superior, lo más grande y lo más humilde, entre los átomos y las moléculas y la mente consciente y racional.


Todo tipo de insectos, pájaros y animales cooperan en esta aventura, y de este modo se produce el entorno natural. Esto es tan normal e inevitable como el vaho que provoca el aliento sobre un cristal al respirar frente a él. Toda la conciencia crea el mundo, a partir del tono emocional. Es consecuencia natural de lo que vuestra conciencia es. Los sentimientos y las emociones emergen a la realidad en ciertas formas específicas. Aparecen los pensamientos y crecen sobre un estrato ya preparado. Nacen las estaciones, formadas por antiguos tonos emocionales, con sus ritmos profundos y perdurables. Son el resultado, también, de los aspectos creativos innatos que son una porción de toda la vida.


Estos aspectos antiguos yacen, ahora, profundamente enterrados en la psique de todas las especies, y a partir de ellos surgen las pautas individuales, los prototipos específicos para las nuevas diferenciaciones.
Puede decirse que el cuerpo de la tierra posee su propia alma o mente (según el término que prefiráis).


El mundo interior de cada hombre y de cada mujer está conectado con el mundo interior de la tierra. El espíritu se hace carne. Así pues, una parte del alma de cada individuo está íntimamente conectada con lo que llamaremos el alma del mundo, o el alma de la tierra. alma, o mente (según el término que prefiráis). Según esta analogía, las montañas y los océanos, los valles y los ríos, y todos los fenómenos naturales emanan del alma de la tierra, al igual que todos los acontecimientos y todos los objetos manufacturados surgen de la mente interna o alma de la humanidad. No hay nada en vuestra experiencia exterior que no se haya originado dentro de vosotros.
Por supuesto, hay interacciones con los demás, pero no hay ninguna que no aceptéis o no hayáis atraído con vuestros pensamientos, actitudes o emociones. Esto ocurre en cada faceta de la vida. De la forma más milagrosa, se os da el regalo de crear vuestra experiencia. Básicamente creáis vuestra experiencia a través de vuestras creencias
Vuestro tono emocional lo conforman vuestras actitudes emocionales hacia vosotros mismos y hacia la vida en general, las cuales rigen los grandes campos de experiencia. sobre vosotros y sobre la naturaleza de la realidad. Dicho de otra manera, creáis vuestras experiencias a través de vuestras expectativas.


Estas actitudes proporcionan el color emocional general que caracteriza lo que os ocurre. Sois lo que os ocurre. Vuestros sentimientos emocionales son a menudo transitorios, pero por debajo de ellos existen ciertas cualidades de sentimiento únicamente vuestras, y que son como profundos acordes musicales. Mientras que vuestros sentimientos diarios pueden subir o bajar, este tono emocional característico permanece oculto.


En ocasiones emerge a la superficie, pero en ritmos muy largos. No puede decirse que sea negativo o positivo. Es el tono del ser, y representa la parte más íntima de vuestra experiencia. Esto no significa que sea desconocido, o que tenga que serlo; simplemente quiere decir que representa el núcleo desde donde formáis vuestra experiencia.
Si os asusta la acción o la expresión del sentimiento, o si os han enseñado que el ser interior no es más que un depósito de impulsos incivilizados, tal vez tengáis la costumbre de negar este profundo ritmo.

Podéis tratar de vivir como si no existiera, o incluso tratar de refutarlo, pero representa vuestros impulsos más profundos y creativos; combatirlo es como intentar nadar a contracorriente. Este tono emocional, pues, impregna vuestro ser. Es la forma que adopta vuestro espíritu cuando se une a la carne. A partir de él, de su núcleo, se erige la carne.


Todo lo que experimentáis posee conciencia, y cada conciencia está dotada de su propio tono emocional. Hay una estrecha cooperación en la formación de la tierra tal como la entendéis, y de este modo las estructuras vivas individuales del planeta crecen a partir del tono emocional de cada átomo y molécula.


La carne surge como respuesta a estos acordes internos del ser, y los árboles, rocas, mares y montañas surgen como el cuerpo de la tierra desde los profundos acordes internos de los átomos y las moléculas, que también viven. Debido a la cooperación creativa que existe, el milagro de la materialización física se lleva a cabo con tanta facilidad y de manera tan automática, que conscientemente no os dais cuenta de vuestra participación en ella.


El tono emocional, pues, es el movimiento y la fibra -la madera-, la parte de vuestra energía consagrada a vuestra experiencia física. Desemboca en lo que sois como seres físicos y os materializa en el mundo de las estaciones, del espacio, de la carne y del tiempo. Su origen, no obstante, es bastante independiente del mundo que conocéis.
Cuando aprendéis a sentir vuestro propio tono, entonces sois conscientes de su poder, fuerza y durabilidad, y hasta cierto punto podéis internaros con él en realidades más profundas de experiencia. Vuestras creencias conscientes dirigen el funcionamiento del cuerpo, y no a la inversa.


El ser interior utiliza la mente físicamente consciente, enfocada en lo físico, como un método para manejarse en el mundo que conocéis. La mente consciente está particularmente equipada para dirigir la actividad externa, tratar con las experiencias de vigilia y supervisar el trabajo físico.


Las creencias de la mente sobre la naturaleza de la realidad se transmiten luego a las partes internas del ser, las cuales confían en la interpretación que la mente consciente hace de la realidad temporal. La mente consciente establece los objetivos, y el ser interior los lleva a cabo haciendo uso de todas sus funciones y su inagotable energía.


El gran valor de la mente consciente reside precisamente en su capacidad para tomar decisiones y marcar pautas. Pero su función es doble: debe evaluar las condiciones tanto del interior como del exterior, y procesar la información que llega del mundo físico y de las partes internas del ser. No es, por tanto, un sistema cerrado.
Ser humano requiere un agudo discernimiento en la utilización de dicha conciencia. Muchas personas temen sus propios pensamientos. No los examinan. Aceptan las creencias de los demás. Estas acciones distorsionan la información que llega desde dentro y desde fuera. No se libra ninguna batalla entre el ser intuitivo y la mente consciente. Sólo parece.


Esta confusión pone en funcionamiento alarmas de diversa índole: el cuerpo no funciona adecuadamente, o se perturba el entorno emocional general. En realidad, estas reacciones son una medida de precaución, el aviso de que se precisa un cambio. haberla cuando la persona se niega a afrontar toda la información que está disponible en su mente consciente. Algunas veces parece más fácil evitar los frecuentes reajustes de comportamiento que requiere un autoexamen.

 

En estos casos una persona adopta muchas creencias de segunda mano. Algunas se contradicen entre ellas; las señales que se dan al cuerpo y al ser interior no son entonces claras y precisas, sino que constituyen una confusa mezcla de instrucciones contradictorias. Podéis pillaros fácilmente los dedos con una idea mal colocada, al igual que ocurriría con una silla vieja. De hecho, os ayudará pensar en vuestras creencias como muebles que pueden cambiarse de lugar, renovarse, tirarse o sustituirse. Vuestras ideas son vuestras. No deben controlaros. Depende de vosotros aceptar aquellas que elegís aceptar.


Imaginaos volviendo a organizar este mobiliario. Os vendrán a la memoria imágenes de muebles en particular. Preguntaos qué ideas representan estas piezas. Fijaos cómo encajan las mesas. Abrid los cajones que hay dentro.


No habrá ningún misterio, pues conocéis vuestras creencias. Veréis las agrupaciones, pero depende de vosotros mirar en el interior de vuestra mente y emplear las imágenes a vuestra manera. Descartad las ideas que no vayan con vosotros. Si encontráis una de estas ideas, y decís: «No puedo tirar esa idea», debéis comprender que dicho comentario interno es en sí mismo una creencia. En verdad podéis desechar la idea, y lo mismo podéis hacer con los siguientes. «La información no existe por sí misma. Está relacionada con la conciencia de todos aquellos que la comprenden, la perciben o la originan. De modo que no hay registros de información objetivos y siempre disponibles con los cuales sintonizáis, sino que la conciencia que contuvo, o contiene, o contendrá la información, la atrae como un imán… La misma información quiere dirigirse hacia la conciencia. No está muerta ni es inerte. No es algo que atrapáis sino algo que quiere ser atrapado, y por tanto gravita hacia aquellos que la buscan.


«Vuestra conciencia atrae la conciencia que ya está relacionada con la información en particular. Antes de esa época el hombre creía que podía afectar la materia y el entorno mediante sus pensamientos. Con la Revolución Industrial, sin embargo, incluso los elementos de la naturaleza perdieron su cualidad viva.
Nadie disecciona a un gato o un perro que sea su mascota; de modo que, cuando el hombre empezó a diseccionar el universo de esta forma, ya había perdido su sentido de amor hacia él. El mundo se convirtió para él en un ente sin alma. Sólo así podía examinarlo sin escrúpulos a los ojos del hombre. Se convirtieron en objetos susceptibles de clasificarse, nombrarse, despedazarse y examinarse.


De modo que examinó la «naturaleza muerta». A menudo tuvo que matar con el fin -creía- de descubrir su realidad.


No se puede comprender lo que hace vivir a las cosas si para ello se les roba primero la vida. Y así, cuando el hombre aprendió a clasificar, calcular y diseccionar la naturaleza, se volvió insensible hacia la cualidad vital de ésta y ya no se sintió parte de ella. En gran medida el hombre renegó de su herencia, ya que el espíritu nace en la naturaleza y el alma, y por un tiempo reside en carne. la vida con el fin -creía- de descubrir su realidad.


Los pensamientos del hombre ya no parecían tener ningún efecto sobre la naturaleza porque en su mente se veía separado de ella. Así que, paradójicamente, aunque se concentró muy conscientemente, en los aspectos exteriores de la naturaleza, acabó negando los poderes conscientes de su propia mente. Se volvió ciego ante la conexión existente entre sus pensamientos y su entorno y experiencia físicos.La naturaleza se convirtió entonces en un adversario que debía controlar. Pero, en el fondo, sentía que estaba a merced de la naturaleza, porque al aislarse de ella también se negó la posibilidad de usar muchas de sus propias facultades.

Para tener salud, debéis creer en la salud. Un buen médico es alguien que cambia creencias, que sustituye una idea de enfermedad por una de salud. Sean cuales sean los métodos o fármacos que emplee, no serán eficaces a menos que tenga lugar este cambio de creencia.


Por desgracia, cuando el hombre se convirtió en etiquetador, también trazó mapas de gran complejidad, por así decirlo, al clasificar varias enfermedades con más precisión que nunca. Estudió el tejido inerte para descubrir la naturaleza de la enfermedad que le había arrebatado la vida. Los médicos empezaron a pensar en los hombres como portadores de enfermedades que, en cierta manera, ellos mismos [los médicos] habían creado mediante ciertos procedimientos médicos nuevos.


Los antiguos chamanes y curanderos trataban al paciente más directamente, y comprendían la naturaleza de las creencias y la suprema importancia de la sugestión.

Muchas de sus técnicas se basaban en el impacto psicológico, que permitía «lavar el cerebro» eficientemente al paciente y librarlo de la enfermedad que creía tener.
La profesión médica actual se ve tristemente obstaculizada por sus propias creencias. A menudo funciona como un marco en el cual la mala salud y la enfermedad no sólo se aceptan como algo normal, sino que se fortalecen los conceptos que subyacen. Aquí encontramos de nuevo, como en el psicoanálisis, un juego del escondite en el cual participan tanto el médico como el paciente. Naturalmente, ambos creen que se necesitan. Tras esta creencia se encuentra la pauta psíquica de creencias según la cual el paciente suele atribuir al médico los poderes del conocimiento y la sabiduría que sus creencias le han enseñado que él no posee. Aun sabiendo que no es así, el paciente sigue queriendo considerar al médico como un ser omnipotente.


El médico, por su parte, suele proyectar sobre el paciente sus propios sentimientos de impotencia contra los que combate. Luego el paciente trata de satisfacer al médico, y en el mejor de los casos se limita a cambiar de un grupo de síntomas a otro.

Con mucha frecuencia, el médico comparte la inamovible creencia del paciente sobre la precariedad de la salud y la enfermedad. No sólo eso, sino que la profesión médica suele proporcionar prototipos de enfermedad, y el paciente muy a menudo se los «prueba» para ver cómo le sientan. Esto no quiere decir que la profesión médica no sea muchas veces de gran ayuda y provecho, sino que buena parte de su influencia positiva se ve obstaculizada por el sistema de valores en que se mueve.


Dado que se tiene a los médicos en gran consideración, se presta particular atención a sus sugerencias. El estado emocional del paciente es tal que éste acepta fácilmente las afirmaciones efectuadas en tales circunstancias sin analizarlas de manera crítica.


La denominación y el etiquetado de «enfermedades » es una práctica dañina que niega en gran medida la movilidad innata de la psique encarnada y su capacidad de cambiar constantemente. Os dicen que tenéis «algo». De repente, «algo» os ha atacado, quizás ha afectado a vuestros órganos más íntimos, y normalmente os dicen que vuestras emociones o creencias o sistema de valores no tienen nada que ver con las desgraciadas circunstancias en la que os encontrais. Éstas son afirmaciones de orden práctico. Vuestro cuerpo tiene una conciencia corporal llena de energía y vitalidad, y corrige automáticamente cualquier desequilibrio; pero vuestras creencias conscientes también afectan a esta conciencia corporal. Vuestros músculos creen de enfermedad que sufrís, según la naturaleza de vuestras creencias. Sois inmunes a la enfermedad mientras creáis que lo sois.


Si creéis que sólo los médicos pueden curaros, mejor será que acudáis a ellos porque, en el marco de vuestras creencias, ellos son los únicos que pueden ayudaros. Pero ese marco en sí mismo es limitador; y repito que, aunque os curéis de algo, lo sustituiréis por otra cosa mientras vuestras creencias os hagan tener problemas físicos..

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*Tesoros de Sabiduría; Don Roberto

In literatura on 30 mayo 2017 at 2:19
Opinar podemos hacerlo todos, todo es discutible y útil mientras discutir u opinar nos enriquezca en conjunto.
Y así como opiniones hay muchas, también las hay de distintos rangos o de peso, que, cuando somos capaces de admirar el esfuerzo en el trabajo ajeno, y que nosotros no somos capaces de igualar, hay que sacarse el sombrero y aprender, al menos así lo creo.
Y en ésta oportunidad les voy a compartir el caudal de conocimiento de alguien que se pasó su vida estudiando cosas que muchos no hemos sido capaces de estudiar.

Una opinión de peso, de experticia y de gran sabiduría como la del Dr. Roberto Assagioli, me place compartirles.

El Dr. Roberto Assagioli nació en Venecia el 27 de febrero de 1888 y murió en Capolona, provincia de Arezzo-Italia, el 23 de agosto de 1974.

En 1910 se doctoró en Medicina en la Universidad de Florencia especializándose en Psiquiatría y dedicándose a la práctica de la Psicoterapia.
Tras investigar y experimentar larga y extensamente, desarrolló su propio método psicológico, que en 1926 recibió el nombre de Psicosíntesis.

En 1911 crea la revista PSICHE y en 1926 publica su primera obra, *PSYCOSYNTESIS: A NEW METHOD OF HEALING*, en la cual expone sus conceptos sobre la interacción entre la psique y el cuerpo, que llegarían a constituir la base de la medicina psicosomática.

Ese mismo año fundó en Roma el Instituto de Cultura y Terapia Psíquica, que adoptaría el nombre de *Instituto de Psicosíntesis*.

Assagioli, de forma casi autónoma e independiente elaboró una terapéutica que luego entroncó con los postulados de Jung y de la psicología transpersonal.
Un hombre lúcido que logró amalgamar la búsqueda espiritual con la terapia y el equilibro afectivo y personal.
De su libro *El Desarrollo Transpersonal*, les quiero compartir el capítulo 10; *El desarrollo espiritual y los trastornos neuropsíquicos*.

Considero éste capítulo realmente trascendente, especialmente para darle el aval a mucho de lo que intento explicar desde mi prisma personal sencillo y carente de erudición y que adolece precisamente de esa experticia que reconozco en una figura como la del Dr. Assagioli.

Conceptos que todos quienes se interesan en la cuestión espiritual, del pensamiento sano, de la evolución interior, no deberían dejar de leer y conocer.

Esa búsqueda que todo ser humano emprende, cómo la interpretamos, cómo acusamos su desarrollo, cuánto la disfrutamos como también la padecemos, las marchas y contramarchas, los avances y los retrocesos, y la enorme necesidad de comprender lo que habrá en un camino que no es fácil, pero no imposible.

Estadíos que el Dr. Assagioli explica y detalla con una claridad meridiana.
Cuando se busca el alivio en direcciones equivocadas y se vaga ciegamente por los senderos que se suelen citar como *propios y necesarios*, el individuo anda sin brújula, a expensas de carniceros en lugar de cirujanos, en caminos fangosos y llenos de obscuridad.

Pero se sale…y por eso es tan importante no sólo esforzarse uno mismo, sino además tener la Gracia de dar con personas que tienden la mano para salir del fango y que encienden luces para neutralizar la obscuridad.

Claro, contundente, éste material es un compendio de Sabiduría, de experiencia con las cuales muchos se sentirán identificados, y espero, puedan hallar muchas respuestas y mucha luz para los momentos opacos.

Espero éste material =como siempre deseo= les aporte lo máximo para vuestro beneficio y como siempre, compartirlo si se considera beneficioso para otros, o dejarlo madurar para quienes encuentren el momento de asimilarlo, o en su defecto, dejarlo ser…que no es poca cosa.

El Desarrollo Transpersonal

10. El desarrollo espiritual y los trastornos neuropsíquicos

El desarrollo espiritual del hombre es una aventura larga y ardua, un viaje a través de extraños países llenos de maravillas, pero también de dificultades y de peligros.
Ello implica una purificación y transmutación radicales, el despertar de tuda una serie de facultades previamente inactivas, la elevación de la conciencia a niveles antes inalcanzables, y su larga expansión hacia una nueva dimensión interna.
No debe asombrarnos el hecho de que una mutación tan importante se desenvuelva a través de varios estadios críticos, acompañados de disturbios tanto neuropsíquicos como tísicos =psicosomáticas=.

Estos disturbios, aunque pueden aparecer ante la observación clínica ordinaria como similares a los producidos por otras causas, tienen en realidad un significado y un valor totalmente diferentes y, por ello, sólo pueden sanarse cuando se tratan por medios bien diferentes.
Los trastornos producidos por causas espirituales son actualmente cada vez más numerosos, ya que el número de personas que, consciente o inconscientemente, son constreñidas por exigencias espirituales también es mayor cada vez.

Además, a raíz de la mayor complejidad del hombre moderno y, en particular, por los obstáculos que crea su mente crítica, el desarrollo espiritual se ha convertido en un proceso interno más difícil y complicado.
Por este motivo, es oportuno dar una visión general de las alteraciones nerviosas y psíquicas que tienen lugar en los diversos estadios del desarrollo espiritual, y ofrecer algunas indicaciones sobre el modo más apropiado y eficaz para su curación.

En el proceso de realización espiritual pueden observarse cinco estadios críticos:

I. Las crisis que preceden al despertar espiritual.

II. Las crisis producidas por el despertar espiritual.

III. Las reacciones que siguen al despertar espiritual.

IV. Las fases del proceso de transmutación.

V. La *noche oscura del alma*.

I. Crisis que preceden al despertar espiritual.

Para comprender bien el significado de las singulares experiencias interiores que suelen preceder al despertar del alma, es preciso recordar algunas de las características psicológicas del hombre común.

Este, más que vivir, se puede decir que *se deja vivir*. Se toma la vida tal y como viene, y no se plantea ningún problema en cuanto a sus orígenes, a su valor, o a sus objetivos. Si se trata de una persona vulgar, se ocupará simplemente de apagar sus propios deseos personales, procurarse los más variados placeres para sus sentidos, llegar a ser rico o satisfacer sus propias ambiciones. Si posee una moral más elevada, subordinará sus propias satisfacciones personales al cumplimiento de los deberes familiares y civiles que le hayan sido inculcados, sin preocuparse por conocer los cimientos de esos deberes, su orden jerárquico, etcétera.

También puede declararse *religioso* y creyente en Dios, pero su religión es exterior y puramente convencional, y sólo se siente en *su sitio* cuando ha obedecido las prescripciones formales de su Iglesia y ha participado en sus diferentes ritos.
En conclusión: el hombre corriente cree implícitamente en la realidad absoluta de la vida ordinaria y se siente dominado por los bienes terrenales, a los cuales atribuye un valor positivo.

De este modo, considera en la práctica que la vida ordinaria posee un fin en sí misma, y aunque también cree en un paraíso futuro, tal creencia es totalmente teórica y académica, como se evidencia en el hecho =a menudo confesado con cómica ingenuidad= de que desea ir allí… ¡lo más tarde posible!
Pero puede suceder =y así ocurre en algunos casos= que este hombre ordinario se vea sorprendido y turbado por un cambio imprevisto en su vida interior.
A veces es consecuencia de una serie de desilusiones; y no es raro que se produzca después de un fuerte choque moral, como puede ser la pérdida de algún ser amado.

Pero en algunas ocasiones también se produce que sin ninguna causa aparente, y en medio del éxito o del bienestar económico =como le sucedió a Tolstoi=, la persona empieza a percibir una vaga inquietud y a sentir insatisfacción, como un sentimiento de pérdida; pero no se trata de la pérdida de algo concreto, sino más bien de algo vago, difuso, que ni siquiera él mismo sabría cómo definir.
Poco a poco se adiciona una sensación de irrealidad, de que la vida ordinaria es fútil; los intereses personales, que antaño tanto le ocupaban y preocupaban, pierden su color, por así decir, perdiendo su importancia y su valor.

Se afrontan nuevos problemas y la persona empieza a cuestionarse el sentido de la vida y el porqué de tantas cosas que antes aceptaba como algo natural: el porqué del sufrimiento, tanto del propio como del ajeno; la justificación de tanta disparidad ante la fortuna; el origen de la existencia humana; y de su final.
Aquí comienzan las incomprensiones y los errores:

muchos, al no comprender el significado de este nuevo estado de ánimo, lo consideran una maldición, como una fantasía anormal; dado que sufren =porque es muy penoso=, lo combaten de todas las formas posibles; temiendo *perder la cabeza*, se esfuerzan por readaptarse a la realidad ordinaria que amenaza con escapar de sus manos; a veces, incluso reaccionan lanzándose con renovado ímpetu a la búsqueda de nuevas ocupaciones, nuevos estímulos, nuevas sensaciones.

Con éste y con otros recursos, a veces llegan a sofocar parcialmente la inquietud, pero casi nunca pueden llegar a destruirla totalmente: cobijada en lo más profundo de su ser, sigue minando los cimientos de su existencia ordinaria para después, tras algunos años, aparecer de nuevo de forma más intensa. El estado de agitación deviene más y más penoso, y el vacío interno cada vez más intolerable. La persona se siente como anonadada: todo aquello que constituía su vida ahora le parece un sueño, desaparece como un espejismo, y mientras tanto la nueva luz no alumbra todavía.

Sucede, además, que generalmente la persona ignora tan siquiera la existencia de esa luz, o simplemente no cree poder obtenerla.
A menudo, a este tormento general se le une una crisis moral más definida: la conciencia ética se despierta y se acentúa, con lo cual la persona se siente acosada por un profundo sentimiento de culpa y de remordimiento por el daño cometido, se juzga severamente y es presa de un profundo desánimo.
Llegados a este punto, casi siempre suelen presentarse ideas o impulsos de suicidio.

La persona cree que la aniquilación física es la única consecuencia lógica de esta ruina y de la disolución interna.

Debemos destacar que esto es sólo el esquema genérico de tales experiencias y de su evolución.
En realidad, existen numerosas diferencias individuales: en algunos casos no se alcanza el estadio más agudo; en otros, llega casi de golpe, sin el proceso gradual que hemos señalado; en algunos, prevalecen la búsqueda y las dudas filosóficas; en otros, la crisis moral está en primera línea.

Estas manifestaciones de las crisis espirituales presentan similitudes con algunos síntomas de la enfermedad conocida como neurastenia o psicastenia. Una de sus características es precisamente la *pérdida del concepto de lo real*, como lo califica Pierre Janet, y otra es la *despersonalización*. La semejanza se ve acrecentada por el hecho de que la aflicción de esta crisis también produce a menudo síntomas físicos, como son: agotamiento, tensión nerviosa, depresión, insomnio y diversas alteraciones digestivas, circulatorias, etcétera.

II. Crisis producidas por el despertar espiritual

El inicio de la comunicación entre la personalidad y el alma se ve acompañada de oleadas de luz, de alegría y de energía que frecuentemente producen una admirable liberaron. Los conflictos internos, los sufrimientos y los trastornos nerviosos y físicos desaparecen, a menudo con una rapidez sorprendente, confirmando así que aquellos disturbios no se debían a causas materiales, sino que eran consecuencia directa de la fatiga psicoespiritual. En estos casos, el despertar espiritual constituye una verdadera y auténtica cura.

Pero el despertar no siempre se desarrolla de forma tan sencilla y armónica, sino que puede a su vez ser causa de complicaciones, trastornos y desequilibrios. Esto sucede en el caso de aquellas personas cuya mente no es lo suficientemente firme, o cuyas emociones son exuberantes e incontrolables, o bien poseen un sistema nervioso excesivamente sensible y delicado, o incluso cuando el flujo de energía espiritual es tan súbito y violento que resulta traumático.
Cuando la mente es demasiado débil y todavía no está preparada para soportar la luz espiritual, o bien cuando existe una tendencia hacia la presunción y el egocentrismo, este acontecimiento interno puede ser mal interpretado.

Se produce entonces lo que podríamos denominar una *confusión de planos*: no se reconoce la distinción que existe lo absoluto y lo relativo, entre el espíritu y la personalidad, con lo que la fuerza espiritual puede producir la exaltación y el *inflamiento* del yo personal.
Hace algunos años tuve la ocasión de observar en el manicomio de Ancona un típico caso de este género. Uno de los internos, un simpático anciano, afirmaba tranquila, pero obstinadamente… que era Dios.

En torno a esta convicción se había forjado toda una serie de fantásticas y delirantes ideas: aseguraba tener las tropas celestiales a su servicio, afirmaba haber realizado grandes proezas, etcétera. Pero, aparte de esto, era la persona más buena, más gentil y encantadora que imaginar se pueda, siempre dispuesta a ayudar tanto a los médicos como a los demás enfermos. Su mente era tan clara y lúcida y sus actos tan delicados que había sido nombrado ayudante del farmacéutico, el cual le confiaba incluso las llaves de la farmacia y la preparación de algunas medicinas.

Nunca dio lugar a ningún tipo de problemas, aparte de la desaparición de un poco de azúcar que sustraía de vez en cuando para hacer la vida más agradable a algunos internos.

Desde el punto de vista de la medicina corriente, este enfermo vendría a ser considerado como un simple caso de delirio de grandeza, una forma paranoide. Pero estos términos no son más que etiquetas puramente descriptivas o de clasificación clínica, porque en realidad la psiquiatría no sabe nada de cierto sobre la verdadera naturaleza o las causas de estos disturbios. Por lo tanto, me parece lícito ir tras la búsqueda de una explicación psicológica más profunda sobre las ideas de ese enfermo.

Es notorio que la percepción interna de la realidad del Espíritu y de su íntima compenetración con el alma humana proporciona al que la experimenta un sentido de grandeza y de ampliación internas, junto con la convicción de que se participa de algún modo de la naturaleza divina.
En las tradiciones religiosas y doctrinas espirituales de todas las épocas, se pueden hallar numerosos testimonios y confirmaciones, a menudo expresadas de forma considerablemente audaz.

En la Biblia encontramos una frase explícita y concisa: *¿No sabéis que sois Dioses?*. Y San Agustín dice: *Cuando el alma ama algo, a ello acaba asemejándose; si ama las cosas terrenas, deviene terrena; mas si ama lo divino =podríamos decir= ¿deviene Divina?*.

La expresión más extrema de la identidad de naturalezas entre el espíritu humano, en su pura y real esencia, y el Espíritu Supremo está contenida en la enseñanza central de la filosofía Vedanta: Tat twam asi =Tu eres Ello= y Aham evam param Brahmán =En verdad yo soy el supremo Brahmán=.

Como fuera que se quiera concebir esta relación entre el espíritu individual y el universal, ya sea que se considere como una identidad o como una semejanza, como una participación o como una unión, es necesario reconocer con claridad y tener siempre presente, tanto en la teoría como en la práctica, la gran diferencia existente entre el espíritu individual en su naturaleza esencial =lo que ha sido denominado como el *fondo*, *centro* o *ápice* del alma, el Yo superior o el Sí Mismo real= y la pequeña personalidad ordinaria, el pequeño yo que habitualmente conocemos.

No reconocer esta distinción acarrea toda una serie de absurdas y peligrosas consecuencias.

Esto nos proporciona la clave para poder comprender el desequilibrio mental del enfermo descrito anteriormente, así como de otras formas menos extremas de auto exaltación y de autoinflamiento. El funesto error de todos aquellos que son presa de tales ilusiones es el de atribuir al propio yo personal no regenerado las cualidades y poderes del Espíritu.

En términos filosóficos, se trata de una confusión entre la realidad relativa y la Realidad absoluta, entre el plano personal y el metafísico. De esta interpretación de este tipo ideas de grandeza se pueden extraer también útiles normas curativas. Bajo esta luz se ve que el intentar demostrar al enfermo que está equivocado, que sus ideas son del todo absurdas o que son delirios, no sirve para nada; incluso puede llegar a exasperarlo aún más. En vez de ello, lo adecuado es reconocer con él los elementos de verdad que hay en sus afirmaciones y después, pacientemente, buscar hacerle comprender la distinción antes mencionada.

En otros casos, la imprevista iluminación interior provocada por el despertar del alma determina en cambio una exaltación emocional, que se expresa de forma clamorosa y desordenada: con gritos, llantos, cantos y agitaciones motrices diversas.
Así pues, aquellos que son de tipo activo, dinámico o combativo, impelidos por la excitación del despertar, pueden llegar a asumir el papel de profeta o de reformador, creando movimientos y sectas caracterizadas por un excesivo fanatismo y proselitismo.

En algunas almas nobles, pero demasiado rígidas y excesivas, la revelación del elemento trascendente y divino del propio espíritu suscita una exigencia de adecuación completa e inmediata a la perfección. Pero en realidad tal adecuación no puede darse más que a la conclusión de una larga y gradual obra de transformación y de regeneración de la personalidad; de ahí que esta exigencia no pueda ser sino vana y provocar reacciones depresivas y de desesperación autodestructiva.
En algunas personas predispuestas a ello, el *despertar* se acompaña de manifestaciones psíquicas y paranormales de diverso género.

Estas personas suelen tener visiones, generalmente de seres elevados o angelicales, o bien escuchan voces, o se sienten impulsadas a utilizar la escritura automática.
El valor de los mensajes así recibidos es muy diverso de un caso a otro. Por ello, deben examinarse y seleccionarse objetivamente; sin prejuicios, pero también sin dejarse subyugar por el modo con el que se han recibido, ni por la presunta autoridad de quien afirme ser su autor. Es oportuno desconfiar especialmente de los mensajes que contengan órdenes precisas o que requieran una obediencia ciega, así como de aquellos que tiendan a exaltar la personalidad del receptor.

Los verdaderos instructores espirituales jamás utilizan estos métodos.
Al margen de la presunta autenticidad y valor intrínseco de tales mensajes, está el hecho de que son peligrosos porque pueden turbar fácilmente, e incluso gravemente, el equilibrio tanto mental como emocional.

III. Las reacciones que siguen al despertar espiritual

Estas reacciones se producen generalmente pasado un cierto tiempo.

Como ya hemos mencionado, el despertar espiritual armónico suscita sentimientos de gozo y produce una iluminación de la mente que hace que se perciba el significado y la finalidad de la vida, expulsa muchas dudas, ofrece la solución de muchos problemas y da una sensación de seguridad interior. A ello le acompaña un vivido sentir la unidad, belleza y santidad de la vida, y, del alma despertada brota una ola de amor hacia las demás almas y al resto de las criaturas.

En verdad no existe nada más alegre y reconfortante como el contacto con uno de estos *despertados* que se encuentran en tal *estado de gracia*.

Su personalidad anterior, con sus ángulos agudos y con sus elementos desagradables, parece haber desaparecido y una nueva persona, alegre y desbordando simpatía, nos sonríe a nosotros y al mundo entero, deseosa de hacer el bien, de proporcionar placer, de ser útil y de poder compartir con los demás las nuevas riquezas espirituales de las cuales no sabe contener en sí misma la superabundancia.
Este estado de gozo puede durar más o menos tiempo, pero está destinado a cesar.

En este punto la personalidad ordinaria, con sus elementos inferiores, tan sólo ha sido superada y adormecida temporalmente, pero no ha muerto ni se ha transformado. Además, el afluir de luz y de amor espirituales es rítmico y cíclico, como todo cuanto acontece en el universo, por lo que antes o después disminuye o cesa: el flujo es seguido por el reflujo.
Esta experiencia interna de reflujo es muy penosa y en algunos casos puede provocar reacciones violentas y serios trastornos.

Las tendencias inferiores se despiertan reafirmadas con más fuerza que antes; todos los escollos, los escombros, los desechos que habían sido cubiertos por la marea, reaparecen nuevamente.
Tras ese despertar, la persona =cuya conciencia moral se ha vuelto más refinada y exigente, y cuyas ansias de perfección se han hecho mucho más intensas= se juzga a sí misma con mayor severidad, se condena mucho más rigurosamente e incluso puede llegar a pensar erróneamente que ha caído todavía más bajo que antes.

A esto también puede inducirla el hecho de que a menudo ciertas tendencias e impulsos inferiores, que hasta entonces habían permanecido latentes en el inconsciente, son ahora estimulados y se despiertan oponiéndose a las nuevas y elevadas aspiraciones espirituales, siendo por ello un desafío y una amenaza.

A veces estas reacciones van tan lejos, que la persona llega hasta a negar el valor y la veracidad de la reciente experiencia interior. En su mente surgen tal serie de dudas y de críticas que siente la tentación de considerar todo lo ocurrido como una ilusión, una fantasía, una especie de *montaje sentimental*.

La persona se torna entonces amargada y sarcástica; se burla de ella misma y de los demás, y le gustaría renegar de sus propios ideales y aspiraciones espirituales. Sin embargo, por mucho que se esfuerce en ello, ya no puede retornar al estado anterior: ha tenido una visión y la fascinación de su belleza permanece en ella, y no puede olvidarla. Ya no puede adaptarse a vivir meramente la pequeña vida ordinaria y se siente invadida de una divina nostalgia que no le da reposo.

A veces las reacciones asumen caracteres netamente morbosos, produciéndose ataques de desesperación e intentos de suicidio.

La cura de tales reacciones excesivas consiste sobre todo en impartir una clara comprensión de su naturaleza e indicar cuál es el único medio a través del cual se pueden superar. Se debe hacer comprender a aquel que las sufre que el *estado de gracia* no podía durar para siempre, que esta reacción es natural e inevitable. Es como si se hubiese realizado un magnífico vuelo entre las cumbres iluminadas por el sol, que permitiera admirar el amplio paisaje que se extiende hasta el horizonte; pero todo vuelo antes o después debe finalizar: se regresa de nuevo al llano y, posteriormente, hay que volver a subir lentamente y paso a paso la escarpada pendiente que conduce a la estable conquista de las cimas.

El reconocimiento de que este descenso o *caída* es un acontecimiento natural, al cual todos estamos sometidos, reconforta y alivia al peregrino y le anima a disponerse con más ánimos para el ascenso.

IV. Las fases del proceso de transmutación

La ascensión a la que nos referimos consiste en realidad en la transmutación y regeneración de la personalidad. Es un proceso largo y complejo, compuesto por diversas fases: de purificación activa, encaminadas a remover todo aquello que obstaculiza la afluencia y la acción de las fuerzas espirituales; fases de desarrollo de las facultades interiores que habían permanecido latentes o demasiado débiles; fases en las que la personalidad debe permanecer firme y dócil, dejándose *trabajar* por el Espíritu y soportando con valor y con paciencia los inevitables sufrimientos.

Se trata de un período lleno de cambios, de alternativas entre la luz y las tinieblas, entre la alegría y el dolor.

Las energías y la atención de quien está pasando por ello a menudo están tan absorbidas por esa tarea que le resulta difícil hacer frente a las distintas exigencias de su vida personal. Por ello, observada superficialmente y para quien la juzgue desde el punto de vista de la normalidad y de la eficiencia práctica, parece que la persona ha empeorado y vale menos que antes.

Debido a ello, su trabajo interior se ve a menudo afectado por juicios arbitrarios y llenos de incomprensión por parte de los demás, de los familiares, de los amigos e incluso de los médicos, que no se ahorran observaciones mordaces sobre *los hermosos resultados* de sus aspiraciones e ideales espirituales que lo hacen débil e ineficiente en la vida práctica. Estos juicios a menudo resultan bastante penosos, y quien es objeto de ellos puede resultar trastornado y dejarse dominar por las dudas y el desaliento.
También ello constituye una de las pruebas que deben ser superadas.

En particular, enseña a vencer la sensibilidad personal, a adquirir independencia de juicio y a mantener una conducta firme. Por ello tal prueba debería ser asumida sin rebelión, incluso con serenidad. Por otro lado, si aquellos que rodean a la persona sometida a dicha prueba comprenden su estado de ánimo, pueden serle de gran ayuda y evitarle muchos contrastes y sufrimientos innecesarios.
En realidad se trata de un período de transición: un abandonar un viejo estadio sin haber alcanzado todavía el nuevo.

Se trata de una condición parecida a la del gusano que está experimentando el proceso de transformación que le hará convertirse en una alada mariposa: debe pasar antes por el estado de crisálida, que es una condición de desintegración y de impotencia.
Pero el hombre generalmente no viene dotado de ese privilegio del que goza el gusano, y no puede desarrollar esta transmutación protegido y recogido en el interior de un capullo.

Debe permanecer, sobre todo en nuestros días, en su puesto y seguir resolviendo lo mejor posible sus propias obligaciones familiares, profesionales y sociales, como si en él no estuviese sucediendo ningún cambio. El difícil problema que debe resolver es muy parecido al de aquellos ingenieros ingleses que debían transformar y ampliar una gran estación ferroviaria de Londres sin interrumpir el servicio de trenes ni siquiera durante una sola hora.

No debe por ello sorprendernos de que una obra así de compleja y fatigosa sea en ocasiones causa de trastornos psíquicos y nerviosos, como por ejemplo: agotamiento nervioso, insomnio, depresiones, irritabilidad, intranquilidad, etcétera.

A su vez, estos trastornos, y dada la gran influencia de la psique sobre el cuerpo, también pueden llegar a provocar diferentes síntomas físicos.
Para curar estos casos, es necesario comprender la verdadera causa y ayudar al enfermo con una sabia y oportuna acción psicoterapéutica, porque las curas físicas y los medicamentos pueden ayudar a atenuar los síntomas y trastornos físicos pero, evidentemente, no pueden actuar sobre las causas psicoespirituales del mal.

A veces, los trastornos son provocados o agravados por los excesivos esfuerzos personales que realizan los que aspiran a la vida espiritual con el fin de forzar su propia evolución interior, esfuerzos que más que una transformación lo que producen es una represión de los elementos inferiores, así como una extrema intensificación de la lucha junto con su correspondiente excesiva tensión nerviosa y psíquica.

Estos aspirantes, normalmente demasiado impetuosos, deben darse cuenta de que la parte esencial de esta labor de regeneración es realizada por el espíritu y sus energías, y que una vez atraídas dichas energías mediante su fervor, sus meditaciones y un adecuado comportamiento interno, y después de haber procurado eliminar todo aquello susceptible de obstaculizar la acción del espíritu, deben aguardar con paciencia y con fe a que dicha acción se desarrolle espontáneamente en su alma.
Otra dificultad, en cierto modo opuesta a la anterior, debe ser superada en los períodos durante los cuales la afluencia de fuerza espiritual es amplia y abundante.

Y es que esta preciosa fuerza puede ser fácilmente malgastada en una efervescencia emotiva y en una actividad excesiva y febril. En otros casos, sin embargo, puede suceder que sea frenada y controlada en exceso, con lo que apenas puede llegar a manifestarse y, al almacenarse cada vez más, llega a alcanzar una fuerte tensión que puede llegar a provocar toda una serie de trastornos y agotamientos internos, al igual que una corriente eléctrica demasiado fuerte puede fundir los plomos e incluso llegar a provocar un cortocircuito.

Por consiguiente, es preciso aprender a regular adecuada y sabiamente el flujo de las energías espirituales, evitando su dispersión, pero no por ello dejándolas de emplear activamente en nobles y fecundas obras internas y externas.

V. La *noche oscura del alma*.

Cuando el proceso de transformación psicoespiritual alcanza su estadio final y decisivo, produce a veces un intenso sufrimiento y una oscuridad interna que fue denominada por los místicos cristianos como la *noche oscura del alma*. Sus características hacen que se parezca mucho a la *psicosis depresiva* o melancolía. Dichas características son: un estado emocional depresivo, que puede llegar incluso hasta la desesperación; un acusado sentido de la propia indignidad; una marcada tendencia a la autocrítica y a la auto condena que en algunos casos puede llevar a la convicción de que se es un caso perdido o condenado; una penosa sensación de impotencia mental; un debilitamiento de la voluntad y del autodominio; una sensación de disgusto y una gran dificultad para actuar.

Algunos de estos síntomas pueden presentarse también, aunque de forma menos intensa, en los estadios precedentes, pero entonces no se trata de la verdadera *noche oscura del alma*.

A pesar de las apariencias, esta extraña y terrible experiencia no es un estado patológico; sus causas son espirituales y posee un gran valor espiritual.
A esta experiencia, también conocida como *crucifixión mística* o *muerte mística*, le sigue una gloriosa resurrección espiritual =que pone fin a todo sufrimiento y a todo trastorno, los cuales son recompensados con creces= que constituye la plenitud de la salud espiritual.

El tema escogido por nosotros nos ha obligado a ocuparnos casi exclusivamente de los aspectos más penosos y anormales del desarrollo interior, pero no queremos dar la impresión de que aquellos que siguen el camino de la elevación espiritual tienen que sufrir más trastornos nerviosos que los hombres ordinarios. Por ello, resulta oportuno aclarar bien los siguientes puntos:

1) En muchos casos, la evolución espiritual se desarrolla de una forma bastante más gradual y armónica de lo que hemos descrito, de manera que las dificultades son superadas y los diferentes estadios se van sucediendo sin que tengan lugar reacciones nerviosas ni físicas.

2) Los trastornos nerviosos y mentales de los hombres y mujeres *ordinarios*, son a menudo más graves y más difíciles de soportar y de curar que los producidos por causas espirituales. Los trastornos de las personas ordinarias suelen ser producto de los violentos conflictos que tienen lugar entre las pasiones o los impulsos inconscientes y la personalidad consciente; o bien, de la rebelión contra ciertas condiciones o personas contrarias a sus deseos y a sus exigencias egotistas.

No es de extrañar que resulten más difíciles de curar, ya que los aspectos superiores son demasiado débiles y no hay nada a lo que se pueda apelar para inducir a tales personas a realizar los sacrificios necesarios o a someterse a la disciplina oportuna para producir los ajustes y la armonía que pueden de volverles la salud.

3) Los sufrimientos y trastornos de aquellos que siguen el camino espiritual, aunque a veces también puedan llegar a ser graves, en realidad no son más que reacciones temporales o el deshecho, por así decir, de un proceso orgánico de evolución y de regeneración interior. Por ello, a menudo desaparecen espontáneamente cuando se resuelve la crisis que los había provocado, o bien ceden con más facilidad a una cura adecuada.

4) Los sufrimientos producidos por la bajada de la marea o el reflujo de la ola espiritual se ven ampliamente recompensados por las fases de afluencia y de elevación, así como por la fe en la importante finalidad y en la elevada meta de esta aventura interior.

Esta gloriosa visión constituye una poderosa inspiración, un infalible consuelo, un manantial inagotable de fuerza y de valor. Por ello, se debe recordar esta visión lo más vivamente y lo más a menudo posible y, además, uno de los mayores favores que podemos hacer a aquel que está atormentado por las crisis y los conflictos espirituales, es ayudarle a hacer otro tanto.
Intentemos imaginar vividamente la gloria y beatitud del alma victoriosa y liberada que participa conscientemente de la sabiduría, del poder y del amor de la Vida Divina.

Imaginemos con visiones todavía más amplias la gloria del Reino de Dios realizado en la Tierra, la visión de una humanidad redimida, de toda la creación regenerada y manifestando con alegría la perfección de Dios.

Este tipo de visiones han conseguido que los grandes místicos y santos pudiesen soportar sonriendo su tormento interior y su martirio físico, al punto que hicieron exclamar a San Francisco: *¡Tal es el bien que espero, que cualquier penalidad es para mí un deleite!*.

Pero, ahora debemos descender de estas alturas para retornar por un instante al valle donde las almas laboran.

Considerando la cuestión bajo un punto de vista estrictamente médico y psicológico, y tal como ya se ha señalado, es preciso darse cuenta de que aunque los trastornos que acompañan a las distintas crisis del desarrollo espiritual parecen, en un primer examen, muy semejantes y a veces incluso idénticas a las padecidas por los enfermos ordinarios, en realidad sus causas y su significado son muy diferentes y en cierto sentido incluso opuestos, por lo que en consecuencia el tratamiento también debe de ser distinto.

Por regla general, los síntomas neuro-psíquicos de los enfermos ordinarios suelen tener un carácter regresivo. Estos enfermos no han sido capaces de realizar los necesarios ajustes internos y externos que forman parte del desarrollo normal de la personalidad. Por ejemplo, éstos no han logrado desprenderse de los apegos emotivos con respecto a sus progenitores, permaneciendo por ello en un estado de dependencia infantil hacia ellos o hacia aquel o aquella que simbólicamente los esté sustituyendo.

A veces, en cambio, su incapacidad o escasa voluntad para hacer frente a las exigencias y a las dificultades de la vida normal, familiar y social hacen que, aun sin darse cuenta, busquen refugio en una enfermedad que les sustraiga de esas obligaciones.
En otros casos, se trata de un trauma emotivo: como, por ejemplo, un desengaño o una pérdida que no saben aceptar y ante la que reaccionan con una enfermedad.
En todos estos casos se trata de un conflicto entre la personalidad consciente y los elementos inferiores que suelen actuar en el inconsciente, resultando en la victoria parcial de estos últimos.

En cambio, los males producidos por la tarea del desarrollo espiritual tienen un carácter netamente progresivo. Estos son resultado del esfuerzo por crecer, por el impulso hacia lo alto; son el resultado de conflictos y de desequilibrios temporales entre la personalidad consciente y las energías espirituales que irrumpen desde lo alto.

De todo ello resulta evidente que el tratamiento para los dos tipos de enfermedades debe ser totalmente diferente.

Para el primer grupo, la labor terapéutica consiste en ayudar al enfermo a alcanzar el nivel del hombre *normal*, eliminando las represiones y las inhibiciones, el miedo y los apegos, ayudándolo a trascender su excesivo egocentrismo, sus falsas evaluaciones y su deformado concepto de la realidad para llegar a alcanzar una visión objetiva y racional de la vida, a la aceptación de sus deberes y obligaciones, y a una justa apreciación de los derechos de los demás.

Los elementos no desarrollados adecuadamente, no coordinados ni contrapuestos, deben ser armonizados e integrados en una psicosíntesis personal.

En cambio, para los enfermos del segundo grupo, la labor curativa consiste en de producir un ajuste armónico, favoreciendo la asimilación y la integración de las nuevas energías espirituales con los elementos normales preexistentes, es decir: acometer una psicosíntesis transpersonal alrededor de un centro interior más elevado.
Así pues, está claro que el tratamiento apropiado para los enfermos del primer grupo es insuficiente e incluso puede ser perjudicial para los del segundo.

Si el paciente se pone en manos de un médico que no entienda sus sufrimientos y que niegue o ignore las posibilidades de su desarrollo espiritual, en lugar de disminuir, sus dificultades aumentarán. Este médico puede devaluar o escarnecer las aspiraciones espirituales del enfermo, considerándolas como vanas fantasías o interpretándolas de una forma materialista. De esta forma, el paciente puede ser inducido a creer que hace bien al reforzar el cascarón de la propia personalidad y al rechazar las constantes llamadas de su alma.

Pero esto sólo puede agravar su estado, hacer más amarga su lucha y retrasar la solución.

En cambio, un médico que a su vez persiga la vía espiritual o que al menos tenga una clara comprensión y una apreciación adecuada de la realidad espiritual y de su conquista, puede resultar de gran ayuda para los enfermos de este tipo.

Si, tal y como suele suceder a menudo, éste todavía se encuentra en la fase de insatisfacción, de inquietud y de una inconsciente aspiración; si ha perdido todo interés por la vida ordinaria, pero todavía no ha recibido la luz de la Realidad Superior; si busca alivio en direcciones equivocadas y vaga ciegamente por los senderos, entonces la revelación de la verdadera causa de su mal y una eficaz ayuda para encontrar la verdadera solución pueden facilitar y acelerar considerablemente el renacimiento del alma, lo cual constituye en sí mismo una parte esencial de la curación.

Cuando una persona se encuentra en la segunda fase =aquélla en la que se deleita en la luz del espíritu y vuela con júbilo hacia las alturas superconscientes= se le hará un gran bien explicándole la verdadera naturaleza y función de sus experiencias, avisándola previamente de que éstas son necesariamente temporales y describiéndole las posteriores vicisitudes de la peregrinación. De esta forma, la persona estará preparada cuando sobrevenga la reacción y se ahorrará una parte considerable del sufrimiento que produce la sorpresa de la *caída*, y las incertidumbres y el desánimo que de ella se derivan.

Si no se ha recibido tal preaviso y se ha comenzado el tratamiento durante la reacción depresiva, el enfermo puede ser muy aliviado mediante la aseveración =avalada con ejemplos= de que se trata de un estado temporal del cual resurgirá con toda seguridad.

En el cuarto estadio, el de los *incidentes de la ascensión*, que es el más largo y multiforme, la labor de aquel que ayuda al enfermo también resulta mucho más compleja. Sus principales aspectos son:

1) Explicar a aquel que sufre qué es lo que le está sucediendo e indicarle el comportamiento adecuado a seguir.

2) Enseñarle la forma de dominar las tendencias inferiores sin que sean reprimidas y relegadas al inconsciente.

3) Enseñarle y ayudarle a trasmutar y sublimar las propias energías psíquicas.

4) Ayudarle a conservar y a utilizar creativamente las energías espirituales que afluyen a su conciencia.

5) Guiarlo, cooperando con él, en la tarea de reconstrucción de su personalidad, es decir, en su psicosíntesis.

Durante el estadio de la *noche oscura del alma* es bastante difícil poder prestar ninguna ayuda, porque quien se encuentra en ella se ve envuelto por una nube tan densa y se halla tan inmerso en su propio sufrimiento que la luz del espíritu no alcanza a su conciencia. La única forma de poder animarlo y prestarle alguna ayuda es repitiéndole hasta la saciedad que se trata de una experiencia transitoria y no de un estado permanente, que es lo que tiende a creer quien en ella se encuentra y lo que más desesperación le produce.

También es beneficioso asegurarle con toda energía que su tormento, por muy terrible que sea, posee tan gran valor espiritual y le aportará tantos bienes que después llegará incluso a bendecirlo. De esta forma, se le ayudará a soportar y a aceptar su sufrimiento con paciencia y resignación.
Considero oportuno señalar que estos tratamientos psicológicos y espirituales no excluyen la utilización de otros medios físicos auxiliares, los cuales pueden aliviar los síntomas y contribuir al éxito de la curación.

Tales ayudas serán sobre todo aquellas que apoyen a la salud por medios naturales, tales como una alimentación sana e higiénica, técnicas de relajación, el contacto con la naturaleza, y un ritmo equilibrado en las diversas actividades físicas y psíquicas.

En algunos casos el tratamiento puede resultar algo más complicado debido a que en el enfermo existe una mezcla de síntomas progresivos y de síntomas regresivos. Se trata de casos de un desarrollo interior irregular e inarmónico.

Estas personas pueden alcanzar un elevado nivel espiritual en algunos aspectos de su personalidad, pero ser esclavas en otros de manías infantiles, o bien, hallarse dominadas por *complejos* inconscientes. Incluso se podría decir que, analizados con todo esmero, en la mayoría de aquellos que recorren la vía espiritual se encuentran =tal y como puede observarse en casi todas las cosas llamadas *normales*= vestigios más o menos importantes de limitaciones de este tipo.
De hecho, en la mayoría de los casos existe un claro predominio ya sea de los síntomas regresivos, ya sea de los progresivos.

No obstante, la posibilidad de que síntomas de ambos grupos se encuentren entremezclados en el mismo enfermo también debe ser tenida en cuenta y conviene que cada molestia sea estudiada e interpretada con esmero a fin de acertar con la verdadera causa y encontrar por lo tanto el tratamiento adecuado.

A través de todo cuanto hemos explicado, resulta obvio que para curar de forma eficaz y satisfactoria las molestias nerviosas y psíquicas que acompañan al desarrollo espiritual, se necesita una doble serie de conocimientos y de prácticas: la del médico experto en enfermedades nerviosas y en psicoterapia, y la del serio estudioso o peregrino de las vías del Espíritu.

Esta doble competencia normalmente no suele ir asociada. Pero, dado el rápido crecimiento del número de personas necesitadas de semejantes cuidados, todos aquellos que estén capacitados para hacerlo tendrían que estar dispuestos y prepararse a emprender esta buena obra.
Además, estos tratamientos serían mucho más fáciles si al mismo tiempo se formarán también grupos de enfermeras y de asistentes adecuadamente preparados para cooperar de forma inteligente.

Y finalmente, sería muy útil que el público en general fuese informado de los principales hechos referentes a las conexiones entre las molestias neuropsíquicas y las crisis internas, de manera que los familiares pudiesen facilitar la labor del enfermo y del médico, en lugar de complicarla y de obstruirla con su ignorancia, sus prejuicios y su activa oposición, tal y como desgraciadamente acostumbra a suceder.

Cuando se haya llevado a cabo esta triple tarea de preparación de los médicos, las enfermeras y el público en general, se habrán eliminado un gran número de sufrimientos innecesarios y muchos peregrinos podrán alcanzar en menos tiempo y con menor dificultad la elevada meta que persiguen: la unión con la Divina Realidad.

Los Virus de la Mente

In literatura on 21 mayo 2017 at 1:32

Haz un simple ejercicio:

Siéntate, relájate, cierra los ojos, ponte cómodo, toma aire…

Toma el tiempo.

Ahora trata de no pensar. De no pensar en absolutamente nada. Al fin y al cabo, es tu mente. Ordénala que no piense…

Si aparece un pensamiento que no puedes evitar tomas de nuevo el tiempo y se acaba el ejercicio.

¿Cuánto tiempo ha transcurrido? ¿20, 30…60 segundos?

¿Consideras algo normal que te pases la vida pensando cosas que no quieres pensar? ¿Crees que dominas tu mente, mientras tu mente no te hace ni caso?

Esa marea de pensamientos, que se piensan solos, se dedican a pensarse a sí mismos y te usan a ti para hacerlo. El regalo que te dejan es apego a todo lo que se les ocurre, y aversión a todo lo que se les ocurre. La contaminación de los pensamientos no deseados es puro sufrimiento.

Si ahora no hay nada a qué apegarse, buscan en el pasado, o buscan en el futuro. Al final, vives en una mezcla intemporal de pasados y futuros, a la búsqueda de más apegos, encontrando más sufrimientos.

¿Y cuántos son? ¿Cuántos aparecen al día? ¿Y en los sueños?… uno por cada diez segundos, más o menos… esos son 8640 pensamientos perversos cada día. 8640 cargas de sufrimiento sueltas sin control, más de treinta millones de pensamientos salvajes cada año de tu vida…

Cada vez que respiras, un pensamiento te recuerda que en tu mente no mandas. Que eres un invitado.

Exactamente igual que una computadora infestada de millones de virus, tu mente no puede hacer otra cosa que tratar de sobrevivirles. Interfieren en todo en lo que tratas de pensar y son dueños de tus emociones. Eres un extraño en tu propia casa.

Los gurús de vipassana dicen que tienes que aprender a convivir con ellos, que los tienes que dejar ir, como si realmente no dejaran de aparecer. Dejándolos ir, simplemente lo que haces es envejecer. Ellos no se van a cansar de aparecer y siempre traerán su carga nociva. Siguiendo los principios de vipassana, deberías permanecer las 24 horas del día tratando de no implicarte, y no solo una simple hora. Y mientras te las pasas intentando no implicarte en ellos, no puedes manejar, no puedes cocinar, no puedes trabajar, no puedes dibujar, no puedes chatear, no puedes… vivir.

La “solución” al problema que ofrece vipassana es magnífica: para que los virus mentales no te dañen debes contemplarlos, sin hacer nada más, hasta tu propia muerte. El suicidio funcional de la mente.

Imagina que tienes tu computadora infestada de virus y llamas al técnico a que te solucione el problema, y el tipo te dice que es muy fácil: no uses la computadora. Te cobra y se va.

Y como buen practicante de vipassana, lo enciendes una vez al día durante una hora, y miras virus.

¿Es aquí donde el público se ríe y aplaude?

Esta es la “solución” que la secta theravadin ofrece al mundo hoy para “erradicar” el sufrimiento… y cobran por ello y hasta viven de ello. Y hasta hay tontos que no solo les mantienen, sino que, además, lo practican.

Lo que no admitirían para su computadora lo emplean en sí mismos.

Lo cierto es que vale más una computadora que una mente infestada de virus. Una mente infestada de virus no puede pensar con claridad, si es que lo hace.

¿Quién podría calificar a esta especie animal de “homo sapiens sapiens” cuando sapiens significa “sabio”? ¿Es broma?

Tienes un problema, y ahora lo sabes.

Un gran problema.

¿Qué vas a hacer? ¿Rezarle al Buddha? ¿Ir a un retiro a un monasterio theravada? ¿A un dojo zen? ¿Te vas a poner a bailar con vestidos de colores imitando a un mítico bodhisattva tibetano?

¿Cuánto tiempo llevas haciéndolo, y sin embargo, tu problema sigue ahí?

Porque es EVIDENTE que no existe ningún progreso mientras no tomes el control de tu mente.

¿Qué haces por ti?

¿Apagarte y dejarte morir?

Tu primera sesión de jhānas suprimirá todo pensamiento reactivo durante más de tres horas. Como te va a gustar vivir así, lo repetirás con frecuencia, por lo que el efecto se alarga durante días. Así solo piensas si quieres pensar. Y si no quieres pensar, ya no piensas. Y punto.

Y te olvidas del pasado, y del futuro, y del apego, y de la aversión y del sufrimiento… y tomas, por fin, el control de tu mente.

A partir de aquí ya puedes empezar a trabajar.

Esto es solo el principio.

El único principio.

¿Vas a dejar de hacer el tonto?

Redes

In literatura on 24 abril 2017 at 1:34

Las redes sociales le dan derecho de palabra a legiones de imbéciles que antes hablaban sólo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la colectividad”, ha dicho añadiendo que “enseguida (a éstos) los callaban, mientras que ahora tienen el mismo derecho de palabra de un premio Nobel. Es una invasión de imbéciles.

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